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Shabat Shalom


No. 190 - Tazria



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SOY EL NUMERO UNO

“...la mancha de lepra que tenga el hombre se la mostrará al Cohen”

(Vaikra 13,9) 

Estudiamos en el tratado de Negaim (al final del segundo capítulo) que la persona ve todas las manchas menos sus propias manchas. Esto está escrito sobre las manchas de lepra que podían aparecer en el cuerpo de la persona, y aunque esta persona sea un Cohen, que está capacitado para ver y reconocer estas manchas, de todas formas, su propia mancha no la puede distinguir. Y la Tora nos dice que hay que mostrarle la mancha al Cohen, y si él mismo es Cohen, que vaya y se la muestre a otro Cohen. De la misma forma estudiamos sobre los sacrificios que las personas tenían que traer al Beit Hamikdash: “la persona puede ver todos los primogénitos excepto los propios”, o sea, que cuando la persona revisa un animal para verificar que no tenga ningún defecto y sea, por consiguiente, apto para ser sacrificado, puede revisar cualquier animal que no sea de su propiedad, ya que tenemos miedo que si revisa uno propio, deje pasar (no sea lo suficientemente estricto) algún pequeño (o gran) defecto para no tener una pérdida material.

Los jajamim explicaron, sobre que la persona puede ver todas las manchas menos las propias, que nuestra naturaleza nos empuja a ver y reconocer los defectos de nuestros compañeros, pero dentro nuestro, está todo perfecto, nadie me puede superar, porque yo, soy el número uno.

Una persona puede ver el defecto de su compañero, hasta el más imperceptible está claro a sus ojos. Pero, cuando nos miramos al espejo, el más grande de los defectos no llegamos a ver. La Tora se refiere a esto, pero lo que permite es ver el defecto para llamarle la atención (con mucho tacto) y mostrarle la verdad, no para avergonzarlo o despreciarlo frente a otras personas.

Siempre, antes de criticar a nuestros semejantes, tenemos que usar algo que se llama “espejo”, allí podremos ver que nuestros problemas son mucho más serios, y a veces, solemos criticar a las personas sobre un tema que también nosotros debemos corregir, y eso está terminantemente prohibido. Ya dijeron los jajamim, para poder reprochar a una persona sobre cierto tema, necesitamos estar absolutamente limpios en ese aspecto, y eso es algo que nosotros, por nuestra cuenta, no podemos decidir...

Contaba el rab hagaon Israel Salanter ztz”l: un oficiante, que tenía mucha “Irat Shamaim”, muy temeroso de Hashem, se ofreció para estar al frente de los rezos de Iamim Noraim. Ya estaba parado al frente del Beit Hakneset y hacía escuchar sus plegarias, cuando su corazón comenzó a elevarse a causa de pensamientos de orgullo, que le “decían”: mirá, seguro que todos están alabando tu tonada, tu gran voz, la dulzura de tus rezos. En medio de esos pensamientos, se fortaleció su instinto bueno y “gritó” dentro de su corazón: ¿cómo es posible que sientas orgullo, y más, justo en el día de Rosh Hashana?

Esto lo despertó un poco pero al rato, el orgullo volvió a invadirlo. En verdad, la gente no estaba disfrutando de su voz, la mayoría estaba concentrado en sus propios rezos, y otros, que no estaban tan concentrados, en lugar de alabarlo se burlaban de él, si hubiera sabido lo que pasaba detrás suyo no tendría lugar para enorgullecerse.

El consejo para este caso, y para muchos otros, decía rabi Israel, es quitarse el talit que lo cubre para poder ver lo que ocurre detrás, que nadie está disfrutando de sus tonadas, al contrario, había también algunos que se burlaban. Entonces el orgullo se arranca de raíz. Y así es con todas las cualidades, nosotros solos nos “hacemos la película”, el ietzer hara está allí, en la puerta del corazón, busca nuestro punto más débil, la única salida es descubrir el manto que no nos deja ver la realidad...

