Parashat
“Vaietzé”
El
Midrash relata...
En
el momento de recibir la bendición de su padre, Iaakov tenía
63 años de edad, y se hallaba en la ciudad de Jevrón.
Por causa de
esta bendición, Esav odió a su hermano, tal como lo declara
el versículo: (Bereshit 27: 41): “Odió Esav a Iaakov
por la bendición con la que lo bendijo su padre. Dijo Esav en
su corazón, se aproximarán los días de duelo por
mi padre, y entonces mataré a Iaakov, mi hermano”.
En tanto, Itzjak
ordenó a Iaakov (Bereshit 28: 2): “¡Levántate!.
Ve a Padam Aram, a la casa de Betuel, el padre de tu madre, y toma para
ti de allí, por esposa, de las hijas de Labán, hermano
de tu madre”.
Iaakov, sabía
acerca de las intenciones de su hermano, que planeaba asesinarlo, y
este hecho lo consternó mucho, pero quedarse más tiempo
en casa de su padre, para estar allí protegido, tampoco podía,
pues ya le había ordenado que parta a buscar una mujer para casarse,
por lo tanto, se hallaba en una situación desesperada.
Asimismo lo
atemorizaba la idea de partir, porque tanto Esav o alguno de sus hijos
lo podían asediar en el camino. En adición a ello, se
le cruzó por la mente que quizá su hermano también
decide ir a Jarán, a casa de Laván, a buscar una mujer
para él, ya que había escuchado cuando su progenitor le
ordenó eso a Iaakov. Y ¿Cómo podría superar
una situación así?
No obstante
cuando supo Iaakov que Esav fue a lo de Ishmael para buscar una mujer
allí, en ese momento, sintió algo de alivio, aunque aun
persistía el problema de sus hijos, ya que desde el día
en que escuchó la orden de Itzjak a Iaakov de ir a Padam Aram,
su hermano reunió a sus hijos, y toda su gente, a quienes distribuyó
estratégicamente en el camino que va desde Jebrón hasta
Jarán, y en todos los pasajes viables para cruzar el río
Jordán.
Elifaz
se posiciona
En tanto, Esav
ordenó a su hijo Elifaz, que tome su posición cerca de
Jarán, en el último puesto programado, pues pensó
que si se salva de todos los demás hostigadores, de todos modos,
caerá en manos de Elifaz, su primogénito que en el momento
de tomar la guardia era de 13 años de edad, aunque ágil,
experto arquero, valiente y fuerte.
Por lo tanto
ante una situación tan adversa, Iaakov decide utilizar una estrategia,
ir a la academia de estudios de Ever, quien era un hombre muy reservado,
y mantenedor de los secretos que le cuentan.
Por eso, en
vez de proseguir con rumbo nordeste, en dirección hacia el río
Jordán, tomó el sentido noroeste, que conducía
a Jerusalem, donde se hallaba la academia de Ever, nieto de Shem.
Una
guardia prolongada
Allí
permaneció por espacio de 14 años, a sabiendas que estudiando
Torá estará protegido de todo mal, por esta decisión
y resolución. Pero cuando el director del establecimiento no
tuvo más fuerzas para proseguir, y se hallaba próximo
a fallecer, Iaakov supo que ya no tiene derecho a continuar permaneciendo
en ese lugar, ya que si el maestro no puede enseñar, no hay motivo
para dilatar la orden de su padre, que hasta ahora no había podido
cumplir, porque si lo intentaba, su vida corría serio riesgo.
Por lo tanto,
Iaakov retorna a Jebrón, que era el sitio desde donde Itzjak
le ordenó partir, y emprende la marcha hacia Jarán, que
se halla en Padam Aram.
Varios milagros
le acontecieron en el camino, que le permitieron salvarse de los hostigadores,
quienes pese a que habían transcurrido 14 años, permanecían
apostados en sus puestos.
Cuando se hallaba
frente al río Jordán, y no tenía ninguna embarcación,
ni una balsa para cruzarlo, entonces oró a Di-s, y Este le respondió
diciéndole que golpee con su bastón, y se abrirá
un camino entre las aguas. Y así ocurrió.
Faltaba
muy poco pero...
Casi llega a
destino, pero en el último tramo, se topa con Elifaz, quien ya
tenía 27 años de edad, y aguardaba para cumplir con la
voluntad de su padre.
