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Shabat Shalom


Parashat Haazinu-6
Por. Rav Baruj Mbazbaz



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Todo Es Para Bien

Al amanecer, la persona abre su ojos, y junto a los rayos de sol que penetran en su habitación, comienza un nuevo día que trae con él la esperanza de que todo saldrá según lo programado.


En muchas ocasiones este deseo termina siendo una simple ilusión, ya que los contratiempos que surgen, nublan la claridad con la cual comenzamos la jornada.


En realidad, la vida del ser humano tiene constantes contratiempos y dificultades, que sin rendirnos debemos aprender a superar.
La clave fundamental para superar de la mejor manera los problemas, es teniendo una fe completa en D'os, y creer fehacientemente que todo lo que Él hace es para bien, a pesar de que a simple vista no lo vemos.


La pregunta es: ¿Cómo podemos ver que todo es para bien si lo que ahora estamos viendo parece que nos perjudica?
Siendo que en cada generación este interrogante vuelve a surgir, nuestra parashá nos enseña la respuesta:
"El Creador es de íntegro obrar, pues todos Sus caminos son justicia, es un D'os fiel que no procede con iniquidad, Justo y Recto es Él" (Devarim 32:4).


La primer parte del versículo nos enseña que D'os es íntegro y exacto en Su proceder, pues Sus caminos son justos. Al final del versículo, se nos dice que D'os es totalmente confiable y que no hay en Él equivocaciones, pues Él es justo y recto.
El ser humano, por naturaleza mira el presente, y de acuerdo a él, decide si el hecho que ocurrió es positivo o no. Siendo esta su manera de analizar los acontecimientos, en muchas ocasiones la persona no entiende el verdadero motivo del contratiempo, y eso lo lleva a tener preguntas respecto de Quien dispone ese presente. Por este motivo, la Torá nos enseña que D'os no se equivoca.
David Hamelej dijo: "Los decretos de D'os son verdad, son justos en conjunto"(Tehilim 19:10). Esto nos enseña que para poder comprobar que los actos de D'os son justos, hace falta ver la relación de cada hecho con el otro. Entonces, al ver todo el panorama completo, no quedarán dudas, pues notaremos que todo está exactamente calculado por D'os.
El inconveniente es que en este mundo nunca podremos ver el panorama total. Siendo así, resulta casi imposible entender los cálculos de D'os, pues no podemos saber si el problema que nos surgió es consecuencia de un hecho anterior o fue enviado como prevención para un futuro.


A esto se refiere el versículo al decir: "Los decretos de D'os… son justos en conjunto", pues no podemos juzgar cada hecho por separado, sin considerar todo lo que ocurrió desde que el mundo fue creado hasta este momento, y sin tener en cuenta también todo lo que ocurrirá hasta el final de los días.


En muchas ocasiones escuchamos que la gente dice: "Yo creo en D'os, pero hay cosas que no entiendo". Sin embargo, el Rab Iejezkel Levinstein z"l, nos enseña que este es un razonamiento equivocado, ya que lo que la persona entiende no se puede llamar fe o creencia, pues es palpable para él. La fe comienza a partir del momento en que la mente humana no puede entender lo que está viendo. Es debido a eso que estamos obligados a creer que todo lo que D'os hace es para bien.

A principios del siglo XX, en Austria, vivía un judío que era dueño de una importante tienda que le permitía gozar de una buena posición económica.
A pesar de que en su país no le faltaba nada, comenzó a programar un viaje junto con su familia a los Estados Unidos, ya que se le había pronosticado que América le daría un mejor futuro.
Sin embargo el costo del viaje era muy alto, ya que debía tomarse varios trenes hasta llegar al puerto donde partiría el crucero hacia los Estados Unidos, y la única manera que tenía para cubrir los gastos del viaje era vendiendo su única tienda. Sin embargo, luego de mucha indecisión este hombre optó por vender su negocio e ir a probar su suerte en el nuevo continente.
Nadie entendía cuál era el motivo que lo incentivaba a hacer semejante cambio. Por eso, el asombro de todos sus conocidos fue muy grande.

A las pocas semanas, su sueño comenzó a hacerse realidad al escuchar que el tren comenzaba a correr por las vías. Este hombre sabía que tenía varios días de viaje en tren, pero todo ese gran esfuerzo era ínfimo a sus ojos, por el deseo de llegar a los Estados Unidos.
Mas a la mitad del viaje ocurrió un contratiempo. La conexión entre los dos últimos trenes que debía tomar se demoró más de lo previsto, y eso significaba que podría llegar a perder el crucero. Sucedió así, como temía, al llegar al puerto se dio cuenta de que el barco ya había partido.

