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Shabat Shalom


No. 186 - Vaikra



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YO QUIERO SER UN TALMID JAJAM... 

Toda persona que cumple la Tora y sus preceptos, y muy especialmente, los más jóvenes, están obligados a estudiar, y reflexionar también, las palabras de la Guemara en el tratado de Ioma (hoja 86): estudiaron, “y amarás a Hashem, Tu D-s...” (Devarim 6), que Su Nombre esté “pegado” en tu mano. Leerás, estudiarás y aprenderás de los talmide jajamim, y tu trato cotidiano, tu comerciar y hablar con las personas se deberá desarrollar con tranquilidad. ¿Qué dirá la gente sobre esta persona? Dichoso el padre que le enseñó Tora, dichoso el rab que le enseñó Tora. Pobres las personas que no pudieron estudiar Tora. Miren todos a esta persona que estudió Tora, miren qué hermosos sus caminos, qué prolijas sus acciones. Sobre él está escrito: “y Hashem le dijo, sos mi servidor, con vos el pueblo de Israel se embellece” (Ieshahia 49).

En cambio, la persona que lee y estudia, y aprende de los talmide jajamim, y no se relaciona con los demás con fe, y no habla tranquilamente con el resto de las personas, ¿qué va a decir la gente sobre él? Pobre este hombre que estudió Tora, qué triste estará su padre que le enseñó Tora, desdichado el rab que le enseñó Tora. Este hombre estudió Tora, vean qué torcidas son sus acciones, qué “embarrados” están sus caminos. Sobre él está escrito: “¿acaso este es el pueblo de Hashem, que salió de su tierra?” (Iejezkel 36).

Podemos decir que hay un hilo muy delgado que separa la Santificación del Nombre, Kidush Hashem, con la profanación del Nombre, jilul Hashem, jas veshalom. El uso de la educación, los buenos modales o las buenas costumbres, pueden llevar al hombre a cumplir con el maravilloso precepto del Kidush Hashem, y además, a llevarse consigo una buena recompensa. Pero, haciendo lo contrario, dejando de lado los modales que toda persona quiere ver en el que tiene enfrente, provoca un jilul Hashem que es severamente castigado.

En el libro “Rabi Iaacov” se detallan en amplitud las buenas costumbres, la educación del rab hagaon Iaacov Kaminetzky ztz”l, uno de los más grandes rabinos que vivieron en los Estados Unidos. Entre tantas otras virtudes podemos leer:

Tenía un cuidado especial en todo lo que se relacionaba con las personas, cuidaba el honor de cada uno y jamás iba a provocar que alguien pase vergüenza. Era asombroso como podía ocuparse de detalles tan pequeños, y los hacía por sí mismo, sin pedir la ayuda de ninguna otra persona. Aunque, puede ser que no correspondía a una persona tan importante ocuparse de cosas tan insignificantes, para él, el trato con sus semejantes tenía una importancia superlativa.

Una vez, llegó a verlo una gran comitiva de una congregación de iehudim inmigrantes de Siria para pedirle su consejo, ya que tenían varios inconvenientes que provocaban transtornos a muchos de sus integrantes. Y aunque el salón en el cual los recibió estaba repleto de sillas, se acercó a cada uno de ellos para preguntarle si se sentía cómodo en su lugar.

A pesar de que eran contadas las veces en que rabi Iaacov se hacía escuchar criticando los actos de otras personas, cuando se trataba de gente que se conducía con malas costumbres, no dejaba pasar el momento y les explicaba el error y los aconsejaba para el futuro.

En una ocasión, rabi Iaacov fue a visitar al rab Roderman. El joven sobrino del rab se acercó a rabi Iaacov para servirle una taza de té antes que a su tío, por ver que rabi Iaacov era el más anciano de los dos. Aunque los dos rabanim se encontraban dentro de una profunda conversación, discutiendo sobre distintos temas de la Tora, cuando rabi Iaacov ve al joven que se acerca con la taza, le toma el brazo y lo desvía hacia la dirección de su tío, mientras lo reprocha para hacerle saber que siempre un alumno tiene que honrar primero a su rab.

