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Shabat Shalom


Parashat Ekev
Por. Rav Arie Natan



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La tierra de Israel – la buena tierra.

Entre los muchos mensajes que abarca nuestra parashá sobresalen en forma especial las nostalgias de Moshé por aquel lugar al que no tiene permitido ingresar, la tierra de Israel. La descripción de la tierra prometida cobra en esta sección de la Torá una perspectiva especial, es descrita con toda su intensidad como una "buena tierra", un lugar privilegiado donde "no con pobreza comerás pan" (Devarim 8.9). Pareciera que junto con él nosotros también sentimos el dolor intenso que Moshé sufre, ver la tierra desde lejos... solamente verla. Así podemos percibir que cada vez que el gran maestro recuerda la tierra de Israel, y así desde el comienzo del libro Devarim, le agrega un atributo singular, simple y profundo "buena"; una vez tras otra menciona la tierra con su atributo descriptivo "buena", como si fuera la única descripción que correspondiera añadir a esta espacio más que físico. En su discurso último, también nosotros que vivimos lejanos en el tiempo y en el espacio de las planicies de Moav, el lugar geográfico escogido para la despedida de su pueblo, podemos percibir el enraizado amor que Moshé siente por esta tierra, a sus ojos y a los nuestros, "buena".

Del mismo modo que el deseo tan fuerte de Moshé para cruzar tras el Jordán se ve reflejado en sus palabras al comienzo de este libro, cuando declara:

"Por favor, he de pasar y veré la buena tierra... este buen monte y el Líbano" (Devarim 3.25)

En nuestra parashá agrega aun más en su descripción tan detallada de la tierra que podemos ver es sus palabras los atributos eternos que definirán para siempre los límites espirituales de la tierra prometida:

"Porque El Eterno, tu Dios, te traerá a una tierra buena:
Una tierra de arroyos de agua, manantiales y fuentes subterráneas salen en el valle y en el monte.
Una tierra de trigo y cebada, vides, higos y granadas.
Una tierra de aceites de oliva y miel.
Una tierra en la cual no con pobreza comerás pan, en la cual nada te faltará.
Una tierra cuyas piedras son hierro y de sus montes se extrae cobre"
(Devarim 8.7-9)

Una sensación de frescura surge de estas palabras y es como si escucháramos el salpicar silencioso de los manantiales, podemos casi contemplar los campos rubios llenos de espigas de trigo extendiéndose de un lado al otro del horizonte. Las vides parecen presentarse frente a nosotros con todo el grosor de su mosto, la miel y las olivas completan un paisaje diáfano y verdoso, lleno de vida; en fin todo un marco de riqueza natural entregado al hombre como presente venido directamente de la mano del Creador por medio de su tierra.

Pero más allá de las descripciones emocionantes, y de las palabras llenas de sentimiento que emanan de estos versículos, podemos profundizar en estos mensajes una exactitud sorprendente. Moshé ha calculado en forma precisa los términos que utiliza como descripción, él no ha pintado con tonos simples las virtudes materiales de la tierra de Israel. Cada descripción contiene en su interior una intención muy definida, que viene como un eslabón de una finalidad general incluyente: construir una nación con definición territorial dentro de los límites de la tierra de Israel, esta nación tendrá características muy especiales y no solamente será una expresión geográfica, sino que contendrá dentro de si una sociedad estructurada espiritualmente, que proporcionará una felicidad interna en cada uno de los corazones de sus ciudadanos. Los contenidos espirituales de este grupo humano, tendrán una energía tal que podrán idealmente proyectarse por sobre el universo entero e iluminar sus sectores más recónditos con el rayo penetrante de la sabiduría, y la frescura de los pensamientos morales – este es el desafío.

Por tal motivo la descripción es precisa y concisa: arroyos de agua, manantiales y fuentes subterráneas, pero no se mencionan sus ríos. Las siete especies con las que fue bendecida la tierra de Israel (trigo, cebada, vid, higo, granada, oliva y miel de dátiles), pero no otras frutas que puedan encontrarse en ella abundantemente. En sus montes se descubren solo el hierro y el cobre, mientras que otros metales quedan "olvidados".

