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Entendiendo


Una gran mitzvá, nuetro prójimo
Por. Rav Iehuda Levi



Generalmente cuando vemos escrito algún artículo sobre judaísmo, inmediatamente aparece el nombre del libro básico de nuestro pueblo: la Torá. En muchos artículos se denominó a la Torá como "la Ley", sin embargo nuestra Sagrada Torá es mucho más que eso.

Si analizáramos los cinco libros de la Torá en conjunto, veríamos que en realidad hay una diferencia notable entre cada uno de ellos.

En el libro de Bereshit (Génesis) se nos relata la historia de la creación del mundo y las primeras generaciones de la humanidad a partir del primer hombre y su mujer: Adam y Javá (Adán y Eva). Luego continúa el relato de la vida de los patriarcas del pueblo de Israel: Abraham, su hijo Itzjak y su nieto Iaacov, hijo de Itzjak. Este libro finaliza contando la historia de Iosef, hijo de Iaacov, y sus hermanos, que antecedió al descenso de toda la familia a la tierra de Egipto.

En el libro de Vaikrá (Levítico) se enseñan las leyes de los sacrificios y de los sacerdotes, entre otros temas.

En el cuarto libro de la Torá - Bamidvar (Números), es relatado el desplazamiento de los hijos de Israel a través del desierto, el pecado de los espías que exploraron la tierra de Israel, el pecado de los hombres mayores de veinte años y el decreto Divino de que mueran en el desierto y que sólo la nueva generación entre a la tierra. Finalmente se relata el comienzo de la conquista y la repartición de la tierra (en este caso, las tierras de la Transjordania).

En el libro de Devarim (Deuteronomio), el quinto y último libro de la Torá, vemos cómo Moshé instruye al pueblo antes de su muerte. Moshé le recuerda al pueblo de Israel su historia como nación y también les da nuevas mitzvot (preceptos) para cumplir.

Después de tener una visión global de lo relatado en la Torá se nos hace muy difícil traducir a la "Torá" como: la "Ley". Es verdad que dentro de los relatos históricos de la Torá muchas veces encontramos mitzvot, sin embargo hay grandes partes de la Torá que no contienen ningún precepto. Aún más, en todo el libro de Bereshit, que es el relato del comienzo del mundo, de la humanidad en general y del pueblo de Israel en particular, sólo encontramos alguna que otra mitzvá.

¿Qué Es Realmente La Torá?
Realmente para contestar a esta pregunta debemos explicar cuál es la raíz hebraica de la palabra Torá. Dice el Zohar que la palabra Torá viene del vocablo horaá que significa enseñanza. La Torá no sólo es un libro que tiene como finalidad compilar todas las leyes que el judío debe cumplir para hacer la voluntad de D'os, sino que más bien es un libro de enseñanzas que se pueden dividir en dos grupos:

Leyes que están explícitamente escritas en la Torá

Estas leyes incluyen los más variados temas y tienen el carácter de obligatorias. Sobre esta categoría nos referiremos en extenso más adelante.

Leyes que no están explícitamente escritas en la Torá, pero que se aprenden de los distintos relatos bíblicos

En esta clase de leyes se pueden hacer tres diferenciaciones, a saber:

  1. En muchas oportunidades Nuestros Sabios, de bendita memoria, nos han explicado la verdadera intencionalidad de la Torá escrita basados en la Torá Oral (explicación e interpretación de la Torá escrita, recibida también por Moshé Rabenu en el Monte Sinai), y estas leyes tienen el carácter de obligatorias así como si estuviesen escritas explícitamente en el texto de la Torá.
  2. Otras veces ellos decretaron leyes basadas en distintos textos de la Torá, siendo también estas leyes obligatorias.
  3. Por último, hay textos enteros de los cuales no se aprende ninguna ley. De ellos podemos aprender lo que D'os quiere de nosotros en el marco de lo musarí (ético) y cómo quiere que veamos y entendamos al mundo que Él creó. Esto se llama en hebreo hashkafá (visión, contemplación). La persona que transgrede todas las enseñanzas que pertenecen a esta categoría y no rige su vida basado en ellas, no se hace pasible a castigo alguno - judicialmente hablando - pero por supuesto que esa persona está muy distante de ser un judío íntegro y aún más, puede llegar a convertirse en un naval birshut haTorá (infame con el "permiso" de la Torá) - puesto que de hecho, él no viola ninguna prohibición por la cual una corte rabínica puede condenarlo.

