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Shabat Shalom


No. 161 - Vezot haberaja



DETRAS DE TODO BUEN HOMBRE SIEMPRE HAY UNA BUENA MUJER


Dice el versículo (Devarim 33,18): “Zevulun se alegrará en sus salidas (al mar) e Issajar en sus tiendas”, y el Midrash agrega: “Zevulun se alegrará en su salida del mundo (al perecer), ¿por qué?, porque Issajar está en sus tiendas”.


Esta es una gran alabanza para las mujeres, que realmente se sacrifican para que sus maridos puedan estudiar Tora, dice el rab hagaon Eliahu Lupian ztz”l, en su libro “Leb Eliahu” (perashat Vaigash): la aparente inclinación de Zevulun hacia lo material, escondiendo una finalidad puramente espiritual, y Baruj Hashem hay muchos “Zevulonim” en cada generación, que se ocupan de satisfacer todas las necesidades de “Issajar”. Por eso pueden estar muy contentos al dejar el mundo, porque la acción de sentarse a estudiar Tora de Issajar se considera en “tu tienda”, en la tienda de Zevulun ya que gracias a él Issajar puede estudiar.


Pregunta la Guemara en el tratado de Berajot (17a): ¿las mujeres cómo obtienen su recompensa?, o, con palabras que entendemos mejor, ¿qué precepto las hace acreedoras de tener un lugar en el mundo venidero? El Talmud contesta que tienen tres cosas a su favor: llevar a los hijos al Talmud Tora, permitir que sus maridos estudien Tora y esperarlos cuando llegan, a veces muy tarde, de la casa de estudios. Rashi aclara que en las épocas en que no había Talmud Tora, las mujeres llevaban a los pequeños al Beit Hakneset y los sentaban al lado de los grandes rabanim, y, además les daban permiso a sus maridos para que vayan a estudiar a otras ciudades.


Rabi Ionatan Miprag cuestiona la pregunta de la Guemara, ya que sostiene que las mujeres tienen muchos méritos, ¿para qué preguntar cuáles son? Ellas tienen que cumplir con todos los preceptos que implican prohibiciones (no hacer), y también están obligadas a cumplir todos los preceptos positivos (de hacer) que no dependen del tiempo. Estos son muchos preceptos, y del precepto de Talmud Tora están excentas. Por eso, rabi Ionatan ve la pregunta de la Guemara de otra forma: ¿cómo las mujeres pueden tener recompensa de un precepto al cual no están obligadas, como Talmud Tora? Y de ahí que la respuesta viene por el lado de que este mérito tan grande lo tienen gracias al estudio de sus hijos y sus maridos.


Y no solamente diremos que tienen parte en el mérito del estudio de la Tora, sino que en algunas condiciones su porción es mayor que la de los hombres. Está escrito en el Tehilim (119,165): “... para los que aman Tu Tora...” y no dice para los que estudian Tu Tora. Si estaría escrito “los que estudian”, esto no incluiría a las mujeres, que están excentas de su estudio, ahora que dice “los que aman”, hace que la bendición incluya también a las mujeres. ¿Y cuándo las mujeres pueden tener una recompensa mayor en un precepto que no las obliga? El que estudia Tora, puede caer, jas veshalom, en el pecado de anular la Tora, y así como el premio por el estudio de la Tora es más grande que el de cualquier otro precepto, de la misma forma, el castigo por su anulación es más grande que el de cualquier otro pecado. Pero en el caso de las mujeres, el premio viene sin castigo, ella adquiere para sí la recompensa por “amar” la Tora, cuando espera a su marido después de haber aceptado con gusto que se vaya a estudiar, y su premio no depende del esfuerzo que su marido invierta en el estudio. Por eso, su premio es el máximo, sin posibilidad de disminuirlo, en cambio, el de su marido depende de lo que se esmere por estudiar y del cuidado en no anular absolutamente nada del tiempo dedicado al estudio.


Lekaj Tov.


