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Shabat Shalom


No. 238-Bo-2
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



¿QUE GUSTO TIENE LA ACEITUNA?

 “...porque Yo endurecí su corazón...” (Shemot 10,1) 

Muchos de los sabios que explican la Tora se hacen la misma pregunta: ¿cómo fue que Hakadosh Baruj Hu endurece el corazón del faraón? De esta forma le quita o le disminuye al faraón la posibilidad de elegir, aparentemente Hashem lo “obliga” a encapricharse y no permitir que el pueblo de Israel salga de egipto.

El “Ialkut Maamarim” contesta la pregunta con un ejemplo: Un iehudi tenía una discusión con una persona de otro pueblo y el problema se fue agrandando hasta llegar al juzgado del lugar donde el juez tampoco era iehudi.

El iehudi le envió al juez, sin que nadie se entere, un hermoso regalo.

El juez mandó a llamar al iehudi y le preguntó: ¿por qué me enviaste un regalo, no será para intentar sobornarme?, ¿acaso no está escrito en la Tora de los iehudim que está prohibido sobornar a un juez? Son ustedes los que proclaman que si un juez recibe regalos de una de las partes, su corazón se inclinará hacia el que hizo el regalo, y el juicio no será un juicio verdadero, porque ahora el juez es parcial...

El iehudi le contestó al juez: si vos fueras iehudi, y se presentarían para el juicio Reuben y Shimon, no habría preferencias para ninguno de ellos, y los dos tendrían el mismo “peso” para el juez, el corazón del juez no se inclinaría hacia ninguno de los dos lados y el juicio podría llegar a ser un juicio verdadero.

Por eso, si de alguno de los dos lados le hacen un regalo al juez, esto inclinaría el corazón del juez hacia uno de los dos lados, haciendo que el juez aumente su bondad hacia el lado del cual recibió el regalo. Aquí es donde la Tora prohibe el soborno, hacerle regalos, sobornar al juez, cuando desde un principio, la balanza está equilibrada y el juez no tiene preferencias hacia ninguno de los dos contrincantes...

Muy diferente resulta nuestro caso, ahora un iehudi y un no iehudi están frente a un juez no iehudi. La balanza no está equilibrada y el juicio no podrá ser justo, ya que el juez, en forma natural, prefiere favorecer a su “hermano” y no al iehudi.

El corazón del juez, desde el comienzo, ya está inclinado hacia un lado, por eso yo no he venido a sobornar al juez, sino a equilibrar la balanza, ahora, tenemos que por un lado pesa en mi contra el hecho de ser iehudi, pero al darte los regalos puede ser que haya conseguido el equilibrio y el juicio puede llegar a salir “justo”.

Este ejemplo también nos resulta apropiado para la respuesta del “Beis Haleivi” a la pregunta sobre el endurecimiento del corazón del faraón. Diremos que la verdadera voluntad del faraón era no dejar salir a los iehudim de egipto. Lo que realmente ocurría, era que con la fuerza de las plagas, con el sufrimiento que sentía él y todo su pueblo, su voluntad se “torcía”, toda esta fuerza obraba contra la voluntad del faraón. Y hacer salir al pueblo de Israel en estas condiciones de “confusión” no era considerado ningún mérito para el faraón, porque si tomaba la decisión de enviar al pueblo en un estado de desesperación no tendría valor ya que se consideraría como un caso de fuerza mayor y no de decisión propia.

Entonces, vemos que la mente del faraón resultaba “atropellada” por las plagas, lo que no le permitía razonar pensando qué era lo mejor para él y su pueblo. Hakadosh Baruj Hu “endurece” su corazón no para quitarle la posibilidad de elegir qué camino tomar, al revés, para que pueda elegir, para poner su mente en equilibrio y que el rigor de las plagas no lo obliguen a hacer lo que su voluntad no quiere...

Con el corazón endurecido, ahora el faraón puede pensar sin presiones externas y decidir con su voluntad: no dejar salir al pueblo de Israel. Por eso, no pretendemos que deje salir al pueblo por la fuerza de las plagas, ya que al retirar la plaga su voluntad verdadera volverá a aparecer, todo tiempo que no despierte en su interior su voluntad de dejar salir a los iehudim.

Y todavía podemos preguntar... siempre dijimos que el arrepentimiento es considerado como tal aunque se produzca a causa de sufrimientos. ¿Por qué, entonces, si el faraón envíaba al pueblo como consecuencia del sufrimiento causado por la plaga, no se tenía en cuenta como arrepentimiento?

El “Beis Haleivi” contesta la pregunta: lo que dijimos sobre el arrepentimiento es absolutamente válido. El arrepentimiento causado por el sufrimiento tiene valor, solamente, cuando ese sufrimiento provocó el “despertar” del hombre de ese sueño que lo tenía confundido, ahora comprende que estaba equivocado y se arrepiente no sólo realizando una acción contraria a la que venía haciendo sino que hay un arrepentimiento general, que recae sobre toda su forma de pensar. Ahora su pensamiento cambió y al desaparecer el sufrimiento no volverá a pensar como antes...

Por eso, la prueba que demuestra si el arrepentimiento fue verdadero o no, se realiza cuando el sufrimiento desaparece, si la persona vuelve a pecar significa que no hubo arrepentimiento sino sólo miedo al sufrimiento, si la persona no vuelve a pecar, podremos decir que el arrepentimiento resultó ser verdadero.

