

PURIM y la PALABRA
Nuestros sabios preguntan, si la generación no tenía méritos suficientes, ¿por qué se salvaron con milagros? Y responden, porque estaban unidos, cuidaban su palabra, y la prueba: nadie delató a la reina Ester, cuando Ajashverosh intentaba averiguar a qué pueblo pertenecía…
¿Por qué, el cuidado del habla es tan grave?, como dice el Jafetz Jaim ztz”l, que es quien más impide la llegada del Mashiaj…
Dice el rab hagaon Shlomo Levinstein Shlita: entenderemos la pregunta con el relato que escuché de rabi Simja Kuk, rabino de la ciudad de Rejovot. Es un relato que el rabino escuchó como testimonio del mismo protagonista, el director de una sección de un hospital, y así dijo:
Un día, llegó a su sección en el hospital, un iehudi anciano, en un estado corporal nada bueno. Además de las enfermedades crónicas que lo acompañaban, tenía una infección que le hacía subir mucho la fiebre.
En un principio, intentamos tratar la infección con cierto antibiótico, y pasados varios días sin un resultado positivo, cambiamos por otro tipo de antibiótico, que tampoco ayudó…
Llegamos a la conclusión de que deberíamos mezclar varios antibióticos, tal vez eso lo ayudaría, y, en efecto, esto comenzó a mejorar su estado…
En los primeros días, vimos un cambio favorable, la fiebre bajó, y estábamos a punto de enviarlo a su casa… pero, de pronto, la fiebre volvió a subir – con lo que supimos que la infección no se curó. Intentamos tratarlo con la misma mezcla y la fiebre volvió a bajar, pero en poco tiempo, subió otra vez…
Como es sabido, los antibióticos debilitan el cuerpo, y si ellos continuaban atacando la enfermedad con tantos antibióticos – sin interrupción, ya que ni bien interrumpían la dosis, la fiebre volvía – sólo provocarían un debilitamiento general. La única alternativa – al parecer – era intentar darle un medicamento que todavía estaba en una etapa experimental, que probablemente lo curaría por completo… pero, había ciertos riesgos…
El doctor convocó a la familia y les mostró el panorama, que después de varios intentos, no encontraban un medicamento que trajera una solución definitiva, y la ingesta permanente de medicinas, debilitaba gradualmente al paciente.
Entonces, planteó la posibilidad de esta medicina en fase de pruebas, que así como podía curarlo, también – Jalila – podía tener un efecto contrario. Los doctores confiaban en buenos resultados, pero para medicar al paciente, necesitaban la autorización de la familia, con documentos firmados donde se especificaba que cualquier efecto contrario no era producto de una mala praxis ni de la falta de responsabilidad del equipo médico.
La familia fue a aconsejarse con su rabino, y de acuerdo a los informes, el rabino vio que la Halaja permitía que se le proporcione dicha medicación, con lo cual, la familia, firmó las autorizaciones y los documentos.
Los doctores comenzaron el nuevo tratamiento, y los efectos fueron inmediatos, pero no para bien. En pocos días, su estado empeoró, y parecía que agonizaba, que estaba por dejar este mundo.
Llamaron con urgencia a la familia para que se despidan de su familiar. Ellos llegaron, se juntaron alrededor de la cama del enfermo, que ya estaba inconsciente, y se ocuparon de reconocer el reinado del Cielo, recitar el Keriat Shema y la confesión…
De pronto, uno de los nietos prestó atención a cierto movimiento en los ojos del abuelo. Corrió a contarle a los médicos, pero ellos anularon sus palabras, diciendo que se trata de reflejos instintivos del cuerpo. Esto no muestra nada – dijeron… Pero, pudimos comprobar que las palabras de los doctores no eran correctas, cuando poco a poco, el iehudi fue despertando y recobró el conocimiento… se fue fortaleciendo y al cabo de dos semanas, fue liberado del hospital, y viajaba rumbo a su casa…
Cuando salía del hospital, el nieto lo llevó, pasando junto a la oficina del director de la sección donde estuvo internado. El nieto detuvo su marcha, entró al despacho del doctor, y, en nombre del abuelo, le agradeció por el tratamiento que le hicieron, ya que ahora está siendo liberado de la internación, camino a su casa, sano e íntegro…
Contó el director de la sección al rabino Kuk, que en ese momento, él se enojó con el nieto del iehudi: ¿sobre qué tú me estás dando las gracias?, el tratamiento que le aplicamos, le provocó la muerte… Clínicamente, tu abuelo estaba muerto. Si ahora está vivo, no fue debido a lo que nosotros hicimos, sino consecuencia de un milagro especial que vino desde el Cielo, sólo para él… por eso, si tú quieres dar las gracias, agradécele al Creador, y no a mí…
El nieto respondió que todo esto es muy interesante, porque también el abuelo dijo las mismas palabras – que él estaba muerto – pero que en el Cielo decidieron devolverlo a la tierra. Y agregó, y le contó al doctor todo lo que el abuelo habló sobre ese tiempo en que su alma estaba fuera del cuerpo…
El doctor quiso escuchar – pero no de la boca del nieto – la historia original, contada por ese mismo iehudi, que así le contó al doctor:
