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Shabat Shalom


No. 159 - Iom Hakipurim



EL DECRETO DEMOCRATICO


Poco tiempo después del fallecimiento del Gaon de Vilna, sus alumnos se propusieron alcanzar la meta que el Gaon nunca pudo concretar: subir a la tierra de Israel. En grupos, gran cantidad de sus alumnos fueron llegando a Israel. Uno de esos grupos, compuesto por, aproximadamente, ciento cincuenta hombres, y, conducidos por uno de los más importantes alumnos del Gaon, el rab Israel Misokolov, pasaron muchos contratiempos en el camino hasta llegar al puerto, donde finalmente embarcarían para cruzar el mar. Una vez en el puerto, lo único que encontraron fue una embarcación vieja y muy deteriorada, que además, ya estaba llena de pasajeros, pero, en la cual, también hicieron lugar para ellos, para que puedan subir a la tierra de Israel.
En esos días, el cruce del mar Mediterráneo, necesitaba más de un mes. Las primeras semanas transcurrieron dentro de lo normal, hasta que un día, se oscureció el cielo, comenzaron a soplar fuertes vientos y a caer una lluvia torrencial. Los vientos sacudían la vieja embarcación de un lado a otro, y durante dos días corridos, el barquito “volaba” entre las olas gigantes como si fuera una cáscara de nuez. La situación se veía muy grave. Las sacudidas provocaban a los pasajeros fuertes mareos y vómitos, aparte del miedo generalizado que temía por la suerte que podían correr si el barco no soportara los embates del viento.
Al final del segundo día de tormentas, el capitán del barco llamó al rab Israel Misokolov a la cabina de mando. Allí el capitán reveló “su” secreto. De inmediato, rabi Israel reunió a todo su grupo en un extremo de la cubierta, para dirigir unas palabras. El lugar de la reunión estaba expuesto al viento y a la lluvia, pero eso no le importó a nadie, todos entendían que no se trataba de una reunión para anunciar buenas noticias.
Una vez que estuvieron todos reunidos, rabi Israel comenzó su exposición:
Estimados amigos, hace unos minutos tuve una charla con el capitán de nuestra embarcación, y me dijo las siguientes palabras: hace más de treinta años que “vivo” en este inmenso mar, y nunca vi una tormenta de estas características. Viendo las terribles condiciones en las que se encuentra mi vieja barca, estoy seguro que no podrá soportar la fuerza de la tormenta. A mi parecer, en cualquier momento se partirá en dos y todos nosotros pereceremos aquí, en el medio del mar. El capitán agregó que no estaba convencido de informar la situación al resto de los pasajeros, pero sintió la obligación a contarle a él (al rab), y que él mismo decida a quien contarle y a quien no.
Entiendo, dijo rabi Israel, y no me cabe duda, de que nosotros, nuestro grupo, tenemos mucho que ver con lo que está pasando, ya que si existe un decreto que ordena que nosotros debemos morir en el mar, por lo menos, tenemos que aprovechar el poco tiempo que nos queda para “arrepentirnos”. Por eso los reuní aquí, para que podamos, todos juntos, volver en Teshuva (arrepentimiento) y llegar al mundo de la verdad “limpios” de pecados. La Guemara, en el tratado de Sota, dice que el “vidui” (confesión de los pecados) debe realizarse en voz baja, para que otras personas no escuchen sus pecados y no aprendan de sus acciones no buenas. Pero en nuestro caso, continuó el rab, por cuanto que todos vamos hacia la muerte, este motivo no existe, nadie podrá aprender de su compañero malas acciones, ya que el decreto está sobre todos nosotros. Me parece ahora que puede resultar fructífero que cada uno haga su confesión en voz alta, de forma que todos los presenten escuchen y nuestra vergüenza sea mayor, de modo que esto ayude a que seamos perdonados por todos nuestros pecados. Y así se nos abrirán las puertas del “Gan Eden”, y podremos entrar en él completamente limpios...
La propuesta fue aceptada, y por unanimidad decidieron que comenzarían con el más joven de los alumnos. Los vientos seguían soplando con toda su fuerza y la lluvia no aflojaba. Pero a nadie le molestaba, estaban muy ocupados con la consigna que tenían por delante. El joven se paró delante del grupo, se tapó la cara con sus manos y comenzó a llorar. Juntó fuerzas, comenzó a balbucear, hasta que cuando sintió que podía pronunciar unas palabras que salieran claramente de su boca dijo: es muy grande mi vergüenza por contarles esto a ustedes. Quiero confesar que durante dos años, le mentí a mi madre!!! Todos quedaron más que sorprendidos, ¿cómo era posible que un sabio como él haya hecho semejante cosa?