Don Isaac Abravanel acota (Comentario a la Torá), por ejemplo, en lo referente a las frutas: "Es conocido que en la tierra de Israel hay también otras frutas, como manzanas y otras. Pero no mencionó Moshé, nuestro maestro, aquí sino aquellas especies que son las más apropiadas y sanas para el consumo humano; que son el pan y el vino, las uvas y los higos, sobre los cuales el principal de los médicos, Galeno, escribió que ellos son suficientes para el ser humano, si quiere cuidar su salud, y así también el aceite y la miel son muy necesarias para una conducta saludable, y no el resto de las frutas cuya pulpa tiende fácilmente a podrirse"

Moshé solamente nos mencionó los "padres" básicos de la alimentación, al no mencionar en forma intencional el resto de frutas de esta tierra, les recordó a Israel la función básica de la alimentación: mantener al cuerpo y fortalecerlo, de manera tal que pueda el hombre desarrollar como corresponde sus aptitudes espirituales y cumplir su propósito en este mundo. ¿Tener placer de la comida? Ciertamente que si, pero no es una finalidad el comer en si, en especial cuando degenera en una glotonería, a la cual artículos de "fino paladar" en periódicos le dedican tantas palabras y pensamientos. Si bien la gula en todas sus expresiones no es siempre una señal de una sociedad que se desmorona y está perdiendo sus valores y contendidos, pero es un indicador de una pérdida axiológica preocupante.

En relación a los arroyos que Moshé menciona, sin hacer referencia a los ríos, quiso enseñar a las generaciones futuras una lección de fe y confianza en la supervisión divina. Moshé quiso enraizar en los corazones la realidad de esta tierra, que la bendición natural de su producción depende de las lluvias, ellas son las que llenan los arroyos y las fuentes subterráneas, es decir en otras palabras, su producción depende de la bondad del Creador, quien hace caer la lluvia y soplar el viento. Esta sensación de dependencia representa una verdadera barrera frente al orgullo del actuar humano, esta frena los sentimientos que alimentan la soberbia de quien contempla su trabajo como único resultado de sus esfuerzos y da lugar a que se presente la humildad. Sin que una sociedad valorice la humildad como fundamento de su convivencia será muy difícil, por no decir imposible, ser una luz para alumbrar recóditos y oscuros confines.

Este también es el contenido profundo del hecho que Moshé solo ve en las montañas de esta tierra hierro y cobre, debido a que son metales primarios que el ser humano necesita para su desarrollo material inmediato. De estos materiales se fabrican los implementos de trabajo y los mínimos utensilio domésticos, para el uso y para el confort de la persona; por este motivo los acentúa Moshé. En cambio el oro y la plata son, según palabras de Rambán, lujos. Objetos de plata, y los adornos de oro, como también las joyas, están al servicio del orgullo de los seres humanos y no de su subsistencia. Estos objetos lujosos contribuyen a la expresión real y tangible de las diferencias entre clases sociales, mostrando el nivel de los privilegiados que ameritaron poseer estos utensilios, incrementando también por otro lado sentimientos de envidia que destruye los corazones de aquellos que codician y desean poseerlos. Estas dos cualidades negativas, el orgullo y la envidia, son dos factores muy rechazados por la Torá ya que destruyen el círculo humano y desmoronan los cimientos de cualquier sociedad.

Los metales que son necesarios para en mantenimiento social se encuentran presentes dentro de la tierra de Israel, mientras que aquellos que traen solo perjuicios no son vistos por Moshé en su descripción de esta tierra, de allí que sobre ella se diga: "nada te faltará". Porque ciertamente quien no persigue el oro y la plata, y vive según las reglas de simpleza que caracterizan a los espíritus elevados, nada le falta, y para aquel espíritu su lugar está dentro de los límites geográficos que enseñen estos elevados principios, como elevado es su espíritu.

"Nada te faltará", es una confianza muy internalizada en el pueblo, e incluso que ocurra que la tierra de Israel caiga en dificultades, carestías y necesidades y la calidad de vida de sus habitantes no sea siempre la óptima, siempre permanecerá una alegría vital básica, una alegría que define realmente lo que es la austeridad. Estos valores pueden solamente presentarse cuando dentro de un grupo humano, las finalidades estén puestas en ideales de tipo espiritual y no material. De tal modo queda claro uno de los versículos de esta parashá que nos encomienda a bendecir agradecidos al Creador por el pan que hemos comido, realzando nuevamente los contenidos sublimes de nuestra buena tierra:

"Comerás y te saciarás y bendecirás al Eterno, tu Dios, por la tierra buena que te ha dado" (Devarim 8.10)





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