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Shabat Shalom


La hoja-Vaetjanan



ESTUDIAR, ¿HASTA CUANDO?

“...y que tu corazón no se aparte todos los días de tu vida...”
(Devarim 4,9)

¿Hasta cuándo tenemos la obligación de estudiar Tora? Hasta el día de la muerte, como está escrito: “y que tu corazón no se aparte...”, porque todo tiempo que no te ocupes de estudiar, el estudio se olvida... (Rambam, leyes del estudio de la Tora).

No te apartes de la Tora, como está escrito: “cuidate solamente... no vaya a suceder que tu corazón se aparte...”, la Tora se refiere a sentarse a estudiar prestando atención (sin volar por los cielos). Y también dijeron los jajamim, el que habla palabras que no tienen que ver con la Tora, está dejando de cumplir dos preceptos, uno, como está escrito y decimos todos los días al menos dos veces: “y hablarás en ellas”, hablarás palabras de Tora y no otras, y el segundo precepto: “no apartes tu corazón...” (Smak, cap. 15).

El Rambam y el Smak nos dan a entender que todo tiempo que la persona tiene libre, y pudiendo estudiar Tora, hace alguna otra cosa o simplemente nada, está dejando de cumplir los preceptos mencionados.

En el libro “Shemirat Halashon”, escribió el Jafetz Jaim: Hakadosh Baruj Hu da cada día y a cada persona un “detalle de tareas” a cumplir, cuánto debe estudiar y adquirir y qué tipo de servicio tiene que hacer en ese día, entonces llega el ietzer hara, y en verdad, como siempre dice el rab hagaon Shlomo Levinstein Shlita, es nuestro gran amigo, una persona muy sensible, que nos dice que no debemos amargarnos ni preocuparnos, ¡no somos máquinas!, podemos quedarnos tranquilos, ya que si no podemos hacer nuestra “tarea” del día, porque tenemos problemas, porque estamos cansados, o nos duele algo, o, ¡porque no tenemos ganas!!!, no importa, se puede hacer “mañana”... Este, es un terrible error...

Porque mañana también tendremos obligaciones, que son independientes de las del día de hoy, y lo que hoy no hicimos no podremos compensarlo nunca!!! Solamente existe la posibilidad de completar lo que no pudimos hacer en el día, por la noche, así encontramos en Jazal que dicen, “pidió prestado en el día y devolvió el préstamo por la noche”.

Esto es lo que la Tora nos quiere destacar: “que no se aparte de tu corazón todos los días...”, y en otro lugar está escrito “verás la vida... todos los días...” O sea, que ningún día de nuestra vida pase “vacío”, nulo.

Continuamos con lo que está escrito en la introducción del libro “Jafetz Jaim” (precepto de hacer, 12). Cada persona debe cuidarse mucho de no echar a perder su tiempo y su estudio para ocuparse del sustento en mayor medida de la verdadera necesidad. Y si recapacitamos sobre este punto, prosigue el Jafetz Jaim, veremos de qué forma el ietzer nos cierra los ojos.

Es común en las personas, entre empleados y empleadores, que si el patrón le hace un regalo a sus empleados o les aumenta el salario, cuánto más reciba el empleado más se esmerará por aumentar su productividad. Pero en nuestras cuestiones con Hakadosh Baruj Hu, con quien también somos empleados que recibimos todos los días nuestro salario, el ietzer nos hace comportar de forma inversa. Si Hakadosh Baruj Hu nos “eleva” materialmente, si provoca que tengamos más dinero, el ietzer actúa inmediatamente, en lugar de permitirnos que mejoremos nuestro estudio y nuestro cumplimiento, nos muestra que ahora somos personas más importantes, por lo que es “absolutamente necesario” vivir en una casa digna a nuestra nueva posición, o sea, debemos cambiar de casa, cambiar de coche, cambiar nuestro vestuario, nuestras amistades y, comportarnos como personas adineradas...

Pero, por supuesto, para poder satisfacer todas estas “nuevas” necesidades, hace falta trabajar más, con lo que vemos que, si Hakadosh Baruj Hu nos dio la posibilidad de tener más dinero para que estemos más tranquilos y podamos estudiar mejor, en lugar de eso, hacemos lo contrario, generamos nuevas necesidades que hacen que en lugar de estudiar más, estudiemos menos...

Y mientras Hashem nos sigue ayudando a tener éxito en nuestros nuevos emprendimientos, el ietzer nos sigue empujando, y ya no alcanza con nuestro trabajo, debemos contratar empleados que nos ayuden...

Finalmente, todo lo que el Bore Olam nos “aumentó” para nuestro bien, el ietzer consiguió anular nuestro estudio y nuestro cumplimiento, hasta llegar al punto en que tiempo para estudiar no hay, ni siquiera hay tiempo para poder rezar en el Beit Hakneset...

Y el ietzer, ese “gran amigo” nos muestra que todo esto es por nuestro bien, él nos quiere tanto que nos aconseja que trabajemos más, para que no seamos la burla de nuestras nuevas y adineradas amistades, que no pasemos vergüenza al no tener tanto como ellos...

