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IMPLICANCIAS
ÉTICAS DE LA CULTURA DE LAS DROGAS
El año
pasado, los farmaceutas norteamericanos recibieron unos 250 millones de recetas
médicas por drogas "para cambiar el estado de ánimo".
Se estima
que un tercio de la población adulta toma estos productos. ¡Esta
cifra es alarmante!, y debemos agregarle el amplio uso difundido de
drogas que se compran sin prescripción médica para el tratamiento
de "la tensión nerviosa, dolores de cabeza, dolores de estómago
nerviosos, etc."
Muchos esquemas
de comportamiento humano considerados anteriormente como variables normales
a los estímulos del medio ambiente fueron redefinidos por la industria
farmacéutica conjuntamente con la medicina como problemas que requieren
de tratamiento médico. Recomiendan así poderosas drogas psicoactivas
para mitigar la ansiedad en aquellos que acaban de salir de la universidad y
se encuentran en un ambiente nuevo; para ayudar a los recién casados
a adaptarse en sus relaciones interpersonales; para paliar el dolor de aquellos
que han sufrido una gran pérdida; o para calmar las ansiedades y tensiones
que experimentan los niños cuando se cambian de barrio.
El uso masivo
de drogas para tratar enfermedades no patológicas es un fenómeno
mundial. El hombre moderno, quien ha cortado el lazo que lo unía a la
tradición bíblica judía, acude a la farmacopea como un
substituto de la Biblia y sigue meticulosamente los imperativos de la fisiología
y bioquímica de las células nerviosas en una triste parodia de
la ética Kántiana. Es en realidad inquietante pensar que esta
fe de la sociedad en que sus problemas de madurez personal y social se solucionan
con substancias químicas pueda facilitar la experimentación inicial
de drogas ilegales. Años de prácticas han instilado un reflejo
condicionado que se caracteriza por acudir a la medicina al primer síntoma
de stress o molestia psicológica. Esto fue además reforzado por
una sofisticada campaña de venta para introducir elementos que les dieran
status y aceptabilidad entre sus semejantes, incluyendo el uso de drogas ilegales.
El culto
a las drogas que vemos actualmente a nuestro alrededor no es sino una consecuencia
esperada de estas prácticas.
Sin duda,
existe un gran abismo entre un hipocondríaco tranquilizado, vigorizado
y neutralizado y un adicto a la heroína o LSD cuyo cuerpo y alma están
devastados por la droga. Sin embargo, basta muy poco para que aquellos que hayan
dejado sus estudios y anden vagando sin rumbo o tengan espíritu aventurero
crucen el "puente" para estar al otro lado. Este "puente"
que une ambas "riberas" vincula a los miembros respetados de la sociedad
con sus oponentes anarquistas y antisociales. Existen opiniones controvertidas
sobre la naturaleza del hombre. ¿Qué es esta criatura? ¿Quién
es el hombre? ¿Es acaso el punto culminante de la creación, "vestido
de gloria y dignidad", de un valor incalculable, como nos lo enseña
el sistema ético finamente elaborado por el cual se han regido las sociedades
judías durante 3300 años?¿O es acaso el resultado evolutivo
de mutaciones aleatorias, cuyo sentido de destino se limita a las exigencias
de su propio ego? ¿No es acaso un animal entre los animales, quien por
naturaleza perseguirá una existencia basada en el egoísmo hedonista?
Si esta última definición fuese la correcta, entonces sería
lógico que el hombre pudiese libremente "pegarse un tiro, abandonar
todo y vagar sin rumbo, rehusar comprometerse, volarse, etc.", si esas
actividades le permitiesen satisfacer sus necesidades en ese momento.
¡Dejemos
entonces que otros, con conceptos diferentes de lo significa el interés
propio, asuman la maravillosa responsabilidad del mundo para ganarse su lugar
en un mundo de cosas vivas!
¿Cuál
es el punto de vista ético de la Tora al respecto? Este se expresa
en el lenguaje de la Halajá (Ley Judía). Para aquel judío
que se siente arraigado en las tradiciones históricas de su pueblo, la
Halajá es el desarrollo final de la Ley natural de D's para las sociedades
humanas. En términos legalistas guía e instruye, ayudándose
también en tres milenios de experimentación en ciencias conductuales.
La Halajá habla del carácter único del hombre, se preocupa
de sus necesidades animales y de sus anhelos como ser humano. Por lo tanto,
existe un sistema de valores por el cual el judío debe regirse y que
es válido cualesquiera sean las circunstancias imperantes. El análisis
de la Halajá revela cuatro áreas distintas:
1)
El problema de la motivación y búsqueda de una meta.
