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Shabat Shalom


Parashat Bamidbar-3
Por. Rab Ari Kahn



 

"Klal Israel"

Esta semana, nosotros comenzamos un nuevo libro, el libro de Bamidvar.  La parashá, y el sefer comienzan:

"Y habló D'os a Moshé en el desierto del Sinai - en la Tienda de Reunión - en el día primero del segundo mes, en el año segundo de su salida de la tierra de Egipto, diciendo" (1:1).

Los judíos estaban aún en el desierto, esperando el glorioso momento de su entrada a la Tierra Prometida.  Por supuesto, nosotros sabemos cómo termina el libro; los judíos pasaron muchas tribulaciones y nunca entraron a la Tierra de Israel.  Ese privilegio quedó para sus hijos en la generación siguiente.

La Torá continúa:

"Censen a toda la comunidad de los hijos de Israel, de acuerdo a sus familias, a las casas de sus padres; cuenten a los hombres…de la edad de 20 en adelante, todos los que saldrán a la batalla en Israel" (1:2-3).

La necesidad Divina de contar al pueblo en este momento debe ser entendida.  Esta no es la primera vez que los judíos han sido contados desde que salieron de Egipto.  Rashí explica:

"Por amor, (D'os) los contó a cada momento.  Cuando ellos dejaron Egipto fueron contados, cuando ellos cayeron (murieron) en el (pecado del) becerro de oro, fueron contados para saber cuántos quedaban.  Cuando fue tiempo de que la Shejiná los envolviera, fueron contados; el primero de Nisán el Mishkán fue levantado, y en el primero de Iar ellos fueron contados" (Rashí 1:1).

A Rashí le interesa la motivación para contar a los judíos una y otra vez, siendo esta la tercera vez que fueron contados en el lapso de un año.  Rashí explica que el amor de D'os por los judíos es la razón por la cual Él nos cuenta una y otra vez.  No descartando esta explicación, yo creo que los resultados casi idénticos de cada uno de los censos señala otro entendimiento del fenómeno de la cuenta.  Cada vez que el pueblo era contado, el resultado era 600 000 más o menos; de hecho, el número         600 000 se convirtió en un término descriptivo para la totalidad del pueblo judío.  Entonces, nuestra pregunta debería ser obvia: Virtualmente, cada generación desde el éxodo en adelante era de 600 000, pero este número era utilizado para describir la totalidad de la nación.  Aún en el desierto, había más de 600 000 personas; allí el número 600 000 se refería al número de hombres entre 20 y 60 años.  Todos los otros no estaban incluidos en el total.  ¿Tenemos que asumir que los otros - hombres de más de o de menos edad que las edades límite o las mujeres - no tenían importancia?

El Midrash aplica el número 600 000 de una manera distinta:

"D'os contestó: 'Por su vida!, Yo bajaré y los salvaré.  Una mujer vino a Egipto y por ella Yo bajé, y Yo la salvé'.  ¿Cuándo pasó esto?  Cuando el Faraón tomó a Sará, así como está escrito: Y D'os le trajo plagas al Faraón (Bereshit 12:17).  '¿Si Yo bajé por una mujer, Yo no bajaré por 600 000 hombres, 600 000 mujeres y 600 000 niños?'" (Midrash Rabá - Éxodo 15:14).

En un nivel místico, el número 600 000 está identificado con el número de almas que contienen al pueblo judío.  El Talmud enseña que la llegada del Mashiaj será cuando todas estas almas estén "completas".

"Rabí Assi dijo: el Hijo de David no vendrá hasta que todas las almas del cuerpo (guf) sean utilizadas, puesto que está escrito: '…pues un espíritu de ante Mí lo envolverá y las almas Yo he hecho'" (Ievamot 62a).

De hecho, esta fuente va aún más allá, implicando que el pueblo judío es un solo cuerpo con 600 000 partes.

El Zohar lleva este paralelo aún más allá, diciendo que hay 600 000 letras en la Torá por las 600 000 almas (Zohar Jadash Shir Hashirim 74b).  Otra fuente mística, el Megalé Amukot, expande esta idea:

"Cada uno de Israel tiene por su alma una letra de las 600 000 letras de la Torá…En verdad, Israel es un acrónimo de Iesh Shishim Ribo Otiot laTorá (hay 600 000 letras en la Torá)" (Sección 186).

Una dificultad que surge de estas enseñanzas, es el hecho de que cuando las letras de la Torá son realmente contadas, encontramos que hay 304 805, un poquito más de la mitad del número que esperábamos encontrar.  Una manera de resolver esta contradicción es citar otra tradición mística, encontrada en la introducción al comentario de la Torá del Rambán, la cual se refiere a una Torá primordial que precedió a la creación del mundo, escrita en fuego negro y blanco.  Podemos concluir que las letras que vemos en el papiro representan el fuego negro, mientras que el papiro mismo, el fondo en donde fueron escritas las palabras, o los espacios entre las palabras, representan el fuego blanco.  Así, podemos decir que las letras perdidas son las "letras en blanco", lo que compensaría para llegar a las 600 000 letras.  Otros explican, que muchas letras de la Torá son compuestas de otras letras - por ejemplo: una alef puede ser partida en dos iuds y una vav.  Cuando unimos estas enseñanzas concluimos que el pueblo judío como un todo equivale a 600 000, con una letra de la Torá por cada alma.  Hay 600 000 almas - aunque hay más de 600 000 personas: muchas personas pueden compartir la misma "raíz del alma".  Las personas que equivalen a las letras de la Torá son realmente muchas más en número, mientras que el número de letras es realmente menor.  Muchas personas - trabajando juntas - pueden llegar a alcanzar un solo aspecto de la Torá.

