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Shabat Shalom


No. 165 - Vaiera



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¿PERSONAS O MONSTRUOS?


El rab hagaon Eljonon Vaserman ztz”l visitó Alemania, unos años antes del Holocausto. En esos momentos, nadie imaginaba lo que ocurriría unos años después, el desastre que los alemanes provocarían a los iehudim de Europa. Alemania era un país con una economía pujante y abierta, y también había gran tolerancia racial y religiosa. Los iehudim vivían allí tranquilamente, y eran totalmente aceptados por la sociedad alemana. En su visita, el rab Eljonon, dio una conferencia para los estudiantes de un seminario rabínico.


Comenzó su disertación con palabras muy fuertes: en la perasha Vaiera, leemos la respuesta a la pregunta que Avimelej le hace a Abraham Avinu: ¿por qué me dijiste que Sara era tu hermana? Y Abraham respondió: Porque vi que solamente no hay Irat Shamaim (Temor Celestial) en este lugar y me matarían a causa de mi esposa. Y debemos entender, ¿por qué resaltamos la palabra “solamente”? Justamente esa palabra parece que está de sobra, alcanzaría decir “porque vi que no hay Irat Shamaim en este lugar...” Abraham quería enseñarnos algo.


Veamos cuál fue la intención de la respuesta de Abraham Avinu: vi muchas cosas muy lindas en tu país, ciudades hermosamente ordenadas, con una economía en constante crecimiento, con ciudadanos que tienen una cultura muy alta, a la vista todo muy bueno y muy lindo... Pero “solamente” hay una cosa que falta aquí, en este lugar no hay Irat Shamaim. Por eso entendí que mi esposa y yo estábamos en grave peligro. Si el fuego del deseo se encendería en uno solo de los habitantes de tu país y le surgiría la idea de apropiarse de mi esposa, a ningún otro hombre se le ocurriría detenerlo. Y esto provocaría que yo fuera muerto, para que este hombre se apoderara tranquilamente de mi esposa, sin transgredir la prohibición de tomar una mujer casada (que ahora sería viuda). En una situación así, poco importa el compañerismo o la cultura, solamente una cosa puede detener a un hombre en ese momento, la Irat Shamaim.
Con sus palabras, intentó rabi Eljonon, dar una señal del peligro que traía establecer bases en un país como Alemania, a pesar que se veía como una nación progresista, tolerante y amiga de los iehudim. Y a los muchachos del seminario, al escuchar palabras tan fuertes, les costó creer que iban dirigidas al país en que ellos vivían. Con el correr de los años, muy pocos años, pudieron ver con sus ojos como todo se hizo realidad. Ese país tan culto, con un nivel de educación tan alto, se convertiría en un país devorador, que mató sin piedad a seis millones de iehudim...


Rabi Eljonon, con los ojos transparentes de un sabio de la Tora, vio el peligro que acechaba...
Algo aprendimos, la Irat Shamaim es la llave que tiene la persona para controlar ese instinto capaz de llevar a la práctica cualquiera de sus deseos. Solamente con la Irat Shamaim podemos llegar a un autocontrol, para evitar caer en los excesos a los que nos pueden llevar los deseos sin límite.


Rabi Eljonon Vaserman ztz”l nos va a ampliar un poco más este tema, que esta desarrollado en el libro “Kobetz Maamarim”.
La Irat Shamaim no es una virtud más en la persona, sino que quien tiene Irat Shamaim es digno de considerarse una persona, y quien no la tiene, lamentablemente, no puede llamarse persona!!! Veamos lo que pasa en la naturaleza. Hay árboles que dan frutos y árboles que no dan frutos. Los que no dan frutos, tienen muchas funciones, como ser: dan sombra, embellecen el entorno, podemos treparnos a ellos, etc. En los árboles que dan frutos, tenemos también las opciones anteriores y además, tienen una virtud adicional que no tienen los otros árboles: nos dan frutos.