El problema es que no siempre está en nuestras manos retirar lo que no nos permite ver, cuando algo toca nuestra sensibilidad, un defecto interior, en general hace falta alguien “de afuera” que venga y nos lo muestre, que nos abra los ojos. Es una de las cosas más difíciles en la persona, hacer una “visita” a nuestro interior en busca de errores o defectos. Los deseos se ocupan de ocultarlos, oscurecerlos, el soborno nos enceguece (está escrito que enceguece los ojos de los sabios, qué puede hacer con los ojos de los que no somos sabios...), no nos deja ver la verdad, suponemos que todos nuestros actos están perfectamente calculados, para hacer el bien y la bendición a todos, por eso necesitamos “traer al Cohen”, escuchar el reproche sincero de la boca de nuestros jajamim, de nuestros rabinos, de nuestros maestros...

Entre nosotros, quién fue más grande que el Gaon de Vilna, que es sabido que “contrató” al Maguid Midubna para que se ocupe de reprocharlo. También se sabe sobre el Hamarshal, que le encargó a un simple conductor de carretas que busque defectos en su interior. Ellos, los “grandes” del pueblo de Israel, no confiaron en sí mismos, no se apoyaron en su gran sabiduría, y buscaron alguien “de afuera” para que los reproche. Ellos, los más fuertes, las columnas de nuestro pueblo, no confiaron en toda la Tora que estudiaron, buscaron “comprar” la gran cualidad: el oído que escucha el reproche en la vida...

¿Y nosotros, qué vamos a contestar? Cada uno de nosotros, el más chico de los chicos, tan “jóvenes” para la vida de la Tora, que el ietzer hace con nosotros casi lo que está a su antojo, en cada momento, y todavía pensamos que no necesitamos que alguien nos reproche ¿? Somos como un recién nacido que depende de los mayores para casi todo, y necesitamos cantidades industriales de reproche, de enseñanza de “vida”.

Cuentan sobre el “Jidushe Harim”, que siendo un joven estudiante, ya casado, estaba bajo la tutela del Admur Mikushnitz. Después de un largo tiempo de estar con el Admur, abandonó su ciudad para estudiar junto al Admur Mifishisja.

Esto trajo un gran sufrimiento al Admur Mikushnitz, que sintió perder un gran alumno, que sería en el futuro uno de los grandes jajamim del pueblo de Israel.

El Jidushe Harim tenía doce hijos, y todos murieron, lo alenu. Dijo así: yo estoy seguro que todos mis hijos murieron por el sufrimiento que le causé al Admur Mikushnitz. Pero yo abandoné su casa, su ciudad, estudiar junto a él porque allá, en Kushnitz, todos me alababan, me trataban con suma dulzura, pero acá, en Fishisja, me rompen los huesos con los reproches, y eso hace que pueda subir más y más en el estudio de la Tora. No necesito un lugar donde todo sea “dulce”, me hace falta un rab que quiera “destrozarme”...

Estudiamos en “Abot de rabi Natan” que amamos a los que nos reprochan y odiamos a los que nos honran, porque los que nos reprochan nos acercan a la vida del Olam Haba y los que nos alaban nos hunden en el pozo más profundo.

Pero, en el momento de los hechos, siempre estamos esperando una felicitación. ¿Alguno de nosotros, estando en la escuela, llegó contento a casa con un aplazo, o llegó triste con un “felicitado”? Solamente después de pensar y analizar vemos que una alabanza no conduce a nada, nos empuja a retroceder, a estar conforme con el lugar al que llegamos, y sabemos que quedarnos significa ir hacia atrás, hasta llegar al pozo más profundo..., ya que quedamos con nuestros problemas y malas cualidades, sin enseñanza, sin reproche.

La persona, por su naturaleza, no quiere reproches, piensa para sí que es la persona más inteligente del mundo, todos los demás son “tontitos”, por eso no tiene la necesidad de recibir educación ni de ser reprochada, tenemos una gran “cabeza dura” que no da lugar al reproche.

En forma de chiste, dicen que una persona así no se levantará cuando llegue el día en que se “levanten los muertos”. Va a llegar el “Mashiaj” a revivirlo, y va a “sacudir” su tumba: vamos, levantate! Y esta persona va a preguntarle: ¿Justo ahora?, no quiero, no me voy a levantar!!! Se considera a sí mismo tan sabio que si el mismo Mashiaj viene a revivirlo afirma que él es el más inteligente entre las personas, ¿acaso el Mashiaj quiere enseñarle algo? Así somos, hasta ahí, no queremos reproches...

