Ocurrió hace muchos
años atrás. Fui invitado a pasar Shabat a la casa del Rab de
la ciudad. Luego del Shalom Aleijem tradicional, el anfitrión procedió
a tomar la copa de vino en su mano y a recitar el Kidush.
Mientras lo hacia, gruesas gotas de vino caían por los bordes salpicando
el mantel y los libros que estaban debajo. Recuerdo que en ese momento pensé
"acepto que la copa deba estar llena, somos muchos los comensales, pero...
¿hace falta tanto? Al finalizar el Kidush, y mientras la gente se saludaba,
el Rab, que había leído mi mirada, me dijo; "El Kos
(vaso) de Kidush, debe ser un Kos de beraja, de abundancia, por eso debe rebosar
y no estar a medio llenar".
Dicen nuestros Sabios, que esto también es aplicable a la persona.
¿Cómo? Una de las mitzvot básicas del judaísmo
es "Beahabta Lereaja Camoja", amar a tu prójimo
como a ti mismo.
Todos conocemos esta máxima; pero lo que muchos no saben, es que
para poder querer y dar a mi semejante, debo primero quererme y respetarme
a mi mismo, como el vaso de Kidush, que solo puede rebosar cuando
está lleno.
Escribe el Rab Abraham Twersky, en sus tantos libros de autoayuda: "el
sustrato mas frecuente de los cuadros depresivos es una sensación inexplicable
de auto-desprecio y desvalorización".
En otras palabras, perdida gradual de la autoestima.
¿Un problema nuevo? No, tiene más de 3.000 años. Al cabo
del 1er. año de la salida de Israel de la esclavitud egipcia, llegaron
a las puertas de la Tierra Prometida, sobre la cual D'os había dicho
que sería posesión eterna del Pueblo Judío. Como una
demostración de falta de fe y confianza, doce espías fueron
enviados a constatar las virtudes de la tierra. El informe que trajeron fue
desalentador. La Tierra era un vergel, pero sus habitantes gigantes y sus
ciudades fortificadas. ¿Cómo hacer para entrar? Dijeron ellos
"comparados con los gigantes, nos veíamos como langostas y ellos
nos veían como hormigas". Fíjense que interesante. Si yo
me veo como una langosta, seguro que mi compañero me va a ver como
una hormiga ¡mas pequeño aun! Y más, ¿cómo
sabían la impresión que sobre ellos tenían los gigantes?
¿Acaso conocían el idioma? No, el auto-desprecio que sentían
les hacia ignorar situaciones que no existían en la realidad.
¿Cómo nacen los problemas de baja
autoestima?
Como padres, debemos saber que las experiencias de la infancia suelen dejar
rastros indelebles en la personalidad. Una actitud hipercrítica hacia
los niños puede ser la base de futuros problemas de auto-desprecio.
Veamos un ejemplo: si mi hijo de cinco anos rompe nuestra más preciada
copa de Kidush, recuerdo de mi bisabuelo lituano, en una de sus tantas correrías
por el comedor de mi casa, no debemos cargar sobre él un sentimiento
de culpabilidad.
¿Felicitarlo? Seguro que no, pero debemos entender que disciplinar
no es culpar. A su edad, el hecho esta dentro de los parámetros de
normalidad para que así ocurra. Si yo reacciono con los epítetos
de torpe o inepto (por usar los mas suaves) y si esto es reiterativo (las
travesuras de los niños las son), el niño va a crecer con el
convencimiento que es un torpe y un inepto. No nos olvidemos que a esa tierna
edad, la opinión de los padres es una verdad absoluta e irrefutable
ante la cual el niño no pueden mas que aceptarla como real.
Otro error en el que solemos incurrir los padres, es en delegar funciones
no acordes a la edad del niño, como bien puede ser dejar nuestro bebe
de meses al cuidado de nuestra hija de ocho anos. Si al volver de nuestra
salida, comprobamos un hermoso chichón en su frente fruto de alguna
caída, no podremos reclamarle nada a su custodia de turno. De hacerlo,
estaríamos incurriendo en el error de atribuirle responsabilidades
que no le competen por la edad y estaríamos anidando en ella el germen
de la auto desvaloración, con consecuencias impredecibles a futuro.
Ya como adolescentes y adultos, nos enfrentamos a una sociedad hedonista donde
la ecuación valorización / productividad esta invertida. Nos
hacen creer que valemos solo si producimos. Pero la riqueza material es un
decreto divino y por lo tanto no es fruto de mi inteligencia ni habilidad
comercial, entonces siendo el "fracaso económico" un fuerte
motivo para nuestra baja estima personal, ahora estamos en condiciones de
entender porqué las personas que se apegan a las enseñanzas
de la Torá y del judaísmo autentico, están liberadas
de este trauma. ¿No van a sufrir acaso por las carencias materiales?