2) Drogas: substancias nocivas.
3) Cuestión moral de la disciplina de la ley secular.
4) Asociación en grupos e identificación en el desarrollo de una
personalidad ética.
1) El problema de la motivación y búsqueda
de una meta
¿Por
qué recurrir a drogas psicoactivas? Esto se debe principalmente a un
deseo de evadir realidades difíciles de aceptar. ¿Es
esto moralmente justificable? Dentro del sistema ético de la Tora, el
librarse del stress no es un bien absoluto. El evitar la ansiedad, el temor,
o el dominio de una autoridad superior se considera frecuentemente como una
decadencia moral del hombre o su descenso a los niveles más bajos de
sus pasiones animales. El hombre se diferencia de las especies infrahumanas
porque se le otorgó una "imagen de D's" al recibir la inteligencia
divina, que se manifiesta en nuestra capacidad de razonamiento. D's nos dio
además la posibilidad de una libre elección, o libre voluntad.
El hombre tiene plena libertad para decidir sobre su aceptación y cumplimiento
de las responsabilidades que tiene como única criatura que fue dotada
de una verdadera inteligencia. Toda circunstancia, tanto interna como externa,
que inhiba esta libre elección limitará su libertad e influirá
en su rol humano en las sociedades del mundo.
Debe
luchar por su libertad. Los ataques son evidentes y se perciben fácilmente.
Tanto la inquisición como las leyes antisemitas, los sistemas de cuotas,
por mencionar algunos, son enemigos conocidos. Pero son aún más
graves aquellos ataques contra nuestra libertad como seres humanos que provengan
de nosotros mismos. El hombre puede caer dentro de redes de acostumbramiento
nocivos sin darse cuenta de ello; y cuando lo hace puede llegar a ser demasiado
tarde. El organismo ético humano posee un sistema de advertencia prematuro
que indica la cercanía de algún enemigo. La ansiedad, sentimientos
de culpa y de vergüenza son mecanismos defensivos que protegen la moral
del hombre. Cuando su ego desenfrenado le causa una aflicción que amenaza
su alma y es insensible al valor incalculable de un amigo o vecino, o incluso
a la preservación de su propio núcleo familiar, estos mecanismos
de defensa dan al hombre la energía que requiere para corregir su conducta.
Es un verdadero suicidio ético neutralizar estos sistemas de advertencia
tragándose una cápsula, fumándose un cigarrillo o paliando
el ardor de nuestra alma con alcohol. Y entonces el que reacciona, el que está
descontento, el que trate de buscar, investigar, si escucha "el canto de
sirena" de esta cultura de las drogas, se convertirá en una pobre
caricatura de esta noble criatura hecha a imagen de D's, al estar bajo la influencia
de drogas por distintos períodos de tiempo.
Aparece
un nuevo factor cuando el uso de drogas es constante. El judío esta comprometido
con un estilo de vida ordenado, muy bien definido. Sus días están
interrumpidos por numerosos deberes y obligaciones que debe cumplir. Ahora bien,
este esquema de vida judío será alterado por alguna enfermedad,
accidente o simplemente por la necesidad de dormir que sienta el hombre. Aquel
que es libre no se atrevería a renunciar a sus derechos y deberes voluntariamente.
El hacerlo significaría optar por la esclavitud en lugar de la libertad.
Cuando la rutina diaria incluye el placer momentáneo a obtener por medio
de una euforia química, el hombre está en desventaja con su enemigo
tan omnipresente al punto de poder llegar a descartar toda posibilidad futura
de convertir su derrota en una victoria. El inyectarse cualquier droga adictiva
que destruya la mente es un acto de mutilación física de todos
esos conductos nerviosos que conforman la base fisiológica del comportamiento
humano. Esta automutilación se debe a una negativa absoluta por aceptar
el peso del sistema normativo del judaismo.
Algunos
de los teólogos de este culto a las drogas sostiene que el uso de ciertos
poderosos agentes psicoactivos tiene un propósito constructivo.
Afirman
que buscan un nuevo conocimiento de D's y de la personalidad humana. Quieren
lograr una receptividad intensa de los innumerables estímulos que chocan
dentro de su conciencia. Sostienen incluso haber experimentado nuevos sentimientos
religiosos bajo la influencia de las drogas. Estas afirmaciones son sin duda
un fenómeno psicológico, algo "ya visto". Pasamos por
períodos históricos en que este tipo de aseveración produjo
gran destrucción dentro de la nación judía. Hace recordar
al estudioso de la Biblia el "extraño fuego" que preocupó
a los nobles y grandiosos hijos de Aharón y que llevó a su destrucción.
