La
Importancia de Tener un Buen Sistema Legal
"Y estas son
las leyes que pondrás delante de ellos" (Shemot 21:1).Con
estas palabras D'os comienza a ordenar a Moshé los cincuenta
y tres preceptos que aparecen en esta parashá, y también
las demás mitzvot que están escritas en el resto de la
Torá.
Por cuanto que este versículo es el primero de la parashá,
el texto podría haber dicho: "Estas son las leyes…",
sin la letra "vav" en hebreo - "y" en español,
al comienzo.
Rashí nos explica que cuando en la Torá está escrita
la palabra "ele" - que significa "estos" o "estas"
- la intención del texto es desconectar los versículos
posteriores de los anteriores, para darle importancia a lo que será
dicho posteriormente.Sin embargo, cuando el texto dice "veéle"
- que significa "y estos" o "y estas" - como en
nuestro caso, la intención es crear una conexión entre
este capítulo y el anterior.
La parashá anterior nos había contado que D'os entregó
los Diez Mandamientos al pueblo de Israel, y ahora, también en
el monte Sinai, D'os le entrega estos nuevos preceptos a Moshé
Rabenu.Es por eso que nuestra parashá comienza con la conjunción
copulativa "y", para enseñarnos que todas las mitzvot
que Moshé transmitió en esta parashá, también
las recibió de D'os en el monte Sinai, y por ende no son menos
importantes que los Diez Mandamientos.
Todas las mitzvot que figuran en nuestra parashá no son sólo
leyes "religiosas" que hablan sobre la relación entre
los hombres y D'os, sino también leyes civiles que están
destinadas a regular la relación de las personas, unas con otras.
Analizando estos preceptos, encontramos una diferencia esencial entre
las leyes civiles que fija la Torá y las que fijan los países
en sus respectivas constituciones.El Rab Ierujam Leibovich, en su libro
Daat Torá, comenta que las leyes constitucionales están
basadas en la aprobación de los seres humanos, que están
influenciados por la época en la que viven, el lugar en el que
se encuentran y la situación social de quienes tendrán
que cuidar las leyes pactadas.Estas reglas no están subordinadas
a una Ley Suprema, y es por eso que frecuentemente ocurre que, a pesar
de haber sido aprobadas por los congresos, con el transcurso del tiempo
son anuladas.
Pero la Torá nos muestra lo contrario, ya que como explicó
Rashí, D'os le ordenó a Moshé todas las leyes de
la Torá - incluyendo las civiles - en el monte Sinai.Y es por
este motivo que no se puede anular ninguna de ellas, pues D'os sabe
exactamente qué leyes necesita cumplir cada judío individualmente,
para formar una sociedad digna y ejemplar.
Este es un aspecto fundamental que nos mantuvo unidos y organizados
como pueblo por más de 3300 años, pues siempre estuvimos
aferrados a la Torá y sus preceptos, y todos nuestros valores,
tanto sociales como individuales, están basados en ella.Es por
eso que, aunque las épocas cambien y los valores sociales también,
nosotros no cambiamos nuestros valores y leyes, pues D'os las dictó
para todas las épocas y generaciones.
Otros de los beneficios de que las Cortes Rabínicas de Justicia
del pueblo de Israel siempre se rigieron según las leyes de la
Torá, y sus veredictos y sentencias siempre fueron acorde con
lo ordenado por D'os en ella, es que los jueces no determinan el veredicto,
guiados por sus intuiciones, sino sólo por los criterios de la
Torá.
Una prueba que demuestra que las leyes de la Torá son inamovibles
es que dentro del sistema judicial de la Torá no existe una Corte
Suprema de Apelaciones.Todos los juzgados, tanto los que se ocupan de
daños y perjuicios morales, como los que se ocupan de pleitos
por razones de dinero, tienen la última palabra, ya que la sentencia
solamente es fijada según el criterio de la Torá, que
es la palabra de D'os, y sobre esto nadie puede apelar.
Sin embargo, por cuanto que los juzgados de los goim están basados
en las leyes que dictaminaron los seres humanos, hay muchas probabilidades
de que los jueces fallen equivocadamente, y es por eso que se le da
al culpable la posibilidad de apelar, y ver si la Corte Suprema discrepa
con el juzgado.