En pocos segundos, no sólo se derrumbó el futuro de este pobre judío, sino que también el presente. Su pasaje ya no tenía valor, y su pérdida económica fue muy grande. Sin otra opción, tomó el tren de regreso a su hogar.

"¿Por qué me tuvo que ocurrir esto a mí? ¿Por qué D'os me hizo vender la tienda? ¿No podría haberse apiadado de mí?". Estas preguntas no lo abandonaron durante todo el trayecto de vuelta a su ciudad.
Al llegar a la ciudad, sin otra opción, buscó empleo un para poder mantener a su familia. Para este judío, la vida había terminado y no tenía consuelo, pues no podía asumir su desgracia.
A las pocas semanas, al leer el periódico, sus manos comenzaron a temblar, su vista a nublarse, todo su cuerpo transpiraba sin cesar y sintió un gran escalofrío.
"¡Se hundió el Titanic!" - exclamaban los grandes titulares.
Fue entonces cuando entendió el gran favor que D'os le hizo al hacerle perder el barco, ya que el pasaje que tenía era para el Titanic. En ese instante el hombre comprendió que D'os prefirió quitarle su dinero y no su vida.

Otra historia real que también nos muestra que realmente todo es para bien ocurrió en Alemania, en la época del Holocausto:

Dos hermanos llamados Slotzkin, habían logrado escaparse de los nazis. Uno era un joven de 17 años y la otra era su hermana de 6 años de edad.
Cuando su madre había visto que el enemigo se acercaba, los escondió en un altillo ordenando a su hijo que no dejara sola a su hermana en ningún momento.
Luego, el cruel enemigo se llevó a la madre, quedando los dos indefensos hermanos escondidos en ese lugar.
Al sentimiento natural de querer cuidar a su pequeña hermana, se sumaba el último pedido de su madre de que no la descuide en ningún momento.
El hambre era un enemigo grande y peligroso, tanto como el enemigo que estaba afuera. Cada noche, ese joven salía a buscar comida para el día siguiente, y ese era el único momento que dejaba sola a su hermana.
En una ocasión, regresó y vio que su hermana no estaba en el altillo y entendió que los nazis la encontraron.
A pesar de saber que si saldría a buscarla la posibilidad de regresar con vida era ínfima, decidió salir, y un judío le dijo que la llevaron a la comisaría y que allí podría encontrarla.
A pesar del gran peligro que significaba entrar a la comisaría, el amor por su hermana y el deseo de su madre, eran más significativos para ese joven que cualquier posible peligro.
Con toda su furia, entró a la comisaría y le dijo al soldado que estaba de guardia: "¡Dame a mi hermana!".
Pero el nazi comenzó a reírse de él sin responderle.
Entonces el joven comenzó a gritar cada vez más fuerte, hasta que el jefe de esa oficina salió preguntando a qué se debía ese descontrol.
"Este joven quiere que le entregue a su hermana" - le respondió el soldado.
Al escuchar eso, con gran desprecio, el general le dijo: "No hay ningún problema, cuando tengas pelos negros en la palma de tu mano, la recibirás", y junto al otro soldado comenzaron a reírse del indefenso joven.
Mirándolos fijo a los ojos, les mostró su mano derecha que estaba cubierta con un guante y les dijo: "Aquí están los pelos negros".
En ese momento el joven se quitó el guante y efectivamente, tenía pelos negros en la palma de su mano. El nazi, pensando que eso fue un hecho de brujería, le entregó a su hermana y le dijo que no apareciera más por la zona.

Pero esto no es todo, pues después de muchos años de esfuerzo se ha podido localizar a ese "muchacho" en los Estados Unidos. Y gracias a eso nos enteramos cómo llegaron los pelos negros a su mano:

"En el barrio donde yo vivía, mi padre tenía una panadería. Siendo yo un niño de apenas seis años, fui a visitar a mi padre y entré a la sección de los hornos. Sin que nadie se diera cuenta introduje mi mano para sacar un pan provocándome una quemadura. Ésta fue tan grande que la única manera de curarme fue haciéndome un injerto de piel.
El doctor optó por sacar piel de mi pierna, lo que provocó que con los años me salieran pelos en la palma de mi mano, y debido a la vergüenza, constantemente usaba un guante.
Hasta el día de hoy recuerdo cómo mi padre se lamentaba y preguntaba: "¿Por qué tuvo que ocurrirle esto a nuestro hijo? ¿Por qué D'os no tuvo piedad de él?".
Gracias a D'os, esa quemadura salvó a mi hermana once años después, pero mis padres ya no estaban allí para ver la piedad de D'os.

