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Shabat Shalom


La Hoja Vayishlaj



TENGO TODO Y NO TENGO NADA

¿Alguno de nosotros no quiere ser millonario? En verdad, toda persona que se considera habitante de este mundo, busca, en algún momento (algunos en todo momento), tener una vida de abundancia (monetariamente hablando). La realidad muestra que muchos de nosotros hacemos cosas que no nos conforman del todo, que no son completamente de nuestro gusto, en pos de conseguir “unos pesos” más. Y esto no siempre alcanza...

¿Y esta persona tiene la culpa por esto que hace? ¿Acaso todos pueden alcanzar la riqueza y sentirse satisfechos? Digamos que la respuesta a estas preguntas tienen un punto en común, y se basa en saber qué es lo importante y qué es lo secundario. Cuando una persona anda por el camino correcto, y sabe reconocer y valorar las cosas que tienen un verdadero valor en la vida, podemos decir que va rumbo a la suficiencia, está en el camino a sentirse satisfecho.

En nuestra perasha se encuentran Iaacov y Esav, después de que sus caminos estuvieron bien separados durante muchos años. Y cuando decimos que sus caminos estuvieron separados, estamos hablando con doble sentido. Ya vimos que en el tiempo en el que “crecieron los niños”, al cumplir los trece años, Iaacov se sentó a estudiar Tora y Esav salió al campo, a vivir una vida vacía. Además, se separaron y vivieron en lugares distintos, decenas de años. Cuando se encuentran, Iaacov le envía regalos a su hermano Esav y Esav le dice: “tengo mucho”, Iaacov insiste y sigue mandando regalos hasta que Esav los toma, y aumenta con las palabras: “porque Hashem se agració conmigo y tengo todo”.

¿Cuál es la diferencia entre “mucho” y “todo”? Dice el Jafetz Jaim (Al Hatora) que acá encontramos la diferencia de pensamiento de Iaacov y Esav hacia este mundo. Y agregamos que en estas dos palabras tan pequeñas (en hebreo “rab” y “col”) aparece la cualidad de riqueza y suficiencia en la vida, y de qué dependen. Esav dice “tengo mucho”, bastante. Y, entrelíneas escuchamos que todavía ese mucho no le alcanza, como si dijera: tengo mucho pero todavía tengo lugar para recibir más y por consiguiente, tener más. En cambio, Iaacov dice: tengo todo, no me falta nada. Estoy contento con lo que tengo, por eso, me considero “rico”, como dijeron Jazal en el Pirke Avot (cap.4): “¿Quién es el rico? el que está contento con su parte”.

El rab hagaon Eliahu Lapian ztz”l nos dice que el origen de esta diferencia está en el pasuk del Tehilim (cap. 34): “y a los que busquen a Hashem no les faltará nada de todo lo bueno”. Y podemos estar en contra de esta afirmación: ¿acaso esta es la realidad, que a los que buscan al Creador no les falta nada? Sabemos que en todas las generaciones, la gente que buscó acercarse permanentemente al Bore Olam vivió una vida de sacrificios y pobreza! El rab Lapian nos trae un ejemplo de dos amigos que se encuentran y uno le dice al otro: ven a mi casa, y te voy a mostrar algo muy valioso que adquirí en estos días, una sola cosa te voy a pedir, que no me tengas envidia. Cuando llegan a la casa, abre la puerta del armario y le muestra que lo tiene lleno de remedios. Empieza a enumerar los medicamentos y a sumar sus altos precios, y de paso le cuenta que algunos los compró importados de otros países.

¿Alguien puede envidiar a esta persona? Nadie que esté sano puede sentir envidia sobre alguien que tiene guardada una riqueza en medicamentos. Diremos, Baruj Hashem que estamos sanos y no necesitamos esos remedios tan caros y sofisticados. No diremos, concluye el rab Lapian, que el que busca a Hashem tiene todo lo bueno, sino que “todo lo bueno” no le falta, está contento con lo que tiene. Y esto resulta de ser detallistas en las palabras del pasuk: al que busca a Hashem no le falta todo lo bueno. Por eso dice Shlomo Hamelej, "el justo come y su alma está safisfecha" (Mishle 13), está satisfecho con lo que tiene...

Y este es el proceder de Iaacov, y su punto de vista hacia la Tora: lo principal en la vida es el cumplimiento de la Tora y sus preceptos, fortalecer nuestra fe y nuestro temor al Bore Olam, y, no olvidar, mejorar nuestras cualidades. Puede ser que las condiciones “materiales” no sean las mejores y necesitemos poner “mucho” de nosotros para conseguir nuestra sagrada finalidad en la vida, pero, esa parte es accesoria frente a lo grande que es lo principal. Por lo tanto, cuando vemos una persona apegada al Bore Olam y que además no tiene problemas para conseguir sus necesidades materiales, como ropas, comida, etc, esto le permite cumplir con sus objetivos espirituales y estará cómoda en la vida. Y diremos que nunca estará con la intención de tener más y más, no se “agrandará” cuando tenga más de lo que necesita y tampoco se desesperará cuando la situación se torne difícil. Por eso Iaacov dice: “tengo todo”, materialmente no me falta nada!