Seguro que si, pero nunca van a desmerecer su imagen por ello, por el simple
motivo que no esta en sus manos lograrlo. Ahora puedo mirar tranquilo la riqueza
material de mi compañero y no sentirme menos por ello. ¿Maravilloso
no?
Todos padecemos de este problema. Si Ud. tiene dudas, lo invito a que veamos
juntos algunos de los síntomas más comunes de esta enfermedad.
1) Sensibilidad a las criticas, la persona que no se valora, no puede
tolerar que la critiquen.
Su propia imagen es para él como un castillo de naipes, cualquier brisa
lo derrumba. Cuando alguien, con la mejor intención se le acerca a
hacerle una "critica constructiva", automáticamente traga
saliva y prepara todo su armamento para defenderse del "agresor".
¡No aceptamos que como seres falibles que somos (el único infalible
es D'os) no solo podemos equivocarnos, sino mas aun, tenemos derecho a errar!
Nada más maravilloso que poder ver nuestros errores y aprender de ellos.
Cuentan de un jazan que estaba recitando la jazara de Shemone Esre (repetición
de la amida (una oración que se recita tres veces por día).
Incurrió en un error, luego en otro y en otro. Se puso tan mal, que
no pudo parar de equivocarse. Cuando bajo de la teba (pulpito), el Rab que
lo observaba atentamente, lo llamo aparte y le dijo "¿tan
perfecto te crees? ¡Como no pudiste aceptar la primera equivocación
ya no lograste concentrarte en el resto!"
2) Búsqueda excesiva de la adulación de los demás.
¿Le gusta
que lo aplaudan? ¿A quien no? Pero cuando se transforma en una necesidad,
preocúpese. No podemos hacer depender nuestros estados de animo de
la valoración que terceros hagan de nosotros, porque es posible que
la persona que te evalúe se haya apoyado en parámetros injustamente
elevados. Aquel que tiene una pobre imagen de si mismo, va a estar eternamente
agradecido al que lo aplauda y le de una palmada de felicitación. Si
yo se que valgo, nada me agrega que me aplaudan, y si en verdad el aplauso
es inmerecido, se transforma en un daño.
Hay un midrash muy ejemplificador sobre este punto, que cuenta sobre dos ríos,
el Tigris y el Eúfrates. Ambos igualmente caudalosos, pero con una
diferencia. El Tigris no hacia ruido mientras que el ruido del Eýfrates
era ensordecedor. Le preguntaron a éste, ¿Por qué hace
tanto ruido? Contesto, para que la gente sepa que existo, que soy caudaloso
e importante. Le preguntaron al Tigris, ¿.y por qué vos sos
silencioso? Contesto, se que soy caudaloso e importante, no necesito hacer
ruido para que la gente me considere. ¿A cual de ellos nos parecemos?
3) No disfrutar de los logros ajenos.
Cuando mi compañero logra lo que yo no puedo lograr, ¿Qué
siento? ¿Por qué deben los logros ajenos ser el motor para desencadenar
una interminable lista de cuestionamientos personales? ¡No sirvo! ¡No
valgo! ¡Qué va a ser de mi!
La Torá tiene un extraordinario ejemplo para que aprendamos de él.
Uno de los motivos por los cuales Moisés rehusaba aceptar la orden
Divina de ser el líder que sacaría a Israel de Egipto, era el
no pasar por el honor de su hermano mayor Aaron. D'os le dijo "no
tengas miedo, tu hermano se va a alegrar en su corazón cuando vea que
vos fuiste elegido". Así fue. Cuando Moisés llegó
a Egipto, su hermano Aaron salió personalmente a recibirlo, lo abrazó
y sintió como si el hubiera sido el enviado por D'os. Como recompensa
recibió el sacerdocio, el cargo de Cohen Gadol.
¿Se sintió identificado? No se asuste, es un problema muy frecuente,
¿pero por qué?
4) Es más fácil asumir que no
valgo. Cuentan de un drogadicto que estaba recluido en una
clínica recuperación. Llamó al médico y le solicitó
que le hagan un estudio cerebral (electroencefalograma). Estaba aterrado ante
la posibilidad de tener un daño cerebral irreversible por las drogas.
Así lo hicieron y le dio bien, no tenia nada. Al día siguiente
volvió a llamar al doctor con la misma propuesta. Este le respondió
que no temiera, ya que el estudio del día anterior había dado
bien. Esta situación se repitió varios días más.
