Parashat
Vaikrá
"El
sacrificio consiste en el reconocimiento y el arrepentimiento".
"Y cuando sea culpable
de cualquiera de estas cosas, confesará aquello en que ha pecado"
(Levítico 5;5). La Torá nos enseña aquí que
para lograr la expiación se requiere de una confesión
delante de D'os, ya que si uno no reconoce su pecado, ningún
sacrificio lo ayudará. Los sacrificios que se ofrecían
sobre el altar, sirvieron como manifestación del arrepentimiento
de uno, ya que para arrepentirse de algo se necesita primero aceptar
que el error existe.
Nuestros sabios
comparan a una persona que trae un korban (sacrificio) sin reconocer
que ha pecado y sin arrepentirse de ello, con alguien que se sumerge
en el agua de la mikve (baño ritual) haciendo la
tevilá (inmersión) sin soltar el reptil muerto que lo
impurifica.
Así como
esta persona, a pesar de que esté todo el día en el agua
no se purificará, aquel que va al Bet Hamikdash (Templo de
Ierushalaim) con un animal para sacrificarlo pero sin soltar su
pecado (reconociéndolo a través de la confesión y
el arrepentimiento), ese sacrificio no le ayudará para expiar
por su pecado.
Esta enseñanza
de la Torá nos abre una esperanza hoy en día, donde no
tenemos el Bet Hamikdash y no existen los sacrificios. A
pesar de eso, como lo más importante del sacrificio es la confesión
y el arrepentimiento, esta posibilidad la seguimos teniendo aún.
Esto es lo que
permite el optimismo de que nuestros errores sean reparables, porque
si lo principal del sacrificio hubiera sido la ofrenda del animal,
hoy en día que no tenemos estos sacrificios, nos encontraríamos
sin opción para corregir nuestros errores. Sin embargo,
ya que sabemos que lo principal es el trabajo interno de la teshuvá
(arrepentimiento) que cada uno debe realizar, esto se puede y se
debe hacer hoy en día al igual que se hacía antes.
La siguiente
metáfora explicará con mayor amplitud lo arriba mencionado:
En cierta ocasión, un hombre adinerado mandó a confeccionar
un precioso traje para su hijo. El día que le entregaron
el traje, el niño se lo puso y salió con una gran emoción
a enseñárselo a sus amigos. Al caminar tan
de prisa, no se dio cuenta de que había un charco de agua,
y se cayó en él ensuciándose su traje nuevo. El
niño se percató de que sus amigos lo estaban observando
y entendió que pronto se iba a correr la voz de lo sucedido,
y por lo tanto, su papá se iba a enterar del accidente, lo
que podía provocarle una reacción dura de su parte. Para
evitar esta situación, el niño se levantó y salió
corriendo hacia su casa, y con las lágrimas en los ojos, le
contó a su padre lo que le había sucedido, adelantándose
así a los rumores que podían generarse por parte de sus
amigos. No obstante, el padre lo calmó y le prometió
que le iba a comprar un traje nuevo.
De la misma
manera, aquel que se anticipa y confiesa sus errores ante nuestro
Padre Celestial, es lógico que reciba el perdón de D'os;
pero aquel que espera y no reconoce sus pecados, y mucho menos se
arrepiente de ellos, es difícil que D'os lo perdone.
Nos acercamos
a la fiesta de "Pesaj", cuyo nombre se puede dividir en dos partes,
las cuales forman dos palabras "Pe Saj", lo que significa, "boca
que habla", es decir, que el sacrificio de Pesaj se encuentra principalmente
en la boca que habla y confiesa desde lo más profundo del corazón
los errores, y es por eso que la fiesta continúa con su importancia
aún en nuestros días, donde no contamos con el Bet Hamikdash
para realizar el sacrificio.
Catálogo
y cassettes de audio con las clases del Rabino Moshe Walles se pueden
solicitar a la siguiente dirección:
bitzjak@prodigy.net.mx