Estamos convencidos que el que viene a reprocharnos solamente quiere nuestro mal. Por eso viene Jazal a revelarnos en el tratado de Arjin (hoja 16b): dijo rabi Iojanan ben Nuri, los Cielos y la Tierra son mis testigos, de que muchas veces tuve que reprochar a Akiva (rabi Akiva), y eso hizo que él me quiera cada vez más, para confirmar lo que está escrito: no reproches al burlador porque te va a odiar, reprocha al sabio y te querrá.

La persona que se burla de todo, que no acepta ningún tipo de responsabilidad, odia a quien viene a reprocharlo, está seguro que el reproche esconde algo, algo que provocará su mal, pero el sabio, espera el reproche, sabe que sin el reproche no puede seguir avanzando en su mejoramiento de las cualidades, y que el reproche es el conducto que asegurará para él un mejor lugar en el mundo venidero.

Sin el reproche, estamos expuestos a los embates del ietzer, podemos, lo alenu, quedar atrapados en los designios de nuestros deseos, de nuestras voluntades, y quién sabe cuál puede ser el final...

En la perasha Mishpatim está escrito que si el dueño le pega al esclavo en un ojo, el esclavo saldrá libre a causa del ojo, y que si le pega y le hace caer un diente, también saldrá libre a causa del diente (Shemot, cap.21). Y en el Talmud, en el tratado de Guitin discuten los jajamim con rabi Meir, si la libertad es un derecho para el esclavo o una obligación, ya que con la libertad, el esclavo kenaani se convertirá en un iehudi libre, que tendrá la obligación de cumplir con los preceptos de la Tora.

Rabi Meir sostiene que es una obligación, ya que este esclavo prefiere la vida de esclavo, sin obligaciones, sin una Tora que cuidar, sin preceptos que cumplir, solamente trabajando un poco tiene una cama, comida y basta de pensar...

Y el Rashash discute, ¿por qué vamos a decir que está obligado a salir en libertad?, ¿por qué hace falta decir que sale por un ojo o que sale por un diente?, ¿no alcanza que ya le falta un ojo o un diente que además lo obligamos a salir libre? Y contesta que teniendo un dueño así, que le “bajó un diente”, tiene el pleno derecho de salir en libertad.

Sin embargo, quiero aclarar, dice el rab hagaon Iaacov Noiman ztz”l, que es verdad que el esclavo no quiere salir libre, ya que prefiere esa vida, y de acuerdo a rabi Meir, lo obligamos a salir en libertad, ya que la Tora busca su “verdadero” bien, digno para ese esclavo. Sabemos que no hay nada mejor para una persona que ser un iehudi libre, obligado a cumplir con los preceptos de la Tora, esa es nuestra gran libertad.

A la persona, por naturaleza, le gusta el abandono, el dejarse estar, ¿para qué voy a hacer esto ahora?, si lo puedo hacer más tarde, mañana, pasado, el mes que viene o el año verde...

Preferimos esa “libertad”, pero en la Tora está escrita otra cosa...

El pensamiento de la Tora nos dice que para la persona es preferible la “carga” de la Tora antes que la supuesta “libertad” que busca mucha gente, sin ninguna responsabilidad, y sin ninguna ambición de ser una “persona”.

Cuando el rab hagaon Israel Salanter ztz”l publicó su libro “Tnuat Musar” todo el mundo salió a burlarse de él, en los diarios publicaron que el rab reunía a todos sus alumnos, a los que llamaban en todo de burla “hamusarniks”, tomaba un pescado, le sacaba la piel y les decía: así va a quedar la piel de ustedes si cometen pecados”.

Cuando le contaron a rabi Israel las burlas que le hacían en los periódicos dijo: si hubiera sabido que hacer una cosa así traería buenas consecuencias para mis alumnos, lo habría hecho!!!

Agradecemos al Bore Olam que tuvimos un rabi Israel que publicó un “Tnuat Musar”, con su pensamiento se sostuvieron gran cantidad de Ieshivot, ya que sin reproche, sin “Sijot Musar”, sin alguien que nos corrija, estamos expuestos a todos los males del mundo. Pobre del que siempre es alabado y dichosos de los que podemos escuchar un reproche que nos lleve hacia la vida del Olam Haba.

Darje Musar.

 

 

Leiluy Nishmat     Efraim ben Shimon z”l




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