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Shabat Shalom


No. 170 - Vaieshev



Y AHORA, ¡A DESCANSAR!

Una de las más grandes ambiciones de la mayoría de la gente, es esperar el día en que podamos descansar y disfrutar de todo el esfuerzo que se invirtió en la vida. Creemos que hay que “matarse”, comprar, juntar, guardar, para que llegue el día en que podamos sentarnos a descansar y tener provecho de ese esfuerzo. También los que cuidan la Tora y sus preceptos tienen una ambición parecida, esperan el momento en que se podrán sentar a estudiar con tranquilidad, y en el que podrán asimilar mejor su estudio, concentrarse más, suponiendo que de la misma forma, cumplirán mejor los preceptos. Parece que la intención es buena, con corridas y preocupaciones se hace todo más difícil, y esperar un momento de pausa para aprovecharlo espiritualmente no tiene nada de malo, en apariencia. El problema es que las corridas no terminan nunca y dejamos todo para más adelante, para una vejez a veces demasiado lejana...


¿Qué piensa la Tora sobre esto? Rashi dice sobre el versículo “y se sentó Iaacov...” (Bereshit 37,1): Iaacov pidió sentarse con tranquilidad, y se le vino encima el problema de Iosef. Los justos piden tranquilidad, Hakadosh Baruj Hu les dice: no les alcanza con lo que tienen preparado para el mundo venidero, también piden tranquilidad en este mundo... Y muchos explicadores preguntan, ¿qué tiene de malo este pedido?, ¿por qué Iaacov fue castigado al pedir tranquilidad?


El rab hagaon Iser Zalmen Meltzer ztz”l, nos da una de las respuestas a esta pregunta en su libro “Derej Etz Hajaim”, donde nos cuenta sobre el rab Hilel Mehorodna, yerno de rabi Jaim Mivoloshin ztz”l, el más importante de los alumnos del Gaon de Vilna.


Un día llegó a Horodna un Admur, y muchos de los habitantes del lugar fueron a verlo, para recibir de él consejos. Todo el que iba a visitarlo, contaba después, sobre los maravillosos consejos que le daba el “rebe”, que fortalecía a cada uno en Tora y en Irat Shamaim. Al escuchar esto, rabi Hilel, pensó en ir a verlo para escuchar su mensaje de Tora, pero, ¿cómo hacer, si él era el yerno de rabi Jaim, alumno del “Hagra”, el mayor oponente? (el Gaon de Vilna no era partidario de estas prácticas).


Fueron pasando los días, y rabi Hilel se debatía entre ir o no a verlo. Cuando escuchó que ese era el último día del Admur en la ciudad, decidió entrar a charlar con él. Pero, pensó, no hacía falta decirle que era el rab de la ciudad, podría entrar a verlo como un “habitante más”. Y así, por la noche, bastante tarde, entró a ver al rebe y le dijo: escuché que el honorable rab da buenos consejos para elevar la Irat Shamaim, y por cuanto que no estoy conforme con mi estado espiritual, quisiera escuchar cómo puedo hacer para tener una Irat Shamaim pura!
No puedo aconsejar así como así, contestó el Admur a rabi Hilel, primero tengo que escuchar como se desarrolla el día de la persona y entonces puede ser que le aconseje como fortalecerse en su Irat Shamaim.


Rabi Hilel vio que no tenía escapatoria, tendría que contarle como era su día, y comenzó: como el rab habrá visto, soy un hombre anciano, y no hay negocios que pueda hacer una persona de mi edad. Y como es común para mi edad, no puedo dormir mucho, y por eso me levanto muy temprano, ¿y qué puedo hacer a esa hora? Voy al Beit Hakneset y estudio un poco hasta que llega la hora de los rezos. Ya que me tienen allí, algunos iehudim me piden que estudie con ellos un poco de Mishnaiot cuando los rezos concluyen. Después vuelvo a mi casa a desayunar.


Durante la mañana, como ya le dije al rab, no tengo posibilidades de trabajar, entonces me siento a estudiar un poco hasta después del mediodía. Luego, vienen algunos iehudim a pedirme que interceda entre ellos, cuando tienen alguna discusión al ver que soy una persona anciana, con “experiencia en la vida”, suponen que puedo decirles quién de ellos tiene la razón y así evitar mayores discusiones. Esto sigue hasta la hora de los rezos de la tarde. Vuelvo al Beit Hakneset, y, en la pausa entre los rezos de la tarde y de la noche, se acercan unos iehudim para que estudie con ellos un poco de “Ein Iaacov”. Después de los rezos de la noche, estudio con algunos iehudim una hoja de Guemara, y al terminar vuelvo a casa a cenar. Más tarde, me siento a estudiar otro poco hasta que me siento cansado y me voy a dormir... Como anticipé, no estoy conforme con mi estado de Irat Shamaim y Servicio al Creador, terminó diciendo rabi Hilel.


El Admur escuchó, pensó un instante y dijo: por lo que veo, Ud. reza, estudia Tora, la enseña, y se ocupa de las necesidades de la congregación. ¡Aparte de todo esto también quiere sentirse satisfecho?!!! Oi vavoi, rabi Hilel, si además estuviera satisfecho!!!


De las palabras del Admur aprendemos que la vida en el camino de la Irat Shamaim, implica una búsqueda permanente de ascenso y arreglo de acciones. Si rabi Hilel estaría conforme de su situación, ya no buscaría ni intentaría mejorar sus cualidades. El rebe tiene la intención de preguntarle si ahora quiere sacar provecho de la Irat Shamaim que adquirió.


