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Shabat Shalom


Haftara Parashat Yitro
Por. Rav Iehuda Levi



La Haftará de esta semana la encontramos en:
Para los sefaradim en Ieshaiahu (Isaías) 6:1-13
Para los ashkenazim en Ieshaiahu (Isaías) 6:1 - 7:6, 9:5-6 

En la haftará de esta semana leeremos una conmovedora profecía dirigida al pueblo de Israel, donde el profeta Ieshaiahu los reprende por no hacer teshuvá (arrepentirse). Sin ningún lugar a dudas, el lector que desee sentirse identificado con el mensaje de la misma, encontrará en las palabras del Rav Mendel Hirsh en su libro "Séder Hahaftarot" algo más que un simple comentario del texto.

"Y llamó uno al otro y dijo:
Santo, Santo, Santo es D'os,
llena está toda la tierra de Su Gloria"

(6:3)

La santidad es la intención constante de cumplir con la Voluntad Divina sin conflictos y con alegría, y este es un nivel muy elevado en el proceso de perfeccionamiento de la humanidad. Este ideal exige de nosotros inclusive la elevación de nuestra parte material y corpórea hacia el terreno de lo eterno, mediante la autodependencia de nuestros sentidos al régimen de lo obligatorio.

"Y se movieron los parantes de los pórticos
a causa de lo voz que llamaba,
y el lugar se llenó de humo"

(6:4)

Mientras los ángeles proclamaban la santidad de D'os en los cielos y en toda la tierra, el profeta vio que el lugar se estremecía. Todo temblaba pues el Templo, que tendría que haber sido el lugar que D'os eligió para hacer reposar su Divinidad en la tierra sirviendo de intermediario y mensajero, para que sea la primera parte del plan Divino que se concretizaba, no cumplía su función. Por eso el Santuario no podía soportar aquel llamado. A causa de eso, el profeta vio que el fuego del altar se estaba por apagar.

"Y dije: ¡Oh de mí que seré acallado,
pues un hombre de labios impuros soy yo,
y en medio de un pueblo de labios impuros yo resido,
pues al Rey, a D'os, vieron mis ojos!"

(6:5)

En ese momento se partió su corazón dentro de él. El no podía decirle al pueblo enceguecido lo que había visto, ya que seguramente no lo entenderían. Todo pensamiento, toda forma de raciocinio está influenciada en mayor o menor medida por la degeneración, hasta tal punto que es obvio y "natural" que el hombre se encierre en sus deseos, ya que para él las palabras tienen otro significado y los conceptos, otro contenido.Pero, he aquí que un ángel acerca a los labios de Ieshaiahu una braza que fue tomada del altar y que parece estar apagada y le hace sentir que todavía una parte de la braza está encendida y para reencenderse necesita el soplido y la respiración del profeta, es decir, su palabra.

"Y escuché la voz de D'os que dice:
¿a quién enviaré y quién irá por nosotros?…"

(6:8)

En el momento que él comprendió eso y decidió erguirse lleno de seguridad en D'os para obrar con el objetivo de revivir y mantener la llama sagrada, se fue su debilidad, ella simplemente se alejó de él. En ese preciso instante el profeta Ieshaiahu escuchó el llamado de D'os, al que respondió igual que Abraham Avinu:

"…y dije: Heme aquí, envíame"
(6:8)

 




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