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Shabat Shalom


No. 188 - Tzav



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NO LE CREO NI A MI SOMBRA...

“...ordenó a Aharon y a sus hijos diciendo...” (Vaikra 6,2) 

La palabra “tzav” es una expresión de apresuramiento, correr hacia el objetivo, pero no sólo es un mensaje para ese momento sino que está dirigido a todas las generaciones. Dijo rabi Shimon, necesitamos “correr” mucho más cuando se trata de cuestiones de una posible pérdida de dinero (Rashi).

El hecho de tener que desprenderse de dinero genera la necesidad de pensar en hacerlo inmediatamente, de acuerdo a lo que dice rabi Shimon cuando se refiere al quemado del sacrificio, del “Korban Ola”, en el cual los sacerdotes (cohanim) no tenían parte, no podían comer de su carne. En una circunstancia como esta, le cuesta mucho entender al rab hagaon Eliahu Lapian ztz”l, lo que desarrolla en su libro “Leb Eliahu”, ¿por qué necesitamos “apurar” justamente a los elegidos del pueblo, Aharon y sus hijos, en cuestiones de dinero?

Además, en la perashat “Ajare Mot”, dice: “Y dijo Hashem a Moshe, después de que murieron los dos hijos de Aharon, que acercaron su ofrenda delante de Hashem y murieron. Y dijo Hashem a Moshe, dile a Aharon, tu hermano, que no se acerquen a Mi, a la Santidad, en cualquier momento... para que no mueran...”

Hay un énfasis en el tema de la muerte de los hijos de Aharon, que rabi Eliezer ben Azaria nos explica con un ejemplo que encontramos en Rashi: se compara con una persona enferma que cuando llega el doctor le dice que no coma cosas frías ni se acueste en lugares donde hay mucha humedad. Después viene otro doctor y le dice: no comas cosas frías ni te acuestes en lugares húmedos, para que no te mueras como se murió fulano. El mensaje del segundo médico tiene un efecto mucho mayor, por eso está escrito “después de que murieron los hijos de Aharon”, y enseguida Hashem da su órden y sella su mensaje con “para que no muera como murieron sus hijos” (Rashi). Igualmente, todavía no nos queda muy clara la necesidad de semejante advertencia para Aharon Hacohen, recordándole la muerte de sus hijos, como diciéndole: “mirá lo que le pasa al que no escucha la Voz de Hashem”.

Hay una sola explicación para esto, que nuestra Tora es verdad. Y la verdad se le da a toda persona por igual: desde el niño que ahora se hizo grande y empieza a comprender y a cumplir la Tora y sus preceptos, hasta el más grande de los grandes.

A todos se les enseña la misma Tora, con sus advertencias y sus preceptos, con todos sus detalles. Y queda en nuestras manos la posibilidad de elegir, tenemos la opción de inclinarnos hacia un lado y ser tan justos como Moshe Rabenu Halav Hashalom, o, al revés, inclinarnos hacia el otro lado y ser tan malvados como Ierobaam ben Nebat (se puede profundizar en el Rambam, cap. 5 de las leyes de arrepentimiento).

Y dijo Hakadosh Baruj Hu: Yo hice al ietzer hara, y también hice a la Tora para combatirlo (Talmud Babli, tratados de Baba Batra, 17 y de Kidushin, 30). Y quien sea más grande, quien cuide más la Tora, tendrá un instinto más fuerte y poderoso. O sea, que toda persona tiene la elección abierta en todo momento, siempre está “en la lucha”, en una  guerra permanente contra el ietzer hara, que busca permanentemente voltearnos. Durante toda la vida, que nadie crea tener asegurado que andará siempre por el buen camino o por el otro. Y una persona sube y sube en Tora, estudia y se hizo muy temerosa del Bore Olam, y no escucha nunca los consejos del ietzer hara, o, en el punto opuesto, la persona que se sumergió, jas veshalom, en el abismo de los deseos y que no para de cometer más y más pecados, aparentemente sin entender el mensaje del reproche. Para todos la Tora, es única y es verdad, no cambia una palabra, todas sus advertencias, reproches, los mismos preceptos, es la misma tanto para un justo como para un malvado, y para todos su cumplimiento representa la misma exigencia...

