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Shabat Shalom


No. 183 - Ki Tisa



HOY NOS TOCA DESCANSAR


“... para que sepan que Yo Soy Hashem, El que los santifica”

(Shemot 31,13)


Trae el Talmud Babli, tratado de Shabat (10b): le dijo Hakadosh Baruj Hu a Moshe Rabenu: tengo un regalo muy bueno en mi salón del tesoro y se llama Shabat, Yo te pido que se lo entregues al pueblo de Israel, andá e informales...

El día de Shabat fue el regalo más importante que Hashem nos dio, y solamente a nosotros, al pueblo de Israel, de la misma forma que un novio y una novia se dan regalos mutuamente después de que formalizaron su compromiso y fijaron la fecha de su casamiento. Puede ser que ocurra, que los novios dejen repentinamente de verse.

Entonces, la calle se llena de “voces”, todos quieren saber qué estápasando, ¿por qué dejaron de verse?, ¿acaso se rompió el compromiso? La cosa no está del todo clara, aunque dejaron de verse, puede ser que el motivo no sea la ruptura del compromiso sino alguna otra cuestión, ya que todos ven que la novia luce el anillo de diamantes que el novio le regaló. Pero, si escuchamos que la novia devolvió al novio ese hermoso presente, que ya no lo luce en su mano, ahora no cabe ninguna duda, está todo a la vista, no se verán más, se devolvieron los regalos...

Lo mismo pasa con el Shabat Kodesh. Es el regalo de mayor categoría, de más valor, que Hakadosh Baruj Hu le dio al pueblo de Israel, y es el símbolo que refleja el estado de la relación entre Hashem y su pueblo, el pacto eterno, que debemos cumplir a lo largo de todas las generaciones. Y si vemos que la novia, la congregación de Israel, desprendió el valioso regalo de su mano y se lo arrojó al novio, o sea, ya no se preocupa por el cumplimiento del Shabat, es la señal que muestra que se interrumpió, jalila, el nexo entre Hakadosh Baruj Hu y el pueblo de Israel, ya no estamos comprometidos, ya que si no cumplimos el Shabat con todas sus particularidades, es como devolver, arrojándolos, los valiosos regalos que entregó el novio.

Una vez le contaron al Jafetz Jaim lo que pasó en la ciudad de Vilna, con un rab, que en la víspera del Shabat fue de negocio en negocio para advertir a los comerciantes, para que cerraran sus negocios antes de la puesta del sol. Con uno de ellos tuvo una fuerte discusión, hasta que el comerciante llamó a la policía y pidió que encarcelaran al rab, que perturbaba la tranquilidad del lugar y no le permitía concretar sus negocios.

Y sobre esto dijo el Jafetz Jaim ztz”l, toda mi vida estuve preocupado sobre este tema, ¿cuándo llegaría esta situación a mi lado para intentar cumplirla? ¡Llegar a estar preso por honrar el Shabat! ¡Dichosa la persona que haya merecido semejante regalo: pasar Shabat encarcelado por cuidar la santidad del Shabat!!! ¡Espero que alguna vez yo también pueda tener parte en semejante recompensa!!!

“Y los hijos de Israel cuidarán el Shabat...” (Shemot 31,16)

El Shabat es el “corazón” de nuestro pueblo. Y debemos aplicar para cumplirlo todos los cuidados que estén a nuestro alcance.

Había un montón de médicos que estaban tratando simultáneamente a un paciente, que tenía varias dolencias, y cada uno de ellos era especialista en determinada rama de la medicina. Cada uno se ocupaba del mal que sabía tratar mejor y se dedicaba específicamente a cierto órgano del cuerpo del enfermo. Entre ellos había un gran cardiólogo. Llamó a todos los médicos a un costado y les dijo: mientras ustedes se esfuerzan buscando el origen de cada mal y el remedio para el tratamiento de cada órgano del cual la vida no depende, el paciente puede morirse, permítanme primero ocuparme del corazón del paciente, de tratarlo para que funcione perfectamente, de lo contrario todo el esfuerzo que están haciendo será en vano.

Sepamos que sin el Shabat no puede existir el pueblo de Israel. Doce veces aparece el tema del Shabat en nuestra Tora Sagrada. Todos los profetas reprocharon al pueblo para que se fortalezcan en el cuidado del Shabat. No encontramos jamás, que Hakadosh Baruj Hu castigue, “en persona”, salvo por el cuidado del Shabat y por maldecir el Nombre, jas veshalom.