El muchacho no dio a la gente mucho tiempo para pensar, y prosiguió: así fueron los hechos. Cuando llegamos a la ciudad de Vilna, éramos nueve hermanos, de los cuales yo era el mayor y todavía no había cumplido los trece años. Hakadosh Baruj Hu nos “regaló”, que nuestra casa tuviera una pared en común con la casa del Gaon de Vilna. Papá tenía un almacén, y cuando volvía a casa al final del día, se sentaba en el cuarto que tenía la pared en común con el cuarto de estudio del Gaon, y pasaba mucho tiempo “escuchando” la voz de la Tora que atravesaba la delgada pared [es sabido que el Gaon de Vilna dormía solamente dos horas por día, y que todo su tiempo estaba santificado al estudio de la Tora y a los rezos. El Maran que escribió el “Kehilot Iaacov”, el Staipeler ztz”l, acostumbraba decir a los muchachos que se acercaban a pedirle una bendición unos días antes de su Bar Mitzva: ¿vos querés ser un talmid jajam (un sabio)? Bueno, te voy a dar un consejo acompañado de una programación de tus días. Cada día tiene veinticuatro horas, de las cuales ocho, necesitamos para dormir, con lo que nos quedan dieciseis horas. De ellas, separamos aproximadamente dos para los rezos diarios, y otras dos para comer y otras cosas más. Tenemos entonces, doce horas libres, que debemos santificar para el estudio de la Tora. Si las aprovechás desde el día de hoy, podrás estudiar en profundidad antes de llegar al casamiento, los “Sedarim de Nashim y Nezikim”, y entrarás a la “Jupa” como un gran talmid jajam].
Una tarde, papá llega a casa y escucha al Gaon que repite una misma frase cientos de veces!: “dejan de lado la vida eterna para ocuparse de algo momentáneo” [esta frase aparece muchas veces en el Talmud. La más conocida está en el tratado de Shabat (33b). Allí, rabi Shimon bar Iojai y su hijo salen de la cueva donde estuvieron estudiando durante doce años sin interrupción y ven una persona que se ocupa de las labores del campo, en lugar de dedicar todo el tiempo al estudio de la Tora. Ellos, después de estar encerrados durante doce años y ocuparse ininterrumpidamente de la Tora, no pueden comprender que exista otra cosa, por eso mencionan esa frase. Para ellos solamente existe la Tora, y se preguntan por qué la gente pierde sus días corriendo detrás del dinero y de los honores].
Papá escuchó esta frase de la boca del Gaon, y las palabras llegaron a lo más profundo de su corazón. Esa noche no pudo dormir. En su cabeza se revolvía la pregunta: ¿qué sería de su “vida eterna”? Por la mañana, se sentó con mamá y le dijo: yo no sé si escuchaste ayer las palabras de nuestro vecino, el Gaon. Yo sí las escuché y tomé una resolución. Quiero dejar el negocio y sentarme a estudiar y profundizar en la Tora desde la mañana hasta la noche. Pero esto solamente puede ser posible, desde luego, con tu aprobación y con la condición de que pongas sobre tus hombros la terrible carga de procurar el sustento de la familia.
Mamá era una mujer muy inteligente, y aceptó de inmediato. Desde ese día comenzó a atender el almacén mientras papá estudiaba. Al cabo de un tiempo, mamá vio que no le alcanzaban las fuerzas para atender el negocio, y decidió cerrarlo, pero no cerró la Guemara de papá. Continuó con el sustento de la familia horneando panes para la venta y limpiando en las casas de las familias adineradas.
Pero, como vio que no podría continuar a ese ritmo, nos reunió a todos, a los niños, y nos dijo: ustedes saben que papá dejó la “vida momentánea” para ocuparse de la “vida eterna”. Y para eso, yo acepté ocuparme de procurar el sustento de la familia, algo muy pesado y difícil. Queridos hijos, llegué al punto en el cual necesito que ustedes me ayuden. Hasta ahora, siempre recibieron dos comidas por día. Ahora, ya no nos alcanza la plata para dos comidas. Si ustedes aceptan y se conforman con una sola comida diaria, podremos seguir con nuestra finalidad sagrada de que papá siga estudiando Tora. Si ustedes deciden que quieren seguir recibiendo dos comidas por día, papá tendrá que volver a atender el negocio.
La respuesta de los chicos no se demoró. Cuando vimos como papá se esfuerza por estudiar durante todo el día, y como mamá lucha y lucha por el sustento, entendimos que no es tan crítico sacrificar una comida.
Mamá se sintió más que satisfecha de la respuesta, pero, en mi cabeza, se cruzaban varios pensamientos...
