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Shabat Shalom


No. 214-Ki Tetze-2
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



ELUL: UN MES MAS...


“... y llorará por su padre y su madre durante un mes...”
(Devarim 21,13)


Treinta días: es el mes de Elul, según el Zohar Hakadosh (en realidad veintinueve, ya que dice “ieraj iamim”, los días de la luna, los días en que la luna da la vuelta a la tierra, que equivale a un mes de nuestro calendario).


¿Y por qué tenemos que decir que treinta días se refiere al mes de Elul si esta perasha se podría decir en cualquier mes del año?, pregunta el rab Miller Shlita en su libro “Shiur Leiom Hashabat”. Y podemos agregar, en el Sifri está escrito: “y llorará por su padre y su madre” no es una metáfora, se refiere a sus verdaderos padres, dice rabi Eliezer. Y rabi Akiva discute con él diciendo que cuando se habla de padre y madre no se habla de otra cosa sino de la idolatría, como trae el versículo en el profeta Irmiahu (cap. 2) donde llama “padre” a las maderas que usan para el culto a la idolatría.


Si queremos decir que la postura de rabi Akiva es correcta, debemos entender por qué hace falta un mes para llorar por el culto pagano...
Intentaremos comprenderlo utilizando la Guemara en el tratado de Julin (hoja 142): Rabi Iaacov y Elisha ben Abuia vieron el mismo hecho cada uno por su lado: un muchacho va a recoger unas crías de pajaritos por el pedido de su padre. Aparte de cumplir con el pedido de su padre (que se encuadra en el precepto de honrar al padre y a la madre), cumple con otro precepto, “Shiluaj Haken” (echar del nido a la madre y recoger los pichones o los huevos). En el camino de regreso a su casa, el niño se cae y muere!!!


Elisha ben Abuia protesta: este muchacho acaba de cumplir dos preceptos: honrar al padre y a la madre y Shiluaj Haken, dos preceptos donde la Tora nos garantiza “larga vida”, ¿por qué, entonces, el hijo muere? Y al no poder contestar esta pregunta, Elisha ben Abuia se apartó del buen camino y “negó” toda su creencia.


Rabi Iaacov se formuló la misma pregunta, pero, también la contestó: “para que se alarguen tus días”, en el mundo donde todo es bueno, por eso, no ve ningún problema en la muerte del hijo. Dijo rabi Iosef, si el “otro” (Elisha ben Abuia) hubiera explicado el versículo de esta forma, no habría pecado...


¿Y por qué el “otro” (así lo llaman a Elisha ben Abuia después de renegar a la Tora, lo alenu) no llegó a la respuesta correcta? Encontramos la contestación en el libro “Oznaim Latora”, que explica el versículo de acuerdo a la Guemara en el tratado de Jaguiga (hoja 15b): “decían sobre él que cuando estaba en el Beit Hamidrash llevaba consigo muchos libros profanos”. Por eso, podemos decir que después de haber leído ideas extrañas en esos libros que no concuerdan con el pensamiento de la Tora, Elisha ben Abuia se sentaba a estudiar Tora, pero su cabeza ya estaba repleta de cosas ajenas a nuestro camino, de ahí que ahora su mente no podía razonar correctamente.


Rabenu Bejaie, en la introducción a la perasha “Maase” resalta la importancia del “estudio de base”, el primer estudio que hace la persona, lo que lo “marca”, y así está escrito en el Mishle de Shlomo Hamelej (cap. 4): Lo primero, lo principal para saber, es “comprar” la sabiduría, y preocuparse en que todas las adquisiciones sean “compras inteligentes”. Es casi imposible traducir el versículo pero la idea implica que si queremos estudiar Tora, si queremos que la Tora sea parte de nuestra vida, tenemos que “fundar”, establecer los fundamentos, formar una base sólida de Tora, como primer paso. Esto es lo que enseño al pueblo de Israel el rey Shlomo: antes de estudiar cualquier otra ciencia, cualquier otro estudio, primero, estudien Tora, la Tora facilitará luego el estudio de cualquier otra sabiduría. Pero, si estudian primero otra cosa, ajena a la Tora, ese estudio “tuerce” nuestros corazones y nos empuja a seguir estudiando otras cosas, sin dejar lugar al ingreso de la Tora, lo alenu.


Al adelantarnos, al estudiar primero y como base principal la Tora, la Tora forma una estructura que permite la entrada de otras ciencias, sin que esas ciencias puedan desvirtuar el eje principal. La Tora permite la entrada pero no les da la fuerza para que puedan anularla (hasta aquí, Rabenu Bejaie).


En el Tehilim (cap. 111): “el principio de la sabiduría, es el temor a Hashem”. La mente humana tiende a mantener una “inercia” inimaginable, cuando fija un camino, una forma de conducirse, es muy difícil cambiarlo, inclusive cuando ese camino está muy equivocado. Y esta tendencia se encuentra en casi todo el mundo, nuestro cerebro no está dispuesto a reconocer que estamos equivocados, e intentamos a toda costa mantener nuestra primera idea.
¿Se puede corregir este defecto que está en casi todos nosotros (para no decir en todos)? Seguro, aunque no es fácil, pero es lo que nos enseña David Hamelej en el versículo que acabamos de escribir: todo pasa por el “temor” al Bore Olam...


