Rav Yehuda Levi
Haftara Semanal

Haftará Mishpatim

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Haftarat Mishpatim

Irmiahu (Jeremías) 34:8-22, 33:25-26

La haftará de esta semana ha sido seleccionada del libro del profeta Irmiahu. En ella encontramos que Tzidkiahu, el rey de Iehudá (s. V a.e.c.), concertó con el pueblo de Israel un pacto para que liberen a los esclavos judíos que ellos tenían en cautiverio, y a pesar que al comienzo cumplieron lo pactado liberando a sus sirvientes, luego la idea no halló gracia en sus ojos. Dice nuestra haftará:

"Pero se arrepintieron, después de esto, e hicieron retornar a los esclavos y a las esclavas que habían liberado, y los conquistaron para ser esclavos y esclavas" (34:11).

Ante esta actitud, D'os decidió reprender al pueblo de Israel a través del profeta Irmiahu. Sin embargo, para nuestra sorpresa, en la amonestación del profeta no solamente encontramos una reprimenda porque violaron aquel pacto concertado con el rey Tzidkiahu, sino que Irmiahu les recordó que de hecho, ellos también transgredieron otro pacto mucho más antiguo:

"Y fue la palabra de D'os a Irmiahu, de D'os, diciendo:

Así dijo Hashem el D'os de Israel:

Yo he concertado un pacto con vuestros padres

en el día que los he sacado de la tierra de Egipto,

(34:12-13)

En caso de no revertir sus acciones, el castigo será terrible. Sin embargo, para el remanente del pueblo de Israel todavía existía una esperanza de salvación. Una esperanza basada en otro pacto que el profeta ya había enunciado en el capítulo anterior de su libro. Un pacto distinto. Un pacto entre D'os y la obra de Su creación:

"Así dijo D'os:

Si no fuera por Mi Pacto que permanece día y noche,

(y) las leyes de los cielos y la tierra Yo no hubiera instituido;

a la descendencia de Iaacov y de David, Mi servidor,

también habría de despreciar,

y no habría de tomar de su descendencia gobernantes

para la descendencia de Abraham, Itzjak e Iaacov;

sin embargo, haré retornar a sus cautivos

y tendré misericordia de ellos"

(33:25-26)

D'os le dice a Su pueblo que así como es imposible que deje de haber día y noche, así como es imposible que cambien las leyes naturales que Él dispuso para el cielo y la tierra, pues Él las instituyó en forma permanente y no provisoria o temporaria, así también D'os no habrá de abandonar al pueblo de Israel a causa de ese amor natural que siempre existió y existe entre ellos. D'os no se alejará de la descendencia de Abraham, Itzjak e Iaacov, y siempre seremos Sus hijos.

Es por eso que Él dispondrá para dirigir a Sus hijos gobernantes que también saldrán del mismo pueblo. Esa acción denotará el amor y la misericordia del Creador por Su pueblo. Sin embargo, ¿cuándo es que eso quedará claramente demostrado? Cuando D'os haga retornar a los judíos dispersos y cautivos en todo el mundo.

Llama la atención la relación existente entre el pacto de D'os con la naturaleza y el pueblo de Israel. ¿Acaso D'os nos mantiene con vida durante todos estos largos años solamente por que Él concertó un pacto con el mundo que creó?

Tal vez podemos encontrar alguna clase de respuesta estudiando las palabras de Nuestros Sabios del Talmud. Por cuanto que en realidad en el texto hebreo no aparece la letra "y" antes de las palabras "las leyes de los cielos y la tierra Yo no hubiera instituido", ellos interpretaron que al decir "Si no fuera por Mi Pacto que permanece día y noche, (y) las leyes de los cielos y la tierra Yo no hubiera instituido; a la descendencia de Iaacov y de David, Mi servidor, también habría de despreciar …", el profeta Irmiahu está haciendo referencia a otro pacto, al pacto de la Torá:

"Dijo Rabí Elazar: Si no fuera por la Torá, no seguirían existiendo los cielos y la tierra, como está escrito: '…Si no fuera por Mi Pacto que permanece día y noche, las leyes de los cielos y la tierra Yo no hubiera instituido'" (Pesajim 68b).

Ahora podemos comprender mejor las palabras del profeta Irmiahu. No es que D'os mantiene con vida al pueblo de Israel simplemente porque una vez Él creó al mundo, sino porque una vez el pueblo de Israel aceptó recibir la Torá en el monte Sinai. Y ese pacto de la Torá entre D'os y Su pueblo, es el que provoca que el mundo y sus reglas naturales sigan existiendo, así como también nuestro pueblo.

La pregunta ahora es ¿por qué el pacto de la Torá es el que provoca que el mundo no se destruya? El Rav Aharón Weiner (1912 - 1967) en el libro "Higuioné Aharón" nos enseña la respuesta:

Como es sabido, el cuidado del shabat y las fiestas, es una de las partes esenciales de la mitzvá (precepto) de la fe en D'os, y esa es la razón por la cual quien los profana deja de ser considerado parte del pueblo de Israel. Pero… ¿cómo sabemos cuándo comienzan el shabat o las fiestas? Cuando finaliza el ciclo diario del sol y éste se pone en el horizonte concluye ese día, y luego al comenzar la noche, otro día tiene lugar.

Este momento no es una consecuencia de algún convenio entre los hombres, quienes se pusieron de acuerdo en fijar una hora determinada del día o de la noche decidiendo que a partir de ese momento comienza un nuevo día. Ese momento es una de las creaciones que D'os creó al crear nuestro mundo de la nada, como dice el versículo: "…y fue la noche y luego la mañana, un día" (Bereshit -Génesis- 1:5).

Ahora entendemos por qué el pacto de la Torá es el que provoca que el mundo no se destruya, pues las leyes cósmicas fueron creadas para servir al pueblo de Israel, para que sean usadas por ellos para saber cuándo comienzan y concluyen el shabat y los días de fiesta, y sin la Torá no existe la necesidad de que los astros del universo tengan leyes que los dirijan. Es por eso que de hecho, solamente por el mérito de la Torá es que todo el mundo se mantiene en pie.