Todo esto que explicamos aquí pertenece al marco del peshat (literalidad del texto de la Torá), pero mediante el estudio de la kabalá (mística) se pueden aprender muchos y grandes secretos de la Torá que hablan sobre la creación del mundo y sobre la Divinidad, bendito sea Él. Nosotros en este texto sólo nos introduciremos en el primer camino para entender la Torá, por supuesto, sin negar el segundo.

Las Mitzvot y Los Diez Mandamientos
Las mitzvot (preceptos) de la Torá son 613, como es sabido. Esto no significa que solamente hay en la Torá 613 leyes, sino que el número total de conjuntos de leyes es 613. Vemos en el Talmud y en el resto de la literatura exegética que a las mitzvot se las puede dividir en varias categorías.

  1. Mitzvot asé y mitzvot lo taasé

Las mitzvot asé son las que se cumplen mediante la ejecución, como ser: amar al prójimo como a sí mismo, recitar el shemá Israel dos veces al día: una por la mañana y otra por la noche, creer que D'os es único, etc. Es decir que para cumplir estos preceptos la persona debe hacer algo.

Las mitzvot lo taasé son las que se cumplen mediante la no ejecución de una prohibición, como ser: no robar, no mentir, no codiciar. Es decir que para cumplir estos preceptos la persona debe abstenerse de hacer algo.

Las mitzvot halev son las que se cumplen mediante el corazón, es decir, el pensamiento; por ejemplo: creer que existe un D'os. Las mitzvot halashón son las que se cumplen mediante la lengua, es decir, el habla; por ejemplo: no hablar mal del prójimo. Por último, las mitzvot hamaasé son las que se cumplen mediante la acción; por ejemplo: honrar a los padres. (Véase el comentario de Rabí Abraham ibn Ezrá, 1102 - 1167, sobre los Diez mandamientos).

  1. Mitzvot halev, mitzvot halashón y mitzvot hamaasé
  2. Mitzvot shebén adam laMakom y mitzvot shebén adam lajaberó

Las mitzvot shebén adam laMakom son las que relacionan al hombre con su Creador, así como lo indica su nombre; por ejemplo: No cometer idolatría. Las mitzvot shebén adam lajaberó son las que regulan la relación del hombre con su prójimo.

Es interesante notar que de estas tres posibles formas de clasificación de las mitzvot, la que más resalta en la Torá es ésta última.

En los Diez Mandamientos está incluida toda la Torá, así como explicó Rabí Ieshaiahu Horovitz (1556 - 1630) en su libro "Shené Lujot Haberit", que dice que en todo el Decálogo hay 620 letras, así como el número de mitzvot de la Torá (613), más el número de mitzvot que decretaron Nuestros Sabios (7).

Precisamente en el Decálogo aparece claramente la división de las mitzvot en estas dos clases: las que relacionan al hombre con su Creador y las que lo relacionan con su prójimo.

Como es sabido, los Diez Mandamientos estaban escritos en dos tablas de piedra de tal forma, que cinco de ellos estaban en una tabla y los otros cinco en la otra, de la siguiente manera:

1) La creencia en D'os. 6) No asesinar.
2) La prohibición de la idolatría 7) No cometer adulterio.
3) No jurar en vano. 8) No robar.
4) Cuidar el shabat 9) No prestar falso testimonio.
5) Honrar a los padres. 10) No codiciar.

Vemos claramente que los últimos cinco mandamientos (que estaban en la segunda tabla) tienen un denominador común: todos pertenecen a la categoría de las mitzvot que relacionan al hombre con su prójimo. Los primeros cuatro mandamientos (que estaban en la primer tabla) pertenecen a la categoría de mitzvot que relacionan al hombre con su Creador.

Sin embargo no se entiende por qué el quinto mandamiento (honrar a los padres) está en la primer tabla. Aparentemente, este es un mandamiento que relaciona al hombre con sus semejantes - en este caso sus padres - y debería estar situado en la segunda tabla junto con el resto de los mandamientos que pertenecen a esa categoría.

A esta pregunta contesta Rabí Shelomó Efráim Lunshitz (1550 - 1619) en su comentario "Kelí Iakar", diciendo que en realidad la mitzvá de honrar a los padres también relaciona al hombre con D'os, puesto que en el Talmud (kidushín 30b) estudiamos que el ser humano fue creado por tres "socios": D'os, su padre y su madre. Si la persona debe honrar a sus padres incluso por el único motivo de que pusieron algo de ellos para darle un cuerpo (que es la parte más baja del ser humano), con mucha más razón la persona honrará a D'os que le dio la parte más importante de su ser, el alma.

