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Shabat Shalom


No. 212-Ree



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OJO POR OJO...

 “y te enseñará qué es la piedad y se apiadará...” (Devarim 18,13)

Cuando Hakadosh Baruj Hu ordena destruir con la “espada” a la ciudad que se dedicó a la idolatría, destruir todo, desde la gente hasta los animales, provoca que despierte en las personas encargadas de la destrucción un sentimiento de dureza y frialdad, el corazón pierde la sensibilidad tan característica del ser humano. Y aunque estas personas sufren al cumplir su misión, al matar personas, igualmente la acción “arranca” la piedad y los vuelve insensibles...

Y de este mismo suceso, en el momento en que se comenten asesinatos, Hakadosh Baruj Hu nos garantiza que nos inculcará la cualidad de la piedad, aunque vemos que de aquí nace un sentimiento totalmente opuesto, resulta ser la “fuente” de la piedad, y la fuerza de la piedad renovada anulará el sentimiento de frialdad e insensibilidad que nació de estos asesinatos...

Y está escrito “verajameja”, todo tiempo que el hombre se deja llevar por la corriente y se vuelve insensible, Hashem se comporta también fríamente, ya que solamente Hashem se apiada de las personas piadosas (Or Hajaim).

Acá encontramos un buen consejo para salir “victoriosos” en el Día del Juicio (Rosh Hashana), dice el rab hagaon Jaim Shmuelevich ztz”l en su libro “Sijot Musar”.

Vemos que los hombres que defienden el “Camino” de Hashem, y matan a los integrantes de la ciudad que pecó con la idolatría tienen asegurado un cambio substancial en sus cualidades. Lo que naturalmente los lleva a la insensibilidad les garantiza que en un futuro cercano serán personas piadosas porque Hashem mismo los hará piadosos.

Y esta gran adquisición, el hecho de que Hakadosh Baruj Hu los convierta en personas piadosas, no es lo único que obtienen estas personas, como explica el “Or Hajaim”, sino que además de ser piadosos, el versículo agrega “verajameja”, o sea que Hashem también se apiadadará de ellos en el momento que eso sea necesario. Como dijeron Jazal: todo el que se apiada de los demás, recibirá la piedad del Cielo, y todo el que no se apiade de los demás, el que se comporte fríamente, sin sentimientos, recibirá el mismo trato, lo medirán desde el Cielo con la misma vara con la que él se comporta con sus semejantes (Talmud Babli, tratado de Shabat, 151b).

Esta frase de Jazal nos da lugar a pensar que el comportarse como “el que no se apiada... no se apiadarán de él", resulta ser un castigo para las personas “frías”, sin sentimientos, pero, viendo lo que ocurre con la ciudad que pecó con idolatria entendemos que aquí no hay castigo, ya que los que tienen la misión de matar no tienen la posibilidad de elegir, Hakadosh Baruj Hu decretó la destrucción de la ciudad, y si no fuera que Hashem les cambia la naturaleza, que los hace pasar de fríos a piadosos, merecerían también recibir el castigo de ser medidos con la misma vara, y preguntamos entonces ¿por qué si fue una orden, un decreto, no van a recibir la piedad de parte de Hakadosh Baruj Hu?

Por eso, estamos obligados a decir, que cuando enunciamos que el carente de sentimiento no recibirá la Piedad Divina no es por castigo, es simplemente porque la realidad es que Hakadosh Baruj Hu se comporta con las personas de igual a igual, cualidad contra cualidad, ojo por ojo, si la persona no se conduce con piedad tampoco Hashem se apiadará de él.

En el tratado de Taanit (hoja 25b), la Guemara nos cuenta que era una época muy difícil por la falta de lluvias. Rabi Eliezer, desde el centro del Beit Hakneset, comenzó a rezar, recitó veinticuatro bendiciones y Hashem no le contestó (en realidad, como dice siempre el rab hagaon Shlomo Levinstein Shlita: sí le contestó, simplemente que le contestó que no!). Después de rabi Eliezer le tocó el turno a rabi Akiva, apenas alcanzó a decir “Avinu Malkenu”, Nuestro Padre Nuestro Rey, y comenzó a llover!!!

