Un
Instante de Vida
Nuestra parashá nos relata cómo finalizaron
los 210 años de esclavitud del pueblo judío.
Después de vivir los 10 milagros que D'os hizo en Egipto, el
pueblo de Israel fue testigo del milagro más grande que jamás
hubieran podido imaginar.Para poder escaparse y
deshacerse de los egipcios, D'os provocó la apertura del Iam
Suf (el Mar de los Juncos).
Mientras los últimos judíos terminaban de cruzar el mar,
se oía el sonido de las miles de carrozas egipcias que corrían
al alcance de ellos.El ejército egipcio no
dudó en ingresar al mar por el camino de tierra que utilizó
el pueblo de Israel, ya que ellos vieron que las aguas se habían
abierto y solidificado como una pared de hielo.
Ellos golpeaban a sus caballos para aumentar la velocidad y así
cruzar rápidamente y alcanzar al enemigo.El
pueblo judío ya había terminado de cruzar y en ese momento,
Moshé Rabenu levantó sus manos sobre el mar, así
como le ordenó D'os, y las aguas volvieron a su curso normal,
ahogando al imperio más poderoso de esa época.
Intentemos imaginar qué sintieron los egipcios en el momento
en que las murallas de agua se derrumbaban sobre ellos y los sacudían
sin cesar.
Obviamente, su único pensamiento era tratar de llegar otra vez
a la superficie para respirar un poco de oxígeno.
Pero con los pulmones cada vez más llenos de agua, la desesperación
por llegar a respirar un poco de aire aumentaba cada vez más,
y la esperanza de salir con vida decrecía.
En esos últimos instantes de vida se cumplió el versículo
que dice: "Y sabrá Egipto que Yo soy D'os".
Rabí Abraham Ibn Ezra (1089 -1164) nos explica que la intención
de D'os no fue solamente que los ciudadanos egipcios, después
de ver que todo su poderoso ejército se hundió en el mar,
reconozcan la existencia y la grandeza de D'os.Explica
el Rav que este versículo también se refiere a los egipcios
que se estaban ahogando en el mar, ya que incluso ellos llegaron a ese
conocimiento en sus últimos instantes de vida.
Estos soldados comenzaron a palpar la muerte, pero en sus últimos
segundos de vida lograron reconocer fehacientemente que hay un solo
D'os que es Quien maneja el mundo y a Él debemos servir.
Este comentario nos deja la gran enseñanza del valor que tiene
cada segundo y segundo de vida.
Los egipcios, inmersos en una sociedad idólatra, lograron llegar
a una conclusión que fue el fruto del trágico momento
que estaban viviendo, pero que realmente les dio la posibilidad de irse
de este mundo, por lo menos, con el mínimo fundamento al que
debe aspirar llegar cada persona.
Si para los egipcios unos pocos instantes fueron fundamentales, aún
más para los judíos que tienen la Torá y sus preceptos
para cumplir en cada momento o situación de sus vidas, pues si
así lo hacen, logran convertir cada instante en eternidad.
El motivo por el cual no le damos el valor adecuado al tiempo, es porque
no nos detenemos a reflexionar sobre la finalidad por la cual fuimos
traídos a este mundo, y en base a esa conclusión, utilizar
el tiempo para alcanzar la meta.
En América hay un famoso refrán que dice "time is
money" - "el tiempo es dinero".Todos
entendemos que en cada instante se puede ganar dinero, esa es la intención
del refrán, por lo tanto el valor del tiempo va a depender de
cada persona.
Si un médico no va un día a su consultorio y por otro
lado, un obrero no se presenta a trabajar una jornada, a pesar de que
los dos perdieron un día de trabajo es obvio que el médico
perdió más dinero, pues él gana en una jornada
lo que el obrero gana en una semana.
Pero este análisis es correcto sólo si tomamos en cuenta
la cantidad de dinero que perdió cada uno.Si
tomáramos en cuenta la necesidad de cada uno, veríamos
que el más perjudicado es el obrero, que a pesar de que recibe
unas pocas monedas al final de su jornada, para él eso representa
el pan del día.
Es por eso que el valor del tiempo no depende sólo del dinero
que se gana, sino también de la necesidad de cada uno.
Podemos comprobar esto mediante el siguiente análisis:Si
querríamos saber cuál es el valor de un año, preguntémosle
a un joven que no pudo pasar su último año de liceo.Si
quisiéramos saber el valor de un mes, preguntémosle a
una madre que tuvo un hijo prematuramente.Podremos
averiguar el valor de un día preguntándole a quien salió
de la cárcel un día antes del final de la condena.Y
para saber el valor de una hora o incluso de un minuto, alcanza con
ver la expresión del rostro de quien perdió el avión.
Si quisiéramos saber qué valor tiene un segundo, deberíamos
preguntarle a quien vuelve de los juegos olímpicos con la medalla
de bronce.El valor de una milésima de segundo
- a quien ganó la medalla de plata.
Vemos que para cada persona el valor del tiempo varía según
su necesidad.
