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Shabat Shalom


No. 205-Balak



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CUMPLIR RESULTA PESADO!!!

“... y no vio carga en Israel...” (Bamidvar 23,21)

El “Or Hajaim” Hakadosh explica el versículo de la siguiente forma: estos son los justos, que a pesar de que cumplen muchos preceptos y se ocupan del estudio de la Tora constantemente, no sienten que esto sea una “pesada carga”, sino todo lo contrario, se sienten como una persona que está ganando (dinero) o como una persona que disfruta, de tanto el amor que tienen por la Tora, y porque el estudio y el cumplimiento les brindan placer. Y esta es la alabanza con la que Bilaam bendice al pueblo de Israel, que aunque se ocupen permanentemente de la Tora y de sus preceptos, no sientan cansancio ni lo tomen como algo que molesta llevar a cabo.

En el tratado Baba Metzia del Talmud Babli (hoja 84), encontramos un relato donde rabi Iojanan ve a Resh Lakish que atraviesa el río Iarden de un salto. Rabi Iojanan le dice: “cumplí con lo que dice la Tora, y yo te aseguro que te daré a mi hermana por esposa siempre y cuando te ocupes de la Tora todo el día”. Resh Lakish aceptó estudiar Tora. Enseguida intentó volver a la otra orilla del Iarden para recoger sus pertenencias, pero ya no pudo, no tuvo la fuerza para realizar semejante salto. Es difícil encontrar el motivo por el cual perdió la fuerza, ya que si suponemos que había comenzado a estudiar Tora podríamos dar lugar a decir que su cuerpo se debilitó por tanto estudiar, pero vemos, que todavía no empezó a estudiar, simplemente se comprometió a estudiar, entonces, ¿por qué ahora no pudo realizar el mismo salto que había hecho hacía solamente unos minutos?

Me parece, dice el rab hagaon Iaacov Noiman ztz”l, que todavía tenía toda la fuerza para realizar el mismo salto, pero, al recibir sobre sí la obligación de estudiar Tora, ahora le faltaba la motivación para cruzar el Iarden. Por eso suponemos que no tenía fuerza, ya que cuando una persona no encuentra el gusto por hacer algo, le falta el impulso, y sin ese impulso él mismo no cree tener la fuerza para concretar ese hecho, aunque en la realidad tiene todas las posibilidades de realizarlo como cuando saltó la primera vez.

Lo mismo ocurre a la inversa, cuando tenemos delante algo que nos parece imposible poder llevar a cabo, pero existe una fuerte voluntad, hay un “motivo” para intentarlo, “queremos” hacerlo, allí aparece la fuerza aunque esté a la vista que se trata de una persona que no tiene fuerza suficiente, pero la motivación, las ganas, convierte al débil en un hombre fuerte.

Cuentan sobre rabi Zalmale, hermano de rabi Jaim Mivoloshin, que era un hombre muy débil. Cierto día, estaba buscando un libro, y después de un rato, supo que se había caído detrás de la biblioteca, necesitaba el libro con suma urgencia, pero hacían falta cinco hombres fuertes para poder mover la biblioteca. Y rabi Zalmale, con toda su debilidad, pero con su gran amor a la Tora, y con el deseo de consultar urgentemente el contenido de ese libro, movió la biblioteca sin ninguna ayuda, y se puso a estudiar del libro con tranquilidad.

Preguntan los jajamim, ¿cómo hacen los muchachos que estudian Tora todo el día para realizar el “mishmar” (estudiar durante toda una noche)? Pueden, porque le encontraron el “gusto” al estudio. El gusto, las ganas de estudiar dan fuerza para permanecer estudiando toda la noche. Si lo que hacemos no nos gusta, o si lo que estudiamos no nos interesa, podemos quedarnos dormidos en menos de cinco minutos. Así podemos traer al Beit Hakneset una persona de la calle, una persona fuerte y musculosa, lo hacemos sentar y le pedimos que estudie durante toda la noche, al no estar compenetrado en el tema que se estudia, sentirá aburrimiento y se quedará dormido en unos minutos, por no haberle encontrado el “gusto” al estudio.

