Después
de la muerte de Aharón, el pueblo de Israel entró en un estado
de intranquilidad colectiva, el proceso que habían vivido durante estos
treinta y ocho años comenzaba a sufrir una serie de acondicionamientos
nuevos que no siempre pudieron ser internalizados por el grueso de la comunidad.
La desaparición del hombre de la paz, de Aharón el Kohén
Gadol, fue un golpe duro y profundo que despertó comportamientos que
habíamos casi olvidado, así nos relata la Torá:
"Y
viajaron desde el monte Hor por el camino del Mar Suf para rodear la tierra
de Edom, y quedó abatido el ánimo del pueblo por el camino"
(Bemidvar 21.4)
Rashí
nos declara que fue el abatimiento que sintieron en el momento que comenzaban
a rodear el Mar Suf, debemos previamente recordar que el camino más corto
por medio de la tierra de Edom no lo podían realizar porque los edomitas
amenazaron con guerra si cruzaban por sus tierras, por este motivo decidieron
hacer un ruedo, "Ellos dijeron: estábamos cerca de ingresar a la
tierra, y ahora retrocedemos, así retrocedieron nuestros padres y permanecieron
en el desierto treinta y ocho años hasta este día"; este
fue el abatimiento que amargó su espíritu y así esta sensación
de frustración comenzó a afectar también las características
morales que habían sido celosamente guardadas por esta generación,
y nuevamente el delito personal y social de la maledicencia se presentó:
"Y
habló el pueblo contra Dios y contra Moshé diciendo: ¿Por
qué nos sacaste de Egipto para morir en el desierto? Aquí no hay
ni pan ni agua, y ya estamos hartos de este pan insustancial" (Ibíd.
5)
Según
las glosas arameas de Onkelos la queja en contra de Hashem y de Moshé,
se distingue en su enunciado, de tal modo él traduce: "y se quejó
el pueblo contra la voluntad de Hashem y contra Moshé contendieron diciendo..."
Por un lado hay una rebeldía en contra de la palabra de Hashem y además
un reclamo ya escuchado antes sobre el hecho de haber salido de Egipto y por
este motivo encontramos que nuestros maestros nos enseñan en el Midrash:
"los que hablaron fueron los miembros del pueblo que quedaban del decreto
que debían todos morir en el desierto, estos no tenían tranquilidad
y no soportaban sus propias vidas" (Bemidvar Raba 19.21); y aunque el decreto
de muerte fue sobre todo el pueblo mayor de veinte años, en el último
año y como anticipo a la gran alegría de ingresar a la tierra
de Israel, Hashem le perdonó la vida a quince mil personas (Tosafot Baba
Batra 121ª).
Los comentaristas
explican cual fue el contenido de la rebeldía en contra de Hashem, según
la opinión de Or HaJayim a pesar que ellos sabían que todos los
detalles de su conducta están regidos por Hashem, y por ende Moshé
no realiza absolutamente nada de motu propio, incluso así se quejaron
y comenzaron a buscar una excusa para mostrar su amargura y descontento, el
comienzo de la marcha rodeando el Mar Suf era el momento apropiado. Como consecuencia
de este pecado decide Hashem enviarles un elemento muy significativo para manifestar
la profundidad del error:
"Y
envío Hashem contra el pueblo a las serpientes y víboras... entonces
vino el pueblo delante de Moshé y dijeron: pecamos cuando hablamos en
contra de Hashem y en contra tuya, reza delante de Hashem para que nos quite
a las serpientes y rezó Moshé por el pueblo" (Ibíd.
6-7)
Desde el
texto podemos distinguir el castigo doble que recayó sobre ellos, así
declara Or Hajayim: "Desde el punto de vista que Israel hablaron en contra
de Moshé, enraizaron su pecado hablando también contra Hashem,
por este motivo les mandó aquello que se originó de su pecado,
así escribimos en otros lugares que de una trasgresión se deriva
un dañador". El factor que determina el castigo en este caso específico,
gira en torno a la naturaleza del error en el que incurrieron, por este motivo
el dañador que resultó de esta maledicencia fue la serpiente,
que simboliza dentro de los conceptos de la Torá la primera demostración
de un hablar negativo, crítico y mordaz, así como lo relata la
Torá en el libro Bereshit.