Por supuesto que no es casualidad que D'os haya querido entregarle al pueblo de Israel de esta manera los Diez Mandamientos. Hay una intención intrínseca en este orden y se puede ver claramente. Debemos trabajar sobre nosotros para lograr llegar a la perfección tanto en el campo de lo espiritual como en el terreno de las relaciones con nuestros semejantes.

La Importancia de Todas las Mitzvot
Es importante que el ser humano se comunique con su Creador mediante el cumplimiento de Sus ordenanzas. Debemos desarrollarnos en todos los campos posibles. Puesto que estamos compuestos de cuerpo y alma, debemos tratar de alimentar a nuestro espíritu de la misma manera que alimentamos a nuestro cuerpo.

Mediante el cumplimiento de estas mitzvot que relacionan a la persona con D'os nos santificamos. Esta santificación incluye al alma y como consecuencia de esto, el alma se eleva y tiene la fuerza de elevar con ella al cuerpo de su estado meramente material.

En general todas las mitzvot tienen el poder para conectar nuestra alma con D'os, pero especialmente, las mitzvot shebén adam laMakom (que relacionan al hombre con D'os), son las que contribuirán a nuestra elevación espiritual en algunos aspectos que las mitzvot shebén adam lajaberó (que regulan la relación del hombre con su prójimo) no tienen lugar. Cada mitzvá está relacionada con una parte de nuestro mundo espiritual y contribuye a perfeccionar esa parte en particular. Es por eso, que de ninguna manera debemos dejar de lado estos preceptos.

Por otro lado, no es necesario extenderse en la explicación del por qué de los preceptos que relacionan a los hombres entre sí, pues a pesar de que tienen significados muy profundos, cualquier persona comprenderá fácilmente la importancia de estos, inclusive bajo una perspectiva superficial.

Una Relación Evidente
Un ejemplo claro de la relación que existe entre las mitzvot shebén adam laMakom y shebén adam lajaberó lo enseña Rabenu Asher Ben Iejiel (el RoSH, 1250 - 1327) en su comentario a la Torá, citando las palabras del Midrash Pesiktá Rabatí. Antes de traer la explicación recordemos nuevamente la forma de los Diez Mandamientos:

1) La creencia en D'os. 6) No asesinar.

2) La prohibición de la idolatría. 7) No cometer adulterio.

3) No jurar en vano. 8) No robar.

4) Cuidar el shabat 9) No prestar falso testimonio.

5) Honrar a los padres. 10) No codiciar.

Él dice que el mandamiento de la creencia en D'os está enfrentado - gráficamente hablando - a la prohibición de asesinar, porque quien mata a otra persona es como si de alguna manera estaría disminuyendo la Presencia Divina sobre la tierra, pues en cada ser humano está la Imagen de D'os.

Así también quien adora a otros dioses se asemeja a una mujer que comete adulterio yéndose con otro hombre en lugar de su marido. Por otro lado todo el que roba, finalmente llegará a jurar por el nombre de D'os en vano, pues cuando sospechen de él, querrá jurar que es inocente.

Asimismo, quien profana el día de shabat es como si estuviera atestiguando falsamente sobre el Creador. Es como si diría que D'os no descansó en el día séptimo después de haber creado el mundo.

Por último encontramos la prohibición de codiciar, enfrentada con la mitzvá de honrar al padre y a la madre, pues quien codicie a la mujer de su prójimo finalmente hará que ella - estando aún casada con su marido - conciba un hijo de una relación prohibida llamado en hebreo mamzer y éste no sabrá quién es su padre verdadero ya que su madre no querrá contar su pecado, y ese hijo no podrá cumplir la mitzvá de honrar a su verdadero padre.

Es por eso que no debemos menospreciar nuestro mundo espiritual, pensando que no contribuimos al mundo que nos rodea cuando cumplimos preceptos que, aparentemente, no mejoran nuestro comportamiento respecto de nuestro prójimo. Esa idea es totalmente errónea y está basada en la ignorancia únicamente, pues también el cumplir mitzvot que tienen que ver con el Creador y no con las personas, hacen de nosotros seres muchos más éticos y morales en nuestro comportamiento con los demás. Tómese como ejemplo de esta idea, la mitzváde comer carne de animales que solamente hayan sido matados de acuerdo con las leyes de la shejitá (la forma kasher de matar al animal).

