Rav Baruj Mbazbaz
Actualidad

Parashat Miketz-6

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Mirar Hacia el Futuro

Esta parashá nos relata cómo Iosef, de ser un prisionero pasó a ser el segundo hombre más fuerte y poderoso en toda la tierra de Egipto.

Después de que Iosef le interpretó los sueños al Faraón, también le aconsejó que puesto que primero vendrían los siete años de abundancia, él debía buscar una persona inteligente y sabia para encargarse de juntar suficiente cantidad de alimento para los años de hambre.

El Rab Eliahu Lopián z"l, formula una pregunta acerca de este consejo: ¿Por qué Iosef le recomienda al Faraón que designe para esta misión precisamente a una persona inteligente y sabia, si para juntar comida no se necesita más que alguien ordenado y hábil que sepa cómo organizar las reservas?

La respuesta es que esta recolección de alimentos no era una misión fácil de realizar, pues en el momento de la abundancia nadie piensa que luego vendrán momentos más difíciles, y los alimentos no se valoran como es debido, razón por la cual el desperdicio es muy grande.

Es por eso que Iosef le aconsejó escoger una persona inteligente y sabia - además de hábil y ordenada - para que en el momento de la abundancia no se olvide de lo que vendrá después, pudiendo así tener la fuerza necesaria para seguir juntando granos sin dejarse llevar por la realidad del momento.

El elegido del rey no fue otro que Iosef, quien realmente supo administrar Egipto como era debido.

De este gran consejo de Iosef, podemos aprender cómo enfocar nuestras vidas pensando hacia el futuro.

Todos sabemos que vinimos al mundo con la misión de juntar la mayor cantidad de mitzvot, pues después de esta vida vendrá otro tiempo destinado a la recompensa o el castigo, en el cual ya no podremos cumplir más mitzvot. Pero, desgraciadamente, muchas veces dejamos de lado el estudio de la Torá y el cumplimiento de las mitzvot para dedicarnos de lleno a nuestras ocupaciones y negocios.

Entonces, en ese momento, debemos tener presente esta enseñanza de Iosef.Debemos ser suficientemente sabios e inteligentes como para no mirar solamente esos años de abundancia, sino también los años que vendrán después, y administrar correctamente nuestro tiempo, dividiéndolo en forma efectiva entre todas las cosas que debemos hacer para prepararnos para el futuro.

Este mundo es comparado con los años de abundancia, pues aquí la persona tiene la oportunidad de juntar millones y millones de mitzvot, cosa que no podrá hacer en el mundo venidero, donde la persona sólo disfrutará del capital que ahorró en este mundo.Por eso, tenemos que comportarnos sabiamente para tener la fuerza suficiente como para no dejarnos llevar solamente por las sensaciones del momento.

Una vez, cuando al Gaón de Vilna (Rabí Eliahu, 1720 - 1797) le quedaba poco tiempo de vida, tomó los hilos de su talit y se puso a llorar.Sus alumnos, asombrados, le preguntaron cuál era el motivo de su llanto - ya que él había dedicado toda su vida al estudio de la Torá y al cumplimiento de las mitzvot.

El Gaón les contestó: "Justamente pr lo que acaban de decir estoy llorando, pues en este mundo la persona puede cumplir una mitzvá con muy poco dinero, como usar un talit con tzitzit - que equivale a todas las mitzvot de la Torá. Pero en el mundo venidero, aunque pague mucho dinero, no podré cumplir más mitzvot, y sólo podré deleitarme con la recompensa por lo que hice en este mundo.

Podemos apreciar mediante esta pequeña historia qué claridad tienen los tzadikim respecto del valor de cada mitzvá que cumplen.

Como hemos explicado en parashat Vaishlaj, el ietzer hará (instinto del mal) de la persona trata de confundirlo en todo momento para que el hombre pierda oportunidades irreversibles de cumplir mitzvot.Pero nosotros debemos aprender a aprovechar correctamente el tiempo que disponemos.

Ahora veamos un relato que presentan los Sabios para ejemplificar esto:

Cuentan que habían dos países que durante muchos años estuvieron en guerra - situación que no agradaba a ninguno de los dos reyes.Uno de ellos dijo a su pueblo que quien le presente una propuesta de paz convincente para ofrecerle al enemigo y así finalizar la guerra, recibiría como retribución la oportunidad de entrar por cinco minutos a su tesoro, y todo lo que logre juntar sería para él.

Al escuchar esto, muchas personas enviaron al reysus propuestas, y después de analizarlas, el rey y sus generales optaron por una que fue formulada por un ciudadano que tenía experiencia en estrategias de guerra, pero su situación económica no era buena.

Este hombre, sabiendo que iba a tener la gran oportunidad de hacerse millonario en pocos días, compró las mejores ropas para su familia, sin necesidad de pagarlas en el momento, pues todos los comerciantes sabían que en pocos días él sería millonario y pagaría las deudas.

Ya finalizada la guerra, el rey se encontraba ante un dilema, pues por un lado se había arrepentido de su promesa, mas por el otro lado, como rey él no podía faltar a su palabra. Buscando una solución, llamó a todos sus consejeros más allegados y les pidió una idea para salvar parte de su tesoro.

Uno de ellos le dijo que conocía muy bien a esa persona y sabía que el hombre tenía una gran debilidad por la música clásica.Por lo tanto, le aconsejó que cuando él entre al tesoro ponga a tocar a una impactante orquesta, y de esta forma él perdería varios minutos, y finalmente le quedarían contados instantes para juntar el oro del tesoro.

El rey estuvo satisfecho con la idea y ordenó que así hicieran.
El día tan esperado llegó.Este ciudadano acompañado de toda su familia atravesó la puerta del palacio y se presentó delante del rey. Luego de una corta conversación, el rey le ordenó a dos soldados que le indiquen donde estaba la sala del tesoro real. Parado frente a la puerta del tesoro, el hombre pensaba cómo juntar la mayor cantidad de oro y joyas en cinco minutos.

De pronto abrieron la puerta y el hombre corrió hacia adentro.En ese momento comenzó a escuchar las melodías que más le gustaban y quedó sorprendido con la gran orquesta que tenía frente a sus ojos.

Pasaron algunos segundos y se dijo a si mismo: "¡No pierdas tiempo, tú no has venido para esto!". Pero cuando se movió en dirección al tesoro, se agregaron a la hermosa melodía nuevos instrumentos musicales que le llamaban la atención.

El hombre - ya compenetrado en la melodía - pensaba que todavía le quedaba tiempo para llegar a juntar el oro suficiente como para hacerse millonario, pero repentinamente, sintió una mano que lo tomó del brazo y le dijo: "Han pasado sus cinco minutos".

El pobre hombre salió del cuarto del tesoro igual que como ingresó - con las manos vacías.

El mensaje que los Sabios nos quieren transmitir mediante este relato es muy claro: No debemos dejarnos seducir por "melodías agradables" que en su esencia son sólo temporarias.Tenemos que aprovechar nuestro tiempo para intentar "arrebatar" la mayor cantidad de mitzvot que podamos todo tiempo que tengamos la posibilidad de hacerlo.

 


Cortesia del Rab Baruj Mbazbaz, autor del libro "BIRCAT HASHAMAIM"