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Shabat Shalom


No. 191 - Metzora



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¿QUE GUSTO TIENE LA SAL?

El Jafetz Jaim fue un gran hombre, que con sus libros iluminó los ojos de nuestro pueblo, especialmente en un tema muy importante, como el cuidado en la forma de hablar.

En su libro “Jafetz Jaim”, concentró y a la vez detalló todas las leyes respecto a este tema, y en el “Shemirat Halashon” nos muestra y también nos fortalece desarrollando los premios y los castigos derivados de la forma de hablar que aparecen en el Talmud y en otros libros sagrados. Con el estudio de estos libros podemos tener una visión clara acerca del cuidado extremo, de la obligación que tenemos de pensar antes de abrir nuestra boca.

Pero este cuidado no está solamente en sus libros, sino que la vida del Jafetz Jaim es el ejemplo de lo que escribió. El rab hagaon Iaacov Kaminetzky tzt”l nos atestigua:

Un rab tenía que cumplir una importante misión durante tres días en una ciudad de Polonia. El Jafetz Jaim lo acompañaba en esa oportunidad. En el camino se detuvieron para comer algo en una hostería que era conocida por su cuidado estricto del Kashrut.

La esposa del dueño del lugar les preparó enseguida una mesa y les sirvió de la mejor forma posible, al ver que habían llegado unos huéspedes muy especiales. Cuando terminaron de comer se acercó a preguntarles si la comida estuvo bien preparada. El Jafetz Jaim respondió sin dudar: “muy buena, en verdad estuvo excelente”.

La señora no se movió del lugar, esperaba la respuesta del otro rab. Y la respuesta no tardó en llegar: “bien, pero podría haber estado mejor con un poco más de sal...”

La mujer dio media vuelta y fue rumbo a la cocina. El Jafetz Jaim “olió” algo no muy bueno. Se dirigió a su compañero y le dijo: “No puedo creerlo! Toda mi vida me cuidé de escuchar y hablar lashon hara, ¿por qué Hashem me tiene que hacer esto, que te acompañe para tener que escuchar hablar lashon hara? Estoy muy apenado y arrepentido de haberte acompañado hasta aquí, y ahora estoy convencido que la misión que tenemos no es del todo pura, si sería pura no habría pasado semejante cosa”.

El rab quedó paralizado ante las palabras del Jafetz Jaim, no entendía la gravedad de sus palabras, es más ni la gravedad ni la levedad, estaba seguro de no haber dicho nada malo.

“¿Qué es lo que dije, hay algo grave en mis palabras? Simplemente dije que la comida estaba bien, y solamente agregué que hubiera sido digno agregar un poco más de sal!”

No tenés la menor idea de la fuerza de las palabras y del mal que pueden causar, dijo el Jafetz Jaim casi llorando, la mujer que vino a servirnos, seguro que no preparó la comida. Lo más probable es que la cocinera sea una mujer muy pobre, y además viuda, que no puede dejar de trabajar para conseguir el sustento de su familia.

Ahora, gracias a tus palabras, la señora entrará a la cocina a decirle unas cuantas cosas a esta pobre mujer. Para defenderse, la pobre viuda tendrá que mentir, y contestará que puso la medida justa de sal y hasta probó la comida para asegurarse que esté a punto.

Entonces, la dueña de casa la tratará de mentirosa y le dirá: ¿acaso pensás que los distinguidos rabanim están mintiendo?!! Vos sos la que está mintiendo!!!

Y esto provocará el enojo de la señora que posiblemente llegue a despedir a la pobre cocinera, y ésta quedará sin trabajo.

 

Fijate cuántos pecados cometiste con tan pocas palabras:

1)    Hablaste lashon hara.

2)    Provocaste que la dueña de casa escuche lashon hara.

3)    Hiciste que la dueña de casa repita el lashon hara frente a la cocinera.

4)    Provocaste que la cocinera necesite mentir.

