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Shabat Shalom


No. 206-Pinjas



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NO TENGO FUERZA, NO PUEDO, MEJOR DESPUES, O MAÑANA...

¿Cuántas veces contestamos así a un pedido de ayuda? Y otras veces ni siquiera es pedir ayuda, sino tan solo acompañamiento, o asociación, o simplemente una complicidad con unas palabras o con el pensamiento. “No estoy dispuesto... Va contra mi naturaleza...” Son respuestas frías, que marcan distancia, pero muy comunes en nuestros días. Todo el mundo acepta que no se puede esperar de una persona que se aparte “un dedo” de su costumbre, y menos cuando se trata de ayudar a otro. Pero todavía existe gente con buen corazón, que piensa que puede ayudar a otra persona e intentar hacerle un bien. Todos corremos porque correr es “natural”. Pasamos el día corriendo de aquí para allá, ahora tenemos que hacer esto, después esto otro, tenemos cosas que terminar, que nunca se terminan. Puede ser, que a la persona que no tiene buenas cualidades, no se le pase por la cabeza el pensar que es necesario y posible cambiarlas. De la misma forma, a una persona piadosa, no se le puede pedir que sea “fría” en el momento y en el lugar en que necesitamos ser fríos, diremos: “no puedo, no estoy preparado para esto, va contra mi naturaleza...”

Pero la Tora piensa de otra forma. Toda persona tiene que cambiar y mejorar sus cualidades, y, además, gobernar sobre ellas. Hay una urgente necesidad de modificar todas las malas cualidades que vinieron solas, porque así es la  naturaleza de las personas. Y son conocidas las palabras del Gaon de Vilna al respecto: “lo fundamental en nuestras vidas es fortalecernos siempre y romper las malas cualidades, porque si no lo hacemos, ¿para qué vivimos?” Así es que debemos aprender a gobernar nuestras cualidades, y ser piadosos en el momento en que hace falta piedad, y ser fríos, cuando la situación lo requiere. También como perseguir la paz cuando es buena para el mundo, y estar en su contra cuando no es buena para el mundo...

Entonces, para Servir verdaderamente al Bore Olam, debemos elevarnos con la Tora, ocuparnos durante toda la vida en una guerra interminable contra las fuerzas del cuerpo y de la naturaleza, contra la fuerza de la inercia y del instinto. Estas fuerzas luchan permanentemente para imponer sus voluntades materiales y naturales, en contra del razonamiento y del camino de la Tora. Y, en nuestra guerra, debemos prevalecer sobre estas fuerzas, y usarlas cuando es necesario en lugar que ellas nos usen a nosotros. Debemos ser ágiles cuando hay que ser ágil, por ejemplo, en el cumplimiento de los preceptos y en el evitar el desperdiciar el tiempo, ese tiempo tan valioso que nunca da marcha atrás. También la Tora nos dice cuando es necesario frenar: cuando el ietzer nos quiere empujar a hacer algo indebido, allí tenemos que pisar el freno y, si no podemos frenar de golpe, al menos, dejar pasar el momento, no apurarnos a ir donde no debemos ir. Cuando alguien nos pide ayuda, cuando es una buena acción ayudarlo, nos apuramos a ayudar, y pensamos en nuestros semejantes, pero a veces, hay gente que pide ayuda para cosas no buenas, ese es el momento en que debemos “enfríarnos”, no escuchar los pedidos de ayuda que no tienen buenos propósitos.

En el libro “Penine Rabenu Iejezkel” encontramos el homenaje que le hace el rab hagaon Iejezkel Abramsky ztz”l al Maran Harav Mibrisk ztz”l. Entre las palabras del que tuvo el mérito de ser uno de sus alumnos, dice: todo el que estuvo cerca del Maran rabi Jaim, nunca podrá describir sus cualidades, de la forma en que solemos describir a cualquier persona: frío o cálido, avaro o generoso, furioso o paciente, etc. ¿Por qué es imposible caratularlo? Porque todas sus acciones, todo su comportamiento fue siempre de acuerdo a la Tora. En todo momento, en cualquier asunto se comportó de acuerdo a la exigencia de la Tora para esa situación!!