Había un clima de gran confusión, mezclado con la alegría de ver que estaba lloviendo, se escuchaban rumores, las miradas estaban clavadas en rabi Eliezer, que era el rab más grande del pueblo, y sus plegarias no tuvieron el resultado que tuvieron los rezos de rabi Akiva, que hasta entonces, apenas era considerado por los rabanim...

Salió una Voz del Cielo que dijo: “no porque este sea más grande que este sino porque este no es meticuloso con sus semejantes y este es muy meticuloso con sus semejantes”.

Pregunta el rab hagaon Israel Misalant ztz”l: si rabi Akiva tenía buenas cualidades, era considerado con la gente, y no los reprochaba exageradamente, esto ya es para pensar que era más “grande” que rabi Eliezer, ¿por qué la Voz Celestial dice que no es más grande?

Contesta el mismo rabi Israel: es posible que no hubiera ninguna diferencia entre ambos, pero rabi Eliezer era uno de los alumnos de Beit Shamai, que consideraban que para conducirse por el camino de la Tora hacía falta “dureza”, la persona debía ser muy meticulosa y no dejar pasar nada, al ver que alguien cometía una falta, era necesario reprocharlo de inmediato.

En cambio, rabi Akiva estaba contado entre los alumnos de Beit Hilel, cuya postura hacia el camino de la Tora era dejar pasar, no ser meticuloso con nuestros semejantes, de buena forma se pueden obtener mejores resultados.

Entonces, el tema no pasaba por determinar quién era más grande, los dos tenían escuelas diferentes, y los dos eran muy “grandes”, pero cada uno en su línea de pensamiento. Entonces, ¿por qué le contestó Hashem a rabi Akiva, si decimos que los dos eran iguales?

Muy simple, justamente porque Hashem, como dijimos, se comporta con nosotros de acuerdo a nuestro comportamiento con los demás. Si somos meticulosos, como rabi Eliezer y la postura de Beit Shamai, Hashem se dirige a él con meticulosidad y por eso no le contesta. Si dejamos pasar las cosas, como rabi Akiva y la escuela de Beit Hilel, si no reprochamos cada “respiración” de nuestros compañeros, Hakadosh Baruj Hu también dejará pasar algunas cositas que no estén del todo bien (eso para nosotros, no para rabi Akiva), entonces Hashem le contesta exclusivamente a rabi Akiva, se comporta con él igual que rabi Akiva se comporta con los demás, no porque la postura de rabi Eliezer no sea correcta...

Ahora, que estamos solamente a un mes (y parecía que faltaba tanto) de Rosh Hashana, el Día del Juicio, encontramos dos buenas “patentes” para salir victoriosos en el Juicio. La primera, tener un poco de sentimiento, tener piedad, no ser tan fríos con los que nos rodean. La segunda, “levater”, dejar pasar, no pensemos que contínuamente nos están agrediendo, que tenemos que “contestar”: ¿yo?, no, yo no soy tonto, no me voy a quedar callado!!! Al revés, soy tonto si contesto porque allí empiezan las peleas y las discusiones. Y si me quedo callado, no soy tonto, soy sabio...

* * *

En el libro “Haish al Hajoma” vemos lo que ocurrió en el tribunal del rab Mibrisk, en el cual se desempeñaba como rab principal del Beit Din el rab hagaon Jaim Zonenfeld ztz”l. El pleito entre un hombre y su esposa era muy difícil de resolver, y después de largas deliberaciones el tribunal dio su veredicto. Por supuesto, siempre en un juicio una de las partes queda disconforme...

Los familiares de la mujer se sintieron muy perjudicados por la decisión, y pensaban que los rabanim los dañaron. Entre ellos había algunos muy temperamentales, que no quisieron respetar la decisión y optaron por negarse a aceptar el fallo y tomar parte en el asunto usando la “fuerza”.

