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Shabat Shalom


No. 168-Vayetze



AHORA O NUNCA

El año pasado tocamos el tema de la fuerza de la voluntad (la hoja nro.115). Ahora podemos avanzar un poco más. Vimos como podemos realizar cosas que jamás imaginamos gracias a la “voluntad de hacer”. Vamos a estudiar algo que siempre trae cuestionamientos, siempre dijimos que nosotros debemos “comenzar”, hacer el primer esfuerzo, y que Hakadosh Baruj Hu se ocupará del resto, la pregunta que siempre hacemos es hasta dónde llega nuestra parte...
Y también lo aprendemos de Iaacov Avinu. Dice la Guemara en el tratado de Julin (91b) que en el versículo “y salió Iaacov de Beer Sheva y fue a Jarana” nos afirma que Iaacov ya ha llegado a Jaran.


Y la Guemara le pregunta a esta afirmación: ¿cómo podemos decir que llegó a Jaran si en el versículo siguiente dice que Iaacov “se encontró en El Lugar (el Har Hamoria, donde se constuiría el Beit Hamikdash) y durmió allí”, dándonos a entender que este encuentro fue en el camino y no después de llegar a destino.


La Guemara contesta que Iaacov llegó a Jaran y allí dijo: ¿pasé por El Lugar donde rezaron mis padres y no me detuve a rezar? En el momento en que decidió regresar, Hashem “movió” la tierra e inmediatamente se encontró en El Lugar. Ahora la pregunta es nuestra: ¿por qué Hakadosh Baruj Hu esperó hasta que Iaacov llegó a Jaran, y recién allí lo hizo volver mediante un milagro, acortándole el camino? ¿No podía Hashem haberle hecho recordar que ese era el momento y el lugar para rezar cuando pasó por allí la primera vez?


De aquí aprendemos algo muy importante que está escrito en el tratado de Shabat (104a): “el que viene a purificarse, recibe ayuda...” Solamente cuando surge la necesidad en la persona, cuando resolvemos emprender el objetivo y estamos en el estado de “ba leitaer”, venir a purificarnos, entonces aparece la “siata dishmaia”. El primer paso es nuestro, por eso, todo tiempo que Iaacov Avinu no pensó ni resolvió que debía rezar allí, no tuvo ayuda de parte del Cielo.


Y esto resulta muy significativo, la parte que nos toca, el comienzo de una acción, o simplemente nuestra firme decisión puede ser algo muy pero muy pequeño. Jazal nos enseñaron: “abrime una pequeña puerta como el agujerito de una aguja...”, a Iaacov Avinu le alcanzó con tomar la firme decisión de volver para que la siata dishmaia le acortara el camino de vuelta. Y cuando llegó allí, Hakadosh Baruj Hu cambió la naturaleza e hizo que oscureciera antes de tiempo para que Iaacov pueda dormir y hablar con Hashem en sueños. Y en esa conversación, el Bore Olam le garantiza a Iaacov cosas para su futuro y para las próximas generaciones del pueblo de Israel. Todo esto hubiera perdido sin ese “despertar”, sin esa necesidad y convicción para volver al lugar donde rezaron sus padres.


Muy difícil es para nosotros pensar que si se nos presentara la misma situación haríamos lo mismo que hizo Iaacov Avinu. Después de una travesía de catorce años, de haber estado estudiando sin descanso en la Ieshiva de Ever y haber llegado a Jaran, seguro que no vamos a resolver volver hacia atrás en un camino tan largo. No podemos negar que nos sentiremos muy apenados por no haber rezado en el mismo lugar que rezaron nuestros padres, pero de ahí a decidir emprender la vuelta estamos muy lejos. Como mucho, podemos comprometernos para el futuro, que si volvemos a pasar por allí, tratemos de no olvidarnos nuevamente, pero no más que esto.


¿Y por qué Iaacov Avinu no se comportó como nosotros hubiéramos hecho? Esto tiene relación con lo que escribimos al principio.
Un hombre que se considera “servidor de Hashem” tiene la voluntad de llegar a alcanzar una categoría muy alta, y no le tiene miedo a los desafíos. Cuando Iaacov recuerda haber pasado por donde rezaron sus padres siente la inmediata necesidad de volver y toma la resolución sin demorarse. Esa firme decisión es lo que llamamos abrir el agujerito tan pequeño como el agujerito de la aguja y así la persona entra en el estado de “ir a purificarse”, lo que la hace merecedora de la siata dishmaia. Este es el secreto del éxito. Lo primero, como ya nos extendimos el año pasado, el reconocimiento de nuestras grandes posibilidades de realización, como se dice “querer es poder”.


Con la voluntad verdadera aparecen las fuerzas, y con ellas podemos “construir enormes mundos espirituales”. Ahora, cuando queremos y resolvemos entrar en acción, ya vimos que aparece la siata dishmaia. Por otra parte, es probable que en el Cielo estén esperándonos tesoros gigantescos de siata dishmaia y nosotros, “durmiendo” dejamos pasar nuestra oportunidad.


