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Shabat Shalom


La Nueva Hoja - PERASHAT SHOFTIM-19
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



בס"ד

EL EJERCICIO DOBLE

“la justicia, la justicia perseguirás” (Devarim 16,20)

Este relato fue escuchado entre los piadosos del rebe Migustinin, rabi Iejiel Meir ztz”l. El rebe Migustinin fue lo que quedó del grupo antiguo que se había formado alrededor del rebe Mipshisja ztz”l, y trabajó sin descanso para sacar de raíz todo vestigio de interés personal, en su accionar.

Después de la muerte de su conductor, recibieron al “Saraf” Mikotzk ztz”l, que en sus discursos se escuchaba la verdad “absoluta”, hasta que se cansó de la mentira que reinaba en el mundo y se obligó al encierro durante veintidós años.

El rebe Migustinin, al parecer, era una excepción en el grupo, que era tan duro y cerrado. La sonrisa estaba siempre en sus labios, y después de la muerte del “Saraf” Mikotzk fue nombrado “Admur”, y llevó a su congregación con tranquilidad y bendición. Lo llamaban “el buen iehudi”. Era un complemento necesario para la amargura que ocupaba gran parte del mundo. Su sonrisa era como la piedad junto a la cama del enfermo. Una sonrisa de ayuda, también cuando la mano queda corta para la curación…

Así era el rebe, y se había formado un buen grupo en Kotzk. Pero, los estudiantes de Kotzk abandonaron el lugar, sus familias y vinieron a “quemarse” con el gran fuego, escuchar las palabras de los rabinos y analizar sus acciones para mejorar, y construir un palacio hermoso. Eran jóvenes. No pretendían arreglar el mundo, pero al menos, arreglarse a sí mismos.

El rebe murió, pero su fuego seguía vivo. Se formaron muchos grupos de estudio, según los lugares de residencia, y continuaron por el mismo camino, buscando la verdad y cumpliendo los preceptos con la máxima integridad, en Nombre de Hashem.

Sobre uno de estos grupos yo quiero hablar. A la cabeza estaba uno de los integrantes del grupo más antiguo, con toda su dureza, que recordaba al rebe Mipshisja, y la época del “Saraf” Mikotzk. En su cabeza se guardaban todos los dichos del grupo, y podía reconocer cada cosa buena de ellos, hasta que le pidieron que sea su conductor. Este grupo era tal cual como el “Saraf” Mikotzk habría querido ver…

Pasó un año, pasaron dos. El tiempo hizo lo suyo, y este conductor, Arie Shoeg, se debilitó, y sus fuerzas lo abandonaron. Un día escucharon que se enfermó y cayó en cama. Al principio él se burlaba de su enfermedad, pensaba que era simple vagancia. Pero la enfermedad se agravó, hasta que ya no podía levantarse. Le informaron al grupo de estudio que si deseaban “separarse” de su conductor, éste era el momento… Antes de que fuera demasiado tarde…

Se reunieron y fueron hacia la casa. La separación no sería con lágrimas. No era su estilo. Venían a separarse como los alumnos de rabi Iojanan, que fueron a separarse de su rabino. Y le pidieron: “Rabenu, enséñanos los caminos de la vida”… Estás por abandonarnos en el medio del desierto, y tenemos por delante un largo camino. Necesitamos la “vianda” para el resto del camino, una enseñanza, una guía.

Cuando los vio venir, se iluminaron sus ojos. Los esperó, los alumnos son como los hijos. Tanto invirtió en ellos. Y para ellos era como un Angel que les ordena, crecer…

Ingresaron y se pararon alrededor de la cama, en silencio. Avanzaron e inclinaron el oído. El rab los miraba con mucho amor…

El silencio se prolongaba demasiado. Uno de ellos juntó fuerza y le dijo en voz baja: “Rabenu, nuestros sabios dijeron (Berajot 31a), que cuando un hombre se separa de su compañero, debe hacerlo con palabras de Halaja (de Ley), y así lo recordará. Halaja, es una palabra que deriva de Halijot (caminos), como los caminos de la vida… queremos escuchar”…

Asintió con la cabeza, sus ojos brillaban. Abrió la boca para decir sus últimas palabras. De pronto se sacudió, y se dio vuelta dando la espalda a sus alumnos...

Todos estaban confundidos. Uno de ellos se acercó para verlo, estaba con los ojos abiertos, hacia la pared, sin hablar.

En la noche, el doctor revisó al enfermo. Estaba muy grave. Esta noche, dijo el doctor, será decisiva. Si la pasa tranquilo, hay esperanzas…

Se apresuraron a informar a los alumnos.

Toda la noche recitaron Tehilim, rezaron por su salud. En la madrugada transpiraba mucho y el doctor informó que había esperanza. ¡Cuánta alegría! Día tras día fue mejorando. En la segunda semana se levantó de la cama, y en la tercera recitó “Bircat Hagomel” (la bendición que se recita después de haber atravesado un peligro), y ofreció una comida para todos los alumnos, una comida de agradecimiento al Creador por su curación…

Comieron y bebieron, también hubo vino… y cuando entra el vino, salen los secretos. Uno de los alumnos tomó coraje y le preguntó lo que flotaba en todos los corazones: “Rabi, ¿por qué se dio vuelta y nos dio la espalda? ¿Acaso no pensó que podía ser la última oportunidad para hablarnos?

Contestó: estaba seguro que eran los últimos momentos de vida…

Y volvió a preguntar: ¿acaso el rab no tenía nada para decirnos?

-Había, y por cierto que había mucho para decir. Hijos, queridos, yo los conozco desde hace mucho tiempo. Conozco el nivel de cada uno y también sus falencias. El Creador puso en mi cabeza algo tan maravilloso, y les puedo asegurar, lo que yo sé de cada uno puede llegar hasta lo más profundo de cada alma. Lo que yo les iba a decir quemaba como las antorchas. No sentí miedo, pero cuando vi que venían, me alegré tanto…

-Entonces, ¿por qué se dio vuelta?

¡Ah! Les diré. Tanto me esforcé por enraizar en cada uno la verdad y la humildad. El Ietzer Hara (el instinto del mal) quiere hacer caer al hombre en sus redes, y no descansa. Y en el momento en que yo iba a decir la “gran verdad”, pensé, tal vez sea una trampa del Ietzer Hara. Por eso me di vuelta y decidí: ¡No!, el Ietzer no me atrapará… Y no hablé…

Y la prueba de que en verdad era el Ietzer Hara, fue, que después de que evité hablar, mi muerte ya no fue necesaria, y Hashem me curó…

Así vencí al Ietzer Hara, no pudo hacerme caer en sus redes.

Y en verdad, suspiró el rebe Migustinin para terminar su relato. Y ahora, el Ietzer Hara festeja su victoria, y me hizo caer en sus redes… cuando les conté todo lo sucedido…

Este no es un relato sobre el Ietzer Hara, sino un relato sobre el hombre…

También cuando hacemos justicia, debemos perseguir la justicia.

Traducido del libro Maian Hashavua.

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom




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