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Shabat Shalom


Parashat Vaikrá-19
Por. Rav Arie Natan



Un viaje al corazón del hombre.

"Un hombre, cuando presente de entre ustedes un sacrificio al Eterno..." (Vaikrá 1,2)

Así nos enseña Najmánides en la introducción a su comentario sobre el Séfer Vaikrá: "Este libro es el códice de leyes concernientes a los cohanim y a los levitas, se explicarán en él todos los temas referentes a los sacrificios y al cuidado debido al Santuario o Tabernáculo. Ya que un libro entero trató sobre el destierro y la redención de él (Séfer Shemot), terminando con la construcción del Tabernáculo y su inauguración donde la Presencia de Hashem se asentó dentro de él, ahora la Torá ordena una serie de sacrificios y de reglas para el mantenimiento de la pureza de este Santuario, de modo tal que sean estos sacrificios una expiación para el pueblo y así los pecados de Israel no causen el retiro de la Presencia divina de sobre el Tabernáculo..."

En buena hora se concluyó la construcción del Tabernáculo y pasó a ocupar un lugar central en la vida y en la distribución del campamento de Israel, como centro de este campamento fue ubicado estando las tribus distribuidas a su alrededor en los cuatro puntos cardinales, expandiéndose de este modo la santidad del Tabernáculo en todos los ángulos del universo. Ahora bien, la construcción de este Santuario tuvo una finalidad, este finalidad constituye el punto central de este tercer libro del la Torá, es decir el sistema de los sacrificios.

Este tema, no obstante para un ser humano educado bajo perspectivas diferentes de vida espiritual, cualquiera que esta sea, resulta un sistema extraño, ajeno por completo a los devenires de su espíritu. Es en pocas palabras un tema que se contradice con sus impresiones, sensaciones y conciencia civilizadoras, por lo tanto suele ser rechazado o interpretado como un acto del pasado, un ritual bárbaro que no tiene cabida dentro de su mundo moderno. Sin embargo, del hecho que observamos que dicho sistema se extiende en casi todo este libro, siendo el centro de todos los demás subtemas que se desprenden, resultaría muy superficial contemplarlo como un rito del pasado carente de significado para el hombre contemporáneo... la Torá es eterna y se refiere a la eternidad, o sea, en términos muy simples, a una continuidad de ideas cuya vigencia no se pierde. La falta de sensibilidad de esta generación para percibir los conceptos que constituyen la esencia de los sacrificios es una carencia que el propio hombre padece, y por ende para poder comprender algo de su profundidad debemos viajar a lo interior del hombre y abrir desde dentro de lo humano una puerta a esta expresión de la Santidad.

El hombre contemporáneo, dentro de sus sistemas de clara logicidad, suele rechazar estos capítulos, contempla a aquel que se dedica a degollar animales distancia y como en el Tanaj (Biblia) se encuentran muchos otros temas, especialmente de elevada espiritualidad y abstractos, aprende a separar entre ambos y a ubicar un grupo de conceptos como atenientes a nuestra vida moderna y otros a los relatos antiguos. Según el modo de pensar del hombre moderno, las descripciones de estos procedimientos pertenecen a épocas primitivas, mientras que los grandes profetas, aquellos que expresaron ideas de ética y humanismo, aquellos que enseñaron los conceptos de justicia, equidad, verdad, etc. consideran más cercanos a su espíritu.
A pesar de la aparente contradicción entre las enseñanzas humanizantes de los grandes profetas y los ritos realizados en torno a los sacrificios, diferencia que era evidente a los sabios del Talmud, y que a pesar de su perfil antagónico supieron los sabios del Talmud profundizar en su mensaje para sus generaciones y también para las nuestras. Nuestros sabios supieron que el sistema de presentar sacrificios es un fundamento principal y parte inseparable de la Torá de Israel, y este fundamento no se contradice con las ideas generales de justicia y equidad, sino que por el contrario concuerda con ellas de manera sorprendente.

El principio de presentar sacrificios es visto por la tradición como un procedimiento enraizado en los orígenes mismo de la humanidad: "Y tomó El Eterno, Dios, al hombre y lo depositó en el jardín del Edén para trabajarlo y para cuidarlo" (Bereshit 2,15). Sobre esto enseñaron (es decir sobre el trabajar y cuidar el jardín, el mantenimiento humano): "estos son los sacrificios". Así Abraham declara: "¿Cómo sabré que la he de heredad? Rabí Jiyá Ben Janiná dijo: "le dijo Abraham a Hashem, ¿Con qué mérito ameritaré heredar la tierra de Israel? Le respondió Hashem: con el mérito de los sacrificios. (Cf. Midrash Rabá 44,17). Estos testimonios nos enseñan que según la perspectiva de la Torá, tal como la hemos recibido de nuestros sabios, el servicio en el Templo y en especial el ofrecimiento de sacrificios es la base del mantenimiento humano e incluso el mérito por medio del cual el pueblo de Israel recibirá la tierra prometida.