En el Talmud
Taanit 8ª se relata la siguiente fábula: "En el futuro, se
reunirán los animales frente a la serpiente y le dirán: entendemos
que el león pisa y come, que el lobo caza y trae a su presa a su guarida
y después la come (ciertamente tienen placer de su caza y comida), pero
tú, serpiente: ¿Qué placer tienes cuando muerdes y matas?
(pues finalmente no come a sus víctimas). Les respondió la serpiente:
"no hay ventaja para el hablador" (Kohélet 1.11)" Es decir
la serpiente contesta que esto mismo ocurre con las personas que hablan mordazmente
de los demás, que no tienen ningún beneficio de este comportamiento;
esto último es la explicación simple del relato; sin embargo Or
Hajayim entiende que el placer que tiene la serpiente, morder, se reserva para
aquellos que hablan mal de los otros: "la explicación de su respuesta
es, existen especies de pecados que de ellos salen especies de daños
que están en el pecado mismo".
Bajo esta
perspectiva se explica el hecho de las serpientes en el desierto como una consecuencia
de la expresión mal intencionada del pueblo, de tal forma se distinguen
dos aspectos derivados del pecado, por un lado una entidad llamada "serpiente"
(najash) y por otro una segunda entidad llamada "víbora" (seraf);
es decir este pecado conlleva sobre si la idea de la superficialidad, característica
básica de la adivinación (en hebreo serpiente
y adivino provienen de la misma raíz y por
lo tanto están íntimamente conectados), el juzgar livianamente
a los demás, sin profundizar en los temas para buscar el motor regulador
la acción humana, es el dañador manifiesto que se desprende de
una serpiente espiritual, cuyo paralelo en la realidad tuvo lugar en el desierto.
Mientras que el segundo concepto indica destrucción, consumir, es decir
se relaciona con las consecuencias de un discurso mal intencionado, o sea es
un dañador que "quema" el alma (el término "seraf"
indica tanto quemar, como una especie de víbora).
Agrega además el comentarista que ambos aspectos en el castigo corresponden
al paralelismo presente; cuando se expresa con el nombre de "serpiente"
se refiere al castigo por haber hablado mal de Moshé; mientras que con
el nombre de "víbora" se expresa la gravedad del hecho de haberse
revelado contra el Creador.
La reacción
propia de Moshé no se hizo esperar y potencializó todo su vigor
como un hombre de plegarias, así inmediatamente comenzó a rezar
para quitar las serpientes que atacaban al pueblo. Sin embargo y aquí
vemos una desviación de las soluciones y enmiendas que encontramos en
los acontecimientos, aquellos cargados de reproches, la respuesta de Hashem
es que Moshé debe construir una víbora y ponerla sobre la punta
de una asta, para que las personas que la miren, miren hacia arriba, como símbolo
del lugar donde cada uno de nosotros debe invocar la ayuda divina, es decir
el cielo.
No obstante,
en el momento de realizar el mandato de Hashem, vemos a Moshé que construye
una serpiente de cobre (najash), y no una víbora (seraf) como había
sido dispuesto a priori. Cabe ciertamente responder el motivo que llevó
a Moshé a realizar este cambio, así podremos comenzar a adentrarnos
en las profundidades del alma de los seres humanos. Or Hajayim dice:
"Me
parece, según lo que expliqué, que los castigó Hashem con
serpientes y víboras; correlativo a los dos pecados que hicieron, hablar
mordazmente de Hashem y de Moshé. Por este motivo viene una respuesta
de Hashem que le dice: Haz para ti un serafín, aquí está
aludido para Moshé que debe tratar de fabricar una serpiente de manera
tal que estén aludidas en una las dos transgresiones..."
Si observamos
las dos características de la maledicencia, tal como la hemos estudiado
supra, en la construcción de la serpiente de cobre quedan cubiertos los
motivos de tan extraño mandato, por un lado la serpiente viene a manifestar
la enmienda que se debe hacer para corregir el haber hablado negativamente de
Moshé, y así bajo la figura del gran legislador queda establecido
la profundidad de su pensamiento; mientras que la víbora enseña
los valores que se deben adquirir para lograr una tranquilidad verdadera dentro
de un marco social y corrigen la triste realidad de la blasfemia, es decir hablar
no correctamente del Creador.
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