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Shabat Shalom


No. 198 - Bejukotai



¿DONDE TENEMOS LAS PIERNAS?

Si se conducen por Mis Caminos... (Vaikra 26,3)


Escuché en nombre de rabi Najum Zeev ztz”l, hijo del Saba Mikelem, que así decía: había un grupo de personas comiendo y bebiendo alrededor de una mesa, y, aparentemente, no había diferencias entre ellos. Cuando terminaron de comer, todos se levantaron y se fueron, menos uno que se quedó en su lugar. Nadie sabía por qué esta persona no se fue como todos sus compañeros.
Al levantar la mesa todos supieron la causa, este hombre no tenía piernas! Mientras estaban todos juntos, en medio de la comida, nadie podía notar nada. Pero cuando llega el momento de salir, vemos que uno de ellos no tiene piernas, es lo mismo que le pasa a mucha gente, dice el rab hagaon Iaacov Noiman ztz”l, los alumnos mientras estudian, un grupo de trabajadores realizando la misma actividad en conjunto, una congregación con todas las personas rezando al mismo tiempo. Están todos juntos, parecen todos iguales...


Hasta que llega el momento de salir al “gran mundo”, cuando llega el momento de separarse, cuando cada uno tiene que hacer las cosas por sí mismo, no en medio de un grupo, ahí vemos que hay personas con piernas y personas sin piernas.


Hay personas, que caen frente al viento más suave, y están los que frente al viento más fuerte que pueda existir en el mundo, no se mueven de sus lugares.


Por eso dice la Tora: “si van a andar con Mis Leyes...”, si se conducen con la Tora, esa misma Tora será para ustedes las piernas con las que podrán andar por el mundo, sin preocuparse ni avergonzarse frente a la gente que se burle de ustedes por haber decidido conducirse como ordena la Tora. Serán como una pantera que corre para hacer la voluntad del Bore Olam.


De esta forma podremos aclarar lo que está escrito en el Talmud, en el tratado de Berajot (35): cuando Israel hace la voluntad de Hashem, sus trabajos se hacen por medio de otras personas. Pero, si no cumplen con la voluntad de Bore Olam, entonces, tendrán que sembrar y cosechar...


Y el Tosafot pregunta: cuando decimos que tendrán que sembrar y cosechar, el versículo se refiere al momento en que sí están cumpliendo la voluntad de Hashem: “y será que cuando escuchen... para amar...” ¿Por qué la Guemara utiliza el sembrar y cosechar para la época en que Israel no escucha al Bore Olam? Podemos contestar, que una persona puede estar en un grado espiritual muy alto, en la categoría de “amar” a Hakadosh Baruj Hu, pero, de todas formas, lo describimos como el que no cumple con la voluntad del Creador.


Ya que aquí, en el versículo del segundo párrafo del “Shema”, la Tora habla en plural. Quiere decir, que esta persona cumple con la Tora solamente cuando está rodeada de otras personas, como que todos “lo empujan”, lo llevan. Pero al estar solo, no tiene piernas para andar y permanecer en su categoría, por eso este hombre es considerado como que no cumple la voluntad del Bore Olam porque vemos que necesita siempre de otros que lo ayuden.


Por eso el hombre fue creado “solo”, para que aprenda que todas las cualidades y virtudes dependen exclusivamente de él, que aunque no consiga la ayuda de ninguna persona igualmente tiene que preocuparse por conseguir la elevación espiritual, mejorar sus cualidades, ya que no es posible pensar que Hakadosh Baruj Hu creó a las personas como entidades grupales, como un rebaño, donde la elevación de cada persona dependa de todo un conjunto de personas...


Y está claramente escrito en la Tora: “...en tu boca y en tu corazón...”, lo que nos ordena a cada uno en particular y no al conjunto. Pero, somos vagos, así es nuestra naturaleza, ¿para qué hoy, si podemos hacerlo mañana, pasado, o quién sabe cuando?, por eso, estando solos, no podemos llegar a alcanzar nuestros objetivos, aún teniendo las condiciones para alcanzarlos. Así es que tenemos la posibilidad de “adquirir” un amigo o un compañero, para que, ayudándonos mutuamente, podamos fortalecernos en el Servicio al Creador, pero no es bueno apoyarnos solamente en esto, que necesitemos siempre de la ayuda de otra gente. Tenemos que intentar, por todos los medios, de que cuando estamos solos, inclusive estando en un ambiente no del todo propicio, cuidar nuestra sagrada Tora sin cambiar nada, como Iaacov Avinu que dijo: “viví con Laban y cuidé los seiscientos trece preceptos de la Tora, y no aprendí de las malas acciones de la gente que tenía alrededor”, por eso, Iaacov Avinu tenía grandes riquezas, “...tengo vacas y burros...” De la misma forma nos asegura la Tora: “si van a andar por Mis Caminos...”, si van a cumplir la Tora en todo lugar, tanto solos como acompañados, les daré la lluvia en su momento y serán merecedores de todas las bendiciones de la Tora, porque esto es hacer la voluntad de Hashem.


