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Shabat Shalom


No. 171 - Januca



Milagros eran los de antes


EN ESOS DIAS, EN ESTE TIEMPO


Los días de Januca son días de alegría, de agradecimiento y reconocimiento de los milagros. El milagro de haber ganado la guerra y el milagro del aceite. Los rezos que agregamos en Januca dicen: “por los milagros y las maravillas que hiciste a nuestros padres en esos días, en este tiempo”. La explicación más sencilla de estas últimas palabras es: como en los días del mes de kislev hubo grandes milagros, los jajamim fijaron este tiempo para estar alegres y agradecer y alabar al Bore Olam.


Igualmente, hay entre los explicadores, muchos que preguntan cómo entender el lenguaje de los rezos: “es esos días, en este tiempo”, ¿cómo en este tiempo, en los días en que nosotros estamos viviendo vemos milagros? Todos los relatos sobre milagros se refieren a hechos del pasado. Escuchamos sobre la partición del mar, en que el pueblo de Israel cruzó por lo seco, los milagros cuando los iehudim entraron a la tierra de Israel, los milagros que ocurrieron en el Beit Hamikdash, etc. ¿Por qué solamente en esas generaciones vieron milagros y nosotros no somos merecedores de verlos? En la generación del desierto, y con los Jashmonaim se vieron gran cantidad de milagros, ¿por qué nosotros no podemos ver lo mismo?


Puede ser que la pregunta no esté bien formulada, pero la respuesta, a mi entender, dice el rab hagaon Shimshon Pinkus ztz”l, no es nada simple, y nos exige un análisis más profundo, que nos va a mostrar otra “cara”, tal vez impensada, de los milagros en los días de Januca.

 

MILAGROS EXPUESTOS EN NUESTROS DIAS


Este fue un hecho real, relatado por el protagonista del relato, un hombre que vivía en una ciudad de Estados Unidos, que se ganaba la vida con su profesión, era doctor, y se volcó al estudio de la Tora hasta convertirse en un Talmid Jajam. No siempre fue un hombre que cuidó la Tora y sus preceptos. Si lo veíamos hace unos cuantos años, hubiéramos visto un “ciudadano” americano más, que trabajaba en la sala de guardia de un hospital. Uno de esos días, llega al servicio de urgencia una ambulancia que trae a un hombre sin conocimiento, que recogieron en la calle después de haber sufrido un paro cardíaco. Los médicos lo recibieron e hicieron todo lo posible, pero después de media hora de intentarlo todo, apagaron las máquinas y lo dieron por muerto. Todos se fueron del cuarto y antes de irse, nuestro doctor tuvo la sensación de que el “muerto” movió una mano. Pensó que fue un simple “reflejo”, cosas que suelen pasar, que un muerto tenga algunos movimientos súbitos. Pero inmediatamente percibió un movimiento del cuerpo, corrió la sábana que cubría su cara y con asombro y susto vio que el “muerto” estaba “vivo”.
El doctor comenzó a encender los aparatos para ocuparse de él, pero el “muerto” (o ex muerto) levantó su mano señalándole que no hacía falta ocuparse en curarlo. Le preguntó al doctor: “¿vos te llamás Jaim Meir?”
El doctor se puso pálido! Ese era su nombre iehudi, pero nadie lo llamaba así, todos lo conocían como “Barry”, solamente recordaba haber escuchado que su abuelo lo llamaba “Jaim Meir”. Y el enfermo continuó preguntando: “¿Te colocás los Tefilin todos los días?”, y el doctor contestó que nunca se los colocaba. “Desde hoy comenzá a ponértelos!”
Y otra pregunta: “¿Te alimentas con comida Kusher?”, otra respuesta negativa y otra orden: “Desde hoy comerás Kusher!”, y cuando terminó de decir esto, cerró sus ojos y volvió a ser el “muerto” que fue antes!!!
El doctor nos cuenta, que en ese momento, no sintió nada en especial. Entró en el cuarto de los médicos y les contó a todos eso “insólito” que le había pasado. Después de unos años, de a poco se fue acercando a la Tora, y retornó a sus fuentes, e incluyó a este hecho entre las causas que provocaron el gran cambio en su vida.


Este relato, como así muchos otros, nos enseñan algo muy importante. Hakadosh Baruj Hu gobierna el mundo en forma “natural”, con su agregado de milagros. Alrededor de cada uno de nosotros ocurren verdaderos milagros, cada día. Pero, no nos damos cuenta, pasan desapercibidos escondidos entre lo “natural” de las cosas. Millones de ondas de radio llevan voces de un lado a otro del mundo, pero sin un aparato receptor que las decodifique, no las podemos escuchar. El Bore Olam, nos llena de milagros “en este tiempo”, pero nuestro aparato receptor no funciona como corresponde, y no los vemos ni los escuchamos. El milagro sucedió pero falta el “ojo que ve y el oído que escucha”.
Sabemos también cuantos milagros podemos encontrar en la naturaleza, en la vida, en las plantas, en el cielo y en la tierra. Prestemos atención y llegaremos a decir: “vean Quien creó todo esto...”