Primero, hay que saber que la Tora es “dulce como la miel”. Y cuando le sentimos el gustito, nunca sentiremos que es una carga estudiar o que nos provoca cansancio. Y si vemos que, jas veshalom, sentimos cansancio y nos falta la fuerza para estudiar, es simplemente porque nos faltan las “ganas”, el gusto todavía no apareció. Necesitaremos entonces, por las mañanas, en las bendiciones de la Tora, poner más “intención” al recitarlas y pedirle al Bore Olam que nos revele el gusto de la Tora.

En una fiesta de “Bar Mitzva”, me acerqué al muchacho y le di una bendición: “que sea merecedor a sentir el gusto en el estudio”. Se me acercó después el rab hagaon Iejezkel Levinstein ztz”l y me pidió que le dé a él la misma bendición.

El Maguid Midubna compara esto con un comerciante que llega al puerto con las mercancías que compró en el exterior y le pide a uno de los muchachos que trabajan allí que lleve sus paquetes a su casa a cambio de una suma de dinero. Llega el muchacho a la casa del hombre y le pide el dinero pactado. El comerciante le dice: estos no son mis paquetes, trajiste los de otra persona en lugar de los míos, los míos eran livianos, no hubieras necesitado transpirar para traerlos... Así dice Hakadosh Baruj Hu, “no se verá cansancio en Israel”, cuando encuentren el “gusto”, no sentirán el esfuerzo, como los justos que estudian sin que sea una carga, porque disfrutan del cumplimiento de los preceptos.

Darje Musar.

Leiluy Nishmat Ruben Daniel ben Malca Victoria z”l

Recordamos esta frase que se usaba cuando fuimos más chicos. Cuando estábamos a punto de hacer una “maldad”, aparecía la voz de la conciencia, un angelito bueno que trataba de persuadirnos de no hacer la maldad para que nos comportemos como buenos niños...

Bilaam va en camino a encontrarse con Balak, en contra de la advertencia del Bore Olam que le dice: “no vayas con esos hombres, ya que el pueblo al que quieren que maldigas es Mi Pueblo, y es bendito”. Pero, el dinero y la ambición pueden más, por eso Bilaam no escucha y va con ellos. En el camino aparece un ángel que intenta detenerlo, que lo quiere hacer recapacitar. Ese ángel es “esa voz”, la voz de la conciencia, que está en cada uno de nosotros. En el preciso momento en que estamos por caer en las garras del “ietzer”, aparece el ángel que intenta salvarnos del pecado. Es la voz interior, que busca que el hombre no caiga detrás de su instinto, de sus deseos, y deje de cumplir los preceptos de la Tora. Pero no es fácil detener la caída cuando a la persona le “entra” el “espíritu de la estupidez”, y lo lleva en dirección al pecado. Y a pesar de que vemos que hay una supervisación permanente sobre nuestros actos, esto no parece importarnos demasiado, y justamente aquí es donde debemos detenernos y hacer un balance...

Dijeron Jazal: al principio, el ietzer hara es como un pequeño y delgado hilo, pero después (nosotros le permitimos crecer) se compara con un carro muy pesado (tratado de Suca, 52a). Lo que ocurrió con Bilaam nos enseña que si una persona busca la “libertad” (no la verdadera sino la que supone verdadera, él quiere no pensar en nada, tener la mente en blanco y que su cuerpo también sea libre, permitirse todo lo que desee) primero pide permiso para entrar en esa libertad, allí no se siente dueño de nada, y el ietzer es delgado como un hilo. Pero una vez que ya entró, se convierte en el “dueño de casa” y ahora no hay a quien preguntarle, el ietzer creció y se hizo muy pesado, y el dueño de casa, que así se cree, no tiene como salir..., como Bilaam que no podía escapar ni a derecha ni a izquierda.