Iaakov sintió
gran temor al verlo, pero no porque no contaba con suficiente fuerza
como para vencerlo, pues su estructura física y valor eran imponentes,
su miedo era por si tenía que defenderse, y en la contienda verse
obligado a quitar la vida a su contrincante, siendo que Elifaz era alumno
de Itzjak, además, el mismo Iaakov muchas veces le había
enseñado.
Elifaz no obstante,
se desplazó hasta donde se encontraba Iaakov, y cuando quedó
frente a él, hallándose a una distancia de cuatro codos,
lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos, las cuales se deslizaron
por sus mejillas.
Iaakov le preguntó:
“¿Por qué lloras?”.
Y Elifaz le
respondió: “Es que mi padre me encomendó matarte,
y debo cumplir con su mandato. Además, ordenó que me corten
la cabeza, si no le llevo la tuya. Y yo no te puedo quitar la vida,
ya que fuiste mi maestro, que me enseñaste Torá”
Por tal razón,
Iaakov le ruega que no le haga daño, y le ofrece todas sus pertenencias,
mencionándole que si se las lleva, lo dejará en condición
de mendigo, y un hombre en esas circunstancias es considerado como fallecido.
“Y con
respecto a la cabeza, dile que te topaste con un león, y se la
arrojaste para salvar tu integridad”
Elifaz estuvo
de acuerdo con este plan y se retiró con todas las pertenencias
de Iaakov.
No obstante,
cuando Esav se enteró del procedimiento de su hijo, no quedó
conforme y le aplicó una sanción.
En tanto, Iaakov
prosiguió su camino y al hacerse repentinamente de noche, oró
y luego de ordenar doce piedras a su alrededor, construyendo una especie
de cercado, para protegerse de los animales salvajes, se acostó
en ese sitio.
El
sueño de Iaakov
Mientras descansaba
tuvo un sueño, donde una escalera estaba apoyada sobre la tierra,
y su extremo superior llegaba al cielo. Además, ángeles
subían y bajaban por la misma.
En eso, el Creador,
que estaba sobre ella, se presenta anunciando: “Yo soy Hashem,
el Di-s de Abraham, tu padre, y Di-s de Itzjak; la tierra sobre la cual
yaces acostado, a ti la Daré, y a tu simiente. Será tu
simiente como el polvo de la tierra, y te fortificarás al oeste,
al este, al norte y al sur, y se bendecirán en ti todas las familias
de la tierra, y en tu simiente. Yo Estoy contigo, y te cuidaré
en todo lo que anduvieres, y te regresaré a esta tierra, pues
no te abandonaré hasta que haya hecho lo que te Dije”.
Luego despertó
Iaakov, sintió un gran temor, y dijo: “No es esta sino
la casa de Di-s, y este el portón de los cielos.
Se levantó
Iaakov por la mañana, tomó la piedra que utilizó
como cabecera, y la colocó como fundamento (del que sería
en el futuro, el Templo Sagrado de Jerusalem)”.
Iaakov llamó
a ese lugar “Betel” (la Casa de Di-s), aunque inicialmente,
el nombre de la ciudad era Luz.
Luego, hizo
una promesa y dijo: “Si estuviere Di-s conmigo, y me cuidare en
este camino en el que ando, y me diere pan para comer y ropa para vestir,
y tornare yo en paz a casa de mi padre, entonces Hashem será
para mi por Di-s. Y la piedra esta que puse como fundamento, será
la casa de Di-s, y todo lo que me dieres, diezmaré para Ti”
Prosigue
su andar
Luego, prosiguió
su marcha, y en el sitio donde los pastores abrevaban el ganado, conoce
a Rajel, la hija de Laván que llevaba el rebaño de su
padre a pastar.
De inmediato,
Iaakov la ayudó, ya que los demás pastores habían
colocado la tapa al abrevadero, y él solo quitó la pesada
cubierta, para que los animales que la joven pastoreaba puedan beber.
Iaakov le informó
que es pariente de su padre, e hijo de Rivka, la hermana de su progenitor.
Tras este episodio,
la chica corre a contar a su padre lo acontecido, y cuando Laván
oyó su nombre: “Iaakov”, hijo de su hermana, corrió
a su encuentro, lo abrazó y besó, y lo llevó a
su casa.
Allí,
Iaakov relató a Laván todo lo que le había sucedido,
y el anfitrión respondió: (Bereshit 29: 14): “Tú
eres de mi hueso y mi carne” demostrándole total aceptación,
“y residió con él un mes”.
