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Shabat Shalom


No. 216- Nitzavim-2
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



YO QUIERO ELEGIR

“Puse frente tuyo la vida y la muerte, la bendición y la maldición, y elegirás la vida...” (Devarim 30,19)

  El libro “Akedat Itzjak” nos trae el siguiente relato:

El rey de un poderoso imperio tenía tres hijos. Un día, el rey los reúne y les dice que tiene pensado darles cargos muy importantes en las esferas del gobierno, pero, hay una ley en el reino que el rey no puede pasar, ni siquiera en favor de sus propios hijos. La ley exige que para ocupar cargos honorables en el gobierno es necesario haber realizado en la vida buenas acciones y que haya quedado demostrado que es una persona con gran sabiduría. Por eso, dijo el rey a sus hijos, tengo un consejo para ustedes: hagan un viaje al exterior por un tiempo, allí harán cosas buenas que se harán noticia aquí en el reino, de forma que cuando vuelvan, yo pueda asignarles esos cargos importantes que tengo reservados para ustedes...

Y así fue que los tres hijos emprendieron un largo viaje que terminó en una alejada isla cercana a las costas de Africa. Todavía no habían llegado y ya, desde lejos, se veía un campo enorme, y desde el barco, decidieron que ese sería el lugar donde pondrían “manos a la obra”.

  Llegaron a la entrada del campo y encontraron en el portón a tres hombres que estaban sentados en el lugar. Uno, un anciano, muy pero muy viejo. El segundo, parecía una persona que pasó y seguía pasando, lo alenu, muchos sufrimientos, le costaba moverse y aparentemente estaba leproso. El tercero, en cambio, se veía como el más inteligente de los tres, parecía tranquilo, estaba prolijo y sonriente...

Cada uno de ellos se dirigió a los hijos del rey, cada uno con un consejo. El primero dijo: ustedes entrarán al campo, entren, pero sepan que así como entraron también tendrán que salir, no podrán permanecer allí para siempre. El segundo: pueden comer y tomar todo lo que quieran, hacer uso del campo a gusto, pero, cuando se vayan, no tendrán permiso para llevarse nada de lo bueno del campo. Y, el tercero advirtió: cuando coman los frutos del campo, tengan mucho cuidado de no comer frutos no buenos, elijan solamente los buenos...

Después de los “discursos de bienvenida”, los tres entraron al campo, y quedaron realmente sorprendidos por la gran variedad de plantas, hermosos árboles, flores de agradable aroma... Esta armonía vegetal traía consigo la visita de hermosas aves, pájaros de diversas especies que regocijaban a los visitantes con sus cantos. Avanzaron un poco más y vieron importantes piletas de agua que se bifurcaban en distintos brazos hacia todos lados con el objeto de regar todo el campo, para que crezcan por todos lados plantas y árboles. Todo demostraba una gran sabiduría en la planificación y construcción del campo. Como si no alcanzara semejante belleza, en una esquina más alejada, encontraron oro, plata y piedras preciosas.

Los primeros días, los tres hijos del rey estuvieron juntos. Comieron, tomaron, y disfrutaron de las bondades del campo. Pasaron estos días y cada uno emprendió su camino por separado.

  El primero, se sintió atraído por los hermosos frutos, y pasó los días comiendo y bebiendo. El segundo, después de haber comido y bebido suficiente los primeros días, no pensó que comer y beber sería lo mejor, había otra cosa que lo llamaba, algo más importante, se dedicó a juntar oro, plata y piedras preciosas. Llenó los bolsos que traía, y después también todos sus bolsillos. Cuando vio que el lugar no le alcanzaba, se sacó el abrigo y lo utilizó como un bolso más. Desde luego que también lo llenó, por lo que anduvo por todos lados buscando donde juntar más y más riquezas. Tanta era su ambición por el dinero, tanta su desesperación, que hasta se olvidaba de comer, y eso se empezó a sentir, con el agregado del transporte de pesadas cargas de un lugar a otro, todo fue en deterioro de su cuerpo. El no comer adecuadamente y el transportar cosas pesadas deformó su rostro y sentía fuertes dolores en todo el cuerpo, pero, no podía dejar pasar esta oportunidad, tenía que seguir juntando...

Para el tercero de los hijos, la conducta de sus dos hermanos, dejaba mucho que desear. No sentía desesperación ni por comer ni por juntar riquezas. Dedicaba su tiempo a la observación y a la investigación. El campo era maravilloso, planificado casi a la perfección, por eso se inclinó a averiguar las técnicas utilizadas en una construcción tan organizada. Los resultados estaban a la vista, por lo que se volcó a descubrir cómo fue construído. Preguntó y preguntó sobre los detalles que iba encontrando. Después, intentó encontrar a los “cerebros” del campo, los que se encargaron del proyecto. No los encontró, lo que sí encontró fueron unos grandes libros que explicaban en amplitud todos los pormenores de la concreción de proyectos similares. Estuvo “comiendo” los libros durante días, lo que sirvió para ampliar muchísimo sus conocimientos. Pero, no por esto dejó de comer y beber, en la medida necesaria, para reconfortarse con los sabrosos frutos que regalaba el campo, y tampoco olvidó pasearse por la esquina de las piedras preciosas para guardar algunas pocas en sus bolsillos, no muchas, sólo la que lo impresionaba demasiado...

Un día, llega a la isla un envíado del rey que les anuncia que llegó la hora del regreso. El padre les pide que vuelvan inmediatamente. Al recibir la noticia, los tres se apresuraron a emprender la vuelta. El primero de los hijos, que se dedicó solamente a comer y beber, ni bien salió del campo no pudo soportar la vida fuera del campo, en unos días se enfermó, y murió...