El Talmud Ierushalmi, en el tratado de Shabat (cap. 1, ley 3), nos relata sobre una persona muy justa, que estudiaba un dicho de Jazal: “no creas en vos mismo hasta el día de tu vejez, en lugar de estudiar como está escrito en la Mishna del Pirke Avot (cap. 2): “no creas en vos mismo hasta el día de tu muerte”. El estudiaba así porque se sentía seguro, confiaba en que era una persona muy justa y pensaba que todo lo material de este mundo no representaba para él ninguna prueba, se sentía como desconectado del mundo material.

En el Cielo no estaban muy contentos con esta forma de estudiar, y por eso le dieron el permiso, “vía libre”, al ietzer hara, para mostrarle a este hombre su terrible equivocación. Y así, el ietzer hara bajó al mundo disfrazado de una hermosa mujer, de una hermosura no vista desde los tiempos cercanos a la Creación, en los días de Tuval Kain. Y con esa apariencia, entró al cuarto donde reposaba el anciano. Cuando levantó la vista y la vio, empezó a decirle cosas que no eran apropiadas para la investidura de una persona tan justa como él. Pero enseguida se echó hacia atrás y se arrepintió de las cosas que dijo. Empezó a sufrir tanto que su vida entró en peligro.

Desde el Cielo sintieron piedad por él y le ordenaron al ietzer interrumpir de inmediato la “prueba”. El ietzer se quitó el disfraz y le dijo: tienes que saber que fui enviado desde el Cielo para enseñarte que no estudies más “no creas... hasta que llegue tu vejez”, sino que lo correcto es estudiar “no creas... hasta el día de tu muerte”.

Resulta que en nuestra vida, nunca podemos creer que tenemos asegurado el futuro, en cuanto a espiritualidad, nos vemos en la obligación de rezar, y pedirle al Bore Olam que se apiade de nosotros y no nos permita caer.

En la Guemara, en el tratado de Kidushin (hoja 30), nos trae sobre este tema un versículo del Tehilim (cap. 37): “el malvado espera al justo y pide su muerte”. El malvado, el ietzer hara, no tiene compasión por nadie y tampoco se da por vencido ni siquiera frente a la persona más justa que pueda encontrar. En todo momento está a la espectativa, con la esperanza de encontrar a la persona en el lugar, y en el momento ideal para hacerlo tambalear. Por eso vemos, que las posibilidades de éxito del ietzer son demasiado altas, y que nuestra guerra es por demás difícil, y nosotros solamente podemos salvarnos de la forma que continúa el versículo: “Hashem no nos abandonará...”, haciéndonos saber que si no fuera con la ayuda de Hakados Baruj Hu no podríamos contra él...

Hasta inclusive en el día de la muerte, después de los ciento veinte años, cuando la persona ya reposa en su lecho, y sabe con certeza que en muy poco tiempo dejará este mundo y todas las cosas materiales, para dirigirse al lugar donde deberá rendir cuentas delante del Rey de Reyes, delante del Bore Olam, también en ese momento hace falta pedir mucha piedad y misericordia del Cielo, para afrontar la última prueba de la vida...

* * *

Había una persona que era muy conocida como muy justa y honorable. Todos lo valoraban por sus grandes virtudes y era considerado por todos. Pero tenía un defecto, un terrible deseo por el dinero. Cada vez que escuchaba que se hablaba de dinero o que tenía la posibilidad de ganar plata de alguna forma abandonaba toda su caballerosidad, todas sus virtudes desaparecían para lanzarse sobre su presa, el dinero.

Los jajamim nos enseñan una regla básica: en toda mala cualidad, si no trabajamos sobre ella, y si no buscamos arrancarla de raíz, nos acompañará hasta la tumba. Cuando este hombre se enfermó y se hizo público que estaba a punto de morir, fueron a visitarlo sus amigos, y la gente importante de la ciudad, para despedirse de él.

En un momento hizo una seña para que todos se acerquen, porque quería que escuchen algo. Cuando todos estaban ya cerca, les dijo con una voz muy débil: es mi deseo decirles una cosa que puede resultarles de gran enseñanza y reproche. Ustedes pueden verme aquí, muy débil y enfermo, a punto de morir. En cualquier momento pueden venir a buscarme, para que abandone este mundo. Sin embargo, puedo atestiguar, que si alguno de ustedes me ofrece ahora mismo algo de dinero, no podré evitar, a pesar de que casi no tengo fuerzas, extender mi mano, tomar el dinero y guardarlo bajo la almohada... Vean hasta donde, el deseo por el dinero me domina y me enceguece. Que esto sirva de enseñanza para todos... Y al cabo de un cuarto de hora el hombre abandonó este mundo...