Con ello los historiadores rememoran la falsa piedad del supuesto mesías
Shabbetai Tzví, pues la degradación de su cuerpo y alma fue racionalizada
en un intento por experimentar "las chispas de la santidad" y liberar
al alma reclusa dentro de nuestro cuerpo, y sirve para revitalizar el universo
que nos rodea. Todas esas nuevas experiencias religiosas sólo probaron
ser síntomas de una aberración mental y de una degradación
espiritual. Si el hombre debe pasar por "nuevas" experiencias religiosas,
no puede justificar esas pérdidas de tiempo y energía en investigaciones
espaciales metafísicas hasta no haber profundizado con éxito en
su propia naturaleza y poseer un mejor dominio del espacio terrenal de su alma.
2)
Drogas: substancias nocivas
El hombre
no es dueño de su cuerpo. Es sólo el cuidador de su alma
y de su cuerpo. Por ello, su deber es protegerlos de las influencias
nocivas de su ambiente. Aunque el suicidio es un crimen "sin víctima"
debe ser considerado como un asesinato. Se prohíbe al hombre hacerse
daño a si mismo.
La Ley bíblica,
la Tora, no permite al ser humano poner su vida en peligro a menos que sea para
resguardarla o para evitar un daño mayor. Por lo tanto, lo efectos físicos
de las drogas adictivas o psicoactivas tienen un componente ético. Tanto
las normas higiénicas como prácticas para una buena salud son
imperativos éticos. El hecho incontestable de que el uso de LSD u otras
drogas pesadas, la sobredosis de bebidas alcohólicas hasta llegar a un
alcoholismo crónico agudo o la inhalación excesiva de humo de
tabaco daña ciertamente alguno de nuestros órganos o más
y esto basta para censurar estas conductas tanto desde un punto de vista ético
como moral.
Nuestra
Halajá reconoce formalmente la omnipresencia de substancias nocivas o
situaciones potencialmente peligrosas, (ver Talmud Shabbat 129b). Es sin duda
peligroso trabajar en construcción de puentes, minas de plata y carbón
o con maquinaria de alta velocidad. Por su puesto, es más seguro estar
sentado en casa que cruzar vías con mucho tránsito. Sin embargo,
el atravesar una calle no se considera un tema ético que requiera de
un examen de conciencia previo. El sistema de la Tora diferencia las distintas
actividades humanas según la aceptación social, necesidad económica
y grado de productividad. Quizás el uso de drogas no sea más peligroso
que actividades en que se está constantemente en peligro, pero este hábito
se origina en tendencias antisociales, no productivas y nihilistas del hombre.
Por ende, no tiene justificación moral y está prohibido desde
un punto de vista ético.
3)
Cuestión moral del acatamiento a la ley secular
La vida
judía se rige por un sistema legal único. Este abarca tanto asuntos
civiles y seculares como aspectos religiosos concernientes al servicio del Templo
y rituales judíos. Es decir, significa que no hay ningún asunto
exclusivamente secular. Todos tienen ciertos matices religiosos que requieren
de una evaluación de acuerdo a las normas morales y éticas de
la Tora. Sin embargo, se ordena al judío respetar los sistemas legales
de los países en que resida. Este es un imperativo ético. El código
legal secular norteamericano establece que el uso o posesión de drogas
varias transgrede la ley. Por ello, el judío tiene la obligación
religiosa de acatar esta la ley. Además, nosotros debemos sentirnos agradecidos
para con los gobiernos que poseen el principio de "Libertad de Culto"
por la seguridad que nos otorgan como ciudadanos para fomentar el crecimiento
y maduración de la comunidad judía en estos países, donde
hemos podido profundizar en el estudio de la Tora. Esto nos ha permitido formar
una nueva generación de jóvenes dedicados a la Tora que seguirán
nuestro estilo de vida, que es la antítesis del esquema seguido por los
defensores de la cultura de las drogas.