 

HAKADOSH BARUJ HU ADELANTA EL REMEDIO A LA ENFERMEDAD


Hoy, él es el dueño de una panadería-confitería en Nueva York, en los años de la segunda guerra, en Europa, él y su hermana quedaron vivos en el bunker del “gueto”. Toda la familia murió y él sintió que tenía la responsabilidad de cuidar a su hermanita. Un día, salió del bunker a buscar algo para comer, y cuando volvió no la encontró por ningún lado. Gente que andaba por allí le dijo que vino un policía de la “gestapo” y se la llevó al campamento del ejército. Corrió como una fiera en busca de su presa, gritando: ¡Devuelvanme a mi hermana! Los policías que custodiaban los límites del campamento se burlaban de sus gritos y corridas. En ese momento, salía del campamento un oficial de alto rango, envuelto con medallas, que preguntó enojado: ¿qué son esos gritos aquí? Los guardianes le contestaron que se trataba de un judío que gritaba para que le devuelvan a su hermana. Este se dirigió al muchacho, y con una terrible frialdad le dijo: “Devolveremos a tu hermana el día en que te crezcan pelos en la palma de la mano!, ese día todos ustedes estarán ya muertos, judíos....”
El muchacho abrió su mano, y todos los que estaban cerca no quedaron menos que helados. Le mostró al nazi la palma de la mano llena de pelos!!!
El oficial empezó a gritar: “hijo del demonio!!!, agarrá a tu hermana, llevátela rápido y váyanse lo más lejos que puedan, antes que los mate”. Y se fueron, y siguen vivos, Baruj Hashem, hasta hoy.
Ese “milagro” se engendró cuando fue niño, que se quemó la mano, y los médicos le hicieron un injerto de piel que sacaron de un lugar donde la piel tiene pelos, por eso le crecían pelos en la palma de la mano.


¿Diremos que la explicación reduce o arruina el milagro? Para nada, el oficial tuvo que inventar una expresión imposible justo para él, para quien era posible. Y no solamente eso, sino que Hashem Itbaraj adelantó el remedio, y preparó esa salvación diez años antes del hecho. ¿Qué le falta a esto para ser un “super milagro”? Absolutamente nada. Parece ser un milagro más grande que muchos otros.
Vemos que hay milagros, falta solamente que nuestras antenas estén orientadas correctamente, afilar nuestros sentidos para entender los milagros que suceden cada día, de noche, de mañana y de tarde...

 

JANUCA, ENSEÑA A RECIBIR LA INFLUENCIA DEL MILAGRO


Los días de Januca están predestinados para ver y entender los milagros. “Este tiempo” de Januca, es tiempo de enseñanza. Aprendemos y “absorbemos” de ellos. Cuando un padre y su hijo están parados rezando, del lado del padre hay un precepto por cumplir: rezar; pero, del lado del hijo pequeño, no existe ningún precepto para que el pequeño rece. Pero este niño, usa los rezos del padre como un medio de aprendizaje. El ve y “absorbe”, observa y entiende que el padre está haciendo “algo”, y eso, la forma en que el padre reza, se graba profundamente en su alma. Toda actividad de enseñanza, construye una base más, una columna adicional en el edificio de la educación de los niños. Así los chicos van creciendo, mirando y recibiendo, van cambiando y se van “haciendo” grandes...


La preparación espiritual de los jashmonaim “en esos días” consistía en estar preparados para aprender de los milagros. Tienen el “receptor” adecuado, por eso Hakadosh Baruj Hu les puede “mostrar” los milagros y las maravillas. El haber llegado a una altura espiritual capaz de comprender el milagro, les da la posibilidad de aprender de ellos, y de cambiar su forma de actuar, por eso el mostrar el milagro tiene ahora una finalidad específica y ellos se hacen merecedores de verlos.


En Januca, recitamos el “Halel” y estamos alegres porque una botellita de aceite que podía arder un día, continuó ardiendo ininterrumpidamente durante ocho días. Jazal dijeron (Talmud Babli, tratado de Shabat 22b), que la vela occidental del Beit Hamikdash ardía durante años, sin apagarse. Durante cientos de años, en el Mishkan y en el Beit Hamikdash, ocurría el milagro de que en el candelabro, el aceite que podía alcanzar para una noche, ardía gran cantidad de tiempo, entonces, ¿cuál es el tan mentado milagro del candelabro y el aceite de Januca?
La respuesta es que en Januca, estamos predispuestos a recibir el mensaje del milagro, entender que Hashem nos está hablando, y nos pide que tomemos enseñanza. Aprendemos en Januca que Hakadosh Baruj Hu tiene el poder absoluto sobre toda la Creación, hizo, hace y hará todos los acontecimientos del mundo, tanto naturales como milagrosos, tanto revelados como ocultos...