Darje Musar.

 


YO QUIERO SER… UN GATO!!!


Si van a andar por Mis Caminos, así comienza la perasha, y explica Rashi, que aquí Hakadosh Baruj Hu nos pide, no solamente que estudiemos la Tora, sino que nos “ocupemos” de la Tora, y así tendremos todas las bendiciones del mundo. De lo contrario, no hace falta decirlo... Todos nosotros, a causa de no haber cumplido la orden de Hashem, fuimos castigados con lo peor, ¿hay algo más terrible que tener menos años de vida, lo alenu? Pero así fue, el hombre fue creado con la intención de que viva mil años!! Debido a los pecados que hizo la gente, el Bore Olam redujo los años de vida a sólo setenta, como decimos en Shabat, en los “Pesuke Dezimbra”, que la vida de la persona es de setenta años (y si son fuertes, ochenta).


Dijo David Hamelej: sepan, que como el hombre no hizo la voluntad de Hashem, el castigo más grande que recibió fue que el Bore Olam le acortó los años de vida, de mil años, que era lo que podían vivir los primeros hombres, pasamos a vivir setenta años de vida, una vida que pasa “volando”, y en la que, por supuesto, tenemos que hacer la voluntad de Hakadosh Baruj Hu, con todas nuestras posibilidades y aptitudes, ya que al ocuparnos de la Tora, Hashem nos asegura todo lo mejor. Veremos a qué se llama “ocuparse de la Tora”:


Se sabía que el Gaon de Vilna repasaba todo el “Shas”, todo el Talmud Babli, cada treinta días. El rab Jaim Kanievsky Shlita termina cada año el Talmud Babli en la víspera de Pesaj, y termina el Talmud Ierushalmi cada año en el aniversario del fallecimiento de su padre, el Staipeler. Pero el Gaon terminaba cada treinta días, aparte de que en cada Shabat estudiaba los tratados de Shabat y Eruvin, y que en cada festividad, estudiaba el tratado correspondiente, en Iom Kipur estudiaba el tratado de Ioma, el de Pesajim en Pesaj, etc.


Me contaron sobre un iehudi que vivía en Ierushalaim, dice el rab hagaon Shlomo Levinstein Shlita, y que está enterrado en “Har Hamenujot”, que en su monumento está escrito que estudió tantas y tantas veces los tratados de Betza y Rosh Hashana. ¿Cómo fue?
En una oportunidad, este iehudi fue al médico, que le dijo que estaba por perder la visión. Tenía dos posibilidades, operarse, con el riesgo de quedar ciego en el momento de la operación, o, no operarse, y al cabo de un tiempo quedaría ciego. El hombre le dijo al médico que se tomaría unos días para analizarlo. Volvió a su casa y pensó, si quedo ciego, ¿cómo voy a estudiar? Decidió estudiar dos tratados de memoria, Betza y Rosh Hashana. Cuando ya los supo de memoria, volvió al médico y le dijo que lo opere. El médico lo revisó y dijo: ya es muy tarde, no hay nada que hacer, no podemos operar...
Hacer o no hacer, el que hizo algo fue él mismo, sabía dos tratados de memoria. La esposa tenía un negocio en Mea Shearim, y cuando la acompañaba al negocio, repasaba, cuando volvía también repasaba, hasta que perdió la vista, y repasaba de memoria los tratados en todo momento. Cuando falleció, dejó escrito que quería que esté a la vista cuantas veces estudió cada tratado, para que quien lo vea, “despierte” y se dé cuenta del valor del tiempo. Está escrito allí que estudio cada tratado cuatro mil veces!!! Esto se llama aprovechar el tiempo.