Aunque “dijo
Laván a Iaakov: ¿acaso por ser mi pariente me servirás
gratuitamente?. Dime cuales son tus honorarios.
Laván
tenía dos hijas, el nombre de la mayor era Lea, y el de la menor
Rajel. Los ojos de Lea eran estriados, mientras que Rajel era de facciones
bellas y hermoso aspecto”
El motivo de
los ojos estriados de Lea era porque todos comentaban que a Rivka, le
nacieron dos varones, y Laván su hermano tiene dos mujeres, entonces
le toca el hijo mayor a la mayor, y el menor para la menor.
Esto implicó
que Lea comience a indagar acerca de Esav y Iaakov, y los caminantes
le informaban que el mayor es un delincuente, mientras el menor: (Bereshit
25: 27): “Un hombre íntegro que reside en tiendas”.
Por eso lloraba,
porque no quería casarse con un malvado, y a causa de tantas
lágrimas derramadas frente al Creador, durante las sentidas plegarias
que ofrecía para que se apiade de ella, y no permita que su matrimonio
se consume con un hombre perverso, por tal razón sus ojos presentaban
ese aspecto.
Hashem escuchó
sus plegarias, y como lo declaran los versículos subsiguientes,
Causó que se case con Iaakov y no con Esav.
Moraleja
Se ve aquí,
cuan grande es la fuerza de la plegaria, ya que a través de ella,
Lea pudo anular el decreto (que estipulaba que se casaría con
Esav), y además, se anticipó a su hermana en obtener el
matrimonio
Aunque, (Bereshit
29: 18): “Iaakov amaba a Rajel, entonces dijo (a Laván):
trabajaré para ti siete años por Rajel, tu hija menor”.
Laván
le respondió: “Es mejor dártela a ti, en vez de
darla a otro hombre. ¡Permanece conmigo!”.
“Trabajó
Iaakov por Rajel siete años, y fueron ante sus ojos como unos
pocos días, por su amor hacia ella. Entonces Iaakov dijo a Laván:
dame mi mujer, porque se completaron mis días, así me
caso con ella”.
En tanto, durante
esos siete años, Iaakov constantemente enviaba presentes a la
hija menor de Laván, pero el padre los tomaba de manos de los
mensajeros, y los entregaba a Lea, su hija mayor. Rajel veía
lo que acontecía, y sin embargo callaba, pues pensó: “Si
le envío un recado a Iaakov para avisarle que mi padre da a mi
hermana lo que él me envía a mi, Iaakov no obtendrá
los regalos de regreso, pues mi padre no se los dará, y además,
mi progenitor se enojará conmigo, y no me permitirá casarme
con él, y de este modo me estaré alejando de este hombre
justo”.
Por su parte,
ante el pedido de Iaakov, quien ya tenía 84 años de edad,
y deseaba a su mujer (Bereshit 29: 22): “Congregó Laván
a toda la gente del lugar e hizo un banquete”
Durante el preliminar,
expuso su punto de vista frente a los presentes: “Ustedes saben
que estábamos muy escasos de agua, a tal punto que era necesario
resguardar lo poco que teníamos colocando una pesada piedra sobre
el pozo (Bereshit 29: 2), hasta que vino este hombre justo, y las aguas
resultaron bendecidas, ya que el abrevadero siempre está lleno,
pese a que abrevan allí muchos rebaños”.
Los invitados
le preguntaron: “¿Qué podemos hacer al respecto?”.
Laván
les propuso: “Si les parece bien, lo engaño, le doy a Lea,
ya que ama mucho a Rajel, y se quedará por tal causa aquí
otros siete años”.
Ellos le respondieron:
“Haz lo que te parezca conveniente”.
Laván
les dijo: “Denme una prenda en garantía de que ninguno
de ustedes revelará la cosa”.
Se levantó,
y trajo por las prendas que le dieron en garantía, vino, aceite
y carne para servir en el banquete que había organizado, ya que
hasta ahora las mesas aparecían carentes de todo.
De aquí
proviene su nombre de “Laván Arami”, pues si bien
es cierto que la palabra “arami”, recae sobre él
por ser oriundo de la ciudad de “Haram”, también
el significado de este concepto es “el engañador”,
ya que engañó también a los pobladores del lugar
donde vivía al solicitarles prendas como garantía, y con
eso compró lo necesario para la fiesta que organizó, teniendo
en cuenta además, que la gente de ese sitio también eran
engañadores, pero Laván los sobrepasaba.
