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Shabat Shalom


La Nueva Hoja -PERASHAT VAIEJI-20
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



בס”ד

NO SEAMOS CABALLOS CUANDO PODEMOS SER BURROS

 Toda persona necesita de vez en cuando unas vacaciones o un descanso. Pero, hay que saber diferenciar entre un descanso y un escape de nuestra obligación. La separación entre estos dos conceptos está separada por una pequeña línea, y, por lo general, la gente no siente, no ve esta separación y describe al descanso como la “ruptura” de su esquema de vida, desprenderse de toda obligación, ser “libre”...

Salir de la rutina y también salir de una disciplina, divertirse sin pensar en nada, que el tiempo pase, pero despacio, pensando que siempre falta mucho y que estos días nunca terminen...

El rab hagaon Tzvi Markovich Shlita visitó en una oportunidad a un grupo de alumnos que en “Ben Hazmanim” pasaban unos días en un lugar de descanso. Los reunió para describirles la forma en que un iehudi “descansa” de acuerdo a la Tora:

En las bendiciones que Iaacov Avinu da a sus hijos, un grupo de los hijos son comparados con los animales. Iehuda es comparado con un león, Dan con una víbora, etc. La pregunta aparece cuando compara a Issajar con el burro. Justamente a Issajar, la tribu que se dedica permanentemente al estudio de la Tora, se la compara con un animal como el burro. Issajar que se asocia con Zevulun, Zevulun se preocupa por el sustento de ambos e Issajar se dedica a la Tora para el mérito de ambos.

Pero que en la clasificación, la tribu que por excelencia se dedica únicamente al estudio de la Tora sea comparada con un burro no parece ser muy alabada. El rab nos va a explicar que precisamente esa es la cualidad que distingue la vida con la Tora!!!

En la antigüedad, cuando las personas debían transportar mercaderías de un lugar a otro, hacían uso de los caballos y los burros. En todo pueblo había “paradas” en las que los burros y los caballos estaban preparados para emprender un viaje, y, por las tardes o las noches, llegaban caballos y burros cargados de distintas procedencias que pasarían la noche para descansar.

Pero el descanso del caballo y del burro no eran iguales. Al caballo había que liberarlo de su carga y dejarlo suelto en un lugar abierto para que corra y salte como un animal salvaje, digamos, como un caballo. Así, saltando y corriendo de un lugar a otro, descansaba, “libre de su carga”, para estar listo y volver al trabajo al día siguiente.

Al burro, en cambio, sin soltarle su carga, necesitaba solamente tener un rincón en silencio para pasar la noche, quieto, con toda la carga sobre su lomo...

Concluyó el rab Markovich diciendo: los días de descanso son los días en que Hashem examina a todo el que se considera que cuida y cumple la Tora. Si nuestro descanso exige “romper los esquemas”, salir de nuestros límites, entonces se compara con el descanso del caballo. La persona que supone que cumple con lo que nos ordena la Tora, sabe que la Tora dirige toda su vida, sabe que tiene límites, obligaciones, que también están en los días de descanso. Es un descanso llevando la Tora con nosotros, como el descanso del burro. Y por esto el burro es el animal que se compara a Issajar, la tribu que estudia Tora.

Para casi todo el mundo, unas “buenas vacaciones”, quieren decir, olvidarse de toda obligación, sacarse de encima la carga de la misma forma que el caballo, y correr y saltar como una bestia indomable. Este, desde luego, no es el camino que nos enseña la Tora, que en todo momento y en todo lugar nos enseña la forma de comportarnos. Los días de descanso nos sirven para recobrar fuerzas, durmiendo y descansando un poco más, comiendo con tranquilidad, y con alguno que otro paseo, pero siempre, debemos dar el ejemplo de comportamiento, el comportamiento de un iehudi comprometido con el cumplimiento y el estudio de la Tora. Por eso, el descanso no contempla olvidar los horarios de nuestros rezos, ni tampoco dejar de cumplir los preceptos detalladamente, no se trata de una situación de emergencia en la cual no podemos cumplir la Tora como debemos sino al contrario, podemos descansar y además cumplir con los preceptos de la mejor forma. Y si no mencionamos nuestro tiempo fijo de estudio de Tora es por algo, porque ese tiempo “no se toca” y menos para descansar...

Ahora podemos aplicar la idea de los días de descanso a todos los días del año. Todo iehudi sabe que la Tora marca su forma de vida, en todo momento, en todo lugar y en toda situación. Podemos pensar, que esa conducta hay que mantenerla solamente mientras estamos en el Beit Hakneset o en el Beit Hamidrash, como que la “Santidad” del lugar nos obliga, pero, que cuando salimos “afuera” está permitido, y hasta es casi obligatorio, “desprendernos” un poco de nuestra “vestimenta”. Entonces, buscamos permanentemente la oportunidad de sentirnos que estamos fuera para abandonar nuestra obligación, pensando que en ese momento, estamos libres de cumplir con la Tora, jas veshalom.

Digamos entonces: resulta terrible el hecho de sentirnos “encerrados”, ¿acaso una persona puede vivir con la obligación permanente de cumplir con seiscientos trece preceptos, con la misma fuerza y seriedad, en todo tiempo, sin ninguna pausa? Esta es una pregunta muy frecuente, no usando exactamente las mismas palabras pero sí con la misma intención. Es algo que se preguntan los padres y los educadores, que a veces piensan que no hay que ser tan severos con los hijos y con los alumnos.