Todos entendemos que esto no es una cualidad más, sino que es algo especial, es lo que lo distingue de los otros árboles, ya que si no fuera por el hecho de que de él obtenemos frutos, sería como cualquiera de los otros árboles.
Lo mismo ocurre con las personas, tienen numerosas cualidades, pero la Irat Shamaim sobresale entre todas. Con Irat Shamaim es una persona, y sin Irat Shamaim ya no lo es...


El origen de esta apreciación, la encontramos escrita en un versículo al final del libro de Kohelet: “al final todo se escuchará, temerás al Bore Olam y cuidarás sus preceptos, porque esto es todo en la persona”.


Y la explicación de estas palabras, continua rabi Eljonon, nos la da el Zohar Hakadosh cuando habla sobre el versículo “hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza...” La palabra “hagamos” no nos queda muy clara. Sabemos que Hakadosh Baruj Hu creó todo sin ayuda de nada ni de nadie, ¿por qué, entonces, está escrito “hagamos”, en plural? (ver Rashi sobre el versículo, Bereshit 1,26).
Dice el Zohar Hakadosh: Hashem quería que la persona sea la conjunción de todos los seres vivientes de la Creación. Por eso, cuando va a crear al hombre, El “llama” a todas las creaciones y les dice a cada una que “aporten” una parte de ellos para formar al hombre. Por eso está escrito “hagamos al hombre”, porque todos los seres vivos fueron “socios” en su creación.


Encontramos, entonces, que el hombre tiene en su interior, las características de un león, de un tigre, y también sus fuerzas, como la de todos los animales, bestias, aves, reptiles, insectos..., en fin, una mezcla de todos los seres que existían antes de que el hombre fuera creado.


Tenemos ahora al hombre, que es nada más ni nada menos, la unión de todos los animales en un solo cuerpo, que puede llegar a ser el animal más fuerte y terrible de todos, un verdadero monstruo, pero además, tiene algo que no tiene ningún animal, también tiene la posibilidad de “hablar”. Ahora, todo junto, esto que se llama hombre, puede llegar a hacer las cosas más terribles que se puedan imaginar.
Surge ahora la pregunta: ¿cómo podemos sujetar a este ser para detenerlo? Cuando un animal salvaje asesina a otro animal (no hablamos por hambre, sino solamente para matarlo) hay que encadenarlo, con cadenas de acero, ¿podremos hacer lo mismo con esta nueva especie llamada hombre? Dijo rabi Eljonon, probablemente podamos hacerlo así, pero sepamos que si Hakadosh Baruj Hu creó al hombre, seguro que también creó al mismo tiempo la “cadena” que puede detenerlo para que no destruya al mundo. ¿Cuál es esta cadena? La Irat Shamaim, que es la única que tiene la fuerza para detener a la persona, para que no se parezca al peor de los animales salvajes. Aparte de la Irat Shamaim no existe ningún otro medio para frenar la fuerza del deseo de una persona, que reune todas las fuerzas de todos los seres vivientes!
Tampoco ganamos nada con que la persona sea muy sabia, la sabiduría no puede hacerle frente al instinto. Y esto nos hace entender las palabras de Abraham Avinu: “solamente porque en este lugar no hay Irat Shamaim, y me matarán para llevarse a mi esposa”.
Y deben sentirse muy afortunados, algunos porque nacieron con la Tora, y otros porque pudieron adquirirla un poco después, pero para ambos casos, hay algo en común, aprendieron a sentir la Irat Shamaim, algunos antes, otros después, pero hoy esto es lo que nos hace llamarnos “personas”.