Pero el problema es que nosotros siempre encontramos la forma de perder el tiempo. Por ejemplo, tenermos que depositar un cheque, vamos al banco, hay cinco personas en la fila, cinco minutos cada una, veinticinco minutos...
¿Qué puedo hacer? ¡Me quedo parado! Miro a los costados para ver si hay algun conocido con quien hablar, no, no hay nadie. Saco el cheque del bolsillo, lo miro adelante, atrás, ¿puse mi nombre?, ¿lo firme?, lo vuelvo a guardar, ¿llegó algún conocido?, no. Empiezo a mirar los carteles con las promociones del banco, las opciones de inversión, todavía no llegó ningún conocido, tampoco mi turno... Otra vez saco el cheque, lo miro adelante, atrás, ah, Baruj Hashem llegó mi turno, veinticinco minutos “perdidos”. En veinticinco minutos se puede estudiar mucho, y si son cosas ya estudiadas, podemos repasar mucho más... Esto es “ocuparse”.


La Guemara Pesajim (68b) cuenta sobre rab Sheshet, que repasaba “todo” su estudio cada treinta días. Todo su estudio! Yo también puedo hacerlo, y me va a llevar no más de dos horas, no es lo mismo, rab Sheshet SABIA!!! Cuando terminaba su repaso le decía a su alma: quedate tranquila, me esforcé, estudié y volví a repasar mi estudio “para vos”. Pregunta la Guemara, ¿eso es correcto? No puede ser, su estudio es para todo el pueblo de Israel, no para el solo, como dijo el profeta Irmiahu, que si no estudian la Tora de día y de noche, las leyes de los cielos y la tierra no se mantendrán, o sea, que no habrá mundo si por un instante nadie estudia Tora. Por eso, con su estudio, rab Sheshet mantiene la existencia del mundo, ¿cómo declara que su estudio es sólo para su beneficio?


La Guemara quiere contestar que en verdad, cuando alguien hace algo, piensa primero en sí mismo, en su beneficio, y luego en el beneficio de los demás. No entendemos la respuesta. Vamos a explicarlo, continua rabi Shlomo.
Preguntamos, ¿cuál es la diferencia entre un gato y una persona? Podemos contestar que el gato se para en cuatro patas y el hombre camina erguido, sobre las dos piernas. Entonces, ¿la diferencia entre un mono (que camina erguido) y un hombre? Bueno, el mono tiene cola y el hombre no. ¿Y la diferencia entre un pingüino (que no tiene cola) y un hombre? En resumen, la pregunta es ¿cuál es la diferencia entre un animal y un hombre?
La respuesta: el hombre tiene inteligencia y el animal tiene un “programa”, un “disco rígido” programado con la reacción a cualquier situación que se presente. Podemos estudiar la vida de un gato y al cabo de poco tiempo podemos predecir como reaccionará a cualquier estímulo, tanto sea un gato argentino o un gato israelí o japonés, ya que el gato no tiene la capacidad de “elegir”, de decidir qué hacer... Así sucede con todos los animales. No pueden “trabajar” sobre su comportamiento. Las personas también nacen con ese programa, pero tienen la posibilidad de “desconectarlo”, pueden elegir, y convertirse en personas.


La mayoría de las personas no desconectan su programa, y siguen con él durante toda la vida. Siguen siendo “gatos” toda la vida, un ejemplo:

En Bnei Brak hay calles muy angostas. Entra un coche por una esquina y otro por la opuesta. Quedan atrapados en el medio de la cuadra y uno le pide al otro, con señas, que se corra y lo deje pasar. Pero el segundo se pregunta por qué y decide no moverse, que se corra el otro. Las señas pasan a gritos, “te voy a pasar por arriba”, “pasá nomás”, hasta que uno “recuerda” al padre, al abuelo y hasta al bisabuelo del otro. Y el segundo no se queda atrás y también reparte “bendiciones” para la familia del primero. Mientras, hay alrededor cien niños y otras cincuenta personas mayores que disfrutan de un show gratuito.


¿Qué es lo que ellos gritan? Uno dice: yo soy un gato!, y el otro le grita: no!, yo soy el gato!!! ¿Por qué?, porque se quedaron con el primer “programa”, y no son capaces de pensar. Ninguno puede recorrer unos metros marcha atrás y dejar pasar al otro. No les importa perder tanto tiempo. Eso se llama ser un gato...


Dejar de ser gatos, estudiar Tora para elevarnos y convertirnos en personas, esto es lo que dijo rab Sheshet, que lo hacía para él, para su beneficio, para dejar de ser un gato y convertirse en un hombre con la capacidad de elegir...


De las conferencias del rab Shlomo Levinstein Shlita


Leiluy Nishmat Efraim ben Shimon z”l




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