Después salió su hermano, cargado de paquetes. El peso de los paquetes y el esfuerzo de juntarlos y arrastrarlos cambió su fisonomía, ya no parecía un hijo del rey. Y eso no fue todo, como lo previnieron al entrar, cuando intentó salir, le sacaron todos los paquetes que con tanto esfuerzo juntó y arrastró, y como castigo por intentar infringir la ley del campo los custodios lo golpearon brutalmente. El resultado, salió del campo con las “manos vacías”, golpeado y dolorido, con heridas en el cuerpo y la ropa desgarrada...

El tercero de los hijos se alegró mucho al escuchar el llamado de su padre y dijo: éste es el día que estaba esperando, ahora podré mostarle a papá la riqueza espiritual que adquirí en todo este tiempo. Cuando atravesó la puerta del campo le mostró a los guardias las piedras preciosas que tenía en el bolsillo, y al ver ellos que eran unas pocas piedras, le fue permitido llevarlas consigo, ya que vieron que no intentaba llevarse “paquetes”...

Los dos hermanos llegaron a la puerta del palacio. Uno, totalmente demacrado, estaba irreconocible, nadie podía suponer que se trataba de uno de los hijos del rey. Los soldados que estaban en la entrada no lo dejaron entrar, ni siquiera lo dejaron hablar, lo echaron pensando que era un delincuente más que quería entrar al palacio. El segundo fue reconocido de inmediato y recibido con todos los honores dignos de la familia real. Se encontró con su padre y le describió los pormenores de todo lo que vio y aprendió en esa lejana tierra. Dijo el rey: sos el indicado para sentarte entre los ministros de la corte

Los tres hijos del rey son los tres tipos de personas que Hakadosh Baruj Hu manda al mundo para que hagan “algo”, para que se hagan merecedores de tener un lugar en el mundo venidero. Cuando el alma baja a este mundo, en el momento en que nacemos, cada uno de nosotros recibe tres advertencias: la primera la encontramos en el primer hombre: “Adam Harishon”, al que le fue dicho que vino de la tierra y terminará en la tierra, su estadía en este mundo no será eterna...

La segunda advertencia la encontramos en el libro de Iob. Iob dijo sobre sus sufrimientos: salí desnudo del vientre de mi madre y cuando salga de este mundo también saldré desnudo, con lo que sabemos que en nuestra salida del mundo material no podremos llevarnos nada (material).

Y la tercera, salió de la boca de Moshe Rabenu, un alma tan especial, cuando está por dejar el mundo, sin poder lograr su gran ambición, entrar a la tierra de Israel, pero preocupado por la espiritualidad del pueblo del que fue el gran conductor: “...y elegirás la vida”.

  Impresionante: todos los placeres materiales del mundo no significan nada. Y todo el que se “mueva” durante la vida recordando estas tres advertencias de estos ilustres personajes podrá llegar a tener una vida plena!!! Así podremos elegir entre lo importante y lo accesorio, alejarnos de los pecados y ocupar todos nuestros días en lo que es verdaderamente bueno.

Y vemos, sin alegrarnos, que solamente una cantidad muy pequeña de personas hacen caso a estas tres advertencias. Hay un gran grupo muy grande que sólo piensa en “comer y beber”, corren detrás de sus deseos y pasan sus días buscando satisfacer los deseos que se van creando nuevamente día tras día... El final, como no podría ser de otra forma, cuando el alma se separe de sus cuerpos, vacía, no tendrá parte en el mundo venidero porque la persona no hizo nada en su vida por fortalecerla sino que se preocupó sólo por su cuerpo, cayendo en pecados permanentemente.

Otro grupo también grande aunque no tanto como el primero, tiene como prioridad fundamental al dinero. Ocupan todos sus días en buscar como ganar más y más, y a medida que más consiguen, los métodos se tornan más complejos, y no importan cuáles son los caminos para conseguirlo. Llegan hasta cualquier extremo para conseguir dinero, pueden pasar por una terrible crisis nerviosa, o atravesar situaciones de máxima tensión, sin dejar de mencionar que muchas veces son indiferentes a los males que provocan a otras personas. Todo está permitido para llenar las cuentas bancarias. Y, al final, parecería que consiguieron sus propósitos, tienen grandes riquezas, pero abandonaron sus almas, de tanto preocuparse por el dinero ya no parecen personas, ya no parecen estar hechos a “semejanza de Hashem”. Y al salir del mundo quieren llevarse todo lo que juntaron, pero, el alma sube sola, y al presentarse frente al Rey de Reyes, los guardias no pueden reconocerla, es despedida y despreciada porque las personas que la recibieron no hicieron el uso debido de sus vidas, no elevaron sus almas...

Y llega el turno del tercer hijo del rey. Es el grupo más pequeño de personas, el que hace caso a las tres advertencias. Ellos son los que “eligen la vida”, los que santifican sus días al estudio de la Tora y al conocimiento del Bore Olam, buscando conocer la sabiduría de la Creación (sin intentar buscarlo inventando cosas como la “máquina de D-s”, que nos hace acordar tanto a la antigua Torre de Babel). Conocer a nuestro Creador, reforzando en forma permanente la fe y el temor a Hashem, y utilizando todo este mundo material con el fin de poder cumplir más y mejor los preceptos, mostrando que ese es el fin para el que fue creado el mundo material, para acercarnos más al mundo espiritual.

  El campo maravilloso, y los tres hijos del rey, nos tienen que servir como señal y a la vez como consejo. Saber diferenciar los caminos, arrepentirnos de nuestras equivocaciones e inclinarnos hacia el camino correcto, sobre el cual no hay ninguna duda, todos preferimos elegir la vida...

 

Lekaj Tov.

Leiluy Nishmat     Rina bat Matilde A"H




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