Como causa de
ello, cuando hubo pasado el tiempo, y se percataron del echo, cada uno
tuvo que rescatar su prenda de los sitios donde los había empeñado
Laván, trocándolos por dinero.
Pero por el
momento, aun no sabían que esto iba a ocurrir, y se plegaron
al plan de Laván, se hallaban en el día del banquete del
casamiento, y coronaban a Iaakov, colocándole diademas sobre
su cabeza y profiriéndole múltiples alabanzas.
El sol comenzó
a declinar, y cuando ya estaba oscureciendo, Iaakov preguntó
que sucede, y por que lo alaban y coronan tanto.
Ellos le respondieron:
“Tú nos hiciste una bondad, ya que por tu causa resultaron
bendecidas las aguas, por eso, también nosotros hacemos contigo
bondad”
Aunque la intención
de los presentes era tratar de insinuarle que le darán a Lea
y no a Rajel, por eso entonaban cánticos populares que contienen
sílabas similares al nombre de la hija mayor de Laván:
“Halaie, Halaie”, (cuya interpretación sería
“Es Lea, Es Lea”). Pero Iaakov, no se percató de
ello.
Por la noche,
ingresan los que acompañaban a la novia hasta el sitio donde
se hallaba el pretendiente, y en ese momento apagaron todas las velas,
para que Laván pueda intercambiar a Lea por Rajel.
Entonces Iaakov
pregunta: “¿Qué es esto?. ¿Por qué
apagan las luces?”. (Pues temía que comiencen a realizar
en ese momento actos impúdicos).
Le respondieron:
“¿Qué piensas, que somos groseros como ustedes,
y tenemos costumbres como las vuestras, similares a la que has demostrado
cuando besaste a Rajel en público en el abrevadero? 10(Este suceso
consta en Bereshit 29: 11, y Rajel tenía en ese momento 5 años
de vida). Nosotros somos gente recatada y no hacemos ingresar la novia
ante el novio a la luz de las velas”.
El
trueque
En ese momento,
Laván aprovechó para intercambiar a sus hijas
Además,
Laván poseía otras dos hijas, que había tenido
con una sirvienta: Biláh era el nombre de la mayor, y Zilpáh
el de la menor. Y todos sabían que el destino de ambas era convertirse
en siervas de sus hijas Lea y Rajel. Biláh, la mayor para Lea,
su hija mayor, y Zilpáh la menor, para Rajel, su hija menor.
Al ingresar
“Rajel” (que en realidad era Lea) a la ceremonia nupcial,
se acercó Laván y le entregó a Zilpáh como
sierva.
Iaakov vio que
entregaron a Zilpáh a la novia, y entendió que todo está
en orden.
La boda se concretó,
y durante toda esa noche, Iaakov creía que se hallaba junto a
Rajel, pues cuando la llamaba: “¡Rajel!, ella respondía
“¿Si?. ¿Qué necesitas?”.
Además,
como precaución, antes del casamiento Iaakov había entregado
a Rajel tres señales, las cuales probarían en caso de
necesidad, que es ella y no otra mujer.
Estas
eran las señales
Las señales
eran:
1) El cumplimiento
del precepto de la inmersión ritual para purificarse. Iaakov
le dijo: “Cuando estés delante de mi, has de decir: Estoy
pura”.
2) Le reveló
el fundamento de la circuncisión otorgándole asimismo
una señal específica al respecto.
3) Además,
le entregó un elemento llamado “kamía”, que
se lo utiliza para curaciones, y otro tipo de aflicciones. También
para posibilitar el nacimiento de hijos, gozar de buena salud, etc.
Este tipo de elementos puede tener formas y estructuras variadas, y
debe ser confeccionado por una persona temerosa de Di-s, experta en
el tema, y que sea netamente observante de los preceptos. En este caso,
le otorgó un “kamía” que se cuelga sobre el
cuello, y contenía el fundamento secreto del mérito de
los patriarcas.
Todas estas
señales que Iaakov dio a Rajel, ella las entregó a su
hermana Lea, y además, se ocultó en la habitación,
y respondió a Iaakov cosas que Lea no hubiera podido, todo para
que su hermana mayor no sea reconocida y avergonzada
Transcurrió
toda esa noche, y por la mañana, cuando los primeros rayos de
sol se colaban a través de la ventana, Iaakov despierta y se
percata que quien se haya a su lado no es Rajel, sino Lea.