El regirse por las leyes de la Torá también conlleva el
beneficio de que sea cual sea la sentencia, los jueces no tienen en
el momento de la decisión ningún remordimiento al pensar
en la persona que salió perjudicada, ya que saben que todos sus
veredictos fueron hechos según lo dictaminado por D'os.
Sin embargo, en los juzgados seculares, muchas veces el juez sí
quisiese dar un fallo diferente a lo registrado en los libros de jurisprudencia,
pero al no poder hacerlo su conciencia no lo deja tranquilo, pues sabe
que él podía haber salvado al culpable, pero no puede
debido a que las leyes fijadas por otras personas discrepan con su criterio.
El caso que presentaremos a continuación ha sido citado en el
libro "Dilemas de la Medicina y su solución legal"
(en hebreo):
En el año 1982, en Israel, un hombre que padecía de cáncer
pulmonar y estaba internado en el hospital "Tel Hashomer",
llegó a una situación tal que ni los remedios ni los tratamientos
lograban ayudarlo.Incluso los doctores se resignaron.
Por esos días, los laboratorios farmacéuticos estaban
en proceso de investigaciones en función de sacar al mercado
un remedio que, según ellos, podría salvar a muchos enfermos
que hasta ese momento no tenían esperanza.
Este hombre, desesperado por su situación, se dirigió
al médico que estaba a cargo de la investigación, y le
pidió que probara en él la efectividad de esa nueva medicina.
Aunque el remedio estaba todavía en el período de prueba
y aún no había sido aprobado por el Ministerio de Salud,
el médico aceptó llevar a cabo la prueba con su paciente,
basado en su teoría de que seguramente el paciente saldría
beneficiado y no perjudicado, y pidió al Ministerio una autorización
especial para hacerlo.
Sin embargo, tanto el paciente como el doctor se vieron decepcionados,
al enterarse de que el Viceministro de Salud prohibió realizar
esta prueba en el enfermo.
Por cuanto que su enfermedad estaba muy avanzada, el paciente decidió
apelar ante la Corte Suprema de Justicia para que le ordene al Viceministro
que permita probar esta nueva droga con él.
La corte respondió que no aceptaba su pedido, y por consiguiente
el médico tenía prohibido usar la droga con él.En
su respuesta, la Corte le explicó a este hombre que según
la ley, está prohibido utilizar remedios que todavía son
"teóricos", y no está debidamente comprobada
su eficacia.
Esta decisión está basada en los artículos que
figuran en el "Reglamento de los Farmacéuticos", en
la ley de "Salud Nacional", y en la "Declaración
de Helsinki", de donde se deduce que "cuando no hay pruebas
fehacientes sobre el beneficio de la droga a utilizar, y además
hay dudas de que su uso pueda llegar a dañar al paciente, no
se puede permitir el uso de esa droga".
Y en este caso, por los puntos anteriormente recordados, la Corte no
permitió dicha prueba, ya que la eficacia de ese remedio no fue
probada suficientemente como para usarlo en seres humanos, más
aún estando compuesto por drogas que son venenosas, y sin tener
garantía de que el paciente pueda resistirlas.
Otro motivo que explicó el fallo fue que si ellos aprobarían
el uso de ese remedio no patentado todavía, aunque sea bajo la
responsabilidad total del paciente, otras personas también, en
su desesperación por curarse, usarían otras drogas no
patentadas y las consecuencias podrían llegar a ser mortales.
Después del fallo, uno de los jueces que componía la Corte
Suprema declaró en un reportaje lo siguiente:
"Reconozco que no tuve la libertad de dictaminar según mi
sentimiento y mi entendimiento, ya que si hubiese sido así, hubiera
aprobado el pedido de este pobre hombre y su sufrida familia.¿Quién
sabe?Quizás con esta prueba, este paciente podría sobrevivir.El
enfermo sabe y es consciente del peligro, pero en su desesperación
está dispuesto a arriesgarse, ya que ningún tratamiento
lo ayudó hasta el momento.¿Quiénes somos nosotros
para privarlo de este derecho?La conciencia no me permite estar tranquilo,
es una responsabilidad muy difícil de soportar.Me pregunto: ¿para
qué entré a la Corte Suprema?En fin, para eso estamos
los jueces, para juzgar, aunque sea necesario tomar decisiones difíciles
como esta".