Nunca debemos decir que estamos conformes con nuestra posición espiritual, sino siempre buscaremos subir y mejorar un poco más. Los que piensan que cuando tengan una tranquilidad económica y social podrán servir mejor al Bore Olam, con soltura, sin presión ni preocupaciónes, se equivocan, y en forma! Ya que mientras tengamos “aliento de vida”, estaremos siempre en la guerra constante contra el ietzer hara. Y desde este punto de vista, la tranquilidad nunca llegará...


Y esto también le pasa a los jóvenes, que piensan que en el futuro podrán ocuparse mejor de lo espiritual porque ahora los molestan sus padres o sus amigos...


Por todo esto, Iaacov Avinu no podía pedir tranquilidad. Hakadosh Baruj Hu sabe que Iaacov la pasó “brava” con Esav y Lavan, y ahora quiere una pequeña pausa. Seguro que la pausa la quiere para fortalecerse más en Irat Shamaim y para servir mejor al Bore Olam. De ahí las palabras de Rashi: ¿no le alcanza a los justos lo que tienen preparado en el Olam Haba, también quieren tranquilidad en este mundo?


Mejor, sigamos en la lucha...

 

LADRAN SANCHO, SEÑAL QUE CABALGAMOS...


Escribió el “Baj”, al comienzo de las leyes de Januca: el principal motivo que provocó los decretos de Januca fue la “rutina” en el servicio al Creador, por eso los decretos imponían la anulación de dicho servicio. Uno de los decretos fue la anulación de los sacrificios diarios. Y les dijeron: ustedes tienen un precepto “en sus manos”, si lo anulan se sentirán perdidos. ¿Cuál es? El encendido del candelabro... Y los griegos impurificaron todo el aceite..., y sólo lo podrían recuperar mediante el arrepentimiento y la entrega total hacia el servicio (Shuljan Aruj, Oraj Jaim, 470).


Y entendemos las palabras del “Baj”. Al tener el Beit Hamikdash, diariamente hacían los sacrificios y encendían el candelabro, y estaban, en esa generación, “tranquilos” con esa “rutina”. Y este sentimiento está prohibido en cuanto al servicio al Bore Olam, por eso los decretos cayeron sobre la misma rutina. Y por ser que no reaccionaron por sus propios medios, Hashem provocó que a la fuerza reaccionen. Así como a Iaacov Avinu, al querer tranquilidad, Hashem le trajo más “guerra”, a los iehudim que supusieron que no debían esforzarse en ascender más y servir al Creador con todas sus fuerzas, Hakadosh Baruj Hu les trajo a los griegos con el permiso para anular los sacrificios y el encendido de las velas.


Si hubiéramos reaccionado a tiempo, enseguida habríamos vencido a los griegos. Pero, como seguimos con nuestra tranquilidad, se sumó decreto tras decreto hasta que la situación llegó al punto que los grandes sacerdotes casi, jas veshalom, olvidan la Tora y los preceptos de Israel (según el Ramban, parashat Vaiji). Porque la regla es que si la persona no despierta por sí sola, la empujan para hacerla caer. Al final, cuando Matitiahu ve hasta dónde habían llegado, se despertó con toda su furia! Y esta entrega en salvación del servicio al Creador, es la que mencionó el “Baj”, en una guerra de unos pocos débiles frente a muchos fuertes.

Este es el arreglo contra la rutina, por eso el milagro también fue en el servicio, en el encendido del candelabro. Y por eso los jajamim establecieron que nuestro precepto a cumplir en Januca, sea el encendido de las velas. Y también es la causa por la cual en Januca no hay ningún precepto de comer y beber, ya que el pecado, el decreto y el milagro, todo fue alrededor de lo espiritual.


Encontramos que los días de Januca, nos vienen a enseñar la forma en que debemos servir al Bore Olam en todos los días de nuestra vida. Debemos investigar nuestras acciones, y entrar en un estado “permanente” de búsqueda de elevación. Cuando tenemos dificultades y preocupaciones, saber que ese es el momento de actuar, vinimos al mundo para que nos “prueben” en esa situación, sin esperar días de tranquilidad en un futuro cercano o lejano. El que pide una pausa, recibirá pruebas que lo empujen a seguir peleando, o no. Por eso, cuando entraron en la rutina, en esos días, vinieron los decretos. Y finalmente fuimos merecedores de los milagros, solamente por el gran despertar que tuvieron Matitiahu y sus hijos. Todo esto gira alrededor del encendido de las velas de Januca, y nos enseña como debe ser nuestro comportamiento en este tiempo.


La vida es como una escalera con la base en la tierra y que llega hasta el cielo, y cada día intentaremos subir un poco más. A veces hay tropiezos, pero está escrito “siete veces caerá el justo y se levantará”. No es la intención decir que podemos caer y levantarnos, sino que así es el camino de la elevación, con tropiezos. Cuando vemos que tropezamos, es señal que estamos subiendo. Lo principal, no conformarnos, no quedarnos ni entrar en la rutina, buscar subir más. Y no desanimarnos ante un tropiezo. Las dificultades son pruebas que podremos superar, con la ayuda de Hashem...


La ley del encendido de las velas se estableció como dijeron “Beit Hilel”, que cada día aumentamos una vela más. Así también nosotros debemos ser y colocar nuestra vida en posición de ascenso constante, y el Bore Olam nos ayudará a fortalecernos y hacer frente a todos los obstáculos.

Lekaj Tov.

Leiluy Nishmat León ben Isabel z”l Rina bat Matilde z”l




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