Entonces, el número 600 000 es una expresión de la totalidad del pueblo judío en su capacidad espiritual, la cual es de alguna manera el reflejo de la Torá.  Si esto es así, podemos apreciar la necesidad de contar al pueblo.  La primera cuenta fue después de que salieron de Egipto, en ese momento los judíos se convirtieron en una nación.  Iosef y los hermanos entraron a la tierra de Egipto como una familia, quizás como una tribu, pero fue una nación la que eventualmente salió de allí.  Nosotros hemos visto (en mis notas en Parashá Vaietzé) que parte del desacuerdo entre Iaacov y sus hijos Shimón y Leví, fue esta misma cuestión de un estatus personal versus un estatus nacional: Iaacov vió a sus hijos como una familia, o máximo como una tribu, mientras que Shimón y Leví se vieron como una nación, o por lo menos como los pioneros de una nación, cuyas acciones personales afectaban a la conciencia colectiva de futuras generaciones de la nación.  El Ialkut Shimoní explica esto en términos claros, que tienen un impacto directo sobre nuestro tema:

"Iaacov dijo a Shimón y Leví: 'Me han puesto en peligro a mí pues yo soy pequeño en número…'.  Hay una tradición entre los canaitas que en el futuro ellos caerán en manos de mis hijos.  Pero D'os le dijo: 'No hasta que la tierra sea liberada y heredada por 600 000'" (Ialkut Shimoní - Vaishlaj sección 135).

Hasta que los judíos no sean una nación auténtica - representada por 600 000 - la tierra de Israel no será de ellos.  En las palabras de otro pasaje del Ialkut Shimoní:

"Al dejar Egipto fueron 600 000; al entrar a Israel fueron 600 000; más aún, en la era mesiánica serán 600 000" (Ialkut Shimoní Hoshea 5:18).

La identidad espiritual del pueblo judío está compuesta por 600 000 partes; es por eso que hasta que esta identidad no fue alcanzada, el éxodo de Egipto no era posible.  Aún más, entrar a la tierra de Israel tanto en los tiempos bíblicos o escatológicos sólo es posible si el número de judíos será por lo menos de 600 000.  [Es fascinante notar que en 1948 habían aprox. 600 000 judíos en Israel, y no fue hasta casi el 1967 que habían 600 000 hombres en edad de ir al ejército, acorde con las enseñanzas del Zohar que Jerusalem será unificada sólo cuando hayan 600 000 hombres en la tierra].

Por esta misma razón, los judíos fueron contados después del becerro de oro.  Si 600 000 no quedaban, aquellos que sobrevivieron no hubiesen sido considerados la nación de Israel hasta que llegasen otra vez a ser 600 000; el reloj histórico hubiese sido detenido.  Al no poder tomar posesión de la tierra de Israel, el pueblo hubiese estado forzado a esperar en el desierto hasta que su número sea repuesto.  En las palabras del Zohar:

"Nadie está perdido" de los 600 000 que surgieron por el poder del Nombre.  Y puesto que nadie está perdido, entonces cuando los israelitas morían por causa de pecado nacional, el pueblo era contado, y se encontró que el número de 600 000 no había sido disminuido en absoluto, y es por eso que la igualdad al prototipo celestial estaba aún completo; y así como nadie estaba desaparecido arriba, nadie lo estaba aquí abajo" (Zohar, Bereshit sección 1 pag. 2b).

El requerimiento de que no haya menos de 600 000 en función de entrar a la tierra de Israel es aquí unido al entendimiento de que este número refleja un número equitativamente significante en el reino de arriba; las 600 000 almas de Israel son un reflejo de los varios aspectos de D'os revelados en las letras de la Torá.

Pero ¿por qué fueron contados en este momento en particular en el desierto?

"…en el primer día del segundo mes en el segundo año después de que salieron de Egipto" (Bamidvar 1:1).

En este momento en la historia, la Torá ya había sido entregada, el Mishkán había sido construido, y la Shejiná posaba sobre el pueblo a través del Mishkán.  Ellos sólo necesitaban completar su marcha hacia la tierra Sagrada.  Por supuesto, esto no fue lo que ocurrió, pero la futura deambulación por el desierto no era parte del plan original, y sucedió sólo como resultado de una futura intriga que ocurrirá en el desierto.

Otra enseñanza sobre esta parashá nos da otra visión: en el capítulo dos de Bamidvar está descripta la formación en la cual los judíos tendrán que acampar y marchar.