Cuenta el medico tratante "luego de la 4ta. consulta empecé a
entender el mensaje de este paciente. El no temía tener una lesión
cerebral, el quería tener una lesión cerebral, por la sencilla
razón de que si pasa a ser un discapacitado, esta liberado de toda
obligación social y más aun, ahora el entorno debe servirle
a él". A veces, el considerarse inepto para todo servicio, es
una salida fácil.
5) Confundimos autoestima con vanidad. Creemos
que si aceptamos nuestras capacidades caemos en vanidad y si las negamos somos
más humildes. ¡Gran error! Moshe, sobre quien está escrito
que era la persona mas humilde que hubo en la historia, sabía perfectamente
de su valor. Sabía que había D'os, hablaba cara a cara con El,
que era el líder de Am Israel, y no por eso cayó en gaavá
(soberbia). Cuentan que era común escuchar del Jafetz Jaim decir que
"cargaba la generación sobre sus espaldas" y fue,
sin dudas, un ejemplo de humildad sin par.
Negar las propias capacidades no es humildad, es ¡tontería! Aceptarlas
no es soberbia; soberbia es creer que por ser apto en una función,
soy mas que mi compañero. Ahora bien, todos, quien mas quien menos,
estamos en este problema. ¿Cómo salimos de el? ¡Muy
simple, adquiriendo valores! ¿Cuáles?
6) Aprender que es el éxito.
Ser exitoso no es superar los logros del otro sino colmar mis propias capacidades.
¿Quién es mas exitoso y digno de elogio? ¿Un gorrión
que construye su nido sobre la rama de un árbol, o el hombre que es
capaz de llevar un rascacielos de cien pisos? Ambos. Uno no es más
que el otro, cada uno con sus capacidades y posibilidades. Cuando el iehudi
abandona este mundo, luego de ciento veinte años de existencia terrenal,
no le preguntarán porque no alcanzo el nivel espiritual de los patriarcas,
ya que quizá el no fue dotado con este potencial, pero sí deberá
rendir cuentas por no haber colmado el potencial que si recibió.
7) No vivir por la belleza física.
Esto es muy común en las mujeres, y acarrea serios problemas de auto
desprecio y aislamiento. Pero no somos culpables. De pequeños nos inculcan
que lo bello va de la mano con lo bueno y lo feo con lo malo. ¿Conoce
la historia de la cenicienta? De niños nos venden que es el triunfo
de la bondad (la niña huérfana, el hada madrina y el príncipe)
sobre la maldad (la madrastra y sus hijas). Pero en verdad, según leí
de un ensayo del Rab. Josef Bitton, hoy en Atlanta, EE.UU. el mensaje es otro.
Piense: los tres personajes que representan la bondad son estéticamente
bellos; los que personifican la maldad, feos. ¿Hubiera reparado el
príncipe en la cenicienta si ésta hubiera sido obesa o deforme?
Seguramente que no. El mensaje destructor que mamamos de niños, sin
siquiera percibir, es que para ser exitoso y triunfar en la vida hay que ser
bellos como la cenicienta (o las Barbies quizá) invariablemente. Un
horror. Dice el Midrash Tanjuma que Nabucodonosor, el Rey babilónico,
tuvo todas las riquezas materiales imaginables pero no fue feliz. ¿Por
qué? Era petiso y gordo. Nunca superó su complejo físico.
8) El exceso de modestia puede ser un defecto.
Viajaba el Jafetz Jaim a la ciudad de Vilna. Una gran multitud lo esperaba
para rendirle los honores dignos de su estatura espiritual. Junto a él,
sentado en el tren, un joven que desconocía la identidad de su ilustre
acompañante, expreso alabanzas a la persona del Jafetz Jaim; a lo que
el Rab replicó diciendo "no es tan así, yo lo conozco,
no es tan grande como la gente cree". El joven se paró y
empezó a golpearlo, "como se atreve Ud. a hablar así del
Rab más importante de la generación". Cuando arribaron
a Vilna, el joven comprobó horrorizado que había golpeado ni
mas ni menos que al gran Jafetz Jaim. No cabía en su llanto ni en sus
disculpas. El Rab lo consoló y le dijo "Te estoy muy agradecido.
Me enseñaste que, así como la soberbia es un pecado, el auto
desprecio no lo es menos".
9) Inculcar percepciones positivas en los niños. Premiar
las cualidades y no solo las capacidades, no adular los éxitos materiales
en su presencia, no crear competitividad con los compañeros (¿qué
nota sacó tu amiguito? ¿hubo notas más altas que la tuya?);
que nuestros hijos crezcan con el convencimiento que valoramos más
la esencia que los resultados.
Mejorar nuestra autoestima. Esa es la meta. El camino es largo y tortuoso,
y los beneficios, muchos. Aprenderemos a adoptar una conducta positiva ante
los problemas y disfrutaremos más de nuestros logros.