D'os no comete equivocaciones y todo lo que nos ocurre es para bien. Esta tercer historia también ocurrió durante la segunda guerra mundial:

En aquellos días, habían bastantes ciudadanos alemanes viviendo en Inglaterra, y muchos de ellos eran judíos.
El problema consistía en que el gobierno inglés temía que entre ellos hubieran algunos que sean espías. Entonces decidieron mandarlos a unas islas cercanas, pues de esta manera lograrían apartarlos de toda información secreta.
Luego de un tiempo, los ingleses vieron que el costo de manutención de esas personas en la isla era muy elevado, y por ese motivo le pidieron al gobierno de Australia que los reciba en su territorio. Sin embargo, todavía había un problema más y era decidir quiénes formarían la tripulación del barco que los transportaría, ya que navegar por esa zona implicaba un riesgo muy grande de ser atacados.
Los únicos que aceptaron navegar hasta Australia, fueron un grupo de presos, quienes pedían quedar libres como pago por tomar ese riesgo.
La respuesta del gobierno Inglés fue afirmativa, y a los pocos días el barco con aquellos ciudadanos alemanes estaba navegando rumbo a Australia.
Siendo que ellos viajaron en tiempo de guerra, los ingleses debían mandar una comitiva militar que los escolte hasta llegar a destino, sin embargo no lo hicieron, y ese barco tuvo que navegar solo en medio del peligro.
Al salir de las aguas territoriales inglesas, los reclusos comenzaron a robarle el dinero y las joyas a los judíos, mientras que todas sus prendas y libros fueron arrojados al mar.
Más allá del dolor por la pérdida de sus posesiones, la indignación de aquellos pasajeros era muy grande, pues robar dinero era lógico, pero ¿qué beneficio tenían esos ladrones en tirar la ropa y los libros al mar?
A muchos este episodio terminó de desmoralizarlos totalmente. "¿Por qué D'os nos tuvo que hacer esto? ¿Acaso no alcanzaba con haber sido extraditados? ¿Por qué no nos dejó nuestras prendas y los libros? - se preguntaban.
Sin embargo, otros trataban de mirar hacia adelante. Nadie podía responder a esas preguntas, pero muchos de ellos sabían que si D'os así lo decidió, seguro que era para bien.
Finalmente, estos judíos llegaron a Australia y comenzaron a buscar vivienda y trabajo para rehacer sus vidas.
El tiempo transcurrió y lograron adaptarse a la nueva sociedad. Muchos también pudieron volver a afianzarse económicamente. Sin embargo, el dilema del barco seguía en sus corazones sin poder entenderlo.
Cuarenta y un años después de este incidente tan triste, se imprimió un libro llamado "Recuerdos de un general nazi", en el cual éste relataba todas sus experiencias militares en la segunda guerra mundial.
En el cuarto capítulo, cuenta que en una de sus operaciones militares, estaba en el submarino vigilando las aguas del enemigo inglés y de pronto detectaron un barco con bandera inglesa.
Enseguida dispararon dos torpedos, pero no lograron dar en el blanco. De pronto vieron libros y prendas en el mar, un hecho que les pareció extraño.
Soldados de la marina lograron agarrar algunos de los libros y los llevaron al submarino. Al abrirlos, él encontró textos de novelas en idioma alemán. La sospecha era que los ingleses llevaban rehenes alemanes.
Al informar a sus superiores, recibió la orden de acompañar al barco hasta que salga de la zona de peligro, y de esta manera salvar a los ciudadanos alemanes que viajaban en él.

"El Creador, es de íntegro obrar, pues todos Sus caminos son justicia, es un D'os fiel que no procede con iniquidad, Justo y Recto es Él".

Estas tres conmovedoras historias que he escuchado del Rab Ordman son completamente verídicas y nos enseñan que a veces, solamente logramos comprender la razón de lo que nos ocurre algunas semanas después de que los hechos tuvieron lugar, así como ocurrió con el hombre que se enteró del hundimiento del Titanic. En otros casos, sólo después de once años. Y a veces cuarenta y un años después de que todo sucedió.
Posiblemente, nunca llegaremos a comprender el por qué de los hechos, pero debemos saber que D'os nunca va a perjudicar a nadie, y lo que a veces se ve como dañino, al final de cuentas será para nuestro beneficio.
Es nuestra elección elegir ver "la mano de D'os" en cada episodio que nos toca vivir.




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