Cuando
se dio cuenta
En ese momento
le dijo: “¡Engañadora hija de engañador!.
¿Por qué me has hecho esto?. ¿Por qué razón
durante la noche, cada vez que te llamaba Rajel, me respondías
afirmativamente?”
Ella le respondió:
“¿Acaso existe algún peluquero que no le corten
el cabello sus alumnos cuando él necesita que se lo recorten?
No existe un
peluquero que se corte solo el cabello, y de la misma manera como él
modifica el aspecto facial de sus clientes al cortar su pelo, del mismo
modo proceden sus alumnos con él, cuando les toca.
¿Acaso
cuándo fuiste a tomar la bendición de tu padre, y te llamaba
‘eres mi hijo Esav’, tú no le respondiste ‘soy
yo’? (Bereshit 27: 24).
Y yo soy tu
alumna, pues de ti he aprendido a engañarte, del mismo modo como
engañaste a tu padre. Y de la misma manera como procediste para
cumplir la orden de tu madre, quien te ordenó engañar
a tu padre para conseguir de él las bendiciones, lo mismo hice
con la orden de mi padre, para edificar de ti las tribus de Israel”.
Iaakov en tanto
se dirige a Laván y le pregunta: “¿Por qué
me has hecho esto?. Por Rajel he trabajado para ti. ¿Por qué
me has engañado?”
Laván
le responde: “En nuestras tierras no se estila dar a la más
joven antes que a la mayor. Aguarda que se complete esta semana, y te
será dada también la menor, a cambio de otros siete años
de trabajo”. (Bereshit 29: 27)
Luego
de una semana
Al cabo de una
semana, le entregó también a su hija Rajel, por la que
debería trabajar otros siete años para Laván.
La primera de
sus mujeres en concebir fue Lea, quien dio a luz a Reubén, luego
le nació otro varón, al que llamó Shimón.
Posteriormente alumbró a Levi, y a continuación a Iehuda.
En tanto Rajel
sintió envidia por su hermana, ya que había parido cuatro
hijos, mientras ella aun no había podido quedar embarazada siquiera
una vez, por lo que le sugiere a su marido: “He aquí mi
sierva Biláh, allégate a ella, y parirá sobre mis
rodillas, entonces tendré hijos también yo de ella”.
(Bereshit 30:
4): “Le dio a Biláh, su sierva por mujer, y se allegó
a ella Iaakov. Concibió Biláh y parió a Iaakov
un hijo”.
El niño
nacido a la sierva de Rajel fue llamado Dan, y luego dio a luz otro
varón, al que llamó Naftali.
En tanto Lea
vio que ya no alumbraba, entonces dio a su marido a su sierva Zilpáh,
para que la tome por mujer.
Zilpáh
dio a luz un hijo al que llamó Gad, luego, concibió por
segunda vez la sierva de Lea, y llamaron al varón que nació
Asher.
Luego de esto,
vuelve a concebir Lea, y le nace su quinto hijo al que llama Isasjar.
Posteriormente alumbra a su sexto varón, al que llama Zebulún.
Queda embarazada
por séptima vez Lea, y en ese momento, sabiendo tras haber tenido
una visión profética, que le nacerían a Iaakov
12 hijos oró al Creador: “Amo del universo: yo ya tengo
seis varones, y a las dos siervas le han nacido dos a cada una, por
lo tanto son en total son diez varones, resulta entonces, que si el
bebé que llevo en mi vientre es un varón, no le restará
a mi hermana sino solo la posibilidad de alumbrar un hijo, y de ese
modo no llegará a ser Rajel mi hermana como una de las siervas”.
Inmediatamente
el Creador Oyó su plegaria, y tornó el fruto que lleva
en su vientre de sexo femenino. Por eso la nació una hija a la
que llamó Dina.
Hashem dijo
a Lea: “Tu eres piadosa, entonces también Yo me apiadaré
de ella”.
Por eso: (Bereshit
30: 22): “Recordó Di-s a Rajel, la escuchó Di-s
(a sus oraciones), y abrió su matriz. Concibió y parió
un hijo, y dijo: recolectó (reunió y retiró) Di-s
mi vergüenza. Y llamó su nombre Iosef, diciendo: me incrementó
Di-s otro hijo” (Iosef significa recolectar, y también
aumentar o incrementar).