4)
Asociación en grupos e identificación en el desarrollo de una
personalidad ética
El
hombre es un animal social. No logra la madurez total hasta no interactuar
con un grupo humano. En este juego de emociones, autosatisfacción e interacción
con el medio en que se desenvuelve, el "toque final" dependerá
de la naturaleza ética plástica con la cual el hombre fue genéticamente
dotado. El judaísmo pone gran énfasis en una elección
adecuada de amigos, vecinos y gente con la cual uno se asocia temporalmente,
reconociendo así la importancia de esa maduración social.
Lo que es
moralmente repugnante se toma cada vez menos desagradable al verlo repetidas
veces. Con el tiempo se considera posible, luego se toma como algo moralmente
inofensivo y finalmente como algo incluso deseable. Lo que es socialmente aceptable
llegará a ser una conducta personal y hasta una ideología.
Para procurarse
de drogas es necesario contactarse con los elementos moralmente degradados de
la sociedad. Aunque estas substancias no fuesen una amenaza para la salud ni
transgredieran las leyes del país, sería moralmente inaceptable
interactuar socialmente con aquellos que controlan la venta de drogas. Puede
que la marihuana no sea más dañina que el alcohol, la nicotina
o el tabaco, pero el mismo hecho de procurársela conlleva grandes peligros
éticos. La ética de la Tora admite una "teoría del
dominó" sobre la conducta ética. Una transgresión
desencadena otra.
La única
defensa poderosa contra una conducta inmoral es un análisis meticuloso
de componentes eventualmente inmorales de cada nueva situación. Una moralidad
selectiva o relativa sólo oculta una visión amoral de las obligaciones
y responsabilidades del hombre. Un análisis profundo obliga al individuo
a abstenerse de reclamar su inmunidad personal, en un momento en que la sociedad
entera está siendo devastada por una epidemia que aviva y destruye a
la vez el alma colectiva de nuestra comunidad. Todos debemos preocupamos de
apoyar las medidas preventivas y curativas. La controversia que ha surgido de
si drogas livianas llevan a drogas pesadas es sólo un asunto de interés
académico.
Se ha comprobado
que la mayoría de los usuarios de drogas pesadas han acudido previamente
a drogas livianas. Por ende, ambos tipos de droga son un peligro para nuestra
sociedad y deben considerarse como cualquier otro elemento antagónico
en nuestra comunidad.
Debemos
recalcar la relación existente entre las bebidas alcohólicas y
las fiestas judías. En muchos estudios se ha hecho notar la baja incidencia
de alcoholismo entre los judíos que llevan una vida ortodoxa. De hecho,
el lugar que ocupan estas bebidas en la vida judía tradicional en comparación
a su "posición social" en la sociedad secular puede servir
para respaldar las diferencias ideológicas fundamentales entre ambos
estilos de vida. "El vino regocija el corazón del hombre".
Según los principios de la Tora, el vino agrega una nota ceremoniosa
y ritual que permite hacer de una comida algo más elevado que una simple
necesidad fisiológica o acto humano de comer. Este tiene un propósito
especial: permite al hombre funcionar como el modelo de la creación de
D's. Es comer "a la mesa de D's", compartir (en lo
posible) con D's, es nuestra responsabilidad por este mundo complejo en que
vivimos.
El no darse
cuenta de esta noble función de toda actividad física humana es
considerada por nuestros Sabios como un acto de idolatría. El concepto
básico del judaísmo es un monoteísmo absoluto, que no acepta
ningún tipo de dicotomía. Sólo se utiliza la distinción
entre cuerpo y alma, ciencia y religión, lo sagrado y lo secular para
fines de clasificación pedagógicos. No tiene validez en nuestro
sistema ético. Por lo tanto, nuestra ley judía asocia comida y
bebida con una multitud de leyes y obligaciones rituales que se inculcan a los
niños desde pequeños. Cuando el hombre se distancia de este rito
no fisiológico y comparte sus necesidades alimenticias con el resto del
mundo biótico, es censurado por nuestros Sabios. Tanto el hijo pródigo,
el alcohólico o el glotón no han cumplido con sus obligaciones
para con sus semejantes y han deshonrado sus condición humana.
Queda aún
mucho por decir sobre este tema de las drogas en nuestra Tora. Es primordial
explicárselo claramente a nuestros jóvenes antes de que su mente
esté tan dañada que la verdad no logre estimular sus fibras nerviosas
"éticas". Deben evaluar estos principios y considerarlos como
una alternativa. Nuestra experiencia histórica nos permite afirmar con
mucho optimismo que una vez hecha esta evaluación, el estilo de vida
de la Tora será elegido como el único válido para el hombre.
Extraído
de la revista "El Kolel" con autorización de sus editores
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