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Shabat Shalom


PERASHAT REE-18
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



בס"ד

“El te prestará y tú no le prestarás”

(Devarim 28,44)

Sucedió con un iehudi que se presentó frente al justo y santo, el Maguid Mitalna. Le explicó al rebe que tenía las intenciones de ampliar su negocio, y para esto necesitaba un préstamo muy grande. Realizó el pedido a la institución bancaria que realiza este tipo de préstamos (sumas muy altas) con bajos intereses y la devolución en gran cantidad de cuotas, para así asegurarse, de cierta forma, que los endeudados puedan devolver los préstamos con mayor comodidad, mientras progresan en sus negocios.

Ahora bien, el banco tiene sus exigencias, y una de ellas es investigar las actividades de los futuros deudores, necesitan conocer su situación.

El hombre le pide al rebe que le dé su bendición, para que el préstamo sea aceptado.

Al terminar su exposición, en el cuarto se produjo un silencio de muerte.

Al ver que el silencio se prolongaba demasiado, el hombre se acercó al justo y volvió sobre su pedido: rebe, deme su bendición para que reciba el préstamo…

El justo vio que el hombre no notaba lo que el rebe quería señalarle, y dijo: en toda mi vida me cuidé de no maldecir a ningún iehudi. Estoy dispuesto a regalar muchas bendiciones, pero sólo eso, bendiciones, y no maldiciones.

-Seguro rebe, dijo el hombre, yo busco su bendición.

-No es así, tú buscas una maldición, aclaró el rebe, y yo no pronuncio maldiciones. Esa maldición está explícita entre los terribles reproches: “él te prestará y tú no le prestarás”. Si buscas una bendición, ella está escrita en la Tora (Devarim 15,6): “porque Hashem, tu D-s, te dará Su Bendición como ya te ha dicho, le prestarás a muchas naciones, más no pedirás prestado. Dominarás a muchas naciones, más no te dominarán…”

El hombre estaba confundido, no sabía qué hacer con su vida, y el justo le habló con palabras de consuelo: si tú buscas una bendición, por el contrario, pide la bendición en tus negocios, y que la bendición sea suficiente para hacerlos crecer sin tomar préstamos. Los préstamos son una maldición, significa esclavizarse para el futuro hasta devolver todo el dinero, y el que pide prestado termina siendo esclavo de quien le presta (Mishle 22,17).

Entre las cartas del “Jazon Ish” (1,20), se imprimió una lista de cartas con consejos escritos para los estudiantes de la Ieshiva, seis en total, y entre ellas encontramos a todo el mundo y sus alrededores. Están allí las “llaves”  para la elevación y el éxito. En una de ellas está escrito: deberán cuidarse mucho de no pedir prestado dinero a ninguna persona.

Suena como una fantasía, pero da mucha tranquilidad…

¿Por qué?

¿Por qué siempre tenemos que pagar por lo pasado cuando es posible ahorrar para el futuro? Se puede comparar a una persona simple, a la que le ordenamos que se sujete bien fuerte al extremo de una cuerda. El otro extremo lo sujetamos a una columna y le decimos: “ahora estás atado a la columna, no puedes moverte”…

Ahora, para nosotros. El Día del Juicio está cerca. ¿Y qué significa? Ese día es el día en que debemos pagar nuestras deudas. Se compara con el hombre que pidió un préstamo al banco, y se obliga a pagar en cuotas, poniendo su casa como garantía. El dinero del préstamo lo utilizó, las cuotas no las puede pagar. Recibe advertencias, avisos para que se ponga al día, y los ignora. ¿Qué queda por hacer? Que lo expulsen de su casa. ¿Y con quién puede ir a quejarse?, solamente consigo mismo.

¿Qué queremos decir? Un hombre peca, Jalila, porque piensa que será placentero. Disfrutó de su pecado. ¿Y ahora? Al menos que se decida a pagar, está bien, en cuotas, pero que las pague, con constancia, que su Teshuva (arrepentimiento) sea verdadera, que aumente en preceptos y buenas acciones para darle peso al otro plato de la balanza, que haga notar que se está esforzando para cumplir con los pagos. Se acerca la fecha… se escuchan los sonidos del Shofar. Envían avisos, advertencias. Si las ignora, decidirán ponerle un embargo, Jalila. Su patrimonio, tal vez su salud, que no necesitemos saberlo. ¿Con quién iremos para quejarnos?

Salgamos del ejemplo y entremos en la realidad. Hay una pequeña o gran diferencia: aquí, el gerente del banco es muy Misericordioso, y quiere siempre hacer el bien. Está dispuesto a borrar la deuda, con una condición: que nos comprometamos con honestidad a no meternos nuevamente en deudas. O que lo intentemos, al menos.

¿Qué es la Teshuva?, abandonar el pecado y quitarlo del pensamiento. Decidir no hacerlo más, arrepintiéndonos del pasado, y atestiguarán sobre él que conocen el pasado y que no volvió a pecar jamás (Rambam, leyes de Teshuva 2,2).

Así se elimina la deuda, dejando de lado el saldo negativo, nos quedarán solamente los preceptos, que nos llenan de méritos. Y con qué brillo en los rostros recibirán a la persona que tiene siempre un saldo favorable en su cuenta…

 

Traducido del libro Maian Hashavua.

 

 

 

Leiluy Nishmat

 

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom

 

 




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