“Aconteció
luego de concebir Rajel a Iosef, que dijo Iaakov a Laván: envíame
y regresaré a mi lugar y a mi tierra. Dame mis mujeres y mis
hijos por los que trabajé para ti y me iré, pues tu sabes
el servicio que te presté”. (Bereshit 30: 25 - 26).
Quiere
fijar un salario
Labán
pretende fijar un pago para entregarle, y pregunta al respecto a Iaakov.
En tanto, su yerno propone pastar sus animales, y todas las ovejas que
nacieren con pintas pequeñas y manchas grandes, y toda cabra
marrón, serán para él como salario.
Además
aclaró (Bereshit 30: 33): “El día de mañana
responderá por mi, mi justicia, cuando verifiques mi salario;
todo lo que no posea pintas pequeñas y manchas grandes en las
cabras, y marrón en las ovejas, será cosa robada en mi
posesión”.
Laván
estuvo de acuerdo, y le dijo “¡Si!. ¡Que sea como
dices!”. (Bereshit 30: 34).
De esta manera,
comenzó Iaakov a tener éxito y sus bienes aumentaron notoriamente,
a tal punto que (Bereshit 30: 43): “Prosperó el varón
más y más, y tuvo mucho ganado ovino (incluye cabras y
ovejas), siervas y siervos, camellos y burros”.
No obstante,
Iaakov oyó las palabras de los hijos de Laván que decían:
“Tomó Iaakov todo lo que era de nuestro padre, y con lo
de nuestro padre hizo toda esta riqueza”.
Luego: “Vio
Iaakov el rostro de Laván, y no era con él como antes”.
El
Todopoderoso se le revela
Posteriormente
se revela el Creador a Iaakov y le dice: “regresa a la tierra
de tus padres, donde naciste, y Estaré contigo”.
Iaakov mandó
llamar a Rajel y Lea al campo con las ovejas, y les dijo: “Veo
que el rostro de vuestro padre, no está conmigo como antes, mas
el Di-s de mi padre estuvo conmigo. Ustedes saben que con toda mi fuerza
serví a vuestro padre, y vuestro padre me engañó
cambiando mi paga diez veces, pero Di-s no le dejó hacerme mal.
Si decía: los que tienen pintas serán tu paga, nacía
todo el ganado con pintas, y si decía: los moteados serán
tu paga, nacía todo el ganado moteado. Apartó Di-s el
ganado de vuestro padre, y me lo dio.
Fue en momento
de calentarse las ovejas, cuando alcé los ojos y tuve un sueño,
y he aquí que los machos cabríos que subían sobre
las ovejas eran moteados, con pintas y rayados. Y el ángel de
Di-s me dijo en el sueño: ¡Iaakov!. Y yo le respondí:
¡Heme aquí!.
Entonces me
dijo: Alza tus ojos y observa todos los machos cabríos que suben
sobre las ovejas moteadas, con pintas y rayadas, pues he visto todo
lo que Laván te hace. Yo Soy el Di´s de Betel, donde ungiste
la piedra, y me hiciste una promesa, ahora levántate y sal de
la tierra esta, y regresa a la tierra donde naciste”
Las mujeres
estuvieron de acuerdo, entonces Iaakov puso a sus hijos y sus mujeres
sobre camellos, y condujo toda su hacienda, y todo lo que adquirió
en Padam Aram, en dirección a Kennan, donde se hallaba su padre
itzjak.
No obstante,
Laván cuando se enteró, al tercer día, salió
en su persecución, y cuando le hubo dado alcance, le reclamó
por haber huido sin darle la posibilidad de despedirlo como corresponde,
organizando una fiesta con instrumentos musicales, y también
se quejó porque al escapar de ese modo, no pudo besar a sus hijas
y nietos.
Además,
pretendía que Iaakov había robado sus estatuillas de idolatría,
por lo que reclamó también eso.
Inmediatamente,
(Bereshit 31: 31) “Iaakov respondió a Laván: porque
temí y me dije: tal vez raptes a tus hijas de mi”.
Y agregó:
“con quien hallares tus estatuillas, que no viva”, luego
le dijo: “reconoce que hay tuyo conmigo y tómalo. Pues
no sabía que Rajel había tomado las estatuillas”.
(Y a causa de esa maldición proferida por Iaakov, al decir que
no viva quien tomó las estatuillas, falleció Rajel en
el camino).