Y estas son las palabras del “Rama” (Rabí Moshé Iserlich), al comienzo del Shuljan Aruj: “sentir que Hashem está siempre frente a mí”, es la gran columna de la Tora, y una de las más importantes cualidades de los justos, que van por el camino del Bore Olam.
Y continua el “Rambam”: porque una persona no se comporta de la misma forma cuando está sola en su casa, que cuando está frente a un gran rey, es algo natural, su comportamiento frente a un rey será más refinado, más cuidado. Y si la persona toma conciencia de que el más grande de lo reyes, Hakadosh Baruj Hu, que llena el mundo con Su Gloria, está (digamos) parado a su lado mirando todos sus actos, como está escrito “si el hombre se va a esconder, ¿Yo no lo voy a ver?...”, enseguida la persona siente el temor, se subyuga y se llena de vergüenza al saber que el Bore Olam está siempre frente a él.


Estudiamos en una forma rápida, qué es la Irat Shamaim, saber que Hashem “ve” todo lo que hacemos, y sentir temor y vergüenza de Hashem Itbaraj. Y ahora podemos tratar de saber, cómo adquirir ese temor, hay que “memorizar” que Hashem ve todo lo que hacemos en todo momento. Y memorizar esto no es nada fácil, ya que las personas, por naturaleza, pueden sentir temor solamente por las cosas que pueden ver, palpar o escuchar, pero el “saber” que Hashem ve, no entra entre las cosas “palpables”.


Sobre esto habla raban Iojanan ben Zakai a sus alumnos, cuando se congregan alrededor de su maestro para pedirle una bendición antes de su muerte. En el Talmud, en el tratado de Berajot (28b), describe la bendición del maestro: que sea la voluntad de Hashem, que tengan tanta Irat Shamaim como el temor que sienten hacia otra persona.!!!
Inmediatamente los alumnos le preguntan: ¡Rabenu!, ¿nada más?


Y explica Rashi que los alumnos le preguntan si solamente ese es el temor que deben tener hacia Hashem, el mismo que sienten por otra persona. A ellos les parecía muy fácil alcanzar una Irat Shamaim solamente comparada al temor a otra persona, pero raban Iojanan ben Zakai sabía que llegar a esa categoría no era nada sencillo, por eso les responde:
¡Ojalá!, que lleguen hasta allí!, sepan que cuando una persona comete un pecado siempre dice: “ojalá que no me vea ninguna persona”. Por eso, ojalá que sientan el mismo temor pensando que Hashem “también puede estar” (seguro que está) delante. La realidad que vemos es que la persona comete el pecado porque se fijó que nadie lo está viendo, ¿nadie?, sí, nadie, porque se fija que ninguna persona lo vea, pero se olvida de pensar que seguro que Hakadosh Baruj Hu lo está viendo...


Es conocido el relato sobre el Jafetz Jaim que viajaba en un carruaje. El conductor ve una montaña de paja al costado del camino, y, viendo que no hay nadie en los alrededores, detiene el carro para llevarla y darle de comer después a sus caballos. Cuando se agacha a recoger la paja, el Jafetz Jaim grita: “¡Te ven!” Y el hombre asustado vuelve corriendo al lado del carro. Se tranquiliza y se percata de que no hay nadie cerca, y vuelve a la carga. Otra vez, el Jafetz Jaim grita: “¡Te ven!” Y nuevamente el hombre regresa a su coche sin tomar la paja. Y así volvió a repetir el intento otras dos veces...


Ya en el camino, el cochero le pregunta al Jafetz Jaim, cómo sabía que lo estaban viendo, cuando él no vio a nadie. El Jafetz Jaim tampoco vio a nadie, su intención era advertirle que del Cielo lo estaban viendo.


Esta es nuestra misión, recordar a todo momento, y gritar desde adentro: “¡Te ven!”, así lograremos pensar siempre que Hashem conoce todos nuestros secretos, y de esta forma aumentará nuestra Irat Shamaim. Cuando nuestra vida sea una vida con Irat Shamaim, estará en nuestro poder el “control” que dominará nuestro instinto, y que se hará fuerte frente a nuestros deseos. Y así, tendremos el gran mérito de poder ser nombrados como “personas”, ya que la Irat Shamaim es todo...
Lekaj Tov.


Leiluy Nishmat León ben Isabel z”l – Rina bat Matilde z”l





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