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Shabat Shalom


No. 213-Shoftim-2
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



¡PAPA NO SABE NADA!

“Bendito Nuestro Ds, que nos creó para ser honrado, que nos separó de los que están equivocados, y nos entregó la Tora Verdadera...” Ricos, eso somos, pero no en plata ni en bienes materiales, ricos en espiritualidad, en vida, gracias al mérito gigantesco que “cayó” sobre nosotros, que estamos contados entre los que recibieron la Tora, que enseña e ilumina el sendero de la vida, y nos muestra, nos dirige para que podamos conseguir “vidas buenas, vidas plenas” en este mundo y en el mundo venidero.

En nuestra perasha, hay una orden que está dirigida exclusivamente al rey de Israel: Hakadosh Baruj Hu le ordena que escriba un Sefer Tora para que él mismo lo utilice: “... cuando el rey esté en su trono, escribirá esta Ley en un libro... y la tendrá en su poder y la leerá todos los días de su vida”. Se entiende, claramente, que el rey debe cumplir el precepto de escribir su Sefer Tora, el que leerá y estudiará todos los días de su vida...

El “Jatam Sofer” encuentra en esta orden algo muy valioso y poco sabido, el secreto para quien quiera vivir la vida como verdaderamente lo ordena la Tora. La orden “y la leerá todos los días de su vida” la explica así: la Tora le muestra al rey como deberá conducirse en todo momento. Hay preceptos en la Tora para todos: para los justos y para los no tanto, para la persona que no comete pecados y para quien, lo alenu, también los comete..., la Tora le enseña al rey de qué manera tratar a cada integrante del pueblo de Israel, en cada momento.

El que quiera investigar y adentrarse en el “Shuljan Aruj”, en su primera parte “Oraj Jaim”, encontrará y podrá verificar que tuvimos una gran “Siata Dishmaia”, nos regalaron un manual que nos dirige detalladamente y nos indica qué hacer en cada circunstancia de nuestra vida, desde que abrimos nuestros ojos por la mañana hasta que nos vamos a dormir por la noche. Tenemos indicaciónes para todos los días del año, para los días de la semana, para Shabat y para los días festivos. También las otras partes del Shuljan Aruj están repletas de leyes sobre diversos temas que siempre se presentan en nuestras vidas. Y si el Shuljan Aruj no nos alcanza, tenemos a nuestra disposición libros que nos enseñarán a “temer” al Creador, libros que nos llenan de fe y que nos ayudan a cambiar nuestras cualidades, para que seamos dueños de buenas cualidades. Todos estos estudios y temas tan importantes, surgen del gran manantial, de nuestra Tora, sobre la que tenemos la orden de leerla y estudiarla “todos los días de nuestra vida”.

Y no faltan los que piensan, ingénuamente, que “leerla todos los días...” es una orden dirigida a la gente grande, a los ancianos del pueblo. Y, desde luego, es un gran error. Los días de la juventud son los días especiales para apuntalar las bases del “edificio” de la vida, y serán de gran importancia para el futuro de esos hombres.

Encontraron en un edificio de varias plantas, grietas en algunas paredes de los pisos superiores. Investigando, descubrieron que había paredes completamente torcidas y algunas otras cosas que hacían suponer que el edificio estaba en peligro de derrumbe. Un grupo de ingenieros estudiaron los problemas buscando el origen de semejantes errores y el resultado del estudio reveló que al plantar las bases del edificio no fueron del todo cuidadosos en las medidas y las columnas fueron colocadas con desplazamientos de uno o dos milímetros. Un error de un milímetro en la base, provocaba diferencias grandísimas en los pisos superiores!!!

Por eso, la lectura del Sefer Tora es importante desde la niñez, para que aprendamos como Servir al Bore Olam desde el principio de nuestras vidas, y plantar la “base” fuerte y derecha. Así escribió Shlomo Hamelej: “enseñarás el camino al pequeño y al crecer no se apartará de él”, explica Rashi: todo lo que se aprende en la juventud, tanto para bien como para mal, nunca se olvida...