Laván
comenzó a hurgar en las tiendas de Iaakov y sus mujeres, sin
encontrar sus pertenencias, por lo que se dirige a su hija Rajel que
se hallaba sentada sobre un camello, y ella se excusa ante su padre
por no poder levantarse, acusando que padece en estos momentos “la
costumbre de las mujeres”.
Una
queja
Luego de esta
inspección, Iaakov reclama a Laván por la acción
de revisar todas sus pertenencias, y le menciona todo el servicio que
le prestó, y la fidelidad con que se desenvolvió durante
los 20 años que trabajó para él: 14 por sus hijas,
más 6 por los animales, y también le recuerda que modificó
su salario diez veces. y “si no fuera por el Di-s de mi padre,
el Di-s de Abraham y temor de Itzjak que estuvo conmigo, ahora sin nada
me enviarías, mi aflicción, y el esfuerzo de mis manos
vio Di-s, y lo certificó anoche”
Laván
decidió realizar un pacto de fidelidad con Iaakov, y este aceptó,
así que tomaron piedras, construyeron un monumento y sellaron
el pacto de paz y fidelidad. Luego Iaakov degolló animales y
dispuso un banquete, al cual invitó a sus amigos que estaban
con Laván. Esa noche, pernoctaron en la montaña.
Aconteció
al amanecer, que Laván madrugó, besó a sus nietos
e hijas, y los bendijo. Luego se retiró, y regresó a su
morada.
En tanto Iaakov
prosiguió su camino rumbo a Kenaan (en el futuro Israel), la
tierra donde se hallaba su padre.
Así
se formó la base:
De esta manera,
queda constituida la base del pueblo judío, donde los doce hijos
que le nacieron a Iaakov, serían la estructura básica,
a la cual se sumaría en el futuro Biniamin, el segundo hijo de
Rajel, que le nacería en el camino. Y Levi sería separado
para realizar los servicios sagrados.
Es por lo tanto
digno de destacar, el modo de proceder de las dos hijas de Laván,
que son quienes dan origen a las tribus de Israel, pues los hijos nacidos
a sus siervas, son atribuidos a sus amas. Por lo tanto, es menester
resaltar la actitud asumida por estas dos madres que dejaron su sello
en sus hijos, y todas sus descendencias, hasta llegar a nuestros días.
Nos referimos
a la manera de proceder de ambas en momentos concluyentes, donde reinaba
además la competencia entre ellas, y la envidia.
Uno de esos
momentos, fue cuando entregó Rajel a Lea las señales que
le había dado iaakov, para que su hermana no resulte reconocida
y avergonzada, pese a que ella misma pretendía casarse con él.
En tanto su
hermana, procedió de similar manera cuando queda embarazada por
séptima vez, y en ese momento, sabiendo tras haber tenido una
visión profética, que le nacerían a Iaakov 12 hijos
oró al Creador: “Amo del universo: yo ya tengo seis varones,
y a las dos siervas le han nacido dos a cada una, por lo tanto son en
total diez varones, resulta pues, que si el bebé que llevo en
mi vientre es un varón, no le restará a mi hermana solo
la posibilidad de alumbrar un hijo, y de ese modo no llegará
a ser Rajel mi hermana como una de las siervas”.
Inmediatamente
el Creador Oyó su plegaria, y tornó el fruto que lleva
en su vientre de sexo femenino. Por eso la nació una hija a la
que llamó Dina.
Hashem dijo
a Lea: “Tu eres piadosa, entonces también Yo me apiadaré
de ella”
Que
vemos de aquí
Vemos como el
pueblo judío fue estructurado en base a la piedad de los unos
por los otros, por lo tanto, es necesario tomar conciencia de ello,
y proseguir el camino iniciado por nuestras matriarcas, ya que el que
hemos tenido la oportunidad de apreciar, es el inicio del pueblo de
Israel, tras lo cual sobrevendría el exilio, y finalmente la
redención final, que sea pronto en nuestros días, pero
para que este broche de oro ocurra, nosotros, los hijos de las matriarcas,
tenemos que poner en práctica lo mismo que ellas, cuando dieron
vida a este pueblo, es decir, la actitud bondadosa y piadosa entre hermanos.
Reubén
poseía dos grandes amigos: Shimón y Levi. Y causa de su
gran aprecio hacia ellos les dio dinero de su capital, y los ayudó
organizándoles y estructurándoles operaciones comerciales
y les hizo numerosas bondades, hasta que logró que se conviertan
en poderosos acaudalados.