Es lo que casi le pasó a Iaacov Avinu cuando pasó la primera vez por El Lugar que rezaron sus padres y no se dio cuenta. También puede ser que todo se resolvería solamente después de haber pasado y haber resuelto volver.
Y esto nos demuestra que entre el fracaso y el éxito hay una distancia muy pequeña, y que todo depende de nosotros y de nuestra volundad. Pero ojo, decir que depende de nosotros no quiere decir que dependa de nuestra fuerza, sino sólo de nuestra decisión, dar el primer paso, no pensemos ni por un momento que el éxito es nuestro, El Unico que hace TODO, después de nuestro primer empujón es Hakadosh Baruj Hu.


Lekaj Tov.


EL ARMA MAS PODEROSA ESTA EN NUESTRO PODER

“Y salió Iaacov...” (Bereshit 28,1)
Explica Rashi: salió de allí, y con él se fue el brillo, la belleza, el esplendor...
No llamamos a una cosa hermosa o esplendorosa sino cuando fue realizada sin fallas, como encontramos en la orden que Hashem nos hace en cuanto al etrog: “el hermoso fruto del árbol”, es el etrog, y todos sabemos cuanto buscamos cada año, cuanto nos preocupamos por conseguir un lindo etrog, no solamente que sea apto para la bendición, sino que sea más, que podamos llamarlo esplendoroso, muchas veces sin importar desembolsar más dinero del que pensábamos.


Hay otra cualidad que llamamos “presencia”, algo que cuando los demás ven, sienten que influye sobre ellos. Y una tercera, que tiene la propiedad de “encender” la llama que está a veces apagada, en el interior de la gente.
Iaacov Avinu tenía estas tres características, y, debemos decir que para que un talmid jajam se considere como tal, es obligatorio que también las tenga.
El rab hagaon Eliahu Lapian ztz”l viajaba en un tren con un alumno desde Ierushalaim hasta Haifa, y el alumno le preguntó con toda su inocencia si era necesario recitar el “Tefilat Haderej”, la bendición para el camino. El rab, sorprendido le contestó, en forma de pregunta: ¿Qué pensabas? Seguro que hay que bendecir. Un rato más tarde, el rab fue al baño y al salir le hizo una seña a uno de los guardianes del tren para que reuna a todos los guardianes. De pronto, al ver a todos los guardianes juntos, los pasajeros que estaban cerca supusieron que algo ocurría. El rab les dijo: yo voy ahora a bendecir “Asher Iatzar” (que recitamos, por ejemplo, después de hacer nuestras necesidades corporales) y ustedes contestarán “Amen”. Para mayor sorpresa de todos los que ya escuchaban sorprendidos la insólita petición del rab, los guardianes aceptaron la propuesta con gusto. Y el rab, dijo su bendición como su costumbre, palabra por palabra, en voz alta, y todos contestaron en grupo con un fuerte “Amen”. Cada uno de los guardianes volvió a su puesto y el rab a su asiento para continuar con su estudio. Como media hora después, el tren frenó en forma muy súbita. Después aclararon sobre el gran milagro que ocurrió: había una bomba en las vías y cuando el conductor se percató atinó a detener el tren, y logró frenarlo sólo a unos pocos metros de la bomba. Ahora, ya habían desmantelado el artefacto pero nadie quería pensar lo que podría haber pasado.


Había mucho “murmullo” en todos los vagones, y todas las miradas ahora se dirigían al rab Eliahu, que seguía estudiando como si nada hubiera pasado. Todos atribuían el milagro a la fuerza de la bendición que el rab había pronunciado media hora antes.
El rab, sentía que algo pasaba, y le pidió a su alumno que le explicara por qué la gente hablaba en voz tan alta. Cuando supo qué pasaba, el rab intentó desviar los pensamientos de la gente (echarle a otro la “culpa” del milagro) y le dijo al alumno: ¿Y?, ahora decime vos, ¿hace falta o no recitar la Tefilat Haderej?!! El que no estuvo en ese tren nunca vio la influencia de un talmid jajam sobre la gente. Uno de los guardianes dijo más tarde: solamente con la bendición “Asher Iatzar” de rabi Eliahu es posible lograr el retorno a nuestras fuentes en forma completa...
Este relato, lo contó el rab hagaon Itzjak Silverstein Shlita a su nieto, después de haber pasado una situación comprometida al estar muy cerca de un atentado. El niño sentía mucho miedo y preguntó: “Abuelo, ¿cómo podemos sentirnos fuertes con estos malvados?” Por eso, el abuelo le contó sobre la bendición del rab Lapian, para tranquilizarlo. Querido, le contestó, tenemos un “escudo invencible”, hasta ahora creía que al sentir miedo decíamos “Shir Hamaalot Mimaamakim...” (Tehilim 130), ahora sé que también podemos bendecir “Asher Iatzar” con concentración.
...y contestar Amen... Alenu Leshabeaj.




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