Y podemos agregar, que este concepto, del arrepentimiento causado por los sufrimientos se puede encontrar únicamente dentro del pueblo de Israel, ¿por qué afirmamos esto?

Porque la voluntad interior del iehudi busca siempre, quiere, desea, conducirse por el camino recto, y volvemos a preguntar: ¿por qué, si el iehudi busca el camino recto, por qué peca? Peca por causas externas a su ser, por los engaños del ietzer hara que siempre está detrás nuestro esperando el punto débil para atacar...

Entonces, cuando los sufrimientos vienen a atacar estas causas externas de pecado, el iehudi puede pensar y arrepentirse por lo que hizo contra su verdadera voluntad, enderezar su camino y conducirse rectamente, como lo siente desde su interior, esperando que, de ahora en adelante, pueda prevalecer ante los engaños del ietzer hara y que nada ni nadie impida que su voluntad pura se haga ver.

No sucede lo mismo entre los demás pueblos, como vimos en el caso del faraón: su voluntad está en contra de la voluntad del Creador. Por eso, los sufrimientos no pueden hacer ver una voluntad que no existe, sino todo lo contrario, los sufrimientos pueden hacer que por un instante sus mentes parezcan confundidas, daría la impresión de que se arrepintieron de sus actos, pero, en forma casi inmediata, cuando el sufrimiento pasó, todo vuelve a la normalidad, como si nada hubiera pasado...

De esta forma podemos explicar muy bien las palabras de la Guemara, en el tratado de Menajot (hoja 53b):

Dijo rabi Itzjak, en el momento en que se destruyó el Beit Hamikdash, Hakadosh Baruj Hu se encontró con Abraham Avinu que estaba parado en el interior del Gran Templo.

Dijo Hakadosh Baruj Hu: ¿Qué hace mi querido aquí, en Mi Casa?

- Vine para intervenir en el asunto de mis hijos, para defenderlos, contestó Abraham Avinu.

- Tus hijos pecaron y fueron desterrados...

- Puede ser que hayan pecado, pero sin intención, intentó una defensa Abraham Avinu...

- No, no, pecaron con toda intención...

- Puede ser que solamente la minoría haya pecado...

- Fueron muchos.

- Podrías recordar el Brit Mila, para darles méritos...

- Tampoco eso puedo recordar.

- Podrías esperarlos un poco hasta que se arrepientan...

- El mal es muy grande, concluyó Hakadosh Baruj Hu.

Y Abraham llevó sus manos a la cabeza y gritó y lloró, y dijo: ¿acaso no existe la posibilidad de reparar el daño?

Salió La Voz del Cielo y le contestó: la aceituna se transforma en un hermoso fruto, Hashem los comparará con la aceituna que termina su transformación y así permanece hasta el fin, igual que Israel.

Expliquemos un poco: Abraham Avinu, después del intercambio de argumentos con el Bore Olam, llegó a pensar que no existía para el pueblo de Israel la posibilidad del arrepentimiento, ya que al haber sido desterrados, el arrepentimiento como consecuencia del sufrimiento no sería válido.

Por eso aparece el “Bat Kol”, la Voz Celestial que dice: “la aceituna se transforma...”, y la Guemara después prosigue:

Rabi Iojanan dijo, ¿por qué se compara el pueblo de Israel con la aceituna? Porque así como obtenemos aceite de la aceituna “aplastándola”, de la misma forma conseguimos que Israel se arrepienta por medio de los sufrimientos...

Pero ahora veamos algo espectacular en este proceso: el aplastar la aceituna, no le agrega nada al fruto, al aplastar no inyectamos aceite dentro de la aceituna sino que hacemos que salga al exterior el aceite que ya estaba en su interior.

Cuando el pueblo de Israel sufre, logramos sacar a la superficie, conseguimos revelar la voluntad interior que estaba “tragada” dentro de sus cuerpos. Y hay otro aspecto no menos importante con el cual nos podemos comprarar con la aceituna:

La aceituna es un fruto amargo, como dicen Jazal: “...y conseguirán el sustento con amargura, como la amargura de la aceituna...” ¿Y cómo se vuelve dulce la aceituna? Por medio del fuego, dejándola que se cocine sumergida en vinagre.

Y también diremos aquí que el fuego no le inyecta azúcar a la aceituna, no le da dulzura, sino que hace desaparecer la amargura que está impregnada en el fruto, de modo que una vez que la amargura se va, queda la dulzura del fruto que ya existía desde un principio...

Lo mismo ocurre con el pueblo de Israel cuando se arrepiente como consecuencia de los sufrimientos. Estos sufrimientos hacen desaparecer la capa de “capricho” y de engaños con la que nos envuelve el ietzer para hacer relucir nuestra pureza interior.

En cambio, el egipcio, al arrepentirse por el sufrimiento, se compara con el que quiere endulzar algo amargo recubriéndolo con otra cosa dulce. En lugar de quitar la amargura la cubre. Pero la amargura no salió sólo que momentáneamente no se siente. Sólo momentáneamente, al desaparecer la plaga, la dulzura exterior desaparece junto con el arrepentimiento...

Lekaj Tov.

Leiluy Nishmat     Harabanit Shifra bat R. Biniamin  ע"ה




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