Pero nosotros, los judíos, no podemos decir que el tiempo es
dinero, pues para un judío el tiempo no es dinero, sino que es
"la eternidad".Todo judío que hace
una mitzvá como la de ayudar al prójimo, ser honesto en
los negocios, dar tzedaká (caridad), cumplir shabat, estudiar
Torá, etc., está invirtiendo su tiempo de la mejor manera,
pues no sólo disfruta en este mundo de sus acciones, sino que
también tendrá una gran recompensa en el Mundo Venidero.
Cada instante que utilizamos para hacer la voluntad Divina elevamos
nuestro nivel espiritual y la recompensa respectiva.
Podemos apreciar este concepto mediante una historia real que ocurrió
en los Estados Unidos en el año 1982:
Habían transcurrido varios meses desde que Don Abraham había
recibido la dura noticia de que tenía una enfermedad maligna.Sin
rendirse y con la mayor de las esperanzas, seguía con sus tratamientos
para poder vencer esa tan difícil situación.
Lamentablemente, el cuadro se fue complicando más y más,
y tuvo que seguir sus tratamientos internado en el hospital.El
cuerpo médico habló con su familia, y la conclusión
fue que no había nada más que hacer mas que esperar la
llegada del no tan esperado momento, pues ya habían intentado
toda técnica existente y los resultados no fueron positivos.
La familia optó por no comentarle nada a Don Abraham por temor
a perjudicarlo aún más.Pero Don Abraham,
que intuía algo, mandó a llamar a su hijo."Soy
consciente de que la situación está muy difícil,
pero quiero pedirte un solo favor.Pregúntale
al médico si ya agotaron todas las posibilidades o si quizás
queda alguna" - le dijo.
El hijo le respondió que ya lo había hablado con el cuerpo
médico y ellos dijeron que no había nada más que
hacer.El padre insistió a su hijo y le dijo
que hablara sólo con el jefe de los médicos.El
hijo no lo dudó y pidió una cita urgente con él.Disculpándose
por la reiterativa pregunta, el hijo le explicó al jefe que lo
hizo para cumplir con la voluntad de su padre.
El médico le respondió que todas las alternativas que
brinda la medicina fueron probadas excepto una operación que
sólo podía alargarle la vida por un periodo de seis meses,
pero a causa de la cirugía su padre sufriría muchos dolores
durante ese tiempo.Por este motivo los médicos
no se lo habían propuesto a la familia, ya que no había
razón para agregar más sufrimiento al paciente.
La confusión del hijo era muy grande.Por
un lado tenía que decir la verdad al padre y por el otro, no
quería agregarle sufrimiento.Mientras golpeaba
la puerta de la habitación, decidió ir con la verdad,
y que su padre sea quien tome la decisión.
Al escuchar el informe del hijo, el hombre sintió que delante
de él había una muy difícil decisión que
tomar.El coraje para decidir no le era suficiente,
por lo tanto le pidió a su familia que lo trasladen a la casa
del Rabino Moshé Fainstein z"l, para aconsejarse con él.El
encuentro duró aproximadamente 20 minutos.Nadie
supo de qué hablaron.Lo que sí se
podía ver, fue que el padre salió con las fuerzas renovadas
y muy entusiasmado con la operación.
La familia le volvió a preguntar si realmente quería operarse,
pues el sufrimiento que vendría después sería terrible.Don
Abraham le dijo a su familia y al cuerpo médico que sólo
después de que lo operen, él iba a explicarles cuál
fue el motivo que lo llevó a tomar esa decisión.
Llegó el día de la operación y la familia tenía
un sentimiento confuso ya que no sabían si estaban haciendo lo
correcto o no.Pero lo que sabíanperfectamente
era que estaban haciendo la voluntad de su padre.
Al finalizar la operación, que fue satisfactoria, el paciente
llamó a sus familiares y les dijo:
"Seguramente quieren saber para qué me operé, si
ahora mis sufrimientos se incrementarán de manera considerable.En
realidad no fue una decisión fácil, por eso acudí
a mi Rabino.El Rab me dijo que el único que
podía tomar la decisión era yo, pero me explicó
el valor que tiene cada segundo para un iehudí, y que es tanta
la ganancia, que todo sufrimiento es poco en comparación al enorme
tesoro que recibimos con cada mitzvá cumplida.A
nadie le gusta sufrir en la vida, y menos aún sabiendo que este
sufrimiento no beneficiará a su salud.Pero
el costo de vivir 6 meses más vale la pena, pues se incrementará
mi capital en el Mundo Venidero".
Con esta respuesta contundente los familiares entendieron que Don Abraham
tomó una buena decisión.
Gracias a la operación, Don Abraham vivió casi 5 meses
más, y a pesar de sus grandes dolores físicos, vivió
contento, pues sabía que todo el dolor valía la pena para
vivir un día más cumpliendo con la voluntad de D'os.
Esta historia real nos enseña que debemos aprender a valorar
cada instante de la vida, aprovechándolo para apegarnos más
a nuestro Creador mediante la Torá y sus mitzvot.
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Cortesia
del Rab Baruj Mbazbaz, autor del
libro "BIRCAT HASHAMAIM"
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