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Shabat Shalom


Beshalaj-21
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



NO PUEDO O... NO QUIERO

 Imaginemos un niño o un muchacho muy joven que recibe una cantidad importante de dinero como regalo, con la posibilidad de hacer con ese dinero lo que más desee. Entra a un centro de compras muy grande, y busca entre los negocios para comprar golosinas y juguetes en cantidad. En ese centro tan importante, seguramente también podría comprar libros de Tora, libros para ejercitar la lectura, comidas, ropas y gran variedad de cosas.

Está allí parado, algo confundido, sin saber bien qué comprar y en qué negocio comprar, porque quiere utilizar el dinero de la mejor forma. En ese instante de meditación, sus ojos ven un poco más adelante un hombre pobre que está pidiendo caridad a la gente que pasa por el lugar. ¿Puede pasar por su cabeza la idea de darle la plata que tiene en su mano al pobre? Sabemos que aunque por un momento piense en esa posibilidad, enseguida se dirá a sí mismo: “no estoy obligado a alimentar a los pobres, ya que la plata me la regalaron a mí, y es mía, para comprarme lo que quiera...”

Un pensamiento parecido a este, pasa por nuestras cabezas, aunque ya somos un poco más grandes. Cuando tenemos en nuestras manos una suma de dinero que no está comprometida con los gastos urgentes de cada día, nos preguntamos cómo aprovechar mejor el dinero que ahora tenemos. Está el que depositará el dinero en una cuenta de ahorro del banco, y está el que comprará cosas que no sean tan necesarias. Pero también podemos encontrar, casi aisladamente, a la persona que considerará como “rentable” realizar una buena acción con ese dinero, digamos que decidirá prestar plata al que la necesite, o aportará todo o alguna parte para caridad y favores.

Seguro que para poder destinar dinero a buenas acciones tenemos que afrontar una prueba muy difícil, por un lado estamos haciendo una buena acción, cumpliendo importantes preceptos, pero, resulta más interesante comprar un bien (aunque como dijimos no tan necesario) o hacer una inversión para intentar enriquecernos más.

Con el cumplimiento de los preceptos ocurre algo parecido. Hay preceptos que, por ser más simple su cumplimiento nos resultan más queridos frente a otros preceptos que por su dificultad o por el esfuerzo requerido quieren “escaparse” de nuestro alcance. Y, a veces, nos sentimos frente a un gran dilema, debemos decidir qué precepto cumplir..., y la decisión siempre es más difícil que el mismo precepto, ¿cómo debemos actuar en situaciones similares? Podemos aprenderlo de Moshe Rabenu!

El Midrash nos revela la causa del mérito tan grande, que mereció Moshe Rabenu, que después de los ciento veinte años, ¿quién se ocupó de su sepultura? El Mismo Hakadosh Baruj Hu!!! Y así nos relata el Midrash:

¿Por qué Moshe mereció que Hakadosh Baruj Hu se ocupara de él? Porque en el momento en el que se concretó la salida de egipto, todo el pueblo se ocupó de recaudar la mayor cantidad posible de oro y plata, mientras que Moshe deambulaba por todo egipto buscando los “huesos de Iosef”. Durante tres días y tres noches buscó sin descanso, ya que los iehudim no podrían salir de egipto sin llevar consigo a Iosef. ¿Por qué? Porque Iosef hizo prometer a los hijos de Israel, antes de morir, que llevarían sus huesos en la salida de egipto (Bereshit, 50).

Y tanta fue su dedicación hasta que tuvo una “aparición” (en la Guemara, en el tratado de Sota, hoja 13 nos revela que fue “Seraj”, la hija de Asher), que vio a Moshe tan cansado por su esfuerzo.

Ella le preguntó: “Moshe, ¿por qué estás tan cansado?

-Porque durante tres días y tres noches busco por toda la ciudad los restos de Iosef y no consigo encontrarlos.

-Vení conmigo, dijo Seraj, y te mostraré donde están..

Lo llevó hasta la orilla de un río y le dijo que allí hicieron un cajón muy grande y los brujos de egipto lo arrojaron en un lugar donde era profundo, para ocultarlo. Ellos le dijeron al faraón: si querés que el pueblo de Israel nunca salga de egipto lo único que hay que hacer es esconder los huesos de Iosef, ya que sin ellos no podrán salir...

Moshe se paró en ese lugar, en la orilla del río y dijo: Iosef, Iosef!, le prometiste a los hijos de Israel que saldrían de egipto, que Hashem los sacaría de allí, ¿por qué ahora impedís su salida? Hakadosh Baruj Hu merece el gran honor de mostrar al mundo la “salvación” de Israel. Iosef, tenés en tu poder muchas buenas acciones, podés pedirle al Bore Olam que sea piadoso y salir de las profundidades del río...

Enseguida, los huesos de Iosef comenzaron a moverse y subieron hasta la superficie del río como si fueran livianos como una delgada caña. Cuando Moshe lo vio, levantó el cajon donde reposaban los restos de Iosef y lo cargó sobre su hombro. El solo lo llevaba y todo el pueblo de Israel iba detrás.

Dijo Hakadosh Baruj Hu: Moshe, vos pensas que hiciste algo pequeño... Podés sentirte muy feliz, porque hiciste un favor muy grande a Iosef y a todo el pueblo de Israel en lugar de ocuparte de recaudar oro y plata. Por eso, Yo haré contigo un favor similar, ocuparme personalmente de tus restos... (Midrash Raba, Devarim 11,7).