Estaba seguro, que la comida que nos tocaría comer, ahora una en lugar de dos, tampoco sería muy importante, entonces, supe que era el momento en que yo, el mayor de los hijos, ayudara también con mi granito de arena. Tomé la decisión y le dije a mamá: mi porción también la podés repartir entre mis ocho hermanitos, ya que justo en el día de hoy, nos informaron en el Talmud Tora, que desde mañana nos darán de comer todas las tardes!!!
Mamá escuchó la noticia..., y enseguida me preguntó: ¿en verdad recibirán comida en el Talmud Tora? Y yo le respondí que sí, Y ERA MENTIRA!!!
Y todos los días mamá me volvía a preguntar: ¿recibiste hoy tu porción de comida? Y yo seguí mintiéndole a mi mamá día tras día, durante dos años. Seguro que comí algo, las sobras que me traían mis compañeros de sus casas, pero eso no era lo que me preguntaba mi mamá, y sobre esta gran mentira yo vengo a confesarme frente a ustedes, compañeros míos!!!
El viento seguía, también la lluvia, y las personas reunidas en la cubierta estaban mojadas hasta los huesos. Todos sintieron algo especial en la confesión del más joven de los alumnos del Gaon. Nadie pudo imaginar como este joven llegó a alcanzar una perfección tal en el precepto de “Tzedaka” (caridad), resignarse a recibir durante dos años la única porción diaria de comida!, solamente para que sus hermanitos no pasen hambre con su pequeña porción de pan y para que su madre pueda seguir trabajando de forma que su padre continue estudiando Tora. Y además de la Tzedaka, asociamos el precepto con el de “Teshuva”. ¿Quién puede suponer que necesitamos hacer una confesión por una mentira de esta clase? Y aquí tenemos, a nuestra vista, un muchacho que aprendió de sus padres cuánto vale la vida eterna frente a la vida pasajera, y que llega a tal meticulosidad para llorar por una mentira que hizo por la Tora y por hacer favores!!!
Después de la Tzedaka y la Teshuva, qué bien vendría ahora la Tefila. Había en todos los presentes un temblor de santidad. Cuando el muchacho terminó su confesión, se levantó el rab Misokolov, elevó sus manos hacia el cielo, y dijo: Ribono Shel Olam, en el primer día de las “Selijot” nosotros decimos (no textualmente) a Hakadosh Baruj Hu que probablemente nuestros pecados son muchos, pero, nos apoyamos en Tu Bondad, mira cuántos problemas y sufrimientos tenemos cada día, y si no alcanzan con los nuestros, también miramos y nos preocupamos por los de nuestros semejantes. Corremos y corremos, y pasamos, Baruj Hashem, infinidad de pruebas. Por eso, no nos juzgues solamente por nuestras malas acciones, sin contemplar los obstáculos que atravesamos contínuamente... Por eso, yo te pido, Bore Olam, fijate sobre qué pecado este hombre se confiesa, ¡haz algo por él si no lo haces por nosotros!!!
En ese instante sucedió algo increible. Cuando rabi Israel terminó su tefila, un rayo de luz atravesó las nubes y el viento dejó de soplar. Paró la lluvia, las nubes se dispersaron y el día pasó a ser soleado. Y el barquito continuó su viaje hasta llegar a un puerto seguro.
Imposible describir el “Kidush Hashem” que hubo allí. Los pasajeros no iehudim que estuvieron contemplando la reunión, la extraña exposición del alumno y los ruegos de rabi Israel hacia el Bore Olam, entendieron que había una relación entre la Tefila y la salvación que se produjo en un abrir y cerrar de ojos. Todos vieron el acercamiento entre rabi Israel y Hakadosh Baruj Hu: el iehudi dijo unas palabras y Hashem detuvo la tormenta de inmediato.


Estudiamos, un poquito, qué es esto de la Teshuva, cómo sentir verdaderamente por las cosas que no hicimos del todo bien. Puede ser que este sea un caso muy especial, donde el pecado fue algo casi intangible. En cambio, nosotros, tenemos cosas un poquito más graves, que habremos hecho durante el año, podemos arrepentirnos con soltura y con el corazón, con la esperanza de corregir nuestros caminos.
Vimos también qué es la Tzedaka. Que no se encierra exclusivamente en el dar dinero a un necesitado, sino que cualquier resignación en beneficio de nuestros compañeros se llama Tzedaka. Y nunca falta la oportunidad, el problema reside en que pensamos tanto en nosotros que nunca estamos disponibles para el prójimo.
Y ni hablar de la Tefila, no solamente las tres establecidas por nuestros Jajamim, sino que todo intento de hablar con nuestro Creador se llama Tefila.


Y los tres, Teshuva, Tzedaka y Tefila, transforman cualquier mal decreto...


Lekaj Tov.

Leiluy Nishmat Iejiel Mejl ben Nisn Arie z”l – León ben Isabel z”l

Consultas: gabrielgiber@gmail.com




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