En otra oportunidad, un muchacho estaba en su casa para formularle algunas preguntas. Mientras tanto, la rabanit se acerca con una taza de té en su mano y el muchacho se niega a recibirla. Rabi Iaacov le dijo al muchacho que después de que el té ya está preparado está prohibido rechazarlo, ya que esto se compara a cuando viene una persona amiga a hacernos escuchar unas palabras de Tora que estudió y le decimos: no, gracias, no estoy interesado en escucharte...

Todo su correr detrás del mejoramiento entre las relaciones de las personas, su meticulosidad, la preocupación por el bienestar de cada uno, el sentimiento, la sensibilidad ante la posibilidad de provocar el daño más pequeño a sus semejantes, su gratitud, todas estas grandes virtudes provienen del estudio del versículo que declara que el hombre fue creado a imagen y semejanza del Bore Olam!!!

Podemos concluir que no está bien lo que acostumbramos muchas veces a hacer, despreciar o ignorar a nuestros semejantes, porque estamos apurados, porque estamos con problemas, o por si las moscas o porque sí!!

Es nuestra obligación que nuestras acciones provoquen una sensación grata a nuestros semejantes. Ya lo mencionamos muchas veces, y no podemos decir que no nos importa cuando una persona conocida nos da vuelta la cara porque se cree que es más importante que nosotros.

Podemos argumentar que estamos ocupados, que estamos caminando por la calle pensando en un estudio importante y que no vemos lo que pasa a nuestro alrededor. Nadie puede decir que esté más concentrado que lo que estaba Rabi Iojanan ben Zakai, y sabemos de él que nadie le anticipó en el vida el saludo, ni siquiera alguno de los gentiles del mercado. Intentemos hacer Kidush Hashem.

Lekaj Tov.

* * *

YO QUIERO SER UN TALMID JAJAM... (2)

“Y (Hashem) llamó a Moshe...” (Vaikra 1,1)

 

De aquí aprendemos que si un talmid jajam no tiene “cabeza” (nos referimos a la inteligencia), un animal muerto es mejor que él!!! De aquí, de este versículo, de Moshe Rabenu, el padre de la sabiduría, el padre de los profetas, que sacó al pueblo de Israel de egipto. Como enviado de Hakadosh Baruj Hu, se hicieron por su intermedio gran cantidad de milagros en egipto y en el mar, subió al Monte y bajó consigo la Tora, proveniente del cielo, se encargó de la construcción del Mishkan, y no entró en su interior y esperó hasta que Hakadosh Baruj Hu lo llamó!!! (Midrash Raba, Vaikra 1,15)

 

El Midrash nos enseña que el esperar a que lo llamen para ingresar al interior del Mishkan es señal de sabiduría, dice el rab hagaon Meir Rubman ztz”l en su libro “Zijron Meir”. También del Midrash se desprende que si Moshe, el rab de todo el pueblo de Israel, hubiera ingresado sin ser llamado, entraría en la categoría de un talmid jajam sin sabiduría, que es tan despreciable hasta el punto que un animal muerto es preferible a él.

¿Cómo explicamos esta comparación para nada grata?

Muy simple, un animal muerto genera, a quien lo ve, un rechazo automático, cualquier persona que ve un animal muerto tiende a alejarse de él, por instinto.

Cuando una persona ve un talmid jajam, se siente atraído, es como un imán que acerca a la gente, que quiere cubrirse con su sombra, que quiere aprender de sus actos...

Un talmid jajam sin sabiduría provoca la caída de numerosas personas, que quieren seguir su camino, que quieren copiar sus acciones, sus cualidades, y que no pueden darse cuenta que están cayendo en un pozo muy profundo, dado que este talmid jajam sin sabiduría sólo enseña cosas no buenas. Por eso este talmid jajam es peor que un animal muerto, porque al animal muerto nadie se acerca.

