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Torá y ciencia


El universo: enigma y elucidación (2a parte)
Por. Rav David Toledano



Sinopsis del libro: El universo: enigma y elucidación

Desarrollo del feto 

El estudio del desarrollo ontogénico (desarrollo del feto) desde la perspectiva de los descubrimientos de la genética moderna también proporciona evidencia adicional de que el método reduccionista no es apto para describir la realidad. El descubrimiento del mecanismo de la herencia (la estructura del ADN) es frecuentemente citado como el éxito más grande del enfoque reduccionista. Sin embargo, este mismo descubrimiento refuta la idea de que el desarrollo ontogénico puede ser explicado sobre la base de los procesos genéticos y moleculares que lo constituyen. Por ejemplo, se ha demostrado que así como una sonata para piano de Beethoven no es el resultado de la estructura física del piano, así tampoco el desarrollo de un organismo vivo no es consecuencia de la estructura de su ADN. Más aún, es universalmente aceptado que cualquier sistema biológico es intrínsecamente diferente de un sistema físico en el hecho de que posee una capacidad interna de organización propia. Sin embargo, la metodología científica por definición no es capaz de explicar un factor "interno" que únicamente se relacione consigo mismo, puesto que no está expuesto a la observación. Además, el hecho de que no conozcamos sistemas computacionales capaces de escribir el programa para su propia fabricación como parte de su proceso mismo de fabricación arroja una grave sombra de duda sobre la capacidad del enfoque mecanicista para explicar el fenómeno del desarrollo ontogénico. En otras palabras, "parece que estamos a punto de descubrir no sólo nuevas leyes de la naturaleza, sino también nuevas formas de pensar acerca de la naturaleza que se apartan radicalmente de la ciencia tradicional" (Paul Davies).

Al igual que la física, la biología no incorpora ninguna noción acerca de los aspectos no-materiales de la vida (conciencia, finalidad, amor, etc.). Éste y otros hechos han llevado a muchos científicos (por ejemplo, Niels Bohr y John Eccles) a concluir que el enfoque mecanicista y reduccionista está muy lejos de ser un adecuado sistema explicativo de la realidad. Solamente es adecuado para la descripción de ciertos aspectos específicos del "poder ejecutivo" de la realidad (es decir, los mecanismos por medio de los cuales la vida opera), pero no para la descripción de su "poder legislador" (la vida misma). Además de todo esto, se podría argüir que la ciencia por definición solamente es epistemológica y no ontológica: no tiene nada que decir acerca de la realidad en sí, sino únicamente acerca de la imagen del mundo que nos formamos cuando lo experimentamos. El desarrollo ontogénico, en cambio, es un fenómeno existencial, óntico. ¿Sobre qué, entonces, se basa la afirmación de los biólogos de que sus explicaciones son más que simplemente metáforas?

El hecho de que biología moderna deje fuera de sus teorías cualquier alusión a los aspectos no-materiales de la vida eso mismo nos indica en qué dirección general debemos buscar la solución al enigma del desarrollo ontogénico. Es imprescindible un modo de pensamiento que al mismo tiempo que trata acerca de los principios organizativos que están a la base del desarrollo ontogénico, también tome en cuenta el producto final del desarrollo mismo: la mente humana junto con todas sus facultades. Más que eso, el primer paso para hallar la solución al enigma del desarrollo es “apartarse radicalmente de la ciencia tradicional” y asumir las causas del desarrollo se localizan en el nivel subjetivo. Puesto que en principio no hay forma de incluir la dimensión psíquica en una descripción biológica, ello implica que sólo si traducimos los paradigmas mecánicos propuestos como modelos explicativos del desarrollo biológico en términos espirituales, sólo entonces esa dimensión podrá hallar en la descripción. En palabras de Eugene Wigner: "Yo creo que las leyes actuales de la física son, por lo menos, incompletas sin traducirlas en términos de fenómenos mentales. Lo más seguro es que son inexactas, su falta de exactitud incrementándose según aumenta el rol que la vida juega en los fenómenos considerados." En un esquema descriptivo como éste, la dimensión espiritual –la cual constituye los substratos más profundos del ser de los que la conciencia no puede percatarse– es el factor que sirve de generador y arquitecto del desarrollo ontogénico.