El tiempo pasó,
la rueda giró y Reubén llegó a encontrarse en una
situación muy ajustada, y necesitaba la suma de 100 Dinarim (tipo
de moneda de la época). Se dijo entonces: (acudiré a Shimón
y tomaré de él la suma que necesito, ya sea a manera de
préstamo, o como obsequio, ya que le he generado muchos beneficios
y bondades, siendo que gracias a mi ayuda, ya ha ganado la suma de 20000
Dinarim.
Se dirigió
entonces a casa de su amigo, pero no lo encontró allí,
le informaron que en estos momentos sale de viaje, y se encuentra en
el camino que conduce a las afueras de la ciudad.
Decidió
intentar darle alcance, y partió presurosamente en su búsqueda,
para ello caminó intensamente durante una larga hora, pero no
pudo lograr su cometido, viéndose obligado a regresar. Solo que
estaba muy angustiado por el esfuerzo y las molestias que se tomó
al ir tras sus pasos sin lograr darle dar con él.
Además
lo carcomía la idea de que si hubiera salido un cuarto de hora
antes, lo hubiera hallado en su vivienda.
No obstante,
regresó y emprendió el camino hacia la casa de Levi, para
tomar de él 100 Dinarim, puesto que también él
era fiel amigo suyo, y tuvo provecho de muchas bondades y beneficios
de su parte, al igual que Shimón.
Cuando llegó
a su casa, le plantea la situación solicitándole si le
puede prestar la suma de 100 Dinarim. A lo que Levi responde: ¿Quién
eres?, ¡Jamás te he visto, no te conozco!.
Reubén
emprendió el camino de regreso, y en el trayecto comenzaron a
brotar y deslizarse lentamente lágrimas por sus ojos hasta que
finalmente estalló en llanto.
Su hijo que
lo acompañaba en todo momento le dijo: ¿Por qué
aquí por la cuestión de Levi lloraste, y cuando fuiste
a la casa de Shimón no lo hiciste, teniendo en cuenta que tanto
allí como acá saliste con las manos vacías sin
tomar nada?.
Contestó
a su hijo: Shimón no me dijo nada y no me provocó ningún
sufrimiento con sus palabras, solo que yo no lo hallé, por tal
razón me lamenté por mi esfuerzo que desplegué
inútilmente persiguiendo sus pasos sin dar con él, y si
lo hubiera podido alcanzar, es posible que hubiese concedido mi solicitud.
Sin embargo Levi me hizo sufrir a través de palabras hirientes,
pues dijo que no me conocía y no sabe quién soy, y él
tuvo provecho de mi miles de veces el valor de esos 100 Dinarim que
le pedí, y ahora, encima que no obtuve nada de él, para
colmo me destrozó y dijo que no me conoce, por eso mi llanto.
Aprendemos de
aquí la gravedad que tiene herir con palabras, y la consecuencia
de esto cuan terrible es, y más aun aquellos que no reconocen
las bondades que se les hizo y su accionar deja mucho que desear. Contrariamente
a ello, el mundo debe actuar con benevolencia y generosidad entre los
unos y los otros, puesto que la bondad es uno de los tres pilares sobre
los cuales el mundo se mantiene, tal como lo manifestaron nuestros sabios
en Pirkei Abot 1: 2: Shimón el justo era el remanente de la Gran
Asamblea. El solía decir: Sobre tres cosas el mundo se sostiene:
sobre la Torá, sobre el servicio, y sobre los actos de bondad.
Es nuestro deber
tomar el camino de la bondad, enseñado por nuestras matriarcas,
y a través de su puesta en práctica, posibilitar la tan
ansiada unión del pueblo, y la redención final, que tanto
aguardamos.
Shabat Shalom.
Fuentes
utilizadas:
Rashi
Bereshit 28: 9
Sefer Haiashar/Ialkut Sipurim. Sefer Haparshiot
Talmud tratado de Babá Batra 123ª
Tanjuma Vaietze 6 - Etz Jaim
Bereshit Rabá 70 : 19 (Rashi y Mefarshim) - Ialkut Shimoní
125
Rab Jonia en Ialkut Shimoni 125
Sefer Haparshiot
Tanjuma Veietzé 8
Rab. Iosef Jaim
Rabino Bejaie |