Por eso, necesitamos saber elegir nuestras amistades, nuestro entorno, buscar rodearnos de “buenos amigos”, de los cuales podamos aprender cosas buenas para que no nos arrastren cosas no buenas. También después de haber eligido el bien, juntarnos con personas con “Irat Shamaim”, tenemos que “pesar” cada acción y acción antes de realizarla, ver que la acción es completamente buena, sin mezclas de intenciones extrañas que desvíen nuestro camino. Inclusive en el momento de cumplir con un precepto, hay que revisar si no hay algún pecado escondido con el nombre de “precepto”. Y saber siempre que el ietzer está esperando, justamente cuando estamos por realizar una buena acción, está esperando confundir nuestros corazones, ya que en ese momento sentimos confianza, y solemos bajar las defensas, ese es el momento que el ietzer prefiere para atacar...

Un hombre vivía en una ciudad que estaba en uno de los límites del país, y todos los días subía a su bicicleta y cruzaba la frontera para trabajar en el país vecino. Un día, los policías de la frontera vieron que al regresar, el hombre traía un balde lleno de arena, y cuando le preguntaron para qué era la arena, el hombre contestó que estaba en sus planes construir una casa. Como la arena era mucho más barata en el país vecino, pensaba traer cada día lo que pudiera transportar con su bicicleta. Los policías no se conformaron con la respuesta y sospecharon que dentro de la arena el hombre escondía algo de mucho valor, entonces “tamizaron” la arena para revisarla. Después de comprobar que la arena estaba “limpia”, permitieron que el hombre siga su camino, con su arena “barata”.

Y así siguió día tras día. Por la mañana el hombre pasaba con el balde vacío y al fin de la tarde regresaba con su balde lleno de arena. Los inspectores de impuestos revisaban todos los días la arena, pero al ver que siempre estaba limpia, dejaron de revisarlo todos los días y sólo lo revisaban de vez en cuando. Un día el hombre le dijo a los policías: hoy es el último día que traigo arena, ya que la construcción entró en la etapa final y ya no hace falta más arena. Ese día también revisaron y tampoco encontraron nada.Antes de que siguiera su camino, se acerca uno de los inspectores y le dice al oído: seamos sinceros, tu “cuento” no resulta creíble, contame la verdad, te aseguro que no la revelaré ni te castigaré por lo que hayas hecho.

El hombre sonrió y le dijo al guardián: estás en lo cierto, y por cuanto que me aseguraste que no habrá castigo, te diré la verdad. Jamás tuve la necesidad de traer arena, solamente la usé para confundirlos, para que no puedan ver lo que realmente traía. Si se hubieran fijado bien, hubieran visto que a la mañana pasaba con una bicicleta vieja y destrozada, pero a la tarde, volvía siempre con una bicicleta nueva y muy costosa. En el país vecino las bicicletas son muy baratas, comprando allá y vendiendo acá conseguí hacer muy buenas diferencias. Ustedes buscaban dentro de la arena, sin fijarse en el aspecto de la bicicleta...

Esto mismo es lo que hace el ietzer. Confunde nuestras mentes y nos empuja a cumplir preceptos, a realizar buenas acciones, ¡miren, miren todos que persona justa que soy, miren las buenas acciones que hago!!!, acciones que el ietzer nos convence de hacer y nos muestra que somos personas buenas, pero también nos hace caer en el orgullo, y en el deseo de que todos vean que somos personas importantes, y por sobre todo, de bien. De ahí la necesidad de revisar cada una de nuestras acciones. El ietzer nos hace creer que es un buen amigo, que quiere nuestro bien, cuando busca exactamente lo contrario, y así, con su engaño, tiene mucho éxito en su empresa.

Si logramos entender este mensaje, quiere decir que el ietzer es todavía un hilo delgado, y usando la voz de la conciencia, podremos dominarlo con facilidad, y dirigirnos por el camino “derecho”.

Lekaj Tov.

Leiluy Nishmat Ruben Daniel ben Malca Victoria z”l




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