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Shabat Shalom


No. 221- Sucot
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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TU ALEGRIA ES MI ALEGRIA

Dice la Guemara en el tratado de Suca: salí de tu casa (la casa construida de material) y andá a vivir a una vivienda provisoria (una cabaña).

  ¿Y esta mudanza nos tiene que traer alegría?, salir de nuestras cómodas casas, bien instalados, acostumbrados a cada rincón, e ir a vivir al patio, o al balcón o a la terraza, durante una semana, mirando al techo, con miedo de que a algún vecino se le caiga algo justo arriba nuestro. Y lo peor es a la noche, que tenemos que dormir sin poder mirar al techo pero con el mismo miedo... ¿Cómo podemos conseguir la alegría? Jag Hasucot es el tiempo de la alegría, y escribe el Rambam en las leyes del “Lulab”, que a pesar de que en todas nuestras fiestas existe el precepto de alegrarse, en Jag Hasucot había en el Beit Hamikdash un día de “mayor” alegría, como está escrito “y te alegrarás frente a Hashem, Tu D-s, siete días”, lo que nos indica que debemos aumentar en alegrías...

Y si existe el precepto de aumentar en alegrías, ¿por qué la Tora nos ordena salir de nuestras casas, en las que estamos tan cómodos, para ir a vivir a una “cabaña” que se sostiene con unas maderas y unos tornillos y con un techo que se puede volar con el primer viento fuerte que sople? Vemos que estas condiciones provocan molestias que disminuyen y no aumentan la alegría...

  Pensando, lograremos comprender que la verdadera alegría no se puede alcanzar, sino llegando a la conclusión de que este mundo es solamente una “vivienda provisoria”, ya que el que considera que nuestra finalidad, nuestro objetivo de vida está aquí en este mundo y hace de él una vivienda fija, nunca podrá conseguir una alegría interior...

Generalmente, los que satisfacen sus necesidades únicamente con cosas materiales, nunca llegarán a estar verdaderamente alegres, porque la alegría no es material sino algo espiritual, y podemos llegar a ella, muy rápido, con un acercamiento al Bore Olam, llenándonos de espiritualidad, que se transformará en un estado puro de alegría.

Todos los deseos materiales y las vanidades del mundo hacen caer a las personas en estados de tristeza, frustración e insatisfacción, que son las fuentes principales de la impureza.

  Y, otro de los motivos por los que esta persona, aferrada al materialismo no puede alcanzar la alegría, es la envidia y los deseos de tener más, que no lo dejan alegrarse, porque surgen de la sensación de que le falta algo, el que tiene cien quiere doscientos, y, principalmente, cuando ve que otra persona tiene más que él, también aparece inmediatamente la tristeza...

Pero, si el hombre comprende que este mundo es sólo una vivienda provisoria, no sentirá envidia por nada ni por nadie, ya que entiende que los bienes materiales no son una adquisición real, y estará feliz con lo que tiene... Esta ya es una buena posición, ya está escrito en el Pirke Avot: ¿quién es el rico? El que está contento con lo que tiene...

Empezamos a subir por la pendiente, y, por supuesto, hay una categoría superior: no solamente estar contento con lo que uno mismo tiene sino también alegrarse con el éxito de su compañero. Y esto es mucho más difícil que asociarse con el sufrimiento del compañero...

  Escuché, dice el rab hagaon Iaakov Noiman ztz”l, en nombre del Saba Mikelem, el maran rab Simja Zizel tzt”l, lo que puede ocurrir cuando uno se asocia en el sufrimiento de sus semejantes (ahora prestar mucha atención porque estas palabras son muy fuertes y pueden herir sanos sentimientos), el que se asocia al dolor ajeno puede llegar a ser como una fiera devoradora, que después de capturar la presa siente la necesidad de hacer el bien, por eso, puede suceder que en el momento de escuchar que le ocurrió algo malo a una persona, sienta primero, mucha alegría en su corazón, haciendo uso de toda la maldad que tiene en su ser, y después, ya contento, relajado, puede también ayudar a su compañero a salir de la mala situación...

  Por eso decimos que alegrarnos con el éxito de nuestros compañeros es más difícil, porque esto nos asegura que hay de por medio un buen corazón...

Y existe la máxima categoría, la que es más difícil de adquirir, alegrarse con el éxito de los que no son precisamente nuestros amigos, cualidad que encontramos en David Hamelej, que se alegraba sinceramente con el éxito de las personas que estaban en su contra...

  Escuché de mi maestro, el gaon hatzadik, rabi Moshe Rozenshtein ztz”l, mashguiaj de la Ieshiva Lomza: la gente acostumbra explicar que el motivo por el cual se lee el libro de “Kohelet” en Jag Hasucot es porque tenemos miedo que al ser Sucot tiempo de alegría, la alegría se “pase de vueltas”, que se produzca un desborde, y el Kohelet, al despreciar la materialidad de este mundo provocará un sentimiento de tristeza que aplacará ese desborde de alegría, estableciendo un equilibrio...

Lo que verdaderamente ocurre es todo lo contrario. Nunca puede ocurrir un desborde de alegría cuando la alegría proviene de la sana espiritualidad. No salimos, lo alenu, de una cancha de futbol o de una reunión de drogadictos. Estamos festejando la fiesta de Hakadosh Baruj Hu, una fiesta sana, de sana alegría, por lo que no existe ningún temor de que ocurran desmanes...

  Contaba al respecto el rab hagaon Shlomo Levinstein Shlita, que mientras transcurrían los días de Jol Hamoed Sucot, la señora, no iehudi, que se encargaba de la limpieza en la Ieshiva de Poneviz, desapareció de forma repentina. No sabían que hacer en la Ieshiva, se acercaba la fiesta de Simjat Tora, que ese año caía el día jueves, y después, enseguida llegaba el Shabat Bereshit, y la mujer de la limpieza no estaba por ningún lado.