En el libro “Leb Eliahu” encontramos un relato estremecedor relacionado con lo que estamos estudiando. Allí cuenta el rab Lupian lo escuchó del rab hagaon Eliahu Hacohen Dushnitzer ztz”l, jefe espiritual de la Ieshiva Lomza de Petaj Tikva.
El rab Dushnitzer era uno de los diez estudiosos del Colel de Radin, que el Jafetz Jaim había enviado a “espantar” al espíritu que se había alojado en el cuerpo de una mujer que habían acercado al Jafetz Jaim. El mismo episodio lo contaba siempre el rab hagaon Eljanan Vaserman ztz”l en la comida de Purim que hacía con los muchachos de su Ieshiva. Cada vez que se me presentaba la oportunidad, dice el rab Eliahu, le pedía al rab Dushnitzer que me volviera a contar los hechos, y me contestaba: “¿qué beneficio te puede traer?, es solamente un relato más”. Esto me hacía sentir que no quería contarme lo que pasó... Luego me dijo: en lugar de esto, te contaré algo parecido que ocurrió, y que puede traernos una gran enseñanza.
Esto que les voy a contar, lo pueden también contar a otras personas, y se los contaré tal cual lo escuche del rab hagaon Elazar Moshe Mipinska ztz”l. Y ustedes me conocen bien, y saben que nunca miento, sepan también que no quité ni agregué nada, solamente repito palabra por palabra según escuché de rabí Elazar:
Había un hombre en la ciudad de Kelem, que era vendedor. Se llamaba Netah, pero lo llamaban rabi Natil. Tenía una sola hija, la cual casó con un talmid jajam, y le dio una “dote” muy importante, además de alimentarlos en su mesa durante varios años, mientras el muchacho continuaba dedicándose exclusivamente al estudio de la Tora.
Cuando se cumplió el tiempo estipulado en el compromiso durante el cual el hombre se comprometía a alimentarlos, los jóvenes comenzaron a manejarse en forma más independiente, y comenzaron los temores en la señora (¿qué vamos a comer?, o sea, ¿de dónde saldrá nuestro sustento si mi marido solamente estudia?).
El marido le contestó que no podía separarse del estudio y ocuparse en comercio u otras cosas, ¿podría tirar toda la Tora que adquirió al mar?
La señora tuvo una idea: podemos tomar el dinero de la “dote”, y comprar un negocio. Yo estaría al frente del negocio todo el día “menos dos horas” en las que estarás vos. El resto del día podrás continuar estudiando Tora como hasta ahora. El marido aceptó y así hicieron.
El esquema se cumplió a la perfección durante los primeros tres meses. Pero después, las dos horas se transformaron en cuatro, y después las cuatro en ocho, hasta que el hombre se ocupaba todo el día del negocio y no le quedaba tiempo ni para abrir la Guemara.
Ocurrió un “motzae shabat”, en el que nevaba y soplaba un fuerte viento, que la mujer salió de la casa para volcar afuera un recipiente con agua no limpia, y cuando volvió se quedó sin voz. El hombre corrió a buscar un médico, pero éste no sabía qué le pasaba a la mujer. Al otro día la vieron varios médicos que tampoco supieron por qué había quedado muda. Hasta viajaron hasta la ciudad de Viena, sin éxito. En la ciudad comenzaron a correr los rumores, ¿será un espíritu?...
Viajaron a la ciudad de Stushin, allí vivía un “Kabalista” (de los verdaderos), llamado rabi Mendel, el que cuando llegaron, “le preguntó algo al espíritu”, y éste contestó desde el interior de la señora! Mientras el espíritu hablaba, el vientre de la señora se movía, pero sus labios no. Todos tuvieron un gran susto y exclamaron: ¡Aquí está, es el espíritu!!! Pero el justo, rabi Mendel dijo que todavía no estaba seguro y decidió hacerle algunas preguntas. Le preguntó de quién provenía (o sea si era el regreso de algún alma, que una vez que fue al cielo y volvía por alguna causa). Luego de la respuesta le hizo otras preguntas, y finalmente rabi Mendel confirmó que sí, se trataba de un espíritu...
Rabi Mendel continuó haciéndole preguntas para buscar la forma de sacarlo del cuerpo de la mujer. El espíritu contó que hace algunas decenas de años fue un muchacho que estudiaba en una ieshiva en Brisk. Después viajó al Africa y allí abandonó por completo la Tora. Durante un paseo, cayó del carruaje en el que viajaba y murió. Desde entonces, el alma estuvo “volando” en los cielos hasta ahora.
Rabi Mendel le preguntó: ¿por qué no te arrepentiste de tus pecados en el último instante antes de morir? Y contestó que debido al miedo provocado por el accidente, se “olvidó” de arrepentirse...
Ahora, rabi Mendel, preguntó: ¿y por qué la decisión de alojarte en el cuerpo de esta mujer y provocarle semejantes sufrimientos? No fue mi decisión, contestó comenzando a gritar, la madre y la suegra (ambas ya habían fallecido) de esta mujer me lo aconsejaron primero y me lo pidieron después, ya que sin estos sufrimientos, la mujer no tendría ni Olam Haze ni Olam Haba, por haber sacado a su marido del estudio de la Tora!!!
Cuando todos escucharon esto, rabi Mendel le dijo al marido que le diera la seguridad de que volvería al estudio de la Tora. El marido le dio la seguridad a rabi Mendel, y rabi Natil, el padre de la señora, se comprometió a estudiar Mishnaiot en memoria del muchacho del que salió el espíritu, como así también aportar el dinero para prender velas en su memoria. Después, rabi Mendel organizó un grupo de diez personas que recitaron unos capítulos de Tehilim, y él se paró detrás de ellos y dijo “algunas cosas”, mientras la mujer estaba sentada en el medio de la habitación. De pronto, la mujer dio una vuelta en la silla y cayó al piso, de ella salió una voz profunda que dijo “Shema Israel”, voz que se escuchó en toda la ciudad. Luego se partió la uña del dedo meñique de la señora y al mismo tiempo se rompió un vidrio de la ventana, y volvió la calma. Todo había terminado...
El rab Dushnitzer continuó contando que, en los últimos tiempos había escuchado que esta pareja había hecho “alia” a la tierra de Israel y que residían en Tel Aviv. Ya muy ancianos, tenían una gran familia, muchos hijos y nietos. Y ustedes también los conocen, aunque no les diré quiénes son para no provocarles ningún daño. Un día, motzae shabat, viajé de Petaj Tikva a Tel Aviv, estuve en la casa donde viven, y ellos mismos me contaron la historia tal cual la escuché de rabi Elazar Moshe, y exactamente como acabo de contarla a ustedes...
Cuando el rab Eliahu Lupian llegó a Israel, algunos de sus alumnos le contaron esa historia, y cuando finalizaron, el rab les preguntó: ¿terminaron el relato? (siempre acostumbraba a preguntar así, para no interrumpir las palabras de sus interlocutores). Al contestarle afirmativamente, el rab les dijo: yo escuché el relato de la boca del padre de la señora, rabi Natil z”l de Kelem, al lado de la reja del patio del Talmud Tora, y me contó lo mismo salvo dos diferencias: una, que el hombre no había caído de un carruaje sino que viajaba en un barco y el barco se hundió en el mar. La segunda diferencia, que el espíritu, al ser descubierto en la casa de rabi Mendel, por momentos gritaba de una forma que hacía temblar de miedo a todos los presentes.
Y el espíritu contaba que había “ángeles” que estaban esperando que salga del cuerpo de la señora para dañarlo, ya que mientras el espíritu estuviera alojado en el cuerpo de una persona viva, los ángeles no tenían permiso para hacerle ningún daño. Al cabo de unos momentos, el espíritu comenzó a decir palabras sin sentido, muy groseras, al punto que toda la gente tuvo que taparse los oídos para no escuchar, y explicaron que esto se debió a que así como en este mundo esa persona deseaba el mal, así también el alma, después de abandonar el mundo sigue buscando el mal...


