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Shabat Shalom


No. 229-Vayetze-2
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



¡ AHORA ME VAS A

¡Y AHORA ME VAS A ESCUCHAR !!!

 

“Y Hashem se acordó de Rajel y abrió su matriz...”

(Bereshit 30,22)

Rajel Imenu se presentó delante de Hakadosh Baruj Hu y le dijo: Señor del Mundo, es sabido por Vos, Hashem, que Iaacov, tu servidor, sentía por mí un amor muy grande, y para casarse conmigo trabajo durante siete años, y cuando esos siete años transcurrieron y llegó el momento de casarnos, mi padre decidió reemplazarme por mi hermana, y ese fue un momento muy difícil para mí, ya que Iaacov sabía que mi padre era muy tramposo y había tomado muchas precauciones para evitar ser engañado. Por un lado yo ya conocía las intenciones de mi padre, y, por el otro, le di a Iaacov “señales” con las cuales sabría que era yo, y no otra mujer, la que contraería enlace con él.

De pronto apareció en mí un sentimiento de piedad por mi hermana, no podía permitir que ella fuera avergonzada y despreciada. Y esa tarde mi padre nos cambió y puso a mi hermana frente a Iaacov para que ella se case en mi lugar, y le transmití a mi hermana todas las “señales” que le di a Iaacov para que él estuviera seguro que era yo.

Y no terminó ahí, también me metí debajo de la cama donde ambos se acostaron, y cuando Iaacov le hablaba, ella se quedaba callada y yo, desde abajo de la cama le contestaba a cada cosa que preguntaba para que no reconozca la voz de mi hermana. Y no solamente que le hice un gran favor a mi hermana sino que además no sentí envidia y nunca permití que pasara vergüenza...

¿Y yo qué?, que solamente soy un cuerpo de carne y sangre, sólo tierra y cenizas, no sentí envidia por mi hermana y tampoco revelé el engaño para no avergonzarla ni despreciarla, y Vos, el Rey de Reyes, que vive y vivirá por siempre, ¿por qué tienes la necesidad de odiar a los que adoran otras creencias que no tienen ningún valor? Por eso fuimos arrojados al exilio y los otros pueblos nos odiaron, nos asesinaron y nos dominaron...

Enseguida apareció la Piedad de Hakadosh Baruj Hu y le dijo: gracias a vos, Rajel, Yo voy a hacer volver al pueblo de Israel a su tierra.

Vemos aquí la grandeza del silencio, cuando tenemos la intención de no avergonzar a nuestros semejantes. Rajel, por el mérito de su silencio, obtuvo lo que no obtuvieron ni Abraham, ni Itzjak ni Moshe Rabenu. Todos le pidieron al Bore Olam que devuelva al pueblo de Israel a su tierra, que los saque del sufrimiento de ser forasteros en una tierra extraña. Pero ninguno de ellos fue merecedor de que Hashem cumpla con los pedidos de sus plegarias. En cambio, el pedido de Rajel fue escuchado y aceptado por Hakadosh Baruj Hu, por eso dijo: gracias a vos Yo devuelvo al pueblo de Israel a su lugar...

Y de la explicación de Rashi al versículo “y Hashem recordó a Rajel...”, encontramos que Rajel tuvo otro premio adicional. Así dice Rashi en nombre del Midrash: “Hashem recordó que entregó las señales a su hermana”. Y esto nos trae una gran enseñanza, que cuando Rajel aceptó que Lea tome su lugar y le entregó las señales, sabía que con esto estaba perdiendo la posibilidad, el gran privilegio de ser la esposa de Iaacov (ya que no podía suponer que Iaacov después de haberse casado con Lea también la tomaría a ella por esposa), por lo tanto, tampoco saldría de su seno ninguna de las tribus de Israel. Veamos que la pérdida era inmensa, lo que representa cada una de las tribus de Israel, los hijos de Iaacov, Iosef y sus hermanos, una pérdida imposible de imaginar, renunciar a ser una de las “matriarcas” de nuestro pueblo a cambio de cuidar y salvar el honor de su hermana, dejando de lado un futuro tan promisorio...

El versículo nos enseña que Hakadosh Baruj Hu no olvida ni deja de pagar el premio al que lo merece. Todo el que se conduzca simplemente, ¿qué quiere decir simplemente?, sin preguntas, sin dudas, porque sabemos que Hashem nos lo ordena, simplemente por el camino recto, nunca saldrá perjudicado. Tolo lo contrario, sabemos que Rajel era estéril, no tenía la posibilidad de procrear, y si no hubiera permitido que Iaacov se case con Lea, si revelaba el engaño, y se casaba ella con Iaacov, Hakadosh Baruj Hu no le habría dado hijos, y no habría tenido parte en ninguna de las tribus de Israel. Solamente después de que hizo algo tan grande, algo tan importante, tuvo el mérito de que Hashem cambie su naturaleza y le permitiera tener hijos.

* * *

El rab hagaon Jizkiahu Medini, conocido por su libro, el “Sdei Jemed”, contó una vez a la gente que lo visitaba, que en su juventud era “uno más” entre los alumnos de la Ieshiva.

Más tarde, siendo ya mayor, la sabiduría apareció como por arte de magia, gracias a un hecho que aconteció...

Al poco tiempo de haberse casado, el Sdei Jemed estudiaba en un Colel que mantenía un hombre muy adinerado en su propia casa. Este hombre se hacía cargo de todo, de mantener el lugar arreglado, de los libros que necesitaban para estudiar y de pagarles a los estudiantes el salario para que puedan vivir dignamente esforzándose únicamente por estudiar mejor...