Y esta, justamente, es la obligación que aceptamos cuando dijimos naase venishma, haremos y escucharemos, adaptar nuestra conducta para vivir según como la Tora nos ordena. Este es la causa por la cual todos los otros pueblos no aceptaron recibir la Tora, porque quisieron seguir como su costumbre, como era para ellos “natural”. El fortalecerse sobre la dificultad de anular nuestra voluntad frente a la voluntad de la Tora, es una buena razón para aumentar nuestra recompensa, ya que sobre esto fue dicho de acuerdo al esfuerzo el premio (Pirke Avot 5), y también, es más un precepto cumplido con esfuerzo que cien cumplidos sin esfuerzo (Avot Derabi Natan).

Dice el versículo: Pinjas, el hijo de Elazar, hijo de Aharon Hacohen..., y Rashi explica, de acuerdo al Talmud, en los tratados de Sanhedrin y Sota, que todos despreciaban a Pinjas, porque el abuelo materno era Itro, uno de los más grandes sacerdotes de la idolatría. Ahora que Pinjas mató a uno de los príncipes de una de las tribus de Israel, todos preguntaban ¿cómo se atrevió este “extraño” (descendiente de otro pueblo) a matar a uno de nuestros hermanos? Por eso la Tora lo nombra como descendiente de Aharon Hacohen (su abuelo paterno). Y preguntan los jajamim: si lo que hizo estaba bien, ¿qué importa ser nieto de Itro?, y si lo que hizo estaba mal, ¿qué importa ser nieto de Aharon?

Podemos pensar que si el hecho no fue correcto, el ser descendiente de Aharon puede ayudarlo a pasar el mal momento. No, al contrario, si una persona que desciende de personas justas hace algo malo, hay que castigarlo más severamente, porque no siguió el camino de sus ancestros. Y más, ¿qué ganamos con “acercarlo” a Aharon Hacohen? Pinjas era tanto nieto de Aharon como nieto de Itro en igual medida...

El rab hagaon Jaim Erentroi ztz”l ordena estos conceptos en su libro “Kometz Haminja”. El versículo dice que Hashem le da a Pinjas su recompensa por lo que hizo. Dijeron Jazal: dijo Hakadosh Baruj Hu: seguro que Pinjas tiene que ser recompensado (Midrash Raba). Entonces preguntamos, ¿acaso podíamos pensar que el Bore Olam va a pagar a quien no lo merece, jalila? No, el Midrash viene a reforzar, a resaltar y darle un gran valor a lo que hizo Pinjas...

Cuando vamos a juzgar lo que hace alguien, se puede juzgar sin considerar lo que pasa alrededor, sin ver el “decorado” de la escena. Pero también podemos juzgar, calculando todo el entorno, el carácter de la persona, la familia de donde proviene, sus estudios y sus aptitudes. Seguro que esta segunda opción es la correcta. Por eso, cuando se trata de una persona sin cultura siempre hay que ser comprensivo, pero al juzgar a una persona con estudios, con condiciones, debemos ser más severos. De la misma forma, cuando una persona simple hace algo que es digno o es normal para una persona sabia o con importantes cualidades, merece una gran alabanza. Todo esto porque para valorar un hecho, no basta con mirar sólo el hecho sino también todo lo que lo rodea.

Esta idea aparece en el Pirke Avot. “¿quién es el fuerte? El que domina su instinto, como está escrito: mejor es la calma que la fuerza, mejor dominar la voluntad antes que provocar destrucción” (cap. 4). Explica rabenu Ovadia Mibartenura: mejor la calma, la calma que viene por el lado de la fuerza del que domina su instinto, no la calma que viene del que es débil por naturaleza. Lo mismo diremos para el que domina su voluntad, cuando con su fuerza podría destruir todo lo que tiene alrededor, como un rey que doblegó a una ciudad que quería revelarse, y al tomarla por la fuerza, domina su instinto y gracias a esto, no mata a sus habitantes. El verdadero fuerte es el que en su guerra contra el instinto, hace lo que es justo, correcto y aceptado (no para él sino para todos). El que hace las cosas “derechas” pero, naturalmente, porque así lo siente, puede ser que haga cosas buenas, pero no es digno de llamarse “fuerte”.