Leb Eliahu.


Contaron sobre un muchacho, que en la época en que se acostumbraba que los estudiantes coman en las casas de las familias que vivían cerca de la Ieshiva, él iba siempre a comer y a dormir a la casa de una misma familia, que lo consideraba como un integrante más de la familia. Como ya era casi seguro que el muchacho vendría a comer, siempre lo esperaban, y algunas veces el muchacho se retrasaba demasiado. Estas demoras desordenaban la vida normal de la familia, ya que todos debían esperar que el muchacho llegara para empezar a comer. Y esto provocaba quejas, de cuando en cuando, en el seno de la familia, sobre su comportamiento.
Un día, el dueño de casa decidió, que había llegado el momento de comentarle al invitado que su conducta no era de la mejor. De todas formas quizo decírselo muy suavemente, para no herirlo. Al día siguiente de la charla que tuvieron, que no pasó a mayores, llegó una delegación de una ciudad muy importante para llevarse precisamente a este muchacho y nombrarlo “rab de la ciudad”, ya que era un gran estudioso. En toda la ciudad había una gran alegría de haber tenido entre ellos un estudiante tan ejemplar, que lo hayan venido a buscar de otra ciudad.
A punto de emprender su viaje, el muchacho pasó por la casa que lo había tenido como invitado durante tanto tiempo, para agradecerles por lo bien que lo habían tratado y para disculparse por los problemas que pudo haberles causado.
Y agregó que por todo el esfuerzo que invirtieron en atenderlo él bendecía al dueño de casa para que sea merecedor de grandes riquezas él, y también sus descendientes. Y agregó algo más: ayer tuvimos un pequeño cruce de palabras, debes saber que eso fue para vos una prueba que te hicieron desde el Cielo. Si hubieras tenido éxito en la prueba (si hubieras podido evitar la queja), habrías sido merecedor de hijos y descendientes talmide jajamim durante varias generaciones. Pero, por cuanto que pasó lo que pasó, solamente te quedaste con la riqueza para varias generaciones, pero no con los talmide jajamim...
Dicen algunos, que el talmid jajam de este relato fue el “jajam Tzvi”, y algunos otros dicen que el dueño de casa fue el primero de los millonarios de la familia Rotchild...


Lekaj Tov.

Leiluy Nishmat Iejiel Mejl ben Nisn Arie z”l – León ben Isabel z”l




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