En cambio, ¿cómo procede el que sigue el camino de Esav? Lamentablemente, es la forma de conducirse de la mayoría del mundo, y es todo lo contrario al camino que nos muestra Iaacov Avinu. Ellos (decimos ellos tratando de no incluirnos en la clasificación), ven al mundo material, el dinero y los placeres (poder darnos el gusto!), como lo principal en la vida, por eso, en todo momento se encuentran en una etapa de superación (¿?) de su situación económica actual, continuamente están buscando mejorar su standard de vida. Se vanaglorian cuando adquieren una casa mejor y más lujosa, o un automóvil más nuevo y sofisticado, y no dejan pasar ninguna posibilidad de ganar algo más (si utilizaran esa fuerza para el estudio de la Tora, no habría gente más sabia que ésta). Cuando la búsqueda gira en este sentido, nunca se puede llegar al conformismo.

Y dijeron Jazal sobre este proceder: una persona siempre muere con la mitad de sus deseos cumplidos, ya que quien tiene cien, quiere doscientos (Kohelet Raba 1,13). Por eso, no nos asombremos cuando Esav le dice a Iaacov “tengo mucho”, puede ser que tenga mucho, pero todavía me falta también mucho. Todo está provocado por la importancia que le damos a las cosas materiales, que las consideramos como lo principal, y que no nos permite conformarnos con lo mucho que ya tenemos.

Y sobre esto dijeron, continua el rab Lapian, “la panza de los malvados nunca estará llena” (Mishle 13), siempre le falta algo para llenarla, como diciendo que si pudieran tendrían una panza más para llenarla con más y más de todos los deseos y placeres del mundo material. En nombre del Gaon de Vilna compararon a esta persona con un sediento que toma agua salada para saciar su sed, todo tiempo que toma más, así aumenta su sed...

Y estos dos caminos, enfocados hacia las personas mayores, se ven hoy en día también en las personas más jóvenes. Aunque ellos todavía no están en la búsqueda de mejores condiciones de vida, se encuentran en la posibilidad de definir su futuro cuando, por ejemplo, se despierta la envidia al ver a su compañero con unas ropas nuevas y finas o al saber que su familia se mudó a una casa muy lujosa. Esa envidia genera pensamientos hacia el mundo material, y los que saben que lo principal está en lo espiritual no sentirán envidia por estas cosas. En un caso como éste, en que un muchacho se “infla” porque su familia se mudó a una casa muy lujosa, debemos alejarlo de ese pensamiento y explicarle qué es en verdad lo importante en nuestra vida.

El texto original se remonta a unos cuantos años atrás. Hoy la situación podemos decir que es bastante más trágica. El mundo no se conforma con tratar de venderle a la gente aparatos cada vez más sofisticados, más lujosos y a la vez, más inútiles. Hay que agrandar la cantidad de clientes potenciales, por eso se vuelcan también a los jóvenes, y hoy en día los padres también los hacen entrar en la guerra material, quién tiene una computadora mejor, o un teléfono celular mejor, o un reproductor de mp3 mejor, y la lista continuará...

Sentirnos alegres con lo que tenemos, no significa sólo riqueza sino también satisfacción. En tanto y en cuanto que una persona no está preocupada y en constante presión ante su situación “material”, y se siente conforme con lo que tiene sin desesperar por tener más, su vida será más “placentera” y tranquila, sabrá valorar sus posesiones, y va en camino a sentirse conforme y contento a la vez, en camino hacia la satisfacción. Y esto es así porque el origen de la sensación de suficiencia está en el alma, y todo lo que hace que el alma se sienta conforme, hace a la persona más “rica”. De más está decir que el alma no necesita de los placeres y lujos materiales, ni de un standar alto de vida, sino Tora y buenas acciones. Entonces, busquemos disminuir nuestra presión por conseguir materia y volquemos nuestro esfuerzo a lo principal, la Tora y sus preceptos, que esto nos llevará a ser verdaderamente ricos en la vida. ¡Vemos ahora que la llave de la riqueza está en cada uno de nosotros y todos podemos ser ricos!

Dijo el rab Shlomo Levinstein Shlita: una pareja camina con su bebé vestido con las mejores ropas y con un cochecito que costó quien sabe cuanta plata. Los padres caminan con la naríz “bien levantada” orgullosos de su bebé, pero más que nada del cochecito y de las ropas “exclusivas” que viste su bebé, y que están obligados a mostrarla a todo el mundo... De pronto el bebé rompe en llanto, pero por qué llora, miren que lindo cochecito, que ropas espectaculares. Eso no le importa al bebé, el bebé nos muestra la realidad del mundo. Si el bebé se ríe no es por su coche ni por su ropa, ni porque tiene un pañal perfumado y con dibujitos. El bebé se ríe porque recién comió, porque no tiene ni hambre ni sueño, qué le importan las ropas y todo lo demás. Si llora es solamente porque tiene hambre!


        Lekaj Tov.

Leiluy Nishmat

León ben Isabel z”l

Rina bat Matilde a"H




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