Ahora examinemos cuál es la postura de la Torá en una
situación como esta.
Un daián (juez) que va a juzgar según las leyes de la
Torá tiene que estar totalmente identificado tanto ética
como moralmente con estas leyes.El juez que juzga según la Torá,
aunque su fallo sea el más drástico y doloroso, no se
va a preguntar: "¿Quién me puso aquí?".Tampoco
discrepará con la ley, pues D'os fue el que la ordenó.Su
conciencia estará siempre tranquila ya que el fallo que dictaminó
estuvo basado en las leyes de la Torá, que fueron escritas por
el Creador del mundo.Por lo tanto, su sentencia reflejará su
pensamiento.
Según la Torá, el caso de este paciente se encuadra dentro
de la categoría de "Quien quiere arriesgar el poco tiempo
de vida que le queda (jaié shaá) para poder, tal vez,
vivir más tiempo (jaié olam)".
Por lo avanzada que estaba la enfermedad, sus días eran contados,
pero el remedio tenía un riesgo muy grande y le podía
quitar incluso los pocos días de vida que le pronosticaron los
médicos.Por otro lado, si todo salía bien, la vida de
él se prolongaría.
Después de analizar en extenso este caso, el Rab Hagaón
Iosef Shalom Eliashiv shlita (citado en el libro Asia tomo 14 página
62), determinó que la Torá solamente permitió arriesgar
la vida del paciente cuando está comprobado que el remedio en
general es efectivo, sólo que no sabemos cómo lo va a
asimilar el paciente en cuestión.Puede ser que sobreviva o que
no lo resista.Pero en el caso que citamos anteriormente, el paciente
tiene prohibido arriesgarse, ya que la eficacia del remedio no estaba
aún comprobada y las posibilidades de un agravamiento eran muy
altas.
Aunque el fallo del Rab Eliashiv fue el mismo que el de aquella Corte
Suprema, la diferencia entre ambos es abismal, pues la Corte basó
su fallo en dos puntos: primero, en el hecho de que el paciente se estaría
sometiendo a un gran riesgo, y segundo, que la aprobación de
este pedido podría provocar un mal ejemplo para la sociedad.
El problema surge cuando estos dos puntos no pueden ir paralelamente.¿Cuál
es el punto más importante para la Corte Suprema?Seguramente
el interés por resguardar a la sociedad va a estar por sobre
el interés particular de ese paciente.
Pero en el fallo del Rab Eliashiv, vemos que todo su análisis
está basado únicamente en el interés particular
del paciente, y en este caso el bien del paciente es no utilizar el
remedio.La preocupación por el bienestar social respecto de no
usar drogas no aprobadas por el Ministerio de Salud es algo que debe
ser tomado en cuenta, pero para la Torá, este punto no es relevante
cuando la vida del enfermo está pendiendo de un hilo.
Cabe notar que este fallo del Rab se enmarca dentro de un amplio conjunto
de leyes que le dictaminan a la persona los pasos a seguir para conformar
una sociedad ejemplar.La Torá sabe que todo judío va a
cumplir sus leyes, y por lo tanto no desconfiamos de que surgirá
un problema en el resto de la sociedad (como temió aquel juez),
ya que cada judío tiene leyes que le indican cómo comportarse
particularmente, y de esta manera conformar la sociedad que la Torá
espera de nosotros.
Otra diferencia que encontramos entre el Rabino y la Corte, es que esta
última dio un fallo que iba en contra de su sentimiento y moral.En
cambio, el Rabino falló según lo escrito en la Torá
y esa es su manera de pensar y su moral, razón por la cual nunca
se quedará con ningún remordimiento.
Ahora entendemos la importancia que tiene el hecho de saber que también
las leyes civiles están legisladas en la Torá y fueron
entregadas por D'os a Moshé en el monte Sinai.
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Cortesia
del Rab Baruj Mbazbaz, autor del
libro "BIRCAT HASHAMAIM"
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