Y justamente por esa tendencia de nuestra mente, la Tora enfatiza que la prisionera tendrá que llorar a “sus” creencias durante treinta días.
Su conducta, sus costumbres adquiridas desde la niñez, están “impregnadas” en su mente, y no será fácil borrar la memoria. Esta muchacha, para convertirse en la esposa de un iehudi tiene que hacer desaparecer sus raíces, y para esto son necesarios, por lo menos, treinta días de introspección.
Y, desde luego, esta es la razón por la cual Jazal relaciona este mes del versículo con el mes de Elul, tiempo de reflexión, de revisar “por dentro”. Hakadosh Baruj Hu, nos regaló, con su infinita piedad, en cada año, treinta días para que podamos investigar todas las acciones realizadas (y no realizadas) en el año que pasó. Todo momento de este mes necesitamos volcarlo al esclarecimiento, un estudio que no es sencillo, un estudio meticuloso de nuestras intenciones, para descubrir las verdaderas y las falsas. Y más difícil resulta cuando nos adentramos en nuestras mentes, que siempre buscan la excusa “perfecta” para cualquier acción que no tuvo la intención correcta...


Ahora, este año, en estos días más que en cualquier otro tiempo, calza perfectamente la Mishna del Pirke Avot (cap. 2), donde Jazal nos advierten: el día es corto y hay mucho para trabajar. Esto nos debe despertar, y darle la importancia a estos días, de los cuales ya pasaron unos cuantos, pero no todos...


* * *


En el libro “Tnuat Hamusar” descubrimos las costumbres del rab hagaon Itzjak Blazer ztz”l, en los días del mes de Elul. Su vida “cambiaba” durante el mes de Elul. Los que lo conocían ya no se asombraban del “trabajo” que realizaba cada año, y en especial, de su temor al Bore Olam.


En la época en que vivió en la ciudad de Kuvna, desde el principio del mes hasta el día después de Iom Hakipurim, tenía la costumbre de abandonar su casa e irse a vivir solo a distintos lugares que utilizaba para reflexionar y elevarse. Estos lugares podían ser: la casa de veraneo que la familia tenía en un monte cercano a la ciudad, un Beit Hamidrash en Slavodka, el altillo de la casa del rab Shagra Frank en una ciudad lindante a Kuvna, y otros más... A veces, también se encerraba en uno de los cuartos de su casa.


Durante sus días de balance se apartaba de todo lo relacionado con el mundo material, y no hablaba ninguna palabra ni de temas generales, ni de temas de negocios, solamente hablaba de Tora. Sus alumnos, y gente que lo seguía y a la que le gustaba escucharlo, tenían horarios fijos para estar junto al rab, en los cuales dictaba conferencias que invitaban a la reflexión y al arrepentimiento.


Su costumbre de no hablar palabras que no sean de Tora durante todo el mes de Elul, la conservó durante toda su vida, y por nada del mundo se apartaba de esto. Si sucedía algo que generaba la necesidad de hablar, si no quedaba alternativa, escribía sobre un papel lo que le urgía decir...
Una vez, lo fue a visitar un rab muy importante, de otra ciudad, el tema a considerar era de suma gravedad, pero, de todos modos, el rab escribió: “me puse un límite, y no puedo cambiar...”, y no habló con el rab!!!


Sucedió uno de esos años, que tuvo una hija en el mes de Elul. Rabi Itzjak fue a visitar a su esposa al sanatorio y le dijo solamente: “felicidades”, y, aunque fue a verla muchas veces hasta que la dieron de alta, no habló con su esposa ni una palabra...


En otra ocasión, tuvo que viajar con su esposa, a mediados del mes de Elul, a una ciudad de alemania, para hacer una consulta médica con un especialista. Consiguieron la cita con el conocido profesor, especialista en el tratado de la enfermedad que padecía la esposa. Rabi Itzjak mantuvo su costumbre y no habrió la boca!!! El profesor supuso que el rab era mudo, y con cara de tristeza se dirigió a la rabanit lamentándose por el hecho de la “mala suerte” que tuvo una mujer joven y hermosa de tener que casarse con un hombre viejo y además mudo! El rab, al escuchar semejante disparate, sonrió, pero no contestó nada...


Otro año, el rab estuvo bajo un tratamiento médico que incluía baños en el mar, todos los días. Con este fin, viajó, ese verano, a una ciudad que estaba a orillas del mar Báltico, y el tratamiento se prolongó hasta mediados del mes de Elul, según las indicaciones del doctor. Sabiendo que en el momento de irse, no podría despedirse de las personas conocidas y de quienes colaboraron con él en su estadía, adelantó las despedidas a la víspera del principio del mes...


En sus últimos años de vida, en los que vivió en Ierushalaim, sufrió una dura enfermedad, y, justo en Elul, tuvo que viajar a la ciudad de Viena, en Austria, para someterse a una delicada operación. Rabi Itzjak pensó, que debido a su enfermedad y a la operación que lo esperaba, podría abandonar su costumbre, entonces, antes de salir de Ierushalaim, reunió tres sabios para que le permitan romper su “promesa”. Pero, lo más probable, es que a pesar de tener el permiso, haya guardado su costumbre durante toda su estadía en Viena.


Estando en Viena, lo visitaron numerosos rabanim, acompañados de las personas más importantes de las comunidades de la región, y entre ellos, estaba el rab Ieshaia Firsht, uno de los rabanim más importantes de Europa en esos días, pero rab Itzjak, mantuvo su santa costumbre y contestó sus preguntas con “papelitos”.


En el libro “Ubejen Tzadikim” atestiguan sobre la forma en que rezaba rab Itzjak. Normalmente, durante el mes de Elul, en el rezo de la tarde estaba en el Beit Hamusar de Kuvna, y cuando terminaban los rezos, todos los días, tenían que “secar” el mar de lágrimas que quedaba en el lugar que estuvo parado el rab. Cosas reales, no pretendemos llegar a semejante categoría, pero estamos obligados a aprender de ellos, y sentir un poquito de envidia...


Lekaj Tov.

Leiluy Nishmat Rina bat Matilde (Aleha haShalom)




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