A pesar de que no sabemos todos los motivos por los cuales D'os nos ordenó este precepto, por lo menos entendemos que D'os quiso que no matemos a los animales que necesitamos para el consumo, de una manera cruel e inhumana. D'os quiere que, en caso de necesidad, matemos a los animales con misericordia, tratando de provocarles el menor sufrimiento posible. Evidentemente, quien se detenga a pensar sólo algunos instantes en esto, sentirá la sensación de que él debe mejorar su trato con los otros.

Por otro lado, la persona no debe decir: "yo cumpliré solamente los preceptos que me relacionan con D'os pues Él es el Creador de todo, Él es perfecto y a Él le debo toda mi vida, y es por eso que es una pérdida de tiempo dedicarme a mejorar mi relación con el resto de las personas". Esta afirmación no tiene ningún sentido. De momento que D'os nos creó en un marco social, es infantil pensar que aislarse de él, es lo que D'os quiere de nosotros. D'os quiere que logremos mejorarnos a nosotros mismos y así mejorar el mundo que nos rodea.

Para cumplir de la mejor manera los preceptos que nos relacionan con nuestros semejantes, es preciso aceptar que D'os está sobre nosotros mediante el cumplimiento de las mitzvot que nos relacionan con D'os, pues desgraciadamente ya vivenciamos que a lo largo de la historia han surgido grupos y movimientos que enarbolaron las banderas de la justicia social y la igualdad, pero terminaron cometiendo las más grandes atrocidades. ¿Y todo por qué? Porque se apoyaron únicamente en su intelecto, creyendo que lo que era bueno a sus ojos, era la verdad.

Pero nosotros, el pueblo de Israel, no pensamos de esa manera. Nosotros consideramos que por cuanto que D'os es la fuente de la sabiduría, Él es Quién nos debe ordenar cómo comportarnos en nuestra relación con los demás. Él nos creó a todos y sabe mejor que nadie de qué manera la convivencia es mejor para nosotros.

Metzuvé Veosé - El Que Está Obligado y Hace
Escribe Rabí Moshé Jaim Luzzato (el RaMJaL, 1707 - 1746) en su libro "Daat Tebunot" (cap. 138):

"…antes de la entrega de la Torá, los hijos de Israel estaban preparados para servir a D'os y también cumplían algunas mitzvot sin que D'os las haya ordenado…, sin embargo, solamente sus acciones recibieron una fuerza espiritual determinada de manos del Creador, en el momento que recibieron la Torá en el Monte Sinai. ¿Qué es esta fuerza espiritual en el servicio a D'os? Es la diferencia que existe entre quien está obligado a hacer una mitzvá y la hace, y quien noestá obligado a hacer ese precepto y de todas maneras lo hace. Pues el que está obligado a realizar aquel precepto tiene el poder en su mano - entregado por D'os - para letakén (rectificar, corregir) mediante sus acciones todo lo que necesite ser "arreglado" en el mundo, a diferencia de quien no ha recibido aquella orden".

Una misma acción hecha por dos personas distintas o incluso por la misma persona en distintos momentos de su vida (antes de ser bar mitzvá y después de serlo), pueden parecer similares exteriormente, sin embargo, en la internalidad del precepto hay una gran diferencia entre ellas. Si un niño judío menor de trece años o un no judío se ponen los tefilín (filacterias), su acción no será más que el hecho de ponerse unas tiras de cuero con pergaminos escritos en la cabeza y en el brazo, pero cuando un judío mayor de edad se los pone, está cumpliendo con la mitzvá y todo lo que ella conlleva.

Sin embargo, sabemos que también el que cumple un precepto sin estar obligado a hacerlo, recibirá recompensa por su acción. De todas maneras, la recompensa del que está obligado es mayor, como dijo la Mishná: "Ben He He dice: De acuerdo al esfuerzo/sufrimiento es la recompensa" (Avot 5:24).

Los Baalé Hatosafot (Francia, s. XI - XIV) explicaron por qué es más grande la recompensa del que está obligado y hace, que la recompensa del que no está obligado a realizar ese precepto. Ellos explicaron que el que está obligado a hacer las mitzvot se preocupa todo el tiempo para anular su ietzer hará (impulso del mal), para no transgredir lo ordenado y hacer la voluntad del Creador; no así el que no está obligado: si desea no cumplir el precepto, no recibirá castigo por ello (Avodá Zará 3a).

