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Shabat Shalom


No. 172 - Miketz



¿DONDE ESTAN LAS VACAS GORDAS?

“y el faraón deberá buscar un hombre entendido y sabio,
y colocarlo al frente de Egipto”
(Bereshit 41,33)


Después de que Iosef interpretó los sueños del faraón, él mismo le aconseja que debe conseguir un hombre inteligente, que sea responsable para juntar y guardar toda la comida posible que sobre de los años de abundancia. Y pregunta el rab hagaon Eliahu Lapian ztz”l: ¿quién dijo que hace falta astucia o inteligencia para esa función? ¿para juntar y almacenar comida hacen falta otras condiciones además de ser una persona ordenada?
Puede ser cierto, que con un poco de orden sea suficiente, pero eso cuando hablamos de condiciones normales, una persona encargada de un depósito solamente debe ordenar la mercadería que recibe. Acá estamos tratando un caso especial, por eso también hace falta una inteligencia especial. Es sabido, que en tiempos de abundancia, y en particular en esta situación, donde la interpretación de Iosef habla de siete años de gran prosperidad, la gente puede llegar a no darle importancia al valor de la comida. Al saber que la comida sobra por todas partes, nadie se ocupa de cuidarla y menos de almacenarla. Ni siquiera consideran que están pecando al tirarla, al ver que hay comida por todos lados. En cambio, en los tiempos en que hay que apretarse los cinturones, tiempos de sequía o inundación, o cualquier otro motivo que provoque que la comida falte, la gente busca guardar hasta el más pequeño de los granos de trigo. Cualquier resto de comida lo consideran como un manjar exclusivo para los reyes, y son conocidos los relatos que nos describen los tiempos en que la comida faltó, Hashem nos proteja...
La inteligencia que se requiere para esta ocasión es la de una persona que pueda ocuparse de almacenar comida en los tiempos de abundancia, teniendo la cabeza puesta en los tiempos de escasez, o sea, aprovechando y almacenando todo, hasta lo que parezca insignificante. Y esto no es un trabajo para un simple empleado de depósito... Una persona con los pies sobre la tierra, pero que puede planificar con visión de futuro, para eso hacen falta cualidades muy específicas, que son las que Iosef le hace ver al faraón.
Nosotros, en este mundo, nos encontramos en una situación similar en cuanto al cumplimiento de los preceptos. Estamos en un mundo que tiene una infinita prosperidad, en la posibilidad de cumplir preceptos. Hay una tremenda abundancia de preceptos por cumplir. Durante setenta años, y para los fuertes, ochenta años, como dice David Hamelej en sus Tehilim, tenemos la gran posibilidad de almacenar y almacenar preceptos y méritos en proyección al mundo venidero. La vida en el Olam Haba con respecto al cumplimiento de los preceptos se compara a los años de hambre. Cuando el hombre llega a ese mundo, ya no puede agregar nada a sus méritos, lo que consiguió en el Olam Haze entra en la cuenta, y se terminó.
El Gaon de Vilna, lloraba cuando se le acercaba el momento de morir. Los que lo acompañaban estaban sorprendidos, ¿por qué lloraba un hombre tan grande del pueblo de Israel, que toda su vida la había dedicado al estudio de la Tora sin pausas, y del que no cabían dudas de que tenía la entrada asegurada al Olam Haba? El Gaon tomó sus “tzitzit” en su mano y dijo !Qué difícil es para mí separarme de este mundo! El único lugar donde se puede llegar a escalas tan elevadas utilizando cosas tan pequeñas. Un precepto tan sencillo, tan simple, como el vestir tzitzit, que se puede conseguir por unas monedas, y con el que se puede llegar a una categoría de cumplimiento tan alta, hasta poder estar casi junto al Bore Olam. Y allá, en el Olam Haba, ¿dónde podemos encontrar algo como esto?...
Entonces, vemos que lo que le sugiere Iosef al faraón son las condiciones que debe tener todo iehudi, todos debemos ser entendidos y sabios para comprender que en este mundo de abundancia de preceptos, no podemos desperdiciar ni el más pequeño, ya que después iremos al mundo de “sequía de preceptos”. Debemos medir todos nuestros actos pensando en el futuro, en el mundo venidero. Y el recordar el “hambre” de preceptos del Olam Haba, nos ayudará a correr detrás de los preceptos en este mundo con más alegría.