Por eso dijeron Jazal: de acuerdo al esfuerzo será la recompensa, cuanto el hombre invierte más para fortalecerse contra su instinto, tanto más aumentará el premio que recibirá por la acción. Entendemos entonces las palabras de Jazal: es más importante hacer algo para lo que fuimos ordenados, que hacer algo sin obligación (tratado de Kidushin, 31), mejor hacer algo contra nuestra naturaleza, por la obligación...

Veamos ahora lo que hizo Pinjas. ¿Cómo llega a matar al pecador? Si era una persona fría por naturaleza, meticuloso y hasta agresivo, que por cualquier cosa pequeña que veía hacía un “juicio” por su propia cuenta y llevaba a la práctica la sentencia, diremos que matar no fue una demostración de fuerza. Si esa hubiera sido la realidad, sería justo decir que era un descendiente de Itro, ya que un comportamiento “frío” y libre, es fácil relacionarlo como proveniente de gente que practica la idolatría.

La realidad era otra, Pinjas estaba muy lejos de esa descripción, era una persona que amaba a sus semejantes, que amaba la paz y la perseguía (como digno descendiente de su abuelo, Aharon HaCohen). En este entorno vemos que este hombre, tuvo que “transformarse”, dejar de ser un “dulce”, abandonar por un momento la paz y el recato, porque ese era el momento de Hashem, había que frenar la destrucción, estaba muriendo gente, había que utilizar la fuerza para santificar el Nombre del Bore Olam!

Solamente Hakadosh Baruj Hu, que sabe todo lo que ocurre en nuestro interior, puede saber que pasó por la cabeza de Pinjas en ese instante, y lo nombra “Pinjas, hijo de Elazar, hijo de Aharon HaCohen... hago con él un pacto de paz”, Hashem le da su premio, la paz, con la paz Hakadosh Baruj Hu describe la acción de Pinjas! Porque lo de Pinjas no fue un “asesinato”, no fue algo que vino de su naturaleza. Pinjas hizo un acto que demostró la fuerza contra su naturaleza, por eso merece un premio mayor.

¿Cómo podemos llegar, nosotros, tan sumergidos en la materia, ser capaces de fortalecernos sobre nuestra naturaleza, para poder cumplir con la voluntad de Hakadosh Baruj Hu en cualquier condición, tanto sea fácil y cómodo, o también cuando no sea tan fácil?

El secreto de alcanzar esta capacidad se consigue reconociendo y proclamando el reinado de Hashem en el cielo. Muy lindo el versito, ¿y cómo reconocemos el reinado de Hashem en el cielo?

Dijeron Jazal (Midrash Raba, Bereshit 34,10): los malvados van detrás de los designios de sus corazones como rezan los siguientes versículos, “dijo Naval en su corazón” (Tehilim 14), “y dijo Esav en su corazón” (Bereshit 27), “y dijo Ierobam en su corazón” (Melajim 1, 2), “y dijo Aman en su corazón” (Ester 6). En cambio, los justos, dominan a sus corazones, “y Jana le hablaba a su corazón” (Shmuel 1, 1), “y dijo David a su corazón” (Shmuel 1, 27). Explicó el rab hagaon Zeev Volv ztz”l: los malvados se apoyan en sus deseos, en los placeres, en los pedidos de sus corazones, para su provecho, sin importar si hacen bien o mal a los demás. Los justos van detrás de la voluntad del Bore Olam, y hacen que sus corazones se acomoden a sus pensamientos. Esto es reconocer el Reinado Celestial, y cuanto más fuerte estemos y sigamos el rumbo de la Tora, dejando de escuchar lo que el corazón pide, veremos que podremos gobernar nuestro cuerpo y que nuestra voluntad será Su Voluntad.

  Lekaj Tov.

 

  Leiluy Nishmat     Ruben Daniel ben Malca Victoria z”l




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