Esta visión de los sabios de Israel sobre el contenido profundo de los sacrificios pone de manifiesto la comprensión superficial del Tanaj, en tanto dividido entre conceptos de elevada espiritualidad, como aquellos traídos por lo profetas, y todo el sistema de preceptos que cubren el ofrecimiento de sacrificios. Los principios que se encuentran como base de este tema dentro de la Torá constituyen, como podemos aprender de lo estudiado en el Midrash, parte inseparable del desarrollo de nuestra sociedad en tanto quiera verse conectada a Hashem. Najmánides en su comentario a la Torá (Vaikrá 1,9) fuera de sintetizar el libro que comenzamos ahora a estudiar, el libro de Vaikrá, define también el sentido de los sacrificios desde un punto de vista etimológico, al decir que la palabra que define sacrificio en hebreo "korbán", proviene de la misma raíz que el verbo "acercarse", expresando de este modo el sentido básico de la ofrenda, o sea un acercamiento al Hashem que se concreta a través del arrepentimiento en toda su complejidad.

El alma humana necesita para poder volver a acercarse al Creador de un sistema que le permita comprender y percibir su retorno como algo concreto, no es suficiente un acercamiento abstracto por medio de buenas voluntades, es necesario algo tangible. Así Najmánides explica que está subyacente en el concepto de "korbán" (sacrificio) la idea de volver, de retornar, y aunque no todos los sacrificios se refieran precisamente a expiación de pecados en todas sus formas, ya que hay sacrificios que tienen otros fines, el punto central que une todo ofrecimiento de este tipo es un acercamiento a Hashem. Esta definición de "korbán" como acercamiento es totalmente contraria a aquella que posee este término en otros idiomas, en las cuales el significado de la palabra es presentar una ofrenda, un regalo, no siendo solamente una problema semántico, sino que es y principalmente lo es un problema de visión de mundo. Si bien para poder verter a otros idiomas el concepto de "korbán" utilicemos las expresiones de ofrecimiento, presentación, etc. no debemos perder la perspectiva de su significado original, es decir acercamiento.
No obstante, el hombre moderno puede preguntar si esta es la forma más apropiada de acercarse al Creador, sin entrar a explicar el sentido también profundo de un cuestionamiento así, prácticamente basado en la pérdida de nuestra sensibilidad para lo Divino, tal como se expresa en los sacrificios, nos concentraremos en la pregunta específica: ¿Es esta en verdad una forma de acercamiento? Ciertamente a Hashem la persona se acerca a través de constantes pruebas y enfrentamientos con fuerzas contrarias a su deseo de espiritualidad, aquellas se presentan como tormentas en su corazón. En cada etapa existe la necesidad de sobreponerse a los instintos e inclinaciones, por medio de actuar correctamente, con la visión puesta en el cumplimiento de los preceptos, reflejo de la voluntad divina, y cada logro es un peldaño en su crecimiento como un hombre dotado de personalidad espiritual. Esta unidad que se busca es atraída a partir de la unidad del Creador.

Cuando el ser humano peca, crea un a barrera entre él y su Creador. Esta barrera se extiende por todos los ámbitos de la vida de pecador y de pronto la presencia de Hashem comienza a ser una presencia extraña, el pecador como que siente que su vida está vacía de algo superior a lo cual referirse, sus expresiones espirituales comienzan a perder sentido y a vaciarse de contenido, pasan a ser meras rutinas del lenguaje y de la acción. Este alejamiento manifiesta en forma clara y esencial la realidad del pecado y su consecuencia inmediata, una pérdida completa de sensibilidad para con lo Divino. Como corrección de este punto crítico, debido al hecho que el alejamiento del Creador es nefasto para nuestra propia existencia, se presenta una de las dimensiones del sacrificio, es decir la expiación, a través de la expiación que conlleva el sacrificio como nos enseñó Najmánides volvemos a reencontrarnos con Hashem, cuando nuestra alma se aferre nuevamente a su fuente vital. Esta es la realidad última de los sacrificios y esto los convierte es mantenimiento y mérito para residir en nuestro lugar específico – la Tierra de Israel.

 


 

 




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