Es por eso que debemos estar alegres y felices de haber sido ordenados en la Torá cumplir con las mitzvot. Es verdad que cualquier pueblo puede cumplir el precepto de amar al prójimo como a sí mismo o darle caridad al pobre, sin embargo, si un judío hace esto, su acción no solamente ayudó al otro, sino que ayudó a todo el mundo, pues como explicamos anteriormente, todo el mundo se eleva gracias a su acción.

Asimismo, cuando nos comportamos con musar (ética, moral) y tenemos kebod haberiot - es decir, respetamos a todo ser humano sin distinción, ya sea en nuestro hablar con él, ya sea cuando discutimos y expresamos nuestra opinión, ya sea en nuestras actitudes hacia él; nuestras acciones amén de tener un significado profundo para nosotros y para todo el que las observa, también son de gran provecho para todo el mundo.

Con mucha más razón, si hablamos de nuestra obligación legal de reparar económicamente cualquier daño que hayamos causado a nuestro prójimo, así como está escrito en muchas partes de la Torá y especialmente en la parashat Mishpatim en el libro de Shemot (Éxodo) a partir del capítulo 21. Todo esto está detalladamente legislado por Nuestros Sabios de la Mishná y el Talmud en los tratados del Seder Nezikín (daños).

Shemirat Halashón - El Cuidado de la Lengua
Otro punto muy importante a tomar en consideración en cuanto a la relación con los demás es el shemirat halashón (cuidado de la lengua). Muchas de las personas que piensan que es incorrecto dañar físicamente a alguien o empujar a alguien en el autobús, no ven como algo incorrecto hablar mal de otros. A menudo, cuando se les pregunta: "¿por qué habla mal de su prójimo?", contesta: "¿Qué tiene de malo lo que hago? ¿Acaso estoy dañándolo? Solamente estoy hablando de él."

Pero en realidad esto no es así. Muchas veces dañamos más con la palabra de lo que lo hacemos con las manos o con las armas. Mediante las manos solamente podemos golpear al que está al lado nuestro, pero con la palabra podemos golpear a cualquier persona, incluso al que está del otro lado del océano.

Una vez escuché acerca de alguien que vivía en su casa con su mujer, su hijo y su suegra. Con el correr de los días empezó a ocurrir algo extraño en la casa: faltaba dinero. Al comienzo el jefe de la familia y su esposa pensaron que perdían el dinero, pero con el tiempo entendieron que alguien lo tomaba. Se sentó el hombre a hablar con su mujer y pensaron quién podría ser el culpable de lo que estaba pasando. Pensó el marido en voz alta: "Yo, no soy. Tú (refiriéndose a su esposa), tampoco. No hay otra posibilidad: ¡es tu madre la que tomó todo el dinero!". Al comienzo, la mujer se mostró confundida pero finalmente estuvo de acuerdo con su marido. Era lógico! Se sentaron a hablar con la madre de ella explicándole la situación y le dijeron que por cuanto que ella tomaba el dinero la pondrían en un asilo para gente mayor. La señora sólo se limitó a negar su culpabilidad, y después de algunos días la señora murió. Algún tiempo después de su fallecimiento la mujer encontró a su marido golpeándose la cabeza y gritando: "¡asesino!, ¡asesino!". Su esposa le preguntó que pasaba y él le contesto que había encontrado a su hijo robándoles dinero…

Este es sólo un ejemplo de la vida real. No todos los casos tienen este desenlace, pero las cosas son mucho más graves de lo que suponemos. Avergonzamos, creamos problemas entre amigos o entre marido y mujer, complicamos económicamente a personas, e inclusive pisoteamos a gente, sólo con nuestra lengua.

No sólo debemos cuidarnos de no mentir. También está prohibido hablar de nuestro prójimo aunque lo que digamos sea la más estricta verdad. Esta idea es mucho más difícil de entender y no profundizaremos en ella en este artículo, pero la verdad es que la mayoría de las veces no prestamos atención a nuestras palabras y al agregar términos sin intención, la persona que nos escucha entiende una idea distinta de lo que en realidad es. No logramos ser objetivos incluso cuando pretendemos serlo.

Por supuesto que en casos de necesidad, está permitido hablar la verdad acerca de nuestro prójimo. Inclusive, en muchos casos, es una gran mitzvá hablar lo que sabemos del otro, pero todo esto debe ser aferrándonos a la más estricta objetividad.