El Sdei Jemed no se destacaba entre los estudiantes, pero, lo que se veía era su esfuerzo y dedicación al estudio, una constancia que no todos tenían. Y, lamentablemente, apareció la envidia (decimos lamentablemente, porque hay casos en que la envidia es buena, cuando la envidia se produce al ver que una persona tiene éxito en el estudio de la Tora y esa envidia empuja a la otra persona a estudiar más, en ese caso resulta beneficiosa, lo que no en nuestro caso), uno de los estudiantes se sentía molesto (¿?) por la constancia del Sdei Jemed y se propuso hacerle un mal.

Convenció a la mujer gentil que hacía los trabajos domésticos de la casa y limpiaba el Colel todas las mañanas, sobornándola con una buena suma de dinero, para que saque un mal nombre sobre el Sdei Jemed, que le haga saber a todo el mundo que cuando ella iba al Colel a ordenar y limpiar, este estudiante se le acercaba y le hacía propuestas indecentes. Y así fue que una mañana, al llegar a su trabajo, ni bien entró al Beit Hamidrash, levantó su voz y se puso a gritar, acusando al Sdei Jemed de un comportamiento nada común entre estudiantes de Tora.

Enseguida se reunieron alrededor de la mujer muchos estudiantes y comenzaron a acusar e insultar al Sdei Jemed, y todo eso resultó ser una terrible profanación del Nombre de Hashem.

El Sdei Jemed no pudo soportar semejante vergüenza, ni siquiera intentó defenderse, resultaba increíble ver como estudiantes de Tora, que escuchan que una mujer de la que no tienen ninguna referencia, aparte de no pertenecer a nuestro pueblo, habla mal de otro estudiante, sus palabras tienen el peso suficiente para acusarlo, sin escuchar al menos algo en su defensa. Posiblemente por eso, el Sdei Jemed no se defendió y decidió escaparse del lugar para no escuchar más insultos. Pero el Rosh Ieshiva, no creyó en las palabras de la mujer y la despidió de su lugar de trabajo...

Pasaron unos días, y el dinero con que sobornaron a la mujer, se terminó, y además se había quedado sin trabajo.

La mujer no tuvo mejor idea que ir a la casa del Sdei Jemed y pedirle perdón por haberlo acusado injustamente, por la terrible vergüenza que le había hecho pasar, y por la humillación que hasta ahora todavía estaba soportando.

Esta mujer me aseguró, continuaba contando el Sdei Jemed, que entraría al Colel y contaría toda la verdad, que todo fue una gran mentira, porque uno de los estudiantes la había convencido con mucho dinero, para que inventara toda esta historia...

El Sdei Jemed entendió que esto sucedía ahora, porque esta mujer había gastado la plata del soborno y no tenía trabajo para alimentarse, ya que después de asegurarle que diría la verdad, le pidió que, una vez que su nombre estuviera “limpio”, intente pedirle al dueño de casa que le devuelva su puesto de trabajo.

En ese momento, el Sdei Jemed ztz”l contaba, estaba frente a una gran incertidumbre, tenía que tomar la “decisión de mi vida”. En cierto modo, me sentía contento ante la gran posibilidad de limpiar mi nombre que fue tan denigrado, todos sabrían la verdad y la vida volvería a la normalidad. Y estuve a punto de aceptar la propuesta de la mujer...

Pero, en ese mismo instante, surgió en mi mente un pensamiento contrario. La gran profanación del Nombre de Hashem ya se había producido, y ahora, si se revelaba la verdad de toda esta historia, la profanación podía ser aun mayor al descubrir ese proceder nada bueno, ese comportamiento tan engañoso en un estudiante de Tora.

El Sdei Jemed no quería ser quien provoque otro profanamiento del Nombre de Hashem. Era preferible para él seguir soportando la vergüenza y las humillaciones hasta que el tiempo pase y todo se olvide, en lugar de avivar nuevamente las llamas de las acusaciones y los engaños.

Pero, todavía no se había afirmado en su cabeza cuál de las dos posiciones sería la elegida, una y otra de las posibilidades le daban vueltas y no podía tomar la decisión apropiada. Cada segundo cambiaba de parecer. Podía limpiar su nombre, gran cosa, pero a costa de ensuciar el de otra persona. ¿Por qué no limpiar su nombre, si no había hecho nada malo? De todas formas, ensuciaría el nombre de la persona que sí hizo algo malo...

Y, finalmente, tomó la decisión. Llamó a la mujer y le dijo: lo que me pediste, que le diga al dueño de casa que te devuelva el puesto de trabajo, intentaré, trataré de convencerlo, pero, TE PROHIBO, QUE DE NINGUNA FORMA, REVELES A NADIE SOBRE EL SOBORNO QUE RECIBISTE PARA ENSUCIAR MI NOMBRE.

En ese preciso momento, terminó de relatar el Sdei Jemed, en el que decidí que en esa forma tan injusta, mi nombre permanecería manchado, cuando acepté poner en juego todo mi futuro en el mundo de la Tora, sentí como los manantiales de la sabiduría se abrieron delante mío.

En lugar de recibir un daño, que era lo imaginable que traería mi decisión, tuve el mérito de obtener la “Siata Dishmaia” en una medida incalculable, que me elevaron entre el resto de los estudiantes hasta lograr un lugar destacado entre ellos, además del gran logro de poder editar mis libros.

(Este relato proviene de fuentes absolutamente creíbles, originalmente escrito en el libro “Vaani Tefila”, está traducido aquí del libro Lekaj Tov, donde el autor explica que tiene algunas pequeñas modificaciones respecto al relato original. Esperamos que la traducción haya resultado ser lo más fiel posible, al menos en cuanto a la intención y al mensaje).

Lekaj Tov.

Leiluy Nishmat Harabanit Shifra bat R. Biniamin ע"ה




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