Enriqueciéndose
con el pobre
La
sección de la Torá que leemos esta
semana lleva por nombre "Vaikrá",
que significa "Llamó". Tal como
el título lo indica, se trata de un llamado,
que va dirigido a Moshé, pero asimismo,
a cada uno en particular, ya que, al ser discípulos
de Moshé, todos tenemos una parte de él
en nuestro interior.
El objetivo de este llamado es, inducir a cada
uno, a que medite sobre los temas que son expuestos
a continuación, los cuales tienen como
objetivo llevar a la persona a la reflexión,
toma de conciencia, y acción inmediata
para mejorar su calidad de vida, y el entorno
que lo rodea. El tema central abordado es, el
de las ofrendas animales y vegetales que deben
traerse para expiación.
La ofrenda de animales es, para que la persona
tome conciencia de lo que ha hecho, y al contemplar
con sus propios ojos, como degüellan al toro
o al cordero que trajo, piense que ese ser vivo
será sacrificado por su causa, ya que correspondería
que le hagan en su propio cuerpo lo que efectúan
al animal.
De
esta manera, el individuo podrá arrepentirse
de su mala acción, y mejorar su conducta
en el futuro.
Hemos estudiado que el objetivo de la ofrenda
es provocar que la persona se conmueva y tome
conciencia del daño que ha hecho.
Por
tal razón, si el individuo lograse a través
de su propio razonamiento, llegar a esta conclusión,
arrepintiéndose de todo corazón,
por haber cometido la falta, no sería necesario
traer ningún animal para ser sacrificado
(al ser tan difícil llegar a este nivel
de autoinspección, la persona debe traer
el sacrificio).
En el caso del sacrificio de un pobre, que es
el más sencillo de todos los sacrificios
que eran traídos al templo, solo dos pichones
de paloma o dos tórtolos, vemos una notoria
diferencia.
Siendo
que en su propio interior el pobre, tiene su corazón
quebrantado, aunque haya pensado cometer algún
pecado, el mismo será perdonado y esto
se debe a que el sufrimiento que padece él,
y los integrantes de su familia son suficiente
para la expiación de sus faltas.
Lo anteriormente expuesto permite comprender que,
la situación social y económica
del individuo incide directamente en sus pensamientos
y acciones;
tal como fue dicho, que los de menores recursos
se quebrantan con mayor facilidad que el acaudalado.
El
adinerado necesita traer un animal voluminoso
como lo es un toro, mientras el de clase media
debe traer un cordero, y al pobre, le es suficiente
con un par de pichones de paloma.
Aprendemos
de esto, que el hombre pobre es más humilde,
y la misión de las ofrendas es, precisamente
"inculcar humildad en la persona".
Ante esta diferencia, el "Kohen" (oficiante
del Templo Sagrado), tenia la posibilidad de ver
si el individuo que se presenta delante de el,
trae una ofrenda apropiada, correspondiente a
su situación.
En
cierta ocasión, un hombre adinerado, acercó
delante del Kohen dos pichones de paloma, para
que sean ofrendados como Holocausto. El oficiante,
no obstante, le dijo: "Esa ofrenda no es
apropiada para ti y las rechasó".
El individuo regresó a su casa y estaba
triste, por lo que le había sucedido.
Los hermanos, al verlo cabizbajo, se acercaron
y le preguntaron: "¿Por qué
estás triste?".
Les respondió: "Porque llevé
una ofrenda al Templo Sagrado, y el oficiante
no la quiso aceptar".
Ellos le sugirieron: "¿Qué
llevaste para ofrendar?".
Respondió: "Dos pichones de paloma".
Tras este dato aportado, los hermanos le explicaron:
"La ofrenda de pichones de paloma, es apropiada
para un pobre, no para ti. El motivo es por lo
que consta en el versículo: Si es
pobre y no le alcanza, en ese caso que traiga
dos pichones de paloma o dos tórtolos.
Tú debes acercar una ofrenda que sea adecuada
para ti".
Les preguntó: "¿En qué
consiste?".
Le informaron: "Debes llevar un toro".
Sorprendido les planteo: "¿Tan grave
es haber tenido un pensamiento pecaminoso, que
hay que traer un toro para ofrendar como Holocausto
para expiación?. ¡Prometo que no
se introducirá nuevamente en mi corazón
un pensamiento pecaminoso!".
Desde ese día, todo el tiempo se ocupaba
en sus asuntos comerciales, y cuando llegaba la
noche, dormía un poco.
Al despertar, llamaba a sus hermanos para que
le enseñen Torá. Se abocaba completamente
al estudio, hasta que amanecía.
El tiempo pasó, y aprendió mucho,
por eso comenzaron a llamarlo: "Iehuda Ajer",
que significa "Otro Iehuda". A través
de ello le insinuaban: "¡Te has convertido
en otra persona!".
Un día, lo encontró Rabí
Iasi Saba, que era quien lo guió por el
camino del arrepentimiento y al estudio de la
Torá. Gracias a este maestro, pudo llegar
a alcanzar el alto nivel en el que ahora se encontraba;
el Rabí, vio que su brillante alumno dividía
sus propiedades, la mitad separaba para los pobres,
y la otra mitad, la daba a comerciantes que cruzaban
el mar, para ir a tierras lejanas, en busca de
buena mercadería pagando menos; esta mercancía
sería luego vendida por ellos a alto precio,
en sus lugares de residencia.
Iehuda Ajer, participaba en las ganancias, pues
el dinero que les daba, era en carácter
de socio capitalista. De esta manera, su tiempo
quedaba libre, y se ocupaba del estudio
de la Torá todo el día.
Dichosa es la parte de los justos,
la cual acercan delante del Todopoderoso, con
un gran esfuerzo compran los pichones para traerlos
al Templo a pesar de que el sustento de sus propias
familias es difícil. Lo hacen a través
de la entrega completa, para Servirle con todas
sus fuerzas y espíritu, en el estudiando
la Torá y rezando. Realizan esto, comiendo
solo lo necesario, durmiendo poco, y tomando el
mínimo provecho de los placeres
mundanos.
El
Korban del pobre logró inculcarle a Iehuda
Ajer el verdadero valor del arrepentimiento.