  La señora apareció finalmente, el domingo, y le preguntaron dónde estuvo. Contestó que al ver la cantidad de vino que había llegado a la Ieshiva para el almuerzo que se realizaría en Simjat Tora, no tuvo otra alternativa que escaparse, y preguntó: ¿cuántos muertos hubo después el almuerzo? Desde luego le contestaron, con risas, que no hubo ningún muerto, y la señora dijo extrañada: “en nuestras fiestas con la mitad de vino los cementerios no dan abasto!!!”

  Esta es la diferencia entre un festejo nacido de la espiritualidad y un festejo que proviene de la impureza, concluyó rabi Shlomo...

Por eso, continuó el Rosh Ieshiva, como es un precepto estar muy alegre, todo tiempo que estemos ligados a este mundo no podremos llegar al estado superior de alegría, teniendo mezclas de sentimientos de envidia, deseos y necesidad de honores que devoran nuestros corazones y provocan solamente estados de tristeza, por eso es necesaria la lectura del Kohelet, que nos ratifica que todas las cosas materiales del mundo son vanas, y no vale la pena “correr” detrás de ellas, para poder así cumplir con integridad el precepto de “alegrarnos en la fiesta”.

  * * *

Dijo el profeta Zejaria: el pecado del pueblo de egipto y de los demás pueblos fue el no festejar Jag Hasucot junto al pueblo de Israel! ¿Por qué el profeta dice que es “el pecado”? Todos los pueblos tienen la obligación de cumplir solamente siete preceptos y Jag Hasucot no está incluído en ellos...

  David Hamelej dice en su libro Tehilim (cap. 35) que cuando ve sufrir a sus enemigos, su alma sufre, desgarra sus ropas y hace ayunos por ellos!!! Así era el amor de David hacia todas las creaciones, inclusive hacia las personas que lo odiaban, y más, como ya dijimos, que David llegó a la máxima categoría de amor hacia sus semejantes, al alegrarse con la alegría de los que lo odiaban, demostrando que su amor a sus semejantes era un sentimiento puro y sin diferencias. Y esto que escribe el rey David en el Tehilim, demostrando su amor hacia todas las creaciones, lo hace en nombre del pueblo de Israel, que debe llegar a ese estado sublime de amor, de alegrarse con la alegría del otro, sea o no sea su amigo, razón por la cual en Jag Hasucot se ofrendaban setenta vacas, una por cada uno de los setenta pueblos que había en el mundo, porque el pueblo de Israel quiere el bien para todos los pueblos...

  Así decía el Ramban, nosotros esperamos al Mashiaj Tzidkenu, no solamente para que mejore nuestra situación, sino que queremos lo mejor para todo el mundo, ya que con la llegada del Mashiaj ningún pueblo levantaría su espada contra otro...

  Y esta es la intención del profeta Zejaria cuando llama “pecado” que los demás pueblos no festejen con los iehudim el Jag Hasucot. Cuando los demás pueblos ven como todo el pueblo de Israel sube a Ierushalaim, y se alegra en su fiesta, si ellos no se asocian en la alegría de nuestro pueblo, demuestran que hay una gran falla en sus sentimientos, demuestran que no tienen buen corazón, que en lugar de asociarse con nuestra alegría sienten envidia, y esto no se llama “amar a nuestros semejantes” sino “pecado”, un pecado que arrastra hacia una única dirección, hacia el Gueinom..., y que no se debe a la falta de Tora, ya que este es un precepto que se consigue a través de la inteligencia, pensando, es un precepto que no viene por una orden sino gracias un razonamiento lógico, al ver una persona que está contenta, no hay nada mejor que asociarse y alegrarse con ella...

  La Guemara explica un versículo del Tehilim (cap. 117): “Alaben a Hashem todos los pueblos del mundo, por el gran favor que nos hizo (al pueblo de Israel)”. La Guemara pregunta exigiendo una respuesta: Si Hakadosh Baruj Hu hace grandes favores al pueblo de Israel, ¿por qué los demás pueblos tienen que alabarlo, si ellos no recibieron ningún favor?  Nuestras palabras nos dan la respuesta, si los pueblos tienen las mentes “limpias”, si no están sumergidos en los celos y en los odios, están obligados a alabar al Bore Olam por todos los favores que hizo, hace y hará al pueblo de Israel, ya que la alabanza demostrará que sienten amor por todas las personas y no solamente por ellos mismos.

  El Rosh Ieshiva decía que cuando veía una persona adinerada, a la cual no le faltaba absolutamente nada, desbordaba de alegría y decía que, por lo menos, Baruj Hashem, hay una persona menos de la cual tengamos que ocuparnos...

  De la misma forma explicamos el pecado que tuvieron los pueblos de Amon y Moab, que fueron castigados tan severamente, que jamás un integrante de esos pueblos podrá convertirse y llegar a ser un iehudi. Porque “no se adelantaron para traer pan y agua” al pueblo de Israel que venía por el camino.  Ellos vieron un pueblo entero que salió de la esclavitud, el pueblo estaba alegre, de salir de la esclavitud para convertirse en el pueblo libre, el pueblo de Hakadosh Baruj Hu y de la Tora, y por eso, estaban obligados a asociarse a la alegría del pueblo de Israel, salir a recibirlos y ofrecerles pan y agua, y más, porque venían caminando por el desierto. El no hacer esto, fue la prueba de que no estaban alegres con la alegría de Israel, y ese fue motivo suficiente para recibir semejante castigo.

  Darje Musar.

  Leiluy Nishmat     Iehuda ben Jasibe  ז"ל

 




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