 

JANUCA – PARA AGRADECER Y ALABAR


Los días de Januca sirven de ayuda para hacer “despertar” nuestro poder de recepción, para lograr apreciar los milagros que nos hace el Bore Olam, y comprender como gobierna Su Mundo con favor y piedad.
Y en especial, para reconocer este comportamiento en momentos no del todo gratos, siempre Hashem tiene preparada la salvación.


Un grupo de cuatrocientos iehudim con ciudadanía alemana, se refugiaron en Inglaterra en tiempos de guerra. Los ingleses no podían proteger ciudadanos alemanes para no caer en la sospecha de que albergaban espías. Por eso, los pusieron en un barco comercial con destino a Australia, y liberaron presos para que trabajen como marineros en el barco. Al salir del puerto, los marineros tomaron el poder del barco y robaron a los iehudim todas sus pertenencias. Lo que no les sirvió lo arrojaron al mar, y los iehudim vieron como todas sus cartas personales, recuerdos, fotos, todo se perdía para siempre... Lamentaron mucho la pérdida y dijeron: “¿Que nos está haciendo Hashem?!!” Así, despojados de todo, anclaron en Australia.
Hace unos años, decenas de años después de ese viaje, un iehudi encontró el diario de un oficial alemán que en la guerra estaba a bordo de un submarino. Allí cuenta sobre ese barco comercial inglés que apareció en el radar del submarino. Un barco comercial, sin soldados, que andaba por el mar como si estuviera perdido. Recibieron la orden de hundirlo, dispararon, pero no tuvieron la certeza sobre el éxito de los tiros. Lo que detectó el radar fue pertenencias desparramadas en el mar alrededor del barco. Un buzo recogió parte de ellas y al revisarlas encontraron escritos en idioma alemán de ciudadanos alemanes. Así estaba escrito en el diario: “Estábamos alegres de no haber hundido un barco con alemanes como nosotros. Recibimos la orden directa del “Imaj Shemo”, que nos encomendó acompañar al barco hasta su destino”.
El barco llegó a Australia, descendieron los ciudadanos alemanes, y en su viaje de regreso a Inglaterra, los alemanes lo hundieron...
Durante cuarenta años los iehudim lloraron por sus recuerdos perdidos en el fondo del mar. Después, se enteran que todo fue el favor de Hakadosh Baruj Hu, que con ese milagro los hizo llegar a puerto seguro. Todo estaba preparado, también los presos que fueron marineros, detalle por detalle.


Los milagros están, pero no los percibimos. Por eso los jajamim fijaron los ocho días de Januca, para agradecer y alabar, para abrir nuestro sentido de comprensión. Para aprender a sentir lo que nos rodea en el mundo en que vivimos. Porque no solamente los milagros son milagros, lo que nos parece natural también es milagro, como dice el Ramban (perashat Bo): “todo es milagro, nada de lo que ocurre en el mundo es natural”.

 

AGRADECER LA GRACIA, EL FAVOR Y LA PIEDAD


Tenemos, en las bendiciones sobre las cosas que nos traen placer, varios grupos. Una bendición en especial, al pan, que se acompaña con otra bendición posterior también especial: el “bircat hamazon”. Hay otras bendiciones como por los frutos del árbol o de la tierra, etc. Pero, hay una bendición que comprende muchas, y muy específica: el que ve árboles lindos, o un paisaje particularmente hermoso, o alguna cosa que sale de lo común, bendice: “Bendito que así es Su Mundo” (Shuljan Aruj, Oraj Jaim, 225 y el Mishna Berura aclara que hoy no se acostumbra bendecir pero es bueno bendecir sin “Shem Umaljut”).


Agradecemos a Hashem que su mundo es ASI. Bendecimos a la belleza con que el Bore Olam creó el mundo. No bendecimos a una persona sabia ni a un hombre fuerte. La bendición recae sobre ver algo lindo. ASI es su mundo, ASI de lindo.
Imaginemos un mundo creado solamente con dos colores, blanco y negro. ¿Cómo se vería la vida? Veamos que el favor es muy grande al crearlo lleno de colores. Agradecemos a la gracia, el favor y la piedad, pero antes que al favor, a la gracia. Por la belleza de la Creación y por la inteligencia con que Hashem nos creó. Y nuestros ojos, los creó para que los usemos, y veamos las maravillas del mundo.

Nefesh Shimshon.

Leiluy Nishmat León ben Isabel z”l – Rina bat Matilde z”l




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