Las Piedras del Kotel
1) Soy una
piedra del Kotel, muro de la esperanza del pueblo judío. Soy
una piedra muy antigua. Hace 2800 años pude ver de cerca la grandeza
del Rey Salomón y la emoción inigualable cuando todo el
pueblo judío, desde Dan hasta Beer Sheba, vinieron a inaugurar
el Templo Sagrado, como un abrazo entre el hombre y D'os. Vi muchos
eventos en mi vida. He escuchado gritos de socorro y de alegría.
2)
Unos de mis primeros recuerdos es aquel anciano judío que venía
cada día a darme forma, para que pueda ser parte del Bet Hamikdash,
nuestro Sagrado Templo. Lo escuché murmurar: "D'os, yo sé
que Tú no necesitas de este Templo, ni tampoco de mi roca, porque
Tú eres infinito y ninguna construcción puede contenerte;
pero esta es mi forma de expresarte mi gratitud y rendirte tributo y
honor".
3) Año 420 AEC. Soy una piedra del Kotel, un trágico 9
de Av. Vi la caída del reino de Iehudá. El interior del
Templo arde en llamas. Con dolor y lágrimas, el pueblo fue desterrado,
y llevado a Babilonia. El hambre y la peste habían diezmado a
mi pueblo. Como una madre extiendo mis brazos hacia mis hijos que se
aferran a mí, pero el brutal enemigo los arranca de mi regazo.
4)
Año 490 AEC. La alegría me invade, mis hijos regresan!
Aunque todo es ruina humeante y maloliente, hombres, mujeres y niños
se abocan a reconstruir, con la espada en una mano, para defenderse
día y noche y la pala en la otra para construir la Gloria del
Gran Templo.
5) Año 70, soy una piedra del Kotel, vi la caída del retoño
judío, por el odio que impera entre ellos. Mientras ellos se
pelean, otro trágico 9 de Av, los romanos conquistan Yerushalaim
y queman el Templo, mientras mis hijos son dispersados por todos los
confines, algunos como esclavos, otros para las arenas del circo romano,
otros degollados junto a sus niños... me mantengo en pie por
milagro, mas internamente me revuelco en dolor y tristeza, cual madre
privada de sus hijos...
6)
Año 1948, Soy una piedra del Kotel. Mi cuerpo fue sacudido por
el grito: Viva el estado de Israel!, se escuchaba tan cerca... Pero
mi corazón estaba aun triste, pues aun continuaba prisionera
en manos árabes que no permitían a mi pueblo llegar hasta
mí, desde lejos escuchaba sus suspiros y plegarias... mas sus
manos no podían abrazarme aun...
7) Año 1967, Soy una piedra del Kotel, un atardecer, brazos cansados
de luchar me abrazaron, lágrimas de felicidad y emoción
me cubrieron y voces de jóvenes soldados gritaban sin cesar:
“Yerushalaim es nuestra! El Kotel está en nuestras manos
nuevamente!”. Hace casi 2800 años que estoy en pie, ninguna
guerra logró derribarme, pero en este momento, la emoción
que me embarga, me hace temblar...
8) Año
2002, Soy una piedra del Kotel, te estoy mirando y me estremezco, has
vuelto a mí, a tu casa, la habitación más intima
del pueblo judío. Quizás te sientas un turista, pero comprende
que este es tu hogar! Tú no eres un turista, eres uno de mis
hijos! Para que tú estés hoy aquí, dos padres lucharon
por mantener su judaísmo, 4 abuelos más 8 bisabuelos más
16 tatarabuelos, desafiaron la maldad que pretendía borrarlos,
cientos de personas mantuvieron su compromiso judío durante siglos
para que hoy tú y yo nos podamos reencontrar cara a cara, como
una madre con su pequeño y amado hijo. ¿Qué puedo
expresarte? La alegría y la emoción me embargan, entiende
que tu judaísmo no es algo que has heredado, sino que es algo
que tomaste prestado de tus hijos y que debes entregárselo también
a ellos, para que el día de mañana cuando tus hijos estén
frente a mí, tal como tú estás hoy, pueda yo, esta
vieja piedra del Kotel, recibirlos y emocionarse al verlos frente a
mí, retornando a su hogar, y que tus hijos sigan siendo parte
de mis hijos. Ese es el compromiso que, como una madre, hoy yo pacto
contigo...