El ser severo no quiere decir ser malo, no significa enseñar a fuerza de golpes y de gritos. La severidad implica la exactitud. Nuestra Tora es exacta, es perfecta, y no se puede trasmitir con fallas.

No podemos sentir miedo de hacer bien lo que está bien!!! ¿Qué significa cumplir la Tora a medias? Significa simplemente NO CUMPLIR. (Cabe aclarar que no estamos hablando de la persona que, estando alejada, decidió acercarse a nuestras fuentes, para esta persona, el hecho de no cumplir con toda la Tora no la disminuye, ya que está en permanente ascenso y eso es lo importante. También para el que “nació” en el ambiente de la Tora o para el que su acercamiento lleva mucho tiempo, su meta debe ser siempre el ascenso espiritual, ya que nunca podemos decir: “llegamos”, siempre encontraremos un precepto que podremos mejorar...)

Entonces, entendemos que no puede haber ninguna pausa en nuestra obligación de cumplir con los preceptos de la Tora, pero eso no quiere decir que no tengamos derecho a descansar, a reponer nuestras fuerzas. Porque el no cumplir como corresponde generará un vacío en nuestras vidas que solamente se llena con Tora. La vida con Tora se entiende únicamente como una vida donde estamos atentos a cualquier detalle, donde somos meticulosos en nuestros horarios, en nuestros tiempos de estudio, en la forma de cumplir con cada precepto. Esto nos da satisfacción, nos convierte en personas “completas”, íntegras, porque hay un “contacto” muy fino entre esta satisfacción y nuestra alma, que se siente satisfecha solamente con el cuidado de los preceptos.

Hace un tiempo escuchamos sobre una persona que se convirtió a nuestra creencia, del que hoy sabemos que es un gran talmid jajam, cómo se acercó a nuestro pueblo. Así relataba: puedo decir que me convertí gracias a una “madre iehudia”...

Llegué a la tierra de Israel desde Holanda, después de que ese país fue liberado de los alemanes, al terminar la segunda guerra mundial. Tuve la necesidad de ser perdonado por haber estado asociado (aunque no activamente, simplemente por ser parte de esa nación) a la terrible opresión que soportaron los iehudim, por eso llegué a Israel con el propósito de ayudar al pueblo en la medida de mis posibilidades.

Ingresé como ayudante en un instituto en el que atendían a pequeños que sufrían distintas clases de enfermedades.

Allí, vi a una madre observante, que llegaba todos los días, desde muy lejos, para ver a su pequeño hijo, lo atendía, lo vestía, le hablaba con mucho “calor”. Luego le colocaba los “tzitzitShema Israel...” y “Tora tziva lanu Moshe...”

Yo me acercaba a escuchar, y estaba muy extrañado, el pequeño era sordo, tampoco podía hablar, y sabía que sufría también transtornos mentales. En pocas palabras, no podía entender para qué la madre se esforzaba tanto y le hablaba, cosas que la mente del pobre niño no podía recibir...

Y así ocurría cada mañana, hasta que un día tomé coraje y le pregunté a esa madre: ¿por qué hacía cosas que el niño no podía entender?

La madre me contestó desde las profundidades del alma: puede ser que su cuerpito (material) no entienda nada, pero su alma, su espiritualidad entiende todo!! Yo le hablo al alma sagrada de mi hijo. Ella entiende, y seguro que tiene placer cuando pongo sobre su cuerpo los “tzitzitTora...

Puedo asegurarles que esas palabras llegaron a un lugar muy profundo en mi corazón, y decidí de inmediato averiguar un poco más sobre esta creencia tan sagrada, la creencia del pueblo de Israel, que tiene semejante sensibilidad para llegar a comprender las necesidades del alma, cuando el cuerpo y la mente como las de este pobre niño parecen no poder entender nada...

Y a los pocos días, este hombre no iehudi, pasó a ser un iehudi completo, y como atestiguan en estos días, no sólo es un iehudi sino además un importante talmid jajam...

Y nos toca ahora el turno a nosotros, qué debemos hacer para satisfacer nuestras necesidades espirituales, cuál es la voluntad del alma que tenemos, para poder mejorar nuestros rumbos. El alma de este pequeño se alegra y siente una gran satisfacción, aunque su cuerpo y su mente no pueden recepcionar ni entender, no pueden alegrarse con la alegría del alma. Hakadosh Baruj Hu nos dio un cuerpo sano, una mente clara, inteligente. Somos capaces de alegrarnos con la alegría del alma, y cuanto más grande es la obligación, cuanto más grande es la carga espiritual que llevamos a cuestas, más grande resulta la alegría y la satisfacción.

El Bore Olam Creó el mundo de acuerdo a la Tora, como dijeron los jajamim: Hakadosh Baruj Hu observó la Tora y (“para ella”) Creó el mundo. Con lo que entendemos que tanto el mundo, en general, como el hombre, en particular, fueron creados de acuerdo a la Tora, o sea, que la persona y el mundo fueron creados exclusivamente para la vida de la Tora, la Tora fue nuestro “molde”, y todo lo que la Tora nos pide está más que a nuestro alcance... Por eso, cuando vivimos la vida de acuerdo a la Tora, todo nuestro interior se llena solamente con lo que necesita, y la Tora es lo único que puede traernos toda la satisfacción, la plenitud y la alegría que buscamos, sin temer jamás que sea una carga para nosotros...

Lekaj Tov.

 

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom

Harabanit Shifra bat R. Biniamin  Aleha Hashalom




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