Y justamente aquí es donde el hijo pregunta: ¿cómo puedo hacer, yo solo, cómo puedo arrastrar semejante peso: “y la leerás todos los días de tu vida”? ¿acaso un niño pequeño puede por sí solo beber del manantial de la Tora? La respuesta la encontramos en la misma Tora y en sus preceptos, ya que tenemos la orden de escuchar a nuestros jajamim y a nuestros padres, que aparece repetidas veces en los escritos: “pregúntale a tu padre y te esclarecerá...”, “hijo, escucha el reproche de tu padre...”

Y, especialmente, en nuestra perasha, vemos qué grande es la obligación de escuchar a nuestros sabios: “no te apartarás de sus palabras ni hacia la izquierda ni hacia la derecha”, y sobre este versículo dijeron Jazal: inclusive si te dicen que la derecha es la izquierda, y la izquierda es la derecha, y más (deberás escuchar) cuando te dicen que la derecha es derecha y la izquierda es izquierda.

Encontramos, entonces, como cosa fundamental, que debemos enseñar a nuestros hijos (y por qué no, también para nosotros), a escuchar, a escuchar la voz de sus padres y sus maestros. Solamente de esta forma, un muchacho podrá encaminarse en el camino de la Tora con los pensamientos adecuados, con la intención precisa, de manera que pueda construir su “edificio” espiritual, con bases sólidas.

El rab Moshe Shrer ztz”l, contó sobre el preciado y exclusivo regalo que le hizo Hakadosh Baruj Hu, cuando viajó desde Israel hacia los Estados Unidos. En ese viaje, tuvo el gran mérito de sentarse detrás del rab hagaon Iaacov Kaminevsky ztz”l, y fue testigo de la conversación que tuvo el rab con uno de los conductores del movimiento liberal (llamemos así al movimiento que inculcaba el no cuidar la Tora y sus preceptos, lo alenu) que estaba sentado a su lado. La conversación se centró en la discusión: “¿quién es más (o mejor) iehudi?” Y resultaba muy interesante ver con que paciencia el anciano rab contestaba todas las preguntas punzantes de su interlocutor. El punto culminante de la discusión, fue justo unos minutos antes de aterrizar en el aeropuerto de Nueva York.

Antes de ir al punto, debemos describir el tremendo grado de asombro de este hombre durante todo el viaje, al ver cómo se esforzaba el hijo del rab, para atenderlo y hacer que ese largo viaje le sea más placentero a un hombre tan anciano. La cualidad de “honrar al padre y a la madre”, los buenos modales y la predisposición y el cuidado, como así también el correr a cada rato a preguntar al padre si necesitaba algo, marcó una huella muy profunda en este hombre.

Y llegó el momento de la despedida, y el hombre se acercó al rab y le dijo: rabi, en todas las cosas que discutimos, y de todas las palabras de sabiduría que escuché de tu boca, todavía no llegué a convencerme de que tu camino sea el correcto y de que yo soy el equivocado. Pero hay algo que sí estoy obligado a reconocer, ustedes saben muy bien, pero mucho mejor que nosotros, educar a los hijos. De mis hijos yo no esperaría, ni siquiera en sueños, un trato tan especial, que honren a su padre como yo vi el honor que recibió el rab de su hijo. ¿acaso pueden revelarme cuál es el secreto?

El rab sonrió y le dijo al hombre: aquí no hay ningún secreto, la cosa es muy sencilla. Ustedes, están convencidos, de que, el mundo en general y cada persona en particular, vive en una constante evolución, todo avanza, también la cultura, también la educación, ya que con el correr de los años, la sociedad es más culta, más sabia... De esta forma, suponen que las generaciones anteriores están en una categoría más baja, y son despreciadas e ignoradas, porque la nueva generación es más inteligente, más avanzada... Por eso, de acuerdo a tu pensamiento, tu hijo es más culto que vos, y esta es la causa por la cual un hijo no puede honrar a su padre, porque se siente más que él, el hijo “moderno” es más sabio que el padre “antiguo”...