En el tratado de Sota (hoja 13b) dice sobre este asunto: estudiaron los rabanim, veamos que apreciados eran los preceptos para Moshe Rabenu, mientras todo el pueblo de Israel se ocupaba de juntar riquezas, Moshe se ocupaba de cumplir más preceptos (buscando los restos de Iosef), como está escrito, el sabio con corazón, se preocupa por cumplir más preceptos (Mishle 10). Necesitamos una explicación urgente, ¿acaso el pueblo de Israel no estaba cumpliendo en ese momento ningún precepto? Hakadosh Baruj Hu le ordenó al pueblo que debían “desvalijar” egipto (Shemot, 11): Hashem le dijo a Moshe... le pedirá cada hombre a su compañero (egipcio)  y cada mujer a su compañera objetos de plata y objetos de oro...

La respuesta la encontramos en el libro “Ben Adam Lekono”: continuamente se nos presentan muchos preceptos para cumplir. Pero, es muy difícil y no todos pueden darle a los preceptos el valor que realmente poseen. No sabemos con certeza cuanto esfuerzo “vale la pena” invertir en cada uno de ellos. En los últimos tiempos, vemos que siempre resulta preferible cumplir el precepto que sea más fácil y más cómodo, cuando tenemos que elegir qué precepto cumplir. Solamente el “sabio con corazón”, sabe, entiende y puede percibir el valor de un precepto, por eso se ocupa de “tomar preceptos” grandes y valiosos. Así se conducía Moshe Rabenu, cuando todo Israel se ocupaba de un precepto particular, que resultaba muy grato y era “conveniente”, él, Moshe, se ocupaba del prójimo, con gran esfuerzo...

¿Cuál es el origen de la diferencia entre Moshe Rabenu y el pueblo de Israel?, ¿por qué decidió ocuparse personalmente de los huesos de Iosef en lugar de juntar oro y plata como los demás? Jazal nos revelan que la diferencia reside en la calificación de “sabio con corazón” con la que Jazal describió a Moshe Rabenu. ¿Y qué significa “sabio con corazón”? ¿Acaso la sabiduría sale del corazón, no sale del cerebro?

Entendemos, y es claro que del cerebro sale la sabiduría, dice el rab hagaon Meir Rubman ztz”l, en su libro “Zijron Meir”, el versículo que nombra al “sabio... que toma preceptos” continua hablando sobre el que tiene únicamente la sabiduría en su interior y que no la exterioriza, como dice el profeta Ieshaiahu (cap.27): su boca y sus labios me honran, pero su corazón está muy lejos...

El  “sabio con corazon” será una persona con sabiduría interior y con gran capacidad de razonamiento, con lo cual su corazón “empuja” y brinda todas sus fuerzas para el cumplimiento de los preceptos. En el otro extremo está el que “habla”, y Rashi explica: “su esfuerzo consiste en hablar”, y siempre encuentra dificultades para cumplir los preceptos con lo que finalmente no los cumple.

Esta es la esencia de Moshe Rabenu, con su sabiduría y su corazón entiende la grandeza del precepto de encargarse de los huesos de Iosef.

Y ahora no podemos evitar pensar en cada uno de nosotros. ¿Cuántas veces dejamos de cumplir un precepto o de realizar una buena acción, porque llegamos a la conclusión que está fuera de nuestro alcance? Que no tenemos las fuerzas suficientes. Aunque en realidad sí podemos hacerlo, solamente no queremos... Por eso, aquí no existe el “sabio con corazón”, con gran voluntad interior, sino la boca que se mueve, buscando excusas... Cuando la voluntad es exterior, los asuntos de Tora o preceptos se ven como una gran montaña a la que es imposible subir. Por eso, cuando tenemos que elegir entre preceptos, “hacemos la fácil”. Todos nosotros, buscamos ser sabios, y también saber usar nuestro corazón, porque los preceptos están para cumplirlos con alegría, conociendo cuánto valen realmente.

El Maguid Midubna nos cuenta sobre un comerciante que contrata un servicio de mensajería para que le traiga un paquete del puerto, que llegó desde el exterior. A cada rato, el hombre mira su reloj con preocupación, ¿cómo puede ser que tarden tanto en llegar?

Finalmente, después de unas horas, escucha las quejas de un hombre que sube por las escaleras con algo muy pesado. El hombre sube unos escalones y descansa un instante para poder subir otros tantos. Y cuando llega a la puerta de la oficina se escucha un fuerte golpe sobre el piso, señal que dejó caer el pesado paquete frente a la entrada. Entra a la oficina con una impresionante muestra de agotamiento y todo transpirado, y le dice al comerciante: “Aquí está tu paquete...”

El hombre le contesta enseguida: el paquete que trajiste no es mío...

-¿Cómo podés saberlo? Todavía no lo viste...

-Es verdad, todavía no vi el paquete pero vi al que lo trajo. La persona que traiga mi paquete no se cansará ni transpirará, ya que no es para nada pesado. Por eso estoy seguro que trajiste otro paquete y no el mío...

Así nos reprocha el Maguid Midubna, a todo el que el Servicio al Creador se le haga como una carga pesada, es porque está levantando un paquete equivocado. Hakadosh Baruj Hu no pretende cansarnos.

Una persona que siente que cumplir los preceptos como la Tora nos lo ordena es una carga y no un placer, si no siente la satisfacción que nos brinda el cumplimiento de un precepto, es porque no sabe la forma correcta en que se debe cumplir el precepto.

Todo precepto que nos parezca difícil de llevar a cabo, su dificultad reside en que tenemos un choque entre la cabeza y el corazón, el “sabio con corazón” conoce el valor del precepto y genera automáticamente la gran voluntad para cumplirlo, lo que elimina cualquier obstáculo y cualquier dificultad.

 

Lekaj Tov.

 

Leiluy Nishmat     

Harabanit Shifra bat R. Biniamin  ע"ה

 

 




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