En la época de Ezra Hasofer, el pueblo de Israel era digno merecedor de que se le hicieran milagros, como le hicieron en la época de Ieoshua Bin Nun, pero, no supieron aprovechar la situación y pecaron... ¿Cuál fue el pecado? Trescientos hombres se casaron con mujeres extrañas (de otros pueblos). Eso impidió que Israel se convierta en un pueblo autónomo, y provocó, después de una espera de más de treinta años, que pase a ser una pequeña provincia sometida al dominio del imperio persa. Eso “gracias” a los trescientos matrimonios mixtos, trescientos hombres de un pueblo de cuarenta mil hombres, ni siquiera el uno por ciento del pueblo!!! Pero el pecado colgaba de los cuellos de todo Israel. Si ahora vamos a calcular la cantidad de iehudim que profanan el Shabat (y no hablamos en estos días, el relato cuenta con más de ochenta años), que suman, lamentablemente, mucho más que el uno por ciento, seguro que esta cantidad impide la llegada del Mashiaj Tzidkenu...

Si a una persona le falta algún miembro u órgano, no estamos obligados a decir que va a morir. Puede seguir viviendo por muchos años, con la ayuda del Creador. Va a faltarle algo, tendrá alguna discapacidad, pero lo más importante, tiene vida! Pero si a alguien le falta la cabeza, el resto de los órganos no tienen ningún valor, por más completos, fuertes, sanos y saludables que estén, en nada podrán ayudar para la continuación de la vida. Si una persona no puede cumplir determinado precepto, como cada precepto está relacionado a un miembro del cuerpo, ese miembro estará debilitado, pero todavía llamamos a este hombre, un hombre iehudi. Pero cuando deja de cumplir el Shabat, dejó de ser un iehudi!, el Shabat es nuestra bandera, el Shabat “grita” que somos iehudim, y ahora esta persona se considera nula!!!

Investigando la causa del “abandono” del cumplimiento de este precepto fundamental para nuestra continuidad como pueblo (recordamos que el texto remonta ochenta años hacia atrás), encontramos una, entre otras, que el ietzer, como siempre, engaña a la persona, haciéndole creer que si el día de Shabat no lo“aprovecha”, trabajando, después le faltará el ingreso de dinero correspondiente a ese día. Y sabemos qué grande es el error, ya que por el contrario, el Shabat es la fuente de todas las bendiciones, y por el mérito de su cuidado, la bendición siempre llega a la ocupación de cada persona, cubriendo toda posible sospecha de “pérdida” atribuible al cumplimiento del Shabat Kodesh, de la misma forma que encontramos con el “Man”, el pan que bajaba del cielo, al cual Hakadosh Baruj Hu ordenó NO salir a buscar el Man en el día de Shabat, y el que saliera no encontraría nada, había que juntar “doble” los viernes para que nos quede la porción para Shabat, y el que juntaba de más en un día cualquiera y lo guardaba para el día siguiente, se le pudría y se llenaba de bichos, pero al que guardaba del viernes para Shabat, no le pasaba nada, todo para demostrarnos la bendición que tiene el día de Shabat y cuanto necesitamos “escuchar” la Voz de nuestro Creador, Hashem, que nos “regaló” el Shabat, y, por supuesto, como todo lo que nos da, siempre es para nuestro bien...

En la época en que el Jafetz Jaim vivió en Varsovia, convocó a los comerciantes que acarreaban sus mercancías desde sus depósitos hasta el mercado, mediante carros, y que profanaban el Shabat a la vista de todo el mundo. Se dirigió a ellos en estos términos:

Es sabido por todos, que cuando dos pueblos se enfrenan en una guerra, y el campo de batalla se cubre de personas heridas y muertas, los dos bandos hacen una “tregua” que les permite llevar a los heridos a los hospitales y enterrar a sus muertos de forma honorable, para que sus cuerpos no sean presa de las aves de rapiña y de las fieras del bosque (si en lugar de usar esa tregua para eso la usarían para hacer las paces, seguramente no habría más guerras). Tomaban en primer lugar a los heridos, con heridas en los brazos, en las piernas o hasta en un ojo, y, solamente si estaban seguros que tenían los medicamentos necesarios para curarlos, los subían a los carros y los conducían a los hospitales. A otros, a veces, les hacían una “cirugía” de emergencia en el lugar, o le cortaban un brazo o una pierna, para evitar que una infección se desparrame por todo el cuerpo, y con una sola finalidad, que la persona siga viviendo. Pero, al que veían sin la posibilidad de salvarlo, con una herida importante en la cabeza, o veían como la sangre salía a chorros de su cerebro, lo ponían junto a los muertos, camino al entierro, ya que no había cómo curarlo sin separarle la cabeza del cuerpo, cosa que tampoco traía ninguna solución.