Nosotros, en cambio, tenemos como punto de referencia la entrega de la Tora en el monte Sinai. Y sabemos, que de generación en generación, hay un “descenso” en espiritualidad y en sabiduría. ¿Y cuál es la ambición más grande de un iehudi que cuida la Tora y sus preceptos?

¿Cuándo mis acciones llegarán a ser como las acciones de mis antepasados? Nuestra ambición, nuestra finalidad, es acercarnos lo más posible a la categoría que tuvieron nuestros antepasados en el momento de la entrega de la Tora. Ya que estar más cerca de Sinai, es más importante, y esta es la enseñanza que recibe el niño iehudi, que lo hace propenso a respetar a las generaciones anteriores... ¡Esta es la diferencia!, terminó diciendo el rab Kaminevsky.

Y esta diferencia la vemos a diario. Solamente los niños y niñas que crecen en el ámbito de la Tora, saben que para “subir” hay que acercarse a los padres y a los maestros, que les darán las bases de lo que se llama pertenecer al pueblo de Israel, como en todas las generaciones. El saber escuchar la voz de los “grandes” del pueblo, los sabios de la Tora, es la parte más importante en vista a la vida que les espera, que ahora empiezan a construir.

La Guemara, en el tratado de Ioma (hoja 86a), habla sobre un precepto fundamental: “y amarás a Hashem, Tu D-s”, y dice allí que el Nombre de Hakadosh Baruj Hu, deberá estar siempre a tu lado, y lo amarás. Pero la Guemara no se queda ahí, ya que las palabras suenan muy lindo, pero aparece la pregunta obligada: ¿cómo conseguir esto?

¿Cómo puede una persona lograr que su pensamiento esté, a todo momento, ligado con su amor a Hakadosh Baruj Hu?

Por eso la Guemara se encarga de contestar nuestra pregunta y enseñarnos a lograr este sublime propósito: deberás procurar estar siempre leyendo y estudiando, y sentarte al lado de los talmide jajamim. Que tus negocios los hagas siempre teniendo fe, y que tus palabras, que tus conversaciones con la gente se desarrollen con tranquilidad, que les muestres a tus semejantes que son respetados.

¿Qué va a decir la gente sobre esta persona? Dichoso el padre que le enseñó Tora, dichoso el maestro que le enseñó Tora. Pobres las personas que no pudieron estudiar Tora (para parecerse a él). Vemos a este hombre que estudió Tora, vean que hermosos son sus caminos, que prolijos y arreglados, sus acciones que cuidadas, todo lo que hace es para el bien de los demás, y, por consiguiente, también para su propio bien..., y sobre él están dichas las palabras del profeta Ieshaiahu: Esta es la belleza del pueblo de Israel (Ieshaiau, cap.49).

Decimos que un comportamiento adecuado, de acuerdo a las leyes que nos da la Tora, santifica el Nombre del Bore Olam. ¿Por qué? Simplemente porque toda persona que ve que los que están educados de acuerdo a la Tora se portan “bien”, entienden que este es el resultado de “la leerás y estudiarás todos los días de tu vida”. ¿Y quiénes son los responsables de esta educación? Dichoso el padre... dichoso el maestro..., ya que si ellos no ponen “todo” de su parte, no podemos esperar que los niños se conviertan en “receptores”, y entre ambos llegaremos, con “siata dishmaia” a decir “esta es la belleza del pueblo de Israel”.

Lekaj Tov

- La Hoja Shofim 1- Elul ¿Porqué es diferente? -

Leiluy Nishmat Rina bat Matilde ה" ע

 

 

 

 




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