* * *

Una persona muy cercana al rab hagaon Eliahu Lapian nos cuenta que se encontró con el rab en la tierra de Israel en el año 5718, cuando se desempeñaba como consejero espiritual en la Ieshivat Kfar Jasidim (el relato aparece en el prólogo del libro “Leb Eliahu”, en nombre del rab Korzner).

Llegué a la Ieshiva y permanecí unos días, entonces rabi Eliahu me invitó a que duerma en su mismo cuarto.

Muy temprano, a la mañana siguiente, me desperté y veo al rab parado al lado de la ventana, como hablándose a sí mismo, en voz muy baja para no despertarme. Silenciosamente me acerqué para escuchar lo que decía: repetía una y otra vez el versículo “no traigas una cosa despreciable a tu casa”. No podía entender el por qué de repetir este versículo a esta hora de la mañana.

Hice un poco de ruido para que el rab se dé cuenta de que yo estaba allí, y ofreciéndole mis disculpas le pedí que me explique la razón de lo que había escuchado. -Ahh, entonces te desperté..., me dijo el rab molesto por haber perturbado mi sueño. Yo le dije que no, que me había despertado solo ya hace largo rato, y me tomé el atrevimiento de acercarme y escuchar sus palabras de las que no pude entender nada...

Contento ahora, el rab, comenzó a explicarme: usted sabe, amigo mío, que en un rato vamos a ir al rezo de la mañana en la Ieshiva. Mi lugar en la Ieshiva, está sobre el muro oriental, y todos los alumnos me hacen honores y se levantan cuando paso frente a ellos. Para continuar los rezos esperan a que yo termine, por ejemplo, en el Keriat Shema y en los Shemone Esre. Estoy frente a un gran peligro, puede ser que, jas veshalom, el orgullo empiece a trabajar dentro de mi corazón, que sienta que yo soy el gran rabino. Y aunque podamos pensar que es imposible en un caso así caer en el pecado del orgullo, de todas formas puede existir la sospecha de una “especie de orgullo” que “agranda mi corazón”.

Y está escrito en el Mishle (cap. 16) que Hashem desprecia a todo el que agranda su corazón (o en nuestro idioma al que camina con la nariz para arriba), y en este caso, la palabra “todo” viene a aumentar a un caso como el mío, en el que no es posible que exista el orgullo como una sensación de vanidad sino como algo muy lejano, casi imperceptible, pero a la vez necesario, ya que los alumnos deben aprender a respetar y a honrar a sus rabanim, que llevan la Tora que estudiaron durante toda la vida, sobre sus “hombros”.

Con todo, ¿quién puede afirmar que no se mezcló en mi persona, jas veshalom, un poco de orgullo que esté de más, y que yo esté entrando en la categoría que describe Shelomo Hamelej: Hashem desprecia al orgulloso? Hashem me salve de esto!! ¿Cómo un rab de esta clase puede enseñar algo bueno a sus alumnos? Por eso estudio todas las mañanas este versículo: y no traerás algo despreciable (el orgullo) a tu casa...

Quedé muy sorprendido al escuchar semejante disertación, y entre mi sorpresa y mi confusión le pregunté: Con su permiso, rabi Eliahu, acaso personas tan ancianas como nosotros, con nuestros cuerpos ya desgastados, casi sin fuerza física, arrugados, encorvados, ¿podemos tener la sospecha de caer en el orgullo?

¿Qué estás preguntando? ¿Sabés a qué se compara esto? A una bomba que está tirada en el costado de un campo o en dentro de un edificio durante años y años. Y por allí pasaron miles y miles de personas y nunca explotó. ¿Esto te da la pauta que dejó de ser peligrosa y que nunca va a explotar?!!!

Fue suficiente para mí... Escuchá al sabio y podrás agregar más a tu saber...

Lekaj Tov.

 

Leiluy Nishmat     Efraim ben Shimon z”l




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