Y no piensen que el Shabat es un precepto más, continuó. En nuestra Tora Sagrada existen diversas clases de preceptos. Hay quien puede dejar de hacer un precepto que sí hay que hacer y está el que hace algo malo, haciendo algo que la Tora nos indica no hacer. Algunos de estos preceptos son más importantes que otros, pero, en general, el alma no depende exclusivamente de ellos. Quien pasa por alto una orden de este tipo es como el herido al que hay que amputarle un brazo o una pierna. Pero la profanación del Shabat en público, a la vista de la gente, como mostrando que no nos importa lo que Hakadosh Baruj Hu nos ordena, es un pecado que se considera con la misma categoría que la idolatría, y es como una herida de muerte en la cabeza, por eso merecen “juntarse en el mismo pozo que los muertos”!!! (después dicen que los cuentos del Jafetz Jaim son hermosas fábulas ¿?)

Por eso, quiero aconsejarles, dejen de arrastrar las mercaderías en horas tan próximas a la entrada del Shabat, y reciban la bendición del Shabat, como está escrito: “y Hashem bendijo el día séptimo”.
El Jafetz Jaim acostumbraba decir que cuando lograban convencer a un vendedor para que cierre su negocio antes de la puesta del sol de un viernes, el mérito del que le habló era muy grande, y sobre él saldrá una voz del cielo que dirá “el que trabaja con Hashem que venga a buscar su premio”!!!

Elcana, tuvo el premio de que el profeta Shmuel fuera su hijo, del que dicen que fue tan importante como Moshe y Aharon juntos! Y fue merecedor de un pago tan grande solamente porque cuando había que subir a Ierushalaim, tres veces al año, siempre tomaba por un camino distinto, para que cada vez, más gente lo viera, y de esa forma, siempre “empujaba” a más y más gente a que subieran con él y cumplir con el precepto de Hashem. Dijo Hakadosh Baruj Hu: por el gran mérito de que juzgás a mis hijos para bien y les enseñás a cumplir mis órdenes, por eso, Yo te daré un hijo que siempre juzgará para bien a todo el pueblo de Israel!

Y todos estamos obligados a ejercer una buena influencia sobre nuestros semejantes y “empujarlos” a cumplir la Tora. Está cercano el día en que vuelvan los profetas, y puede ser que esta persona que alienta e influye sobre la gente para volcarla hacia el cumplimiento, sea premiada con un hijo profeta o hasta que él mismo suba hasta esa tan digna categoría.

Después de que salimos de egipto, los iehudim fuimos merecedores de un cambio súbito: en cuarenta días tuvimos una elevación espiritual imposible de imaginar, partimos del estado de albañiles que trabajaban con barro y piedras y llegamos a la categoría de profetas...

Sobre la llegada del Mashiaj está escrito que: “los que purifican la plata purifican y purifican, los que separan el oro, separan y separan”. Esto es lo que hace falta para traer la próxima y esperada salvación: hace falta purificar, y después volver a purificar lo ya purificado. Hace falta separar, sacar las piedras extrañas del metal precioso, y una vez que separamos, volver a separar sobre lo ya separado...

No será tan fácil como la salida de egipto, ahora nosotros tenemos que “poner el lomo”, tenemos que trabajar, y una vez que trabajamos y logramos acercar a alguien al camino de la Tora, una vez que logramos subir un peldaño más en nuestra categoría de cumplimiento, sostener bien fuerte lo que conseguimos, y empezar a subir más, otro empujón a quien lo necesita, otro escalón más arriba, así tenemos que apegarnos a Hakadosh Baruj Hu para traer al Mashiaj...

Un rab de un pequeño pueblo, invitó al Jafetz Jaim para que hable frente a los trabajadores de una gran empresa que se dedicaba a la fabricación de “goma”, en la cual se profanaba el Shabat como algo normal. El rab le contó al Jafetz Jaim que ellos traían argumentos muy fuertes que los obligaban a profanar el Shabat, como que no tenían alternativa, o profanaban el Shabat o serían víctimas de una pérdida muy significativa, ya que si no mantenían encendido el horno durante dos días seguidos, el Shabat y el domingo, toda la materia prima se echaba a perder y representaba una gran pérdida. El rab le explicó esto al Jafetz Jaim para adentrarlo en el tema y para que sepa qué contestarle a sus argumentos...

El Jafetz Jaim le contestó al rab: a mi no me interesa “entrar” en el proceso de fabricación. Ellos saben muy bien lo que tienen que hacer. Si consiguieron levantar semejante fábrica, seguro que pueden encontrar la forma de que la mercadería no se pierda y de no profanar el Shabat. Mi única obligación es mostrarles la grandeza incomparable que tiene la SANTIDAD del SHABAT, que es el alimento del alma, y que sin el Shabat nuestra vida no es vida!!!

Jafetz Jaim Al Hatora.


Leiluy Nishmat

Sara Rajel bat Moshe z”l

 




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