Fueron hasta la casa de rab Jaim y comenzaron a gritar e insultar. Esto ocurría una semana antes de Rosh Hashana. En el cuarto contiguo estaba la esposa del rab y al escuchar gritos e insultos, más, teniendo en cuenta los días que transcurrían, rompió en un amargo llanto.

Todo el tiempo, el rab siguió sentado en su lugar, tranquilo, mirando el libro que tenía delante. Cuando llegó un instante de provisoria calma, el rab se levantó y les dijo en tono firme:

Escuchen bien lo que quiero decirles! -todos callaron-. Si ustedes tienen la razón y el Beit Din se equivocó, no tienen de que preocuparse, Hakadosh Baruj Hu se encargará de hacer justicia, y perdonará al Beit Din ya que cada juez solamente puede resolver de acuerdo a lo que ven sus ojos. Pero!!! -y levantó la voz como el rugido de un león- si la resolución del Beit Din fue verdadera, entonces..., entonces... -hizo una pequeña pausa que pareció eterna, todos los fuertes que antes gritaban estaban pálidos de miedo...

...si el Beit Din tuvo un juicio verdadero, les quiero decir que yo los perdono absolutamente por el sufrimiento que me provocaron a mí y a mi familia, y además los bendigo, que sean inscriptos y sellados para la vida, una vida buena y en paz!!!

La perplejidad y la vergüenza estaban juntas. No podían entender, se “bajaron” de sus fuerzas y dieron media vuelta para retirarse, en el momento que empezaban a entrar vecinos que escucharon los gritos...

Rabi Israel Iaacov Bronstein, que vivía en el barrio, asustado por los gritos, corrió a la casa del rab, y llegó a escuchar los últimos insultos del grupo y la posterior respuesta del rab. Cuando salió el último de ellos, se dirigió al rab y le preguntó: entiendo que el rab perdonó lo que le hicieron, ya que así debe comportarse una persona justa y sabia, perdonar a todo el que le haga una agresión, pero, ¿para qué hacía falta decirles que estaban perdonados?, ¿no sería mejor que sintieran vergüenza por lo que hicieron y sean ellos los que vengan a pedir perdón al rab?

Puede ser que tengas razón, contestó el rab, pero, te voy a explicar cuál fue mi pensamiento en ese instante. Nos estamos acercando a Rosh Hashana, y en estos días, todos los iehudim hacemos un balance sobre nuestras acciones. Y estoy totalmente seguro, que, al menos, antes de Iom Hakipurim, todas las personas que me agredieron o me hicieron algo no bueno a mí o a mi familia, se arrepentirán y sentirán la necesidad de pedirme perdón. Pero, justo allí, aparecerá nuestro gran amigo, el ietzer hara, y los convencerá de no pedir perdón: “¿cómo te vas a rebajar, por qué te vas a humillar para ir a pedir perdón? ¿acaso no sabés que la razón siempre estuvo de tu parte? Todo lo que hiciste, inclusive los insultos, todo fue correcto y justo!!!” Con estos argumentos, la persona deja el arrepentimiento de lado, piensa que se comportó en la forma correcta y vuelve a pecar..., y por eso es castigado en el Día del Juicio, y todo por mi culpa...

Por eso decidí adelantarme y hacerles saber que, de mi parte, estaban perdonados, entonces, si despierta en ellos el arrepentimiento, antes de Rosh Hashana, ya no tendrán que preocuparse ni avergonzarse para pedirme perdón, y será mucho más fácil reconocer que estuvieron equivocados, sin darle la posibilidad al ietzer hara para que los confunda.

De esta forma, Hakadosh Baruj Hu los perdonará inmediatamente y todo quedará en su lugar y en paz!!!

Lekaj Tov.

Leiluy Nishmat     Rina bat Matilde  ע"ה




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