El estudio del desarrollo ontogénico concluye con el Principio Antrópico (Anthropic Principle). Según afirman sus exponentes, hay bases suficientes para afirmar que la vida era parte inseparable del mundo natural incluso antes de la formación de la primera célula, e incluso antes de la formación de la primera molécula de ADN, es decir, antes de que la vida apareciera. Se pueden discernir las huellas de la vida en el hecho de que los valores de las constantes físicas caen en un margen tan increíblemente pequeño que es el único que permite el desarrollo y supervivencia de los mecanismos biológicos. Si esos valores fueran diferentes incluso en un grado mínimo no serían capaces de, por ejemplo, formar elementos más pesados que el hidrógeno y el helio. De aquí a afirmar que fue la "vida" misma la que determinó los valores que hicieron posible la aparición de los elementos químicos y los mecanismos biológicos que más tarde servirían de base para su manifestación sólo hay un paso. Considerada seriamente, esta conclusión le quita todo sentido al enfoque mecanicista de la cosmogonía y la cosmología. Cierto es que hay algunos científicos que consideran que, puesto que no puede ser refutada experimentalmente, esta conclusión no es científica, mientras que otros simplemente la rechazan por completo. Sin embargo, según la opinión de John Wheeler, es apoyada inesperadamente por la mecánica cuántica. Esta teoría enseña que así como el universo es imprescindible para que haya un observador, así también el observador es imprescindible para que haya un universo. Esto no es todo. La hipótesis anterior de que la vida era parte inseparable del mundo natural antes de su existencia concreta se integra perfectamente con la conclusión apuntada anteriormente en el sentido de que la base de la realidad física la constituye una dimensión no percibida que está más allá del continuo espacio-tiempo. También se integra con la idea de que la vida misma tampoco está comprendida dentro continuo espacio-tiempo puesto que, como ya se señaló, no es idéntica a los mecanismos biológicos dentro de los cuales se manifiesta. A la luz de todo esto, no hay ninguna razón por la que no hayamos de aceptar el Principio Antrópico como inherente a la esencia de la realidad.

Cuarta Parte, capítulos 16-19

La neurología ha agregado el último clavo sobre el ataúd de la escuela materialista. Ciertos hechos psico-neurológicos conocidos demuestran que, contrario a lo que nos indica nuestra percepción intuitiva, no somos observadores pasivos de la realidad exterior. Se ha demostrado que la percepción es, en su esencia misma, selectiva: "No sólo es cierto que creemos en lo que vemos, sino que en cierta medida también vemos aquello que creemos" (Richard Gregory). Otros descubrimientos menos conocidos demuestran que solamente la información acerca de las líneas que delimitan los objetos observados es lo que penetra en el cerebro desde el exterior, pero que la percepción de sus superficies lisas se origina en el observador mismo. Más aún, se ha demostrado que la organización formal de los procesos neurológicos que constituyen el mecanismo de la percepción del cerebro no es idéntica en absoluto con la imagen del mundo que percibida por la mente. Aquí tenemos otra refutación del supuesto reduccionista de que los procesos cerebrales explican los estados mentales. Precisamente lo opuesto es cierto. La conclusión que de ello se deriva es más revolucionaria aun: la imagen de la realidad exterior se localiza enteramente en la mente del observador y no en el cerebro, ya que no es idéntica en absoluto con la imagen neurológica que la hace posible. Estos descubrimientos le quitan todo sentido a la afirmación de que el carácter material de la naturaleza es algo que se halla "allá fuera", es decir, al exterior de la mente que la percibe. La idea misma de "materia" es, ante todo, conciencia de la materia, y en tanto que tal se origina en la misma sustancia mental que también da origen a facultades distintivas del ser humano tales como el pensamiento y el amor; la "materia" no es más que una forma de percepción.

Aunque la física y la biología contemporáneas han despojado de todo fundamento al enfoque materialista y aparentemente apoyan al enfoque dualista (en la física esto se expresa en la distinción entre el nivel macroscópico y el nivel subatómico; en la biología, en la distinción entre los mecanismos biológicos y la "vida" misma), el estudio del mecanismo de la percepción mediante el cual conocemos el mundo (incluidos otros descubrimientos de la física, la biología y la neurología), no deja lugar a dudas: la aparente oposición radical entre la naturaleza de la mente y la del mundo exterior no reside en la realidad misma, sino que es un reflejo de nuestra estructura mental. Los descubrimientos de la física y la biología indican que aun cuando esta dualidad de hecho sí permea la realidad, únicamente lo hace en su estructura y no en su esencia. Todos los diversos niveles y componentes de la realidad forman parte de una misma substancia, y las diferencias entre ellos únicamente residen en el modo en que operan, ya sea holística o mecánicamente.

De todo lo dicho hasta ahora hay que concluir que, en efecto, las categorías del pensamiento humano no coinciden con la realidad. No sólo eso, sino que también el mundo no es como parece ser. Con esto no queremos decir que el mundo exterior no existe, sino señalar que "nuestro conocimiento de la realidad exterior se caracteriza por una ignorancia infinita" (Karl Popper) y, además, que "la esencia del mundo exterior está sellado ante nosotros con siete sellos", según afirman los idealistas.

Cortesía del Rab David Toledano. Para cualquier consulta sobre el tema escribir al siguiente E-mail: david_t@netvision.net.il




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