Por ejemplo: si alguien nos preguntara qué opinamos de tal persona, le deberíamos responder: "¿para qué quieres saberlo?". Si la respuesta es: "No…, por nada…, solamente te lo pregunto porque me parece que es una persona muy irresponsable y quería saber tu opinión". En ese caso debemos abstenernos de responder, puesto que quien nos pregunta esto no obtendrá ningún beneficio de nuestra respuesta. Él sólo quiere hablar por hablar.

Sin embargo si la respuesta a nuestra pregunta es: "Te lo pregunto porque estaba interesado en formar una sociedad con él y quería saber si me convendría hacerlo o no". En ese caso, por supuesto que debemos contar todo lo que sabemos, pero prestando la debida atención, como para no agregar ninguna palabra innecesaria. Por ejemplo, si sabemos que en su trabajo es una persona responsable, estará prohibido hablar sobre su vida personal. Todo esto, como dijimos anteriormente, sin agregar adjetivos que cambien el sentido de la oración. Debemos tratar de darle a nuestras palabras la mayor objetividad posible.

Asimismo, muchas veces encontramos personas que hablan mal de otros en forma de broma y cuando se les pregunta por qué están hablando así, contestan que sólo están bromeando. Sin embargo, está claro que esto también está prohibido.

Otras veces, quien está hablando no llama por su nombre a la víctima de la cual está hablando, sin embargo, todos los oyentes saben a quién se está refiriendo, y esto también está prohibido.

También encontramos que al preguntarle a alguien sobre Reubén y contesta: "¡no me hablen de Reubén que no quiero contarles lo que ocurrió con él!", a pesar de que en realidad no contó nada, él insinuó que tiene algo malo para hablar de Reubén, y esto también esta prohibido.

Hay veces que está prohibido hacer expresiones o ademanes que insinúen algo malo. Por ejemplo: si recibimos una carta de alguien y está llena de errores de ortografía, está prohibido mostrarle la carta a alguien que no necesita leerla, puesto que de esta manera el que leerá la carta se dará cuenta de la ignorancia del que la escribió.

Hay muchos otros ejemplos para recordar, pero con estos alcanza para tener una ideageneral de la gravedad del asunto.

Todo lo que detallamos aquí está prohibido incluso cuando hablamos la verdad, pero la cosa es aún más grave cuando lo que contamos no es verdad. Sólo para satisfacer nuestro rencor y los deseos de venganza que alberga nuestro corazón, estamos dispuestos a agregar adjetivos calificativos a nuestro relato, para darles un tono más parecido a lo que queremos que se entienda de él y no a lo que en realidad fue.

No debemos dejarnos llevar por la gente que nos rodea. Muchas veces cuando escuchamos hablar mal de alguien, no nos metemos en la conversación, únicamente, para no ser considerados "tontos". Otras veces, inclusive, agregamos comentarios para quedar bien a los ojos de aquellos hombres que están hablando mal.

La prohibición no se limita a hablar. Nuestros Sabios nos enseñan que los damnificados son tres: el que cuenta, el que se cuenta de él y el más damnificado de todos: el que acepta lo que se le está contando como si fuera la verdad.

Sin embargo, hay algo que está permitido. Si alguien nos cuenta algo malo de Reubén está prohibido creerlo, pero está permitido desconfiar. Por ejemplo: si viene alguien y me dice que Reubén tiene malos modales, mi comportamiento debe ser el siguiente: está permitido que yo me aleje o aleje a mi familia de Reubén - pues mi obligación es tratar de educar a mi familia de la mejor manera posible - pero me está prohibido creer lo que se me contó de él. Debo pensar que no es verdad nada de lo que escuché y debo amar a Reubén como a cualquier otro judío, sin embargo desconfiar está permitido y es bueno hacerlo. Es difícil hacer esto, y a pesar de que aparentemente nos contradecimos, no es así.

Debemos estar felices de que tenemos muchas cosas por cambiar. Quien no encuentra motivos para realizar cambios en su vida se asemeja a alguien que está en sus últimos días de vida; ya no tiene motivos para vivir. Vivir es cambiar, es decir, mejorar todo el tiempo.

Si tan sólo nos cuidáramos de no transgredir está mitzvátan importante, seguro contribuiríamos a acrecentar la paz y el amor entre los seres humanos y aún más, por cuanto que pertenecemos al pueblo de Israel y estamos dentro de la categoría de los que fuimos ordenados cumplir las ordenanzas de D'os, estaríamos rectificando muchas cosas que necesitan ser reparadas para volver el mundo a lo que su Creador siempre quiso que sea. Es por eso que no nos equivocamos si decimos que nuestro prójimo es una gran mitzvá.




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