Y si nuestro trabajo tiene que ver con la congregación, si nosotros proveemos algo que la comunidad necesita, para el ietzer es más fácil engañarnos, ya que nos convence que aparte de trabajar estamos haciendo un bien a la gente, somos “indispensables”, lo que nos hace “libres” de cumplir otros preceptos...

En cambio, en los temas que nos acercan al Mundo Venidero, en los “verdaderos” preceptos, los que nos ordena el Bore Olam, el ietzer nos aconseja ser más conformistas. Estamos tan conformes con lo poco o nada que hacemos, somos como el más pobre entre los pobres que ni siquiera tenemos una manta para esconder nuestra vergüenza (vergüenza por el bajo nivel espiritual). Como dijeron Jazal, todo el que adquiere palabras de Tora, compra una casa en el Olam Haba. Y como el Olam Haba está rodeado por el Gueinom, el que no consigue entrar en el Gan Eden, ya sabemos donde termina, Hashem nos salve...

Ese mismo ietzer, ese gran amigo que siempre nos sonríe en este mundo, y que nos empuja a vestir y vivir como ricos, cuando lo vemos en el mundo venidero, también se ríe, pero ahora se ríe de nosotros, porque en el mundo de la verdad es nuestro “acusador”, es el fiscal que quiere poner el juicio en nuestra contra, y cambiar nuestras vestimentas finas por ropas sucias, manchadas por nuestros pecados, los pecados que él mismo nos ayudó a realizar. Por eso, veamos qué importante es analizar y preocuparnos únicamente por nuestras verdaderas necesidades de sustento, para poder santificar el resto de nuestro tiempo al estudio de la Tora.



Contó un talmid jajam, que en su juventud le tocó ser uno de los privilegiados de poder entrar y salir libremente de la casa del “Jazon Ish”:
Un año, al terminar el ayuno de Iom Hakipurim, después de haber comido y recuperado las fuerzas, se dirigió a la casa del Jazon Ish, pensando que ese era el momento oportuno para encontrar al Jazon Ish en su casa. Probablemente estaría cansado, con lo que podría aprovechar y “recolectar de su mesa” algunas “miguitas”, algo que normalmente era imposible durante todo el año...

Cuando entró a la casa, le preguntó al Maran cómo se sentía, cómo había pasado el ayuno. El Jazon Ish le dijo: sentate, quiero contarte algo...

Todos conocemos al gaon, el rab Jaim MiVoloshin, que estableció una gran Ieshiva en Voloshin. Cuando falleció, ocupó su lugar como Rosh Ieshiva, su hijo, rabi Ichele. Al ver rabi Ichele que su hija llegaba a la edad de casarse, eligió un novio para ella, el cual no parecía digno para semejante familia, el muchacho no se destacaba por sus aptitudes ni por su estudio. Y en especial, el problema radicaba en que este muchacho sería el “heredero” del cargo del suegro, y la familia protestaba argumentando que la elección del novio no fue adecuada, hacía falta alguien muy especial para que más adelante pueda estar al frente de la Ieshiva...

Rab Ichele escuchaba las protestas y se mantenía en silencio, no contestaba, y esperaba la oportunidad propicia para responder a las quejas. Y el momento llegó en el final del día de Iom Hakipurim, al terminar los rezos de Arvit. Toda la congregación formaba una impresionante fila para bendecir y ser bendecidos con un “Shana Tova”.

Cuando los familiares del Rosh Ieshiva pasaron junto a él, rab Ichele les pidió que lo esperen un momento, necesitaba decirles algo importante...
Todas las personas terminaron de saludar al rab y éste salió del Beit Hakneset con sus familiares. Transitaron por un pasillo hasta llegar a uno de los cuartos laterales. Rab Ichele empujó suavemente la puerta del cuarto, y todos pudieron ver al joven yerno del rab, sentado, estudiando profundamente concentrado sobre su Guemara.

El Rosh Ieshiva se le acercó y le dijo: ¿no te parece que sería más apropiado que comas algo después del ayuno? Y el muchacho contestó: ya comí!!

Rab Ichele se dio vuelta y se dirigió a sus familiares: ¿Ahora entienden por qué lo elegí como yerno? Mientras todo el mundo abandonó el Beit Hakneset, saludó, y se fue a sus casas a comer, él alcanzó a comer “algo” y ya volvió a sentarse a estudiar. (Este “muchacho”, es el gran y conocido Netztiv ztz”l).

Así terminó su relato el Jazon Ish y le preguntó a su visitante: ¿ahora ya sabés lo que hay que hacer cuando termina Iom Hakipurim? No hace falta venir a la casa del rab para preguntarle cómo se siente, también ese es un momento para aprovechar, una hora en la que es posible y necesario dedicarse al estudio de la Tora...

 


Leiluy Nishmat

Rina bat Matilde - Aleha haShalom

 

 




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