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Shabat Shalom


Parashat Ki Tisa-2
Por. Rav Iehuda Levi



Temas de la Parashá Ki Tisá
Shemot (Éxodo) 30:11 - 34:35

Nuestra parashá habla sobre los siguientes temas:

Primera aliá (30:11 - 31:17):  Las leyes de los censos.  La orden de la construcción del kior (lugar para lavarse).  La orden de la preparación del aceite de unción y la unción de los elementos del Mishkán (Santuario).  La orden de la preparación del incienso.  Los hombres que fueron designados para la construcción del Mishkán.  La observancia del shabat aún a la mitad de la construcción del Mishkán.   

Segunda aliá (31:18 - 33:11):  La entrega de las Tablas y el becerro de oro.  El deseo de D'os de destruir al pueblo y el rezo de Moshé.  El descenso de Moshé y la ruptura de las Tablas.  El pedido de perdón de Moshé.  El decreto Divino después del pecado y el alejamiento de Moshé.

Tercera aliá (33:12-16):  El pedido de Moshé.

Cuarta aliá (33:17-23):  La Gloria Divina.

Quinta aliá (34:1-9):  La orden de las segundas Tablas.  Los trece Atributos.  

Sexta aliá (34:10-26):  El pacto y la destrucción de la idolatría.  Las fiestas y los preceptos relacionados con ellas.

Séptima aliá (34:27-35):  El descenso de Moshé con las segundas Tablas.  El resplandor de Moshé.

Comentario de la Parashá

En la parashá de esta semana encontramos el conocido relato del pecado del becerro de oro.  Sin embargo, a pesar de su fama, las enseñanzas que se pueden extraer del mismo, son generalmente desconocidas para la mayoría de las personas.  Veamos un poco el texto bíblico, sin introducirnos en los detalles de la cronología verdadera de los mismos, por cuanto que ya se han abocado a esta cuestión los más grandes comentaristas de la Torá.

A partir del comienzo de parashat Terumá, figura en la Torá la orden de D'os de la construcción del Mishkán (Santuario) concluyendo con la orden de la observancia del día de shabat, en el cual debían cesar todas las labores.  Inmediatamente después de esto dice la Torá:

"Le dió a Moshé - cuando terminó de hablar con él en el monte Sinai - las dos Tablas del Testimonio, tablas de piedra escritas por el Dedo de D'os" (31:18).

La última vez que vimos que la Torá dice que Moshé subió al Monte Sinai fue en este mismo libro al final del capítulo 24 y allí se nos relata que Moshé permaneció en la montaña por un lapso de cuarenta días, y después de eso en el capítulo 25, al comienzo de parashat Terumá, vemos que D'os ordena construir el Mishkán.  De todo esto debemos deducir que lo que dice este versículo: "Le dió a Moshé - cuando terminó de hablar con él en el monte Sinai - las dos Tablas del Testimonio…", ocurrió en el último día de aquellos cuarenta días.  (Y lo que dice: "…tablas de piedra escritas por el Dedo de D'os", evidentemente no debemos entenderlo literalmente, sino que la intención es decir que D'os le entregó a Moshé dos tablas de piedra y que su escritura no era obra del hombre).    

Sin embargo, la sensación de este sublime momento no nos dura mucho.  En el versículo siguiente la Torá nos relata:

"Vió el pueblo que se demoraba Moshé en descender de la montaña, y se congregó el pueblo sobre Aharón y le dijeron a él: Vamos!, haznos dioses que se encaminen delante nuestro, pues este hombre Moshé, que nos ha hecho ascender de la tierra de Egipto, no sabemos que ocurrió con él" (32:1).

El resto de la historia es conocida.  Aharón accede al pedido del pueblo y hace un becerro de oro, el pueblo lo adora, y al ver ese triste espectáculo, Moshé rompe las Tablas con las cuales había bajado de la montaña.

Para comprender bien cual fue la raíz del pecado del becerro de oro, debemos investigar cuándo es que el pueblo decidió congregarse en contra de Aharón.  Si seguimos nuestro entendimiento literal del texto, deberíamos decir que esto sucedió después de que D'os le entrego las Tablas a Moshé. Nuestro pasuk (versículo) dice: "Vió el pueblo que se demoraba Moshé en descender de la montaña, y se congregó el pueblo sobre Aharón…".  Realmente Moshé tardó cuarenta días en descender del Monte Sinai pero ¿el pueblo sabía que él estaría tanto tiempo allí o no lo sabía?  Porque no es apropiado decir que alguien se demoró en venir, cuando sabíamos de antemano cuándo iba a volver, aunque esto ocurriera dentro de varios años.  ¿Ellos sabían cuándo volvería Moshé?