"Y D'os habló con Moshé y con Aharón, diciendo: Cada hombre del pueblo de Israel debe acampar bajo su propio estandarte, con la insignia de la casa de su padre; lejos de la Tienda de Reunión ellos deberán acampar.  Y los que acampan por el este: el estandarte del campamento de Iehudá según sus hombres.  El jefe de los hijos de Iehudá: Najshón, hijo de Aminadav" (2:1-3).

De acuerdo al Midrash, el modelo para la formación del otro y único momento que el pueblo marchó hacia Israel es cuando falleció Iaacov.  En su lecho de muerte Iaacov ordenó a sus hijos:

"Tomen cuidado de que ningún extraño toque la cama para que la Shejiná no sea expulsada, y en este orden en particular me llevarán:  Tres al norte… esta es la manera en que están destinados a hacer en el desierto, con la Shejiná en el centro" (Bereshit Rabá 100:2).

El paralelo entre la escena de la muerte de Iaacov y la formación en el desierto es muy significativo.  En un nivel básico, esto confirma que el tiempo de marcha hacia Israel había llegado realmente, y que el círculo completo de nuestra historia es evidente.  Más aún, hay un paralelo fascinante entre Iaacov y el arón que contenía las Tablas.  Iaacov es descripto como "Ioshev ohalim", el que mora en las tiendas, una descripción que muestra a Iaacov como representante de la Torá.  Ahora bien, aún en su muerte, Iaacov es comparado a un rollo de Torá, así como su arón, es comparado al arón del Mishkán.  En este Midrash, Iaacov representa la Torá de manera muy real.

En un nivel más profundo, la insistencia de Iaacov de que ningún extraño se una al séquito parece inusual, pero cuando recordamos que esta marcha en el tiempo de Iaacov servía como el prototipo para la marcha del futuro - de los 600 000 judíos, de todo Israel, el paralelo se ve instructivo. Ningún extraño se unirá a las filas, porque esto causaría que la Shejiná sea expulsada.  Esto es aún más conmovedor cuando vemos la imagen más amplia.  La nación, que consiste en 600 000 almas, es comparada a la Torá, la cual tiene 600 000 letras.  Una Torá con muchas más o muchas menos letras es inválida.  Aún media letra que se pierde provoca que la Torá sea no casher.  Así también, pasa con el pueblo judío; tanto con la pérdida de una persona como con una persona demás, la gloriosa marcha hacia Israel no puede comenzar.  Una persona extra puede tener muchas implicaciones místicas.

"Mis juzgamientos deben hacer y Mis estatutos deben cumplir".  "Rabí Abba dijo: Feliz es Israel pues D'os los ha elegido a ellos por sobre todos los pueblos, y por Su amor les ha dado las verdaderas leyes, implantadas en ellas el Árbol de la Vida, e hizo que Su Presencia Divina resida entre ellos.  ¿Por qué?  Porque Israel está marcado con el sello sagrado en su carne, y fueron marcados como perteneciéndole a Él y perteneciendo a Su Templo.  Es por eso que todo quien no esté marcado con la santidad en su carne no es de Él, y ellos están marcados como si vienen del lado de la impureza, y está prohibido asociarse con ellos o conversar con ellos de asuntos de D'os.  También está prohibido impartirles a ellos conocimientos de Torá, porque la Torá se relaciona totalmente del Nombre de D'os, y cada letra de ella está unida a ese Nombre" (Zohar, Vaikrá sección 3 pag. 72b - 73a).                           

Se nos enseña que un gran número de israelitas murieron en Egipto durante la plaga de la oscuridad.  Sólo aquellos cuyas almas igualaban una letra de la Torá salieron de Egipto.  Sólo aquellas almas pueden entrar a Israel.

Las fuentes tradicionales señalan que había un "Erev Rav", la multitud mezclada, que salieron de Egipto junto con los judíos.  Aparentemente, esto es precisamente lo que le preocupaba a Iaacov.  Las consecuencias trágicas de la existencia del "erev rav" son bien conocidas: el pecado del becerro de oro, así como otras indiscreciones, son acreditadas a ellos.  Iaacov, que representaba la Torá, estaba preocupado por si una letra extra se entremezclaba en el camino de la entidad conocida como Am Israel.  Una letra extra o perdida, y el Plan Divino podía ser alterado, así como una letra o parte de una letra perdida puede invalidar el libro Divino.

El erev rav se unió y marchó con Am Israel, y el Plan Divino fue cambiado, pero esa historia es contada en otras secciones.  Nuestra lección para esta sección es que muchos judíos necesitan darse cuenta del plan Divino; hay verdaderamente más de 600 000 judíos y todos son vitalmente necesarios para la creación de una completa entidad.  En verdad, hay 600 000 almas centrales, que representan la división de la labor, las diferentes responsabilidades, y finalmente los diferentes aspectos del Espíritu Divino contenido en cada uno de nosotros únicamente.  Sólo una unión de estas entidades permitirá que el pueblo judío tome conciencia de su misión divina.  El pueblo judío como un todo es un reflejo de la Torá, la cual está compuesta por 600 000 caracteres individuales e independientes y refleja ese aspecto de la mente de D'os que Él nos ha revelado

 

 

 




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