* * *


Dos naciones se encontraban en guerra, una guerra que ya llevaba muchísimos años. Un día, el rey de una de las naciones anunció que la persona que pueda dar un consejo para darle fin a esa guerra interminable, recibiría un premio sensacional: el permiso para entrar durante cinco minutos al lugar donde están guardados los tesoros reales. En ese tiempo, el premiado podrá tomar todo lo que pueda juntar, y llevarlo consigo. Pero no tendrá un segundo más...
Y así fue, en unos pocos días, una persona dio un consejo que terminó con la tan extensa guerra, para alegría del rey y de todo el pueblo. Y como fue la promesa, se fijó el día en que esta persona entraría al lugar donde estaban los tesoros reales para tomar lo que pueda en sólo cinco minutos.
El día se iba acercando, y el rey estaba muy preocupado. Por un lado, tenía miedo de que esta persona pudiera, en ese tiempo tan corto, sacar una parte muy valiosa e importante de sus tesoros. Por otro lado, como rey, era imposible retractarse y anular el premio convenido. El rey reunió a sus consejeros y les pidió ayuda para afrontar la situación.
Uno de los asesores se levantó y pidió la palabra: tengo una idea de como el rey puede cumplir con su palabra e, igualmente, lograr que el daño no sea muy grande. Yo sé, porque lo conozco, que el que tiene que venir a buscar el premio adora la buena música. Ese día, podemos traer al palacio a los mejores cantantes del país, con la mejor orquesta. No me cabe la menor duda que la belleza de los acordes lograrán distraer al hombre, aunque sea por algunos instantes, con lo que no podrá sacar de los tesoros todo lo que se proponga.
Y al rey le gustó la idea. Cuando llegó el gran día, el agraciado se vistió ropa de gente adinerada. Lo mismo hizo toda la familia que lo acompañaba al gran evento.
Aunque no tenían un centavo, adquirieron todo a cuenta de la gran riqueza que lograría retirar de los tesoros del rey. Reservaron un carruaje, para que los pase a buscar por la casa y los lleve hasta el palacio real. La familia lo acompañó hasta la puerta del tesoro, y con impaciencia esperaban que salga envuelto en todo tipo de riquezas.
Al entrar, el hombre se sorprendió al escuchar una melodía muy hermosa. Por un momento se quedó “duro”, pero enseguida recordó para qué estaba allí, y entró rápidamente al interior del cuarto. Cuando se estaba acercando a unas valiosas piedras con oro y plata, otra vez se detuvo, la orquesta agregó un instrumento que aumentó la dulzura de la melodía. Otra vez, reaccionó y se dijo a sí mismo: “No te olvides para qué estás acá!!” De nada le sirvió su reacción, los cantantes afilaron sus voces y más instrumentos consiguieron distraerlo nuevamente. La música era tan dulce y maravillosa, hasta que cuando se inclinó para meter algunas cosas dentro de una bolsa, sintió la mano de un hombre que presionaba muy fuerte sobre su hombro y lo empujaba hacia afuera: “el tiempo terminó!, fuera!”
Impotente, con mucha tristeza y también con bronca, el hombre salió de su “sueño”. Toda la vida seguirá siendo el mismo pobre de siempre por dejarse arrastrar por la dulzura de una melodía, y olvidar lo que debía hacer. Así perdió la gran oportunidad de enriquecerse.


* * *


Así puede ser para nosotros (esperemos que no), para el iehudi que llega al mundo de la verdad. Los días de nuestra vida en este mundo son tantos como cinco minutos, comparados con la eternidad de la vida del Olam Haba. El ietzer hara sabe muy bien todo lo que el hombre puede conseguir, la gran riqueza que podemos acaparar en el Olam Haze.
Y para “distraernos”, el ietzer pone en nuestros oídos todo el tiempo, toda clase de “dulces melodías”. Todo tipo de consejos, de todas clases, parece que tuviera permiso para usar todo el mundo en nuestra contra, todo para hacernos olvidar nuestra finalidad en este mundo. De vez en cuando, Baruj Hashem, nos acordamos para qué estamos acá y pretendemos ser “entendidos y sabios”, estudiar mucha Tora, cumplir muchos preceptos, pero el ietzer siempre encuentra el agujerito, la fisura por donde entrar y otra vez nos hace olvidar nuestra obligación, nuestra misión en el mundo.
Pero nosotros somos diferentes al hombre que entró al tesoro real. Para nuestra fortuna. El hombre no sabía que al entrar se encontraría con una orquesta y cantantes que intentarían distraerlo. Si lo hubiera sabido de antemano, se hubiera preparado para evitar cualquier tipo de distracción.
Bendito nuestro D-s, que nos creó para que lo honremos, y que nos descubrió sus secretos, y la forma en que debemos servirlo.
Nosotros ya sabemos que existe el ietzer hara,
y que busca continuamente distraernos, enfriarnos, para eso existe, es su misión. Quiere evitar que sirvamos al Bore Olam en la forma debida.
Hashem nos habló sobre su existencia y también nos advirtió (Kidushin 30): “Yo Hice el ietzer hara, e Hice al la Tora para combatirlo. Si ustedes se ocupan de la Tora no podrán caer en sus manos”.
Con estos consejos que nos da Hakadosh Baruj Hu, nos facilita el trabajo, entonces, manos a la obra...

Lekaj Tov.


Leiluy Nishmat León ben Isabel z”l – Rina bat Matilde z”l




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