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Shabat Shalom


Parashat Matot-6
Por. Rav Baruj Mbazbaz



Los hombres del "mañana"

Si quisiera fundarse una nueva sociedad, que sin duda tomaría el ambicioso nombre de Los hombres del "mañana", no pocos se creerían dignos merecedores de ocupar el cargo presidencial. Cada uno presentaría su curriculum vitae con su trayectoria, que justificaría su preeminencia para dicho puesto.

Pero no cualquiera podría formar parte de la sociedad. Los requisitos serían rigurosísimos. Así se desprende del relato de uno de sus posibles fundadores (quien además aspira ser su primer mandatario):

Un día, al llegar a casa, encontré sobre mi escritorio una carta que me enviaba un gran amigo de la infancia. Me invitaba al casamiento de su hijo. A la boda no podía asistir, cientos de kilómetros nos separaban. Por eso decidí, aún con la carta en la mano, que debía escribirle unas líneas expresando profundos deseos de prosperidad y bienestar a la nueva pareja y asimismo mis disculpas por no concurrir.

El bolígrafo y las hojas estaban a mi lado, sin embargo me pareció conveniente dejar la redacción para después de la cena. Aclaro, para que no se me juzgue erróneamente, que tengo facilidad para escribir; hasta diría que me gusta hacerlo. Pero acabada la cena, y a pesar de que sabía que la carta me aguardaba, el cansancio me venció. Resolví dejarlo para la mañana, después del desayuno.

No obstante, la mañana siguiente me desperté unos minutos más tarde que de costumbre, motivo por el cual ya no me quedó tiempo para acometer la carta. "Sin falta", me dije camino de la oficina, "sin falta esta noche me siento a escribirla". Sólo que por la noche mi vecino me pidió que lo ayudara con la mudanza, y al regresar ya no tuve ánimo de escribir...

Transcurrieron varios meses. La pareja ya estaba por abrazar a su primer hijo; yo sentí que ahora no tenía ya sentido enviar unas palabras de felicitaciones.

Al reflexionar sobre el motivo que me había llevado a esa situación, llegué, después de descartar muchas hipótesis, a la simple conclusión siguiente: el haber dejado pasar el primer momento, cuando tuve la oportunidad y el tiempo para escribir la carta, fue causa de mi dejadez posterior. Nunca faltan justificativos para postergar nada.

Otro de los postulantes a la presidencia también nos refiere una de las tantas historias que experimentó en vida:
Comenzada otra semana de rutina, salí de mi departamento para ir al trabajo. En mi buzón había una citación del correo para que fuera a buscar un paquete a mi nombre. Miré el sobre nuevamente y advertí que el destinatario era un vecino de la cuadra y no yo. Me sobraban unos minutos, podía dejársela en su buzón, pero opté por ir a la oficina y entregársela personalmente al regresar. Guardé la citación en el bolsillo, para no olvidarme.

Al regresar del trabajo decidí cenar primero y luego hacerle a mi vecino el gran favor de darle la nota. Ocurrió sin embargo que acabada la cena, mi hijo no se sentía bien; decidimos con mi esposa llevarlo al médico. El día siguiente otro percance me impidió ir a lo de mi vecino, y así pasaron algunas semanas.

A veces, al despertar, me decía: "¡Basta! ¡No es posible!", pero continuaba sin cumplir con mi obligación. Hasta que una mañana, en un arranque de furia contra mi propia pereza, salté de la silla, corrí a casa del vecino y le entregué la nota. El hombre me agradeció amablemente; luego agregó que le habían enviado otra citación y que ya había recogido el paquete. No hace falta gran imaginación para adivinar mi sensación en aquel momento. Al analizar lo sucedido, llegué a la conclusión de que todo comenzó cuando, teniendo la oportunidad de hacerlo, me dije: "Después, más tarde".

Estos relatos reflejan nuestra frecuente conducta, que nos excluiría para siempre de la Sociedad del Mañana. Quien más, quien menos, todos tenemos un poco de estos personajes. En muchas ocasiones de la vida, e incluso sin darnos cuenta a veces, dejamos pasar las cosas, diciendo: "Después, mañana". Este defecto no sólo nos afecta en nuestra vida material, sino que también, para mayor desgracia nuestra, en el terreno espiritual. Pero no sería tan grave si cumpliríamos al fin con el fatal "mañana"; la dolorosa realidad es que ni siquiera eso hacemos: ese mañana nunca llega. Se nos presenta la oportunidad de hacer una mitzvá y la postergamos (incluso con pretextos reales, lógicos); el tiempo transcurre y acabamos perdiéndola irremediablemente. La única manera de poder desarraigar este defecto es aprendiendo de quienes lo tuvieron y lo superaron.

En nuestra parashá, D"s manda a Moshé reunir un ejército para vengarse de los midianitas y le revela que inmediatamente después de obtener la victoria, fallecería. Lo que no le dijo es en qué momento específico presentar batalla: eso debía decidirlo Moshé mismo, cuando le placiere.

Como puede fácilmente comprenderse, la disyuntiva en que se encontraba Moshé era grande. Estaba ansioso por cumplir lo antes posible la orden de D"s; ello, no obstante, significaba el fin de su vida. El versículo siguiente nos dice que Moshé no se demoró y que comenzó sin tardanza a organizar un ejército para salir a la guerra. La pregunta que surge es: ¿Por qué Moshé no dejó pasar el tiempo? Si D"s hubiese querido que él salga a la guerra en un momento determinado, ¿No se lo hubiese dicho?

Esta es justamente la respuesta: como D"s, bendito Él y bendito Su Nombre, sabía que para Moshé la situación no podía ser fácil, no estipuló un tiempo determinado para cumplir con Su orden. Moshé, por su parte, no hizo cálculos, sino llevó a cabo la voluntad de D"s lo antes posible, aun (y acaso en especial) cuando eso conllevaba un costo tan caro para él.

Nosotros, demás está decirlo, no estamos en la categoría espiritual en la que se encontraba Moshé Rabenu; pero debemos, en la medida de lo posible, aplicar sus enseñanzas, imitarlo en nuestro propio nivel. Así como él no dejó pasar la oportunidad de cumplir con una mitzvá, lo mismo debemos hacer nosotros. No postergar la oportunidad de cumplir cada mitzvá que se nos presenta, aunque estemos seguros de que después podremos hacerla.

Así, y si el Santo, bendito Él, nos asiste, lograremos aprovechar el presente y también el futuro, y podremos aspirar a pertenecer a la Sociedad del Mañana que prescribe nuestra sagrada Tora, fuente de toda vida.

 




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