Pero, un talmid jajam con sabiduría, se conduce como corresponde, y santifica el Nombre de Hashem con sus actos.

Algo más nos pueden explicar Jazal. La persona que tiene sabiduría y entiende el grado del daño que puede provocar un talmid jajam sin sabiduría, se alejará de él más de lo que puede alejarse de un animal muerto. Por cuanto que el animal muerto solamente puede molestarme por el olor que desprende por su descomposición, mientras que un talmid jajam al que le falta sabiduría es capaz de dañar la esencia de la persona y eliminar todas las fuerzas que tiene la persona para realizar buenas acciones.

Lekaj Tov.

* * *

¿YO? NO, YO ARGENTINO...

...adam ki iakrib... takribu et korbanjem (Vaikra 1,2)

Antes que nada un argentino les pide perdón al resto de los hispano-parlantes. Esta es una frase popular de ese país que muestra como nacional una actitud que no es nada más que de egoísmo, o, que en los parámetros de nuestra Sagrada Tora, podemos considerarla como una de las conductas del pueblo de Sedom.

Es el famoso “no te metás”, dejar que nuestro compañero se hunda en el abismo más profundo y mirar para el otro lado...

El versículo al cual nos referimos, comienza en singular y termina en plural. Un cambio así no es “gratis”. La Tora nos quiere enseñar algo, desde luego.

Me parece, dice el rab Shterenbuj Shlita, en su libro “Taam vedaat”, que cuando un hombre hace una transgresión, el daño que provoca no es solamente para él, sino también para toda la Congregación!

La base de esta afirmación nos la trae el Midrash en esta perasha, y dice así: “al cordero se lo compara con el pueblo de Israel, ¿por qué? Porque así como al cordero, si lo golpean en la cabeza o en cualquier otro de sus miembros, todo su cuerpo, todos sus miembros sienten el golpe, así también si un iehudi comete un pecado, lo siente todo el pueblo”.

Rabi Shimon bar Iojai nos dio un ejemplo muy conocido por todos: había un barco que se desplazaba por el mar, y de pronto, una de las personas que viajaban en él toma una agujereadora y comienza a hacer un agujero debajo suyo. Todos se acercan y le dicen: ¿qué estás haciendo?! Y el hombre contesta: ¡Qué les importa! ¿Acaso estoy haciendo un agujero bajo sus pies? No, lo estoy haciendo abajo mío, es mí problema no el de ustedes!

Y ellos le contestan, preguntando: “¿no sabés que todos estamos en el mismo barco?”... (Midrash Raba 4,7)

De acá vemos, que cuando el pecador acerca su sacrificio para corregir su falta, esto corrige no sólo su falta, sino también la de todo el pueblo, por eso el cambio de singular a plural, la persona acerca “su korban” que perdona su pecado, pero con esto perdona también a todo el pueblo, ya que junto con él, decimos que todos pecaron, entonces también junto a él, todos son perdonados con ese “korban” que es ahora “colectivo”. Después de acercar su sacrificio personal, este sacrificio “desparrama” el perdón por toda la comunidad, purificándola.

Esto nos muestra lo que todos conocemos, un iehudi es garante del otro, todos somos responsables por lo que hacen los demás, no hay lugar a decir “yo, argentino”.

Cuando uno transgrede, esto trae mal a toda la Congregación, y no podemos decir: “¿qué les importa? El que está pecando soy yo, no ustedes”.

Todo el pueblo de Israel está sobre el mismo barco, acá no somos argentinos, primero somos iehudim, y con mi agujero, jas veshalom, puedo hundir todo el barco.

Lekaj Tov.

 

 

Leiluy Nishmat     Efraim ben Shimon z”l




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