La verdad es que la Torá no dice nada al respecto, pero Nuestros Sabios del Talmud nos ayudan a comprender lo ocurrido:

"Dijo Rabí Iehoshúa Ben Leví: ¿Qué significa lo que dice el versículo: 'Vaiar haam ki voshesh Moshé - Vió el pueblo que se demoraba Moshé'?  No debes leer 'voshesh' (se demoraba) sino 'bau shesh' (pasaron seis).  Cuando Moshé subió a la montaña le dijo a Israel: 'Dentro de cuarenta días, en las primeras seis horas, yo regresaré'.  [Rashí explica que ellos pensaron que él regresaría en cuarenta días, en las primeras seis horas del día, y que el día que subió también formaba parte de los cuarenta días, pero Moshé quiso decir cuarenta días sin incluir el día del ascenso].  Vino el Satán [es decir el iétzer hará (el impulso del mal) que provoca que el hombre peque] y confundió al mundo [el día que ellos pensaban que Moshé debería descender]; les dijo: '¿Vuestro maestro dónde se encuentra?'  Le dijeron: 'Subió a la montaña'.  Les dijo: 'Pasaron seis [horas]', pero ellos no le prestaron atención.  [Les dijo:] 'Murió', pero ellos tampoco le prestaron atención,  [y] les mostró la imagen de su lecho de muerte; y a eso se refieren las palabras: 'pues este hombre Moshé'.  [Ya que el lenguaje 'este' utilizado por el versículo, insinúa de alguna manera que ellos podían señalarlo]" (Shabat 89a).

Este pasaje del Talmud nos abre las puertas a un nuevo entendimiento en el episodio del becerro de oro.  Es verdad que ellos entendieron mal la fecha que les dijo Moshé que regresaría.  Pero más allá de eso, si no hubiera venido el "Satán", si ellos no hubieran escuchado al iétzer hará (el impulso del mal) que tenían y tenemos dentro - y que provoca que pequemos - la historia hubiera sido muy distinta.  Ellos podrían haberle contestado al iétzer hará: "¿Por qué te pones nervioso y entras en pánico como si todo el mundo estuviera confuso y negro?".

El iétzer hará es una parte inseparable de nuestra personalidad y es imposible anularlo.  D'os nos creó con él y nos dijo que debemos aprender a vivir con él, controlándolo y dominándolo.  Todos los días ocurre que nos equivocamos en el entendimiento de alguna cosa, y la razón de esto es  simplemente que somos seres humanos y no podemos leer los pensamientos de las personas que nos rodean, y es por eso que no podemos comprender las situaciones hasta el final.  Pero eso no significa que cada vez que el iétzer hará quiera convencernos de que debemos equivocarnos, nosotros debemos dejarnos convencer, aunque para llegar a su cometido él nos cuente historias y nos muestre imágenes que parecen reales.

Entonces, ¿cuál fue el origen del pecado del becerro de oro?  ¿Cuál fue la raíz de ese pecado tan grande que dejó una profunda mella en toda la  conciencia judía?  La raíz de ese error es la misma que tienen todas nuestras equivocaciones.

El "saba" de Kelem (Rabí Simja Zisel Ziv, 1824 - 1898) explicó que la behalá (turbación, falta de tranquilidad) es la que origina todos los pecados y las equivocaciones del hombre.  Ella es la raíz y la causa de todos los defectos del hombre y es la que provocó que el pueblo peque en el episodio del becerro, porque inmediatamente después de que los judíos comenzaron a pensar que Moshé no volvía, no se detuvieron a pensar que tal vez le entendieron mal la fecha en la cual les dijo que volvería, sino que se conmocionaron y se turbaron, y en ese momento fue que le dieron lugar al "Satán" para que actúe de acuerdo a su voluntad.

En palabras de mi maestro Rabí Iaacov Péretz en su libro "Emet Leiaacov":

"La cualidad de la tranquilidad espiritual es el pilar y la base de todas las buenas cualidades, de la elevación en la Torá, y de la integridad en el Temor a D'os.  Ella ilumina al alma y a sus fuerzas, y ella es la brújula que indica y guía al resto de las cualidades y a las buenas acciones.  Su esencia: la paz interior, la moderación y la reflexión, y la meditación sobre cada cosa" (página 160-161).

 

 

 




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