En esos momentos en que mi familia se ubicó alrededor de mi cama, mi alma ya no estaba aquí… abandonó el cuerpo y se presentó frente al Tribunal del Cielo. Frente al Tribunal, supliqué que devuelvan mi alma a mi cuerpo, porque tenía varios asuntos que debía resolver con urgencia en este mundo…
Cuando los Jueces escucharon mi pedido, dijeron: tu pedido no tiene fundamento, porque – prácticamente – todas las personas que abandonan el mundo, dejan cosas pendientes, que deben ordenar, con lo cual resulta imposible responder siempre ante este tipo de pedidos…
De pronto, escucho detrás de mí una voz que habla, una voz que yo conocía… pasaron unos instantes hasta que identifiqué la voz: el que hablaba era el rabino del Beit Hakneset, que había fallecido tiempo atrás. Y así, él dijo: con el permiso del Tribunal del Cielo, ¿acaso podría atestiguar para dar méritos a este hombre? Cuando le dieron el permiso para hablar, dijo que me conoció hace ya varias decenas de años en el Beit Hakneset, y puede atestiguar con la verdad, que siempre – también con una familia, como padre de sus niños – fue muy detallista en la Tefila, llegando siempre, al Beit Hakneset, a tiempo. En su Tefila, derramaba su corazón, y con seguridad, provocaba un gran fortalecimiento en toda la congregación, para que todos sigan su ejemplo, cuidando los horarios y concentrándose en las oraciones…
Dijeron los Jueces: en efecto, ésta es una gran cualidad, si el juzgado, no hubiera muerto y su alma seguiría presente en el mundo bajo, con esta cualidad – que le da tantos méritos – sería posible evitar su muerte… pero ahora, que ya está en el mundo de las alturas, los méritos no son suficientes, no tienen la fuerza suficiente para enviarlo de regreso…
El rabino prosiguió, y le pidió al Beit Hadin, permiso para decir algo más. Y cuando recibió el permiso, dijo: puedo atestiguar, que durante la gran cantidad de años que conocí a este hombre, siempre fue meticuloso, para llegar a tiempo a las clases de Tora en el Beit Hamidrash, para asociarse en las clases, y su presencia siempre fortaleció al resto de los presentes.
También sobre esto, la respuesta de los Jueces fue similar, el mérito es muy grande, pero tiene la fuerza para mantener con vida a una persona, no para devolverle la vida a quien ya dejó este mundo…
El rabino no pensaba ceder, y pidió permiso por tercera vez, para decir algo más, asegurando que sería la última vez. Desde luego, le dieron permiso para hablar, y dijo, que durante todos los años en que lo tuvo cerca, nunca escuchó de su boca una palabra de Lashon Hara (maledicencia), sobre ninguna otra persona. Siempre fue muy estricto para escaparse de toda sospecha de Lashon Hara, era muy experto en las leyes (Halaja) al respecto, y se preocupaba al extremo para cumplirlas. Así es que nunca escuchó de él, algo que pueda considerarse – inclusive – Abak Lashon Hara (polvo de Lashon Hara, un Lashon Hara indirecto, por decir algo y tratar de explicar qué es).
Cuando el Tribunal escuchó esto, aceptaron todos y reconocieron, que este mérito es suficiente para devolver el alma del iehudi a este mundo…
El anciano finalizó su relato, diciendo, que inmediatamente después de esto, despertó, y vio a toda su familia alrededor de su cama.
Hasta aquí, el relato que contó el director de la sección del hospital al rabino Simja Kuk…
Siguió diciendo el rabino Kuk: esto me resultaba muy extraño, todos sabemos que el estudio de la Tora está frente a todo, como también nos revelaron nuestros sabios sobre la potencia de la Tefila… por eso, no se entiende, ¿cómo es posible que el estudio de la Tora – primero – y la fuerza de la Tefila – en segundo lugar – no hayan tenido la fuerza suficiente para devolver el alma de este iehudi, al mundo?
Y aunque el mérito de cuidarnos del Lashon Hara y de todos los pecados que tienen relación con el habla, es muy grande, ¿es posible que cuidarse de no hablar Lashon Hara tenga más fuerza que el estudio de la Tora, que está frente a todo?…
Respondió el rabino Kuk a su pregunta: con seguridad, la fuerza de la Tefila y el estudio de la Tora, son más grandes que cuidarse del Lashon Hara.
Pero, cuando una persona habla Lashon Hara, su estudio de Tora y su Tefila, no son puros, porque salen de una boca que no está limpia, con lo cual, desciende su calidad y pierden su fuerza original…
Por esto, el Tribunal del Cielo, cuando escucha que este iehudi se cuida del Lashon Hara, con lo cual, cuida la pureza de su boca, acepta el pedido de regresar, gracias a su Tora y su Tefila, que salieron de una boca limpia, con lo cual, sus poderes, se elevan al infinito…
Pasaron dos mil años de la destrucción del segundo Beit Hamikdash. Iehudim, contados por millones, rezamos por la construcción de Ierushalaim… ¿cómo es que Hashem no responde?… ¿tal vez nuestras bocas no están limpias?
Umatok Haor – Meguilat Ester (parte 2).
LEILUY NISHMAT
Israel Ben Shloime ztz”l
Daniel Israel Ben Iehuda ztz”l
Shlomo Ben Simi ztz”l
Rab Itzkaj Ben rabi Shalom Mordejai Shevadron ztz”l
Lea (Luisa) Bat Rosa Aleha Hashalom
Leah Guitel Bat Rajel Aleha Hashalom
Sofía Bat Baruj Aleha Hashalom
Iemima Bat Abraham Avinu Aleha Hashalom
Olga Bat Rosa Aleha Hashalom
Clara Bat Elías Aleha Hashalom
Rivka Bat Mordejai Jaim Aleha Hashalom