5)    Tus palabras enfurecieron a la dueña, y ésta hizo sufrir a una mujer viuda.

6)    Provocaste peleas entre la gente.

 

Cuando el Jafetz Jaim terminó su reproche, sonriendo, el rab dijo en voz baja: me parece un poco exagerada toda esta historia! No es posible que palabras tan simples como las que dije provoquen semejante desastre!

Si pensás así, volvió a la carga el Jafetz Jaim, levantándose de su asiento, vamos a ver lo que está pasando en la cocina!!!

Entraron y vieron a la dueña de casa hablando en un tono muy fuerte a la cocinera, y esta pobre mujer estaba parada contra la pared llena de lágrimas en sus ojos.

El rab vio que el Jafetz Jaim no exageró y sintió una tremenda lástima por la cocinera, ahora tenía que salvarla y disculparse, si existiera la forma, por haberla hecho sufrir tanto. Hasta tendría que insistirle a la pobre viuda que lo perdone, por todo lo que provocó...

Se dirigió primero a la dueña de casa diciéndole que fue un error, que la comida estaba perfecta, que disculpe a la cocinera y que se olvide de todo este asunto, y desde luego, que no se le ocurra despedirla, ya que hizo un gran trabajo. Inclusive estaba dispuesto a pagar por los problemas que causó, con la condición que no despidan a la cocinera.

La señora era muy buena, y aceptó los pedidos del rab. “No tengan ninguna duda, seguro que la cocinera continuará en su trabajo. Solamente quise enseñarle que debía ser muy cuidadosa con los condimentos. Es una gran cocinera, y seguirá trabajando con nosotros”.

El relato nos enseña hasta dónde debemos ser cuidadosos con nuestras palabras. Así como unos pocos granitos de sal pueden provocar un daño tremendo, unas pocas palabras pueden causar el abandono de este mundo y el del mundo venidero. En la generación del desierto, el leproso, que adquirió la enfermedad al hablar lashon hara, debía soportar la soledad, el alejamiento, debía vivir fuera del campamento.

Alejado de todos sus conocidos, de su familia, por lo menos durante una semana, sin nadie con quien hablar, solamente con su interior, reprochándose su conducta, que lo condujo a esa triste soledad.

Una palabra de lashon hara también aleja al que la dice del Bore Olam, debido a la gravedad del pecado, pero también lo aleja de su compañero, porque quien escucha que alguien desprecia a otra persona sin motivo no hace otra cosa que alejarse.

Para salvarnos de todo esto, hay un solo remedio: estudiar las leyes del lashon hara, y fortalecernos en el amor y el cariño hacia nuestros semejantes. Toda persona que “enfoque” a sus semejantes con un “buen ojo” se acostumbrará a querer a todo el mundo, y “comprará” el escudo que lo proteja de hablar lashon hara. Y esto lo convertirá en una persona querida por todos, y lo más importante querida del Bore Olam, será querido “arriba” (en el Cielo) y apreciado “abajo” (en la tierra). Logrará mejorar su Olam Haze y también tendrá un gran Olam Haba.

Lekaj Tov.

 

* * * * * * * * * * * * 

DE PASO

Ya que hablamos del Jafetz Jaim y sus libros, en lugar de detallar el castigo que tiene el que habla lashon hara, vamos a hablar sobre el premio (simplemente para referirnos a algo más grato) que nos espera por cuidar nuestra forma de hablar: dice el Jafetz Jaim:

El cuidar el habla tiene virtudes que nos llenan de santidad: a) nos salvan de todos los castigos que merecen los que cometen estos pecados. b) estamos seguros de cumplir con una de las finalidades para la cual fuimos creados, ya que hablando lashon hara, estropeamos el “instrumento” exclusivo que tiene el ser humano en la Creación, que es el habla. c) y este cuidado hace que podamos llamarnos “persona”, “hombre”, como está escrito en el Tehilim (cap. 34,13), “quién es el hombre que quiere la vida...”, lo llama hombre, y no en la categoría de un ser viviente que no habla. Y el Midrash Shojer Tov dice algo así: de la misma forma que el mar “escupe” toda la basura a la orilla, también los malvados “escupen” toda su basura con sus bocas. d) de la misma forma que la persona se contiene y no echa culpas ni delata a sus semejantes, buscando con todas sus fuerzas encontrar un mérito en una acción dudosa, también en el Cielo, los ángeles siempre lo estarán defendiendo, como está escrito en el Midrash Mishle.

También quien cuida su lenguaje se hará merecedor del espíritu de santidad, como está escrito en el Zohar Hakadosh, perashat Jukat.

El que guarda sus palabras también tendrá su premio en este mundo, como lo explica la Mejilta en la perashat Mishpatim, sobre el versículo que menciona que la carne no apta para la alimentación se arrojará a los perros...

Esto nos enseña que Hakadosh Baruj Hu se ocupa de “premiar” a todas las criaturas. Al perro que no le ladró al iehudi en egipto, el Bore Olam lo premió con la carne no apta para nuestro consumo, entonces, si Hashem da su premio hasta a los animales, más y más tenemos que estar seguros que nos dará a nosotros el premio que merecemos.

Por cada instante que cuidamos nuestra lengua tenemos otro premio muy valioso, un lugar especial en el Gan Eden, como nos asegura el gaon rabenu Eliahu ztz”l (el Gaon de Vilna) en sus escritos, “Alim Latrufa”, en nombre del Midrash: en todo instante en que “cerramos” nuestra boca nos hacemos merecedores de la gran “luz” que ningún ángel ni ninguna otra creación pueden alcanzar.

Y por si fuera poco, nos salvamos del Gueinam, como está escrito en el Midrash Tanjuma (perashat Metzora, cap. 2): dijo Hakadosh Baruj Hu, si quieren salvarse del Gueinam, aléjense del lashon hara, y se harán merecedores de los dos mundos, el Olam Haze y el Olam Haba...

Hay otra gran virtud que podemos adquirir con el cuidado en el habla: la cualidad del Shalom, ya que es sabido que al cuidar nuestra lengua evitamos que aparezca la envidia entre las personas, y todos se quieren mutuamente, cuidando de no revelar las cosas secretas de cada uno, uno no revela las de otro y el otro tampoco revela las de uno, escribió el Jafetz Jaim en nombre del Arizal.

Y qué pasa cuando hay Shalom entre los iehudim? Es conocida la gran virtud del Shalom, como dijeron Jazal, que aunque exista, jas veshalom, en el pueblo de Israel, el pecado de la idolatría, pero si entre ellos hay Shalom, Hakadosh Baruj Hu le prohibe al satan atacar a su pueblo.

Y el que acostumbra a hablar cosas lindas sobre sus semejantes consigue que Hakadosh Baruj Hu lo mencione con su propio Nombre, Shalom, que es uno de los nombres de Hashem, como está escrito en el libro de Shoftim (cap. 6,24).

Dijeron Jazal (aparece en el libro “Maalot Hamidot” en la sección Maalat Hashalom): todo el que habla con su compañero, que come y toma con él, y después habla sobre él lashon hara, Hakadosh Baruj Hu lo llama “mal”, como está escrito en el Mishle (12,20). Y todo el que no come ni toma con su compañero, ni tampoco comercia con él (la intención aquí es que no recibe ninguna cosa buena ni ningún beneficio de él), y habla sobre su compañero cosas buenas, Hakadosh Baruj Hu lo llama “Shalom”, como describe el mismo versículo de Mishle (12,20).

Con ayuda del Creador, aunque tenemos que escribir sobre muchos temas en estos días, intentaremos hablar más sobre esta gran cualidad, que tanto nos hace falta en una sociedad que pretende que olvidemos el Shalom.

Jafetz Jaim. Shemirat Halashon.

Leiluy Nishmat     Efraim ben Shimon z”l




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