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Shabat Shalom


No. 179 - Itro



SIEMPRE FUIMOS COMPAÑEROS...

Mil generaciones antes de la entrega de la Tora, la Tora ya estaba terminada en la "mesa de trabajo" de Hakadosh Baruj Hu. La cuenta resulta muy sencilla, la Tora se adelantó novecientos setenta y cuatro generaciones a la Creación del mundo, y se entregó a los hijos de Israel veintiseís generaciones después de la Creación. Cualquier persona con un poco de inteligencia, entiende que para tener el mérito de recibir semejante regalo, de tan alto valor, los "agraciados" necesitan poseer una espiritualidad muy especial. Vienen Jazal y nos descubren que el pueblo de Israel tuvo el mérito de recibir la Tora, solamente después de que estuvieron "unidos y en paz"!!! Así está escrito en la Mejilta, y más explícitamente en el "Tana Debei Eliahu": la paz es muy importante, y podemos ver que en todos los viajes que tuvieron los hijos de Israel en el desierto, está escrito “y viajaron y acamparon”, viajaron entre discusiones y acamparon entre discusiones. En cambio, cuando llegaron al monte Sinai, dice allí que acamparon de una sola vez, como está escrito en el versículo: “...y acampó allí Israel, frente al monte”. Dijo Hakadosh Baruj Hu: gracias a que el pueblo de Israel demostró que odia las discusiones y se aferró a la paz, por eso acamparon de una vez, llegó el momento en que puedo entregarles Mi Tora!!!

Y, desde luego, todo esto pide a gritos una explicación. ¿Cómo podemos entender que la paz signifique tanto, que por su mérito Israel se convierte en digno de recibir la Sagrada Tora? Esto nos obliga a suponer que se trata de una “paz” con mayúsculas, una paz muy especial, que, para poder alcanzarla nos exige una gran elevación espiritual. Para intentar entender, profundizaremos en el versículo que acabamos de mencionar: “...y acampó allí Israel...” (Shemot 19,2). Este versículo comienza en singular (acampó), pero la continuación nos muestra que estamos hablando de un pueblo entero... Por eso los jajamim fueron meticulosos en esta diferencia, y así explicó Rashi: “como un solo hombre, con un solo corazón, pero en los demás viajes, hubo peleas y discusiones”. La Tora expresa el lenguaje en modo singular para enseñarnos que la unión entre la gente era tan fuerte, que todo un pueblo

se compara con una sola persona. Algo parecido encontramos también en Rashi sobre el versículo “y egipto los persigue por detrás”, al principio de la perashat Beshalaj. Allí también la Tora usa el modo singular cuando habla de un pueblo entero, pero Rashi, explica: “con un solo corazón, como un solo hombre”, así era la unión que había entre ellos...

La explicación que nos da Rashi sobre los dos versículos se ve idéntica, en los dos menciona a un pueblo entero en modo singular para demostrar la unión de pensamientos que existía en todo un pueblo. El “Abnei Nezer” encuentra una diferencia entre la unión que existía entre el pueblo de Israel y la unión dentro de los soldados egipcios que perseguían al pueblo de Israel. Aquí, en nuestra perasha, Rashi explica “como un solo hombre, con un solo corazón”, en cambio, en la perasha anterior, cambia el orden de las palabras: “con un solo corazón, como un solo hombre”. Está en nosotros descubrir ahora si este cambio de orden tiene alguna significancia...

Estudiamos en el capítulo 5 del Pirke Avot: un amor que depende de alguna cosa, cuando esta cosa desaparece, desaparece el amor, en cambio, cuando un amor no depende de nada, nunca desaparecerá... Hablamos acá de dos tipos distintos de amor, un amor que depende de un factor externo y otro que no depende de nada. El primer caso lo encontramos entre personas que, normalmente, no tienen una relación cotidiana, y hasta en algunas ocasiones pueden llegar a pelearse, pero, de todas formas, se “juntan” para conseguir algo en especial. También, particularizando, una persona querrá relacionarse con quien tiene contacto con muchas personas, aprovechando esos contactos para establecer negocios que le permitan lograr importantes ganancias. A este tipo de uniones, no podemos llamarla “verdadera”, no podemos decir que exista aquí una unión desinteresada, ya que al alcanzar el objetivo o descubrir que este resulta inalcanzable, la unión se da por terminada. Esta es la clásica unión que depende de otra cosa, la unión o el amor vienen por la necesidad de alcanzar una meta específica sin que exista una unión desinteresada. En cambio, el verdadero amor, la unión que no depende de nada, es una unión sin “cálculos” auxiliares. Es algo verdadero, sincero, por eso trasciende en el tiempo...

Y la unión que existía entre los egipcios, corriendo detrás del pueblo de Israel, entra en la categoría de unión que depende de otra cosa. El objetivo, asociarse para perseguir a los hijos de Israel, los convierte en “un solo hombre”. Por eso Rashi explica y puntualiza “un solo corazón”, o sea, una sola voluntad, de ahí que podemos decir que son como si fuera un solo hombre.

En la otra punta, el amor que existía en todo el pueblo de Israel, en el momento en que acampan frente al monte Sinai, era un amor “completo”, que no dependía de ninguna otra cosa. Por eso Rashi cambia el orden, enfatizando que es realmente como un solo hombre. Y un solo hombre, por supuesto, tiene solamente un corazón, entonces Rashi agrega esas palabras en su explicación, “con un solo corazón”. La profundidad de este concepto, que hay un corazón en un solo hombre, implica que cada miembro de la persona va detrás de una única voluntad, la voluntad de su corazón, cosa que no da lugar a envidias, odios ni competencias. No existe en una persona que la mano izquierda se pelee con la derecha para realizar determinada tarea. Al contrario, cada miembro colabora con los restantes para que se ejecuten las órdenes del corazón. Este es el ejemplo de una unión completa, la unión que existía entre los hijos de Israel, todos eran como una persona que hace con todos sus miembros la voluntad de su corazón. Entendemos cómo y por qué el pueblo de Israel sintió odio hacia las discusiones y se aferró a la paz, y viajaron y acamparon de una sola vez, porque llegaron a la categoría más alta, “como un solo hombre”.

Veamos ahora, cómo se puede alcanzar esa categoría, y así también comprenderemos por qué “es más grande la paz”, hasta el punto que por su mérito Hashem decidió que ese era el momento de entregarnos Su Tora!

El rab hagaon Eliahu Lupian ztz”l nos enseñó el significado del amor verdadero. Imaginemos, decía, una persona que ingresa a una casa de comidas y se sienta junto a una de las mesas. Se acerca el mozo y le pregunta cuál es la comida que es de su agrado (en hebreo, el verbo que se utiliza para preguntar qué desea, es precisamente el verbo “amar”). El hombre responde que le gusta mucho comer pescado. El mozo se pierde detrás de la puerta de la cocina, y al cabo de unos pocos minutos regresa con un plato lleno de distintas clases de pescados. Un hombre, que estaba en la mesa vecina y que escuchó el diálogo entre el hombre que “amaba” a los pescados y el mozo, espera con ansiedad ver que hará ahora el hombre con sus “amores”.

Como era de esperar, el hombre pinchó los pescados con el tenedor, y con el cuchillo que tenía en la otra mano, los cortó en pedacitos y fue metiendo uno a uno en su boca, mostrando que tenía un “buen apetito”. El hombre que miraba quedó estupefacto: ¿así se acostumbra hacer con quien amamos? La respuesta a la pregunta, dijo rabi Eliahu ztz”l, es que, efectivamente, eso no es lo que hacemos con nuestros queridos. En realidad, una persona no “ama” a los pescados, sino que se quiere a sí mismo. El amor que se tiene genera esa situación, por medio del comer pescados que satisfacen su deseo.

El verdadero amor proviene de la palabra “dar”, entregar, entregarse. Cuando el corazón “derrama” amor, pretende hacer un bien con otra persona, regalarle una satisfacción. Cuando la Tora atestigua sobre Iaacov Avinu y dice: “...y fueron a sus ojos como días contados por el amor que sentía hacia ella” (Bereshit 29), la Tora tiene la intención de hacernos saber que aquí estamos hablando de un amor verdadero. El amor de Iaacov implica que él no está esperando que llegue el día del casamiento con Rajel para su satisfacción personal, sino que su deseo, su espera significa para él, el día en que podrá “regalarle” a Rajel la satisfacción de haber conseguido ser la esposa del “elegido” entre nuestros ancestros. Y para poder llegar a esta categoría espiritual hay un solo camino, anular nuestra voluntad personal! Ojo, esto no significa decir que me convierto en una persona sin personalidad. Anular nuestra voluntad personal implica dejar de lado nuestros deseos puramente materiales y egoístamente personales en pos de satisfacer las necesidades de nuestros semejantes, es decir “pensar para los demás”.

Y este es el camino que lleva a la unión verdadera. Cuando todos pensamos en las necesidades de los demás, y dejamos de lado el egoísmo, esto convierte a la unión en “un solo hombre”. Y podemos sentir miedo que al pensar en los demás nadie se ocupará de nosotros. Imposible. Así como yo pienso en todos los demás, todos los demás se preocuparán para que a mí no me falte nada!!!

¿Por qué no podemos llegar a esta categoría? Mirémonos primero al espejo, pero bien, este último tiempo pensábamos que nosotros queríamos a “fulano”, pero a la “hora de la verdad” descubrimos que no queremos a nadie más que a nosotros...

Cuando “rinde”, cuando “vale la pena” ser amigos de tal persona, como por ejemplo, ser amigos de una persona que reparte “caramelos”, o regalos, o simplemente porque resulta “ameno” ser amigo de esta persona, entonces decimos que “queremos a esta persona”.

Y la verdad es que nos queremos solamente a nosotros. Veamos cuando alguien pellizca cariñosamente el “cachete” de un niño. Allí pensamos que el hombre “quiere” al niño. Y no es correcto, si quiere al niño, entonces no tiene por qué pellizcarlo, eso le puede doler al niño.

Sólo es una satisfacción para sí mismo, porque le gusta sentir que está pellizcando ese cachete tan gordito del chico...

Un ejemplo claro del verdadero amor lo encontramos en un relato conocido, sobre ese hombre tan justo que nació en Ierushalaim, el rab Arie Levin ztz”l, cuando una vez va al médico le dice: “la pierna de mi señora nos duele”. El doctor no entendió que pretendió decirle, pensó que el rab se confundió al hablar. Entonces el rab no tuvo otra alternativa que explicarle que cuando a la esposa le duele la pierna, el dolor es “compartido” entre ambos. Esto es “como un solo hombre”.

Como conclusión, vemos que el camino hacia la verdadera unión, es la anulación de la voluntad personal, buscando satisfacer las necesidades de nuestros semejantes. Así entendemos el por qué esa unión fue tan importante como para que desencadene la posibilidad de recibir la Tora. La predisposición, la entrega de cada persona a su compañero, es la base, es el principio, es lo que nos abre la puerta para que tengamos qué decirle al Bore Olam. Pensando así podemos considerarnos que estamos “sirviendo” a Hashem.

Y esto también es lo que incluye el “naase venishma” (haremos primero y después escucharemos), primero haremos la voluntad del Creador, anulando la nuestra y sin haber escuchado el por qué! Así ratificamos que nuestra voluntad pasa a segundo plano, primero está todo lo que Hashem ordene (por supuesto, con la plena convicción de que Hashem quiere unicamente nuestro bien, y sabe mejor que nadie que es lo mejor para nosotros). El hecho de que los hijos de Israel son como un solo hombre, proclama que son dignos de ser servidores de Hashem, ya que un servidor honesto cumple solamente con la voluntad de su dueño.

Todos los pueblos del mundo tuvieron la posibilidad de recibir la Tora. Pero ellos preguntaron qué estaba escrito en ella, como condición previa a recibirla. Por eso no la merecieron, porque no estuvieron dispuestos a anular la voluntad personal. La pregunta (¿qué está escrito?), atestigua que no están dispuestos a recibir órdenes, que no quieren someterse a nada, por lo tanto, no pueden recibir la Tora que puede intentar imponerles algo a lo que no están decididos.

Dos cosas aprendimos en este desarrollo, una en nuestra relación con nuestros semejantes y la otra en nuestra relación con el Bore Olam. La primera: ¿qué significa “amar al prójimo como a nosotros mismos”? Entregar a nuestros compañeros, sin preocuparnos por lo que a nosotros nos falta. Esto no es fácil y requiere acostumbramiento, ya que siempre, pero siempre, nos fijamos en lo que nosotros queremos (y no en lo que necesitamos). Y esto convierte a nuestro compañero en nuestro “querido”, y esto es amor, contra lo que el mundo intenta inculcarnos contínuamente, PRIMERO YO!!!, que cada uno tiene la obligación de pensar en sí mismo. Pero la Tora nos enseña que la vida del pueblo de Israel debe ser “como un solo hombre, con un solo corazón”.

Así llegamos al segundo aprendizaje, anularnos para cumplir con la voluntad de Hakadosh Baruj Hu es la base del servicio a Hashem. Y quien se impone a sí mismo vivir una vida unida con la verdad, que explicamos, a nuestros compañeros, puede llegar a la categoría espiritual y “relacionarse” con Hashem como Hashem quiere.

Porque el que se “entrega” a su compañero, el que resigna su propia voluntad, será también un “servidor fiel” al Bore Olam. Esa es nuestra obligación, conducirnos con humildad y con un verdadero amor a nuestros semejantes.

Lekaj